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Brote de dengue: ¿qué pasa con el repelente?

La empresa S.C. Johnson,que monopoliza la producción de las tres marcas más usadas de repelente, no entrega, lo cual fue posible debido a que el Gobierno de Javier Milei desmanteló todas las áreas de control de la Secretaría de Comercio.

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En medio de un brote histórico de dengue, el principal repelente contra los mosquitos transmisores es producido por una empresa multinacional de origen estadounidense que pese a la necesidad sanitaria de la población ejecuta algunas prácticas abusivas producto de su posición dominante.

La empresa es S.C. Johnson y es la dueña de la marca “OFF”, además de comercializar “Fuyi” y Raid en la Argentina.

Las quejas de los consumidores surgen por el faltante el producto y el precio al que se lo consigue, con una disparidad muy grande entre comercios.

Esto también fue posible debido a que el Gobierno de Javier Milei desmanteló todas las áreas de control de la Secretaría de Comercio.

Como siempre en estos casos la caja de resonancia son las redes sociales donde los consumidores arremeten contra la empresa por el abuso de los precios y la falta de abastecimiento.

Desde la empresa no hacen mención al tema precios, pero sobre el abastecimiento señalan que si bien están aumentando la producción la demanda superó cualquier previsión.

Pero lo cierto es que un simple frasco que a principios de año tenía un valor entre $2.500 y $3.000, hoy están costando 10 veces más sin que exista razón económica que lo justifique sino una decisión de la compañía de arremeter contra la población necesitada de un producto para cuidar su salud.

El principal insumo utilizado por los repelentes de mosquitos es el N,N-dietil-meta-toluamida (DEET). Este compuesto fue creado por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos en 1946 para ser utilizado por el ejército nacional. Cuatro años después lo liberaron para uso público.

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PAMI al límite: el Gobierno niega la crisis pero clínicas suspenden turnos y amenazan con frenar cirugías

El sistema de salud que atiende a casi 7,3 millones de jubilados y pensionados en Argentina está al borde del colapso. Las cámaras de prestadores privados suspendieron la asignación de turnos en consultorios externos de todas las especialidades y amenazan con paralizar cirugías programadas, mientras el Gobierno libertario insiste en que «el cronograma de pagos se viene cumpliendo».

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PAMI suspende turnos en todo el país: prestadores denuncian un atraso arancelario del 102%

La contradicción es flagrante: por un lado, las instituciones privadas denuncian un atraso arancelario del 102% y advierten que no pueden afrontar insumos ni salarios; por el otro, el oficialismo responde con aumentos del 1,9% para junio y 1,9% para julio, por debajo incluso de la última medición de inflación del INDEC. La brecha entre el discurso oficial y la realidad hospitalaria no podría ser más amplia.

El Gobierno dice que todo está bien

Fuentes del Gobierno libertario aseguraron que el PAMI «no tiene deuda acumulada con Clínicas y Sanatorios a nivel nacional» y que «lo que resta pagar durante el mes son gastos corrientes». El mensaje fue reforzado desde Casa Rosada, que confirmó los aumentos del 1,9% para junio y julio, y anticipó que volverán a convocar a los prestadores «para hablar sobre las posibles alternativas que hay sobre la mesa en este contexto de estrés presupuestario».

La frase «estrés presupuestario» dice más de lo que pretende ocultar. Se trata del eufemismo oficial para describir lo que el propio sistema de salud padece como una crisis estructural, directamente vinculada al ajuste fiscal impuesto por las metas del acuerdo con el FMI.

Lo que dicen los prestadores: 102% de atraso y colapso inminente

La Cámara de Prestadores de Salud de la Seguridad Social (CAPRESS) comunicó la suspensión del otorgamiento de nuevos turnos en consultorios externos de todas las especialidades y advirtió que las próximas medidas incluirán la paralización de cirugías y procedimientos programados no urgentes, manteniendo únicamente el seguimiento de pacientes con patologías crónicas críticas.

«Sin una recomposición urgente de los valores y la regularización de los pagos adeudados, las instituciones no pueden afrontar la compra de insumos críticos ni cumplir con las obligaciones salariales y honorarios profesionales«, advirtió CAPRESS en un documento público. «Hacemos responsable al Estado nacional por el impacto sanitario que esta situación genera en los afiliados al PAMI», completaron.

Los números que el sector expone son contundentes: desde diciembre de 2023, los aranceles abonados por el PAMI a los prestadores aumentaron apenas un 130%, mientras que en el mismo período la inflación acumulada superó el 300%. Para equiparar ambas variables, los prestadores estiman que haría falta una recomposición de al menos el 75%; el Gobierno ofrece menos de un cuarto de eso.

La crisis lleva meses: desde Patagonia hasta todo el país

La situación no es nueva ni está circunscripta a una región. En febrero de 2026, más de 30 clínicas y sanatorios de Río Negro, Neuquén, Chubut y La Pampa ya habían suspendido prestaciones programadas y ambulatorias, luego de una nota enviada al director ejecutivo del PAMI, Esteban Leguízamo, en la que advertían que sin soluciones concretas la interrupción de servicios sería inevitable. El problema se repite: primero fue una advertencia; ahora es una medida de fuerza generalizada.

«No cubrimos costos y las brechas son insalvables», declaró Andrés Sabalette, administrador del Sanatorio Juan XXIII de Río Negro, según consignó el portal Noti-Río.

Los prestadores privados aportan más de la mitad de las camas de internación en todo el país, lo que convierte esta crisis en una amenaza directa para la capacidad del sistema sanitario argentino de responder a las necesidades de la tercera edad.

Un antecedente que el Gobierno ignoró: el fallo judicial de mayo

Esta crisis no irrumpió en el vacío. En mayo de 2026, este medio ya cubrió cómo un juez federal ordenó al PAMI y a Incluir Salud regularizar pagos a prestadores de discapacidad en 72 horas, calificando al Estado de «en mora» y advirtiendo sobre el «riesgo inminente» para las personas con discapacidad. El Gobierno apeló esa cautelar en lugar de cumplirla. El patrón se repite: la respuesta judicial; la respuesta oficial, una apelación.

Además, el propio Ejecutivo debió emitir Letras del Tesoro (LECAP) por $580.000 millones para asistir al PAMI en el marco de esa misma crisis, una medida que la propia normativa exige reembolsar dentro del mismo ejercicio fiscal.

El ajuste y los jubilados: un costo que siempre pagan los mismos

Para los trabajadores del sector, el reclamo de los prestadores es apenas la superficie de una crisis más profunda. Desde SUTEPA respaldaron las medidas de los prestadores y señalaron que el personal de planta y los profesionales de cabecera fueron los principales damnificados del ajuste económico en el sector de la salud.

El cuadro se enmarca en una política deliberada: el recorte del gasto primario acumulado desde 2023, que en el área de salud y seguridad social implicó reducciones de más del 60% en términos reales, según el diagnóstico del Foro Economía y Trabajo. Los jubilados que dependen del PAMI son, en ese contexto, los eslabones más débiles de una cadena de ajuste que los aprieta desde varios frentes simultáneamente: la erosión del poder adquisitivo de sus haberes, el encarecimiento de los servicios públicos, y ahora la amenaza de perder acceso a los turnos médicos.

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