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Cinco meses en rojo: el consumo de combustibles marcó el peor primer semestre desde la pandemia

Las ventas de naftas y gasoil sumaron 1.331.423 metros cúbicos en junio, una caída del 2,9% interanual y del 6,2% frente a mayo. El dato consolida cinco bajas consecutivas y un primer semestre que no tenía precedentes negativos desde 2021, según la consultora Politikon Chaco.

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El Argentino Diario-Combustible-Nafta-Gasoil.
Peor que en la pandemia: el primer semestre de 2026 hundió el consumo de combustibles a mínimos de 2021.

El consumo de combustibles en la Argentina no da señales de recuperación. Según un informe de la consultora Politikon Chaco, elaborado sobre la base de registros de la Secretaría de Energía, las ventas al público de naftas y gasoil totalizaron 1.331.423 metros cúbicos en junio de 2026, lo que representa una caída del 2,9% frente al mismo mes del año anterior y un retroceso del 6,2% respecto a mayo. El informe subraya que se trata de la quinta baja consecutiva en el comparativo interanual, un registro que ya no puede atribuirse a estacionalidad ni a variables puntuales.

Un primer semestre sin precedentes negativos desde 2021

El acumulado del período enero-junio de 2026 totalizó 8,21 millones de metros cúbicos, un descenso del 1,3% contra el mismo semestre de 2025. La consultora Politikon Chaco advierte que ese resultado representa el menor volumen para un primer semestre desde 2021, cuando la economía todavía transitaba las restricciones de la pandemia. Que los niveles actuales sean comparables a aquel año de parálisis forzada no es un dato técnico menor: es una señal de que el consumo popular de energía para transporte se encuentra en un piso estructural vinculado al deterioro del poder adquisitivo.

Naftas y gasoil: la caída golpea más al segmento masivo

El desglose por tipo de combustible confirma una fractura que ya se venía observando en los meses anteriores. Las naftas representaron el 56% del total comercializado y registraron una baja del 1,9% interanual. El gasoil, en tanto, retrocedió un 4,2%. Pero dentro de este último segmento, la brecha entre segmentos es reveladora: el gasoil común cayó un 8,9%, mientras que el gasoil Premium creció un 4,0%. El mismo patrón se repite desde hace meses: quienes pueden pagar los productos de mayor valor sostienen su consumo; quienes dependen del gasoil común, el combustible del transporte de carga y de los productores rurales pequeños, reducen su actividad. El mercado se segmenta en función de la capacidad de pago, y esa segmentación es, en sí misma, un termómetro de la desigualdad.

YPF lidera con variación negativa; cuatro provincias se salvaron

En el plano empresarial, YPF concentró el 55,1% del mercado, seguida por Shell con el 22,5% y Axion con el 12,0%. Sin embargo, la empresa de bandera no escapó a la tendencia: sus ventas cayeron un 1,6% interanual, aun manteniendo el liderazgo de participación. Cabe recordar que desde la propia YPF se reconoció, ante la consulta sobre una posible baja del precio de la nafta, que la empresa «no llegó al equilibrio», lo que descartó de plano cualquier reducción inmediata de precios.

El análisis regional expone las asimetrías de un país con economías provinciales en situaciones muy distintas. Solo cuatro distritos registraron aumentos: Neuquén (7,7%), impulsado por la actividad hidrocarburífera de Vaca Muerta; Entre Ríos (1,3%); Tierra del Fuego (0,5%) y Mendoza (0,4%). En el extremo opuesto, diecinueve provincias cayeron, con retrocesos pronunciados en La Rioja (-8,0%), Formosa (-9,3%) y Salta (-11,3%). Las economías regionales más vulnerables, con menor diversificación productiva y mayor dependencia del transporte terrestre, son las que más sienten el peso del ajuste.

El consumo que no rebota: cinco meses de señales de alerta

La secuencia de cinco meses consecutivos de caídas interanuales no es un accidente estadístico. Es la expresión de un modelo económico que acumuló desde diciembre de 2023 subas superiores al 912% en el costo del transporte, según datos del IIEP (UBA-CONICET). Ese incremento brutal erosionó el ingreso disponible de los sectores medios y bajos, que dejaron de manejar sus autos con la misma frecuencia, que trasladaron menos mercadería por camión, que desaceleraron la actividad en el campo y en las obras. El combustible no es solo un insumo energético; es un proxy de la temperatura real de la economía popular.

La comparación con 2021 es, quizás, el dato más contundente de la serie. Aquel año estuvo signado por restricciones sanitarias, movilidad reducida y una economía que recién empezaba a salir del fondo pandémico. Que el primer semestre de 2026 haya sido peor que ese umbral, en un contexto sin pandemia pero con tarifazos, recesión y salarios en caída, dice todo lo que el discurso oficial prefiere no decir.

Puntos clave

  • Las ventas de combustible en junio cayeron 2,9% interanual y acumulan cinco meses consecutivos de bajas.
  • El primer semestre de 2026 fue el peor desde 2021, con 8,21 millones de m³ comercializados.
  • El gasoil común cayó 8,9%, mientras el Premium creció 4%, evidenciando una fractura por capacidad de pago.
  • Solo cuatro provincias mostraron subas; Salta, Formosa y La Rioja encabezaron las caídas más duras.
  • YPF conservó el 55,1% del mercado pero registró una variación negativa del 1,6% en sus ventas.

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Sin margen de maniobra: por qué el shock energético global golpea más fuerte a la Argentina del ajuste libertario

Un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe traza tres escenarios de impacto inflacionario derivados del encarecimiento energético global. En el peor de los casos, Argentina podría sumar 2,5 puntos porcentuales adicionales a su inflación anual de 2026, una presión que se monta sobre una economía que ya acumula años de ajuste y tarifazos.

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CEPAL advierte que la guerra en Medio Oriente podría sumar hasta 2,5 puntos a la inflación argentina en 2026.

El incremento de los precios energéticos a causa del conflicto bélico en Medio Oriente podría aportar entre 0,9 y 2,5 puntos porcentuales a la inflación anual de Argentina en 2026, según advirtió la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en un informe reciente. La advertencia sitúa al país en un escenario de presión adicional sobre los precios internos en un contexto ya de por sí crítico, marcado por el ajuste energético acumulado desde diciembre de 2023 y los compromisos fiscales con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Tres escenarios, un mismo problema

El reporte de la CEPAL construyó su análisis sobre una metodología del banco de inversión Goldman Sachs, que pondera la participación de los productos energéticos en las canastas de consumo de cada país y asume un traspaso del 60% de las variaciones de los precios internacionales de los combustibles a los precios finales al consumidor. En ese marco, el organismo trazó tres escenarios posibles para la región y cuantificó el impacto para Argentina en particular.

En el escenario 1, que contempla una suba del 25% interanual en el precio de la energía durante 2026, el impacto sobre la inflación argentina se estima en 0,9 puntos porcentuales. El escenario 2 proyecta un aumento del 38% en los combustibles, lo que elevaría el impacto a 1,4 puntos porcentuales. El más severo, el escenario 3, prevé un alza del 67% en el precio del barril, con un efecto inflacionario de 2,5 puntos porcentuales sobre la economía argentina.

Para el conjunto de la región, el rango de impacto estimado oscila entre 0,3 y 4,6 puntos porcentuales, con diferencias significativas según la estructura de cada canasta de consumo y el grado de regulación de los precios internos de los combustibles en cada país.

El impacto sobre Argentina: más allá del número

La CEPAL subrayó que «el impacto efectivo dependerá del grado de traspaso a los precios internos así como de las medidas de mitigación implementadas, por lo que podría ser menor en aquellos países que han activado mecanismos de amortiguación fiscal o cuyo traspaso sea menor al supuesto del 60%». Sin embargo, el margen de maniobra del gobierno de Javier Milei en ese sentido es acotado: la política de eliminación de subsidios energéticos, que acumuló subas superiores al 525% en servicios y transporte desde el inicio de la gestión, deja poco espacio para amortiguar nuevos shocks externos.

El organismo también advirtió que «en los próximos meses, el impacto del aumento del precio del petróleo en la inflación dependerá de la evolución de los precios internacionales, del grado en que sus variaciones se trasladen a los precios internos de los combustibles y de los efectos de segunda ronda en aquellos productos de los cuales los combustibles son un insumo relevante». A esto se suma otro canal de transmisión: el encarecimiento del petróleo «también podría tener un impacto en la inflación a través del aumento del costo de los productos importados y de los fletes internacionales», precisó la CEPAL.

Un piso alto: el contexto que agrava la presión

La advertencia de la CEPAL no llega en el vacío. Argentina arrastra una inflación interanual de la Canasta Básica Alimentaria (CBA) superior al 32% según datos del INDEC de marzo de 2026, mientras que los combustibles registraron subas del 10,4% en abril último según estimaciones de consultoras privadas. El costo de la energía y el transporte, que lidera las subas acumuladas desde diciembre de 2023, configura una inercia inflacionaria que opera como piso difícil de perforar.

En ese escenario, cualquier shock externo, como el que proyecta la CEPAL en sus escenarios 2 y 3, podría neutralizar los avances registrados en la desaceleración del índice mensual y generar nuevas presiones sobre el poder adquisitivo de los sectores de ingresos fijos. El impacto sobre los salarios reales y el consumo popular sería directo e inmediato, especialmente en los rubros de transporte, calefacción y alimentos procesados, donde los combustibles funcionan como insumo transversal.

La variable geopolítica agrega una capa de incertidumbre adicional. La dinámica del conflicto en Medio Oriente, con su potencial de escalar o distenderse según la evolución de las negociaciones y los enfrentamientos militares, convierte cualquier proyección en un ejercicio de escenarios con márgenes de error considerables. Lo que la CEPAL deja en claro es que el canal de transmisión entre los precios internacionales del petróleo y la inflación doméstica argentina existe, opera y puede amplificarse según las decisiones de política interna que adopte el gobierno.

Puntos clave

  • La CEPAL estima que la suba de precios energéticos por el conflicto en Medio Oriente podría agregar entre 0,9 y 2,5 puntos porcentuales a la inflación anual argentina de 2026.
  • El organismo trazó tres escenarios basados en alzas del 25%, 38% y 67% en el precio de la energía, con impactos crecientes sobre los precios internos.
  • La metodología asume un traspaso del 60% de las variaciones internacionales de combustibles a los precios al consumidor.
  • El gobierno Milei eliminó los subsidios energéticos acumulando subas superiores al 525% en servicios y transporte, lo que reduce el margen de amortiguación frente a shocks externos.
  • El impacto podría profundizarse a través de los fletes internacionales y el encarecimiento de productos importados, según advirtió la CEPAL.
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