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Empresa alemana interesada en Vaca Muerta

Busca participar en futuras exportaciones de gas a Chile y Brasil. Wintershall Dea, empresa que opera en campaña de perforación en el área Aguada Pichana y participa del proyecto gasífero Fénix, en el Mar Austral, quiere incursionar en el transporte internacional a través de la nueva red de gasoductos.

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El CEO de la firma alemana Wintershall Dea, Mario Mehren, manifestó el interés de la compañía de explorar la oportunidad de exportar gas argentino hacia la zona norte de Chile, donde se encuentran los grandes desarrollos mineros, y eventualmente a Brasil, en caso de darse las condiciones de infraestructura.

El directivo encabezó este jueves una rueda de prensa virtual tras darse a conocer los resultados operativos y financieros de la compañía en el segundo trimestre, y en la que se destacó la importancia de América Latina en la estrategia de diversificación de Wintershall Dea.

«Estamos buscando oportunidades de exportación como lo hemos hecho desde hace años, por ejemplo, al área de Punta Arena a (la empresa) Metanex para su planta de metanol o a la región metropolitana de Santiago para consumo doméstico e industrial», reseñó Mehren.

Al respecto, agregó que Wintershall está «haciendo uso de todas las posibilidades que tiene de parte de las autoridades en Argentina para exportar durante el verano en el país y que está disponible para el mercado chileno».

«Por supuesto, cuando se abran las oportunidades para exportar a Brasil o exportar aún más a Chile, eventualmente más al norte de Santiago donde están las grandes zonas mineras habrá también una oportunidad que sería muy interesante para nosotros para poder exportar», reseñó.

Sin mencionarlo de manera explicita en el encuentro con la prensa, el interés de Mehren por participar en las exportaciones de gas desde Vaca Muerta al norte de Chile se inscribe en el proyecto destinado a poner en marcha la reversión del Gasoducto del Norte que -tras la conclusión del Gasoducto Néstor Kirchner- es una prioridad para el Gobierno nacional.

Esa obra próxima a su licitación a través de la empresa Energía Argentina, que demandará una inversión de u$s 750 millones, permitirá llevar el gas de Vaca Muerta hacia las provincia del norte del país, sustituir las importaciones desde Bolivia que vienen en declino en los últimos años y exportar a países limítrofes.

En el caso de Chile, la opción disponible de exportación de gas natural es a través del Gasoducto NorAndino que contrario a su diseño original se utilizó en 2016 para importar gas desde el país trasandino, a través de cargamentos de Gas Natural Licuado (GNL) regasificado en la planta de Mejillones, en la costa del Pacífico.

Pero la reversión también abre la posibilidad de utilizar la infraestructura de vinculación con Bolivia para llegar al sur del Brasil a través de ductos que se encuentran operativos en la actualidad.

Wintershall Dea lleva adelante el proyecto gasfero Fnix frente a las costas de Tierra del Fuego con sus socias Total y Pan American Energy Foto Archivo
Wintershall Dea lleva adelante el proyecto gasífero Fénix, frente a las costas de Tierra del Fuego, con sus socias Total y Pan American Energy / Foto Archivo.

Respecto a las operaciones de la compañía en el país, Mehren señaló que continúan con la campaña de perforación en el área Aguada Pichana, en Vaca Muerta, para «mantener los niveles de producción, eventualmente incluso aumentar, lo que podría encontrar un cuello de botella de las instalaciones».

A la vez, refirió que la construcción del proyecto gasífero Fénix, en el Mar Austral frente a las costas de Tierra del Fuego, «avanza de acuerdo al cronograma planeado» con sus socias Total y Pan American Energy.

Al respecto explicó que los avances registrados hasta hoy se encuentran en la construcción de las estructuras que se vienen realizando en el exterior, y que si bien en lo que respecta al desarrollo local del proyecto para la empresa «es necesario el acceso a divisas» reconoció que «el gobierno aprecia mucho el proyecto y brinda su apoyo, por lo cual aún no impacta» en la obra. 

Por último, en el plano internacional, Wintershall confirmó que continúa el proceso de abandono de sus operaciones en Rusia, una decisión asumida a poco de iniciada la invasión a Ucrania, lo que se está concretando con la venta de sus activos.

Dólar 💵

El vocero de Milei dijo que el dólar podría llegar a $1.800: la grieta entre el relato oficial y el mercado

El vocero presidencial admitió en un streaming oficialista que una corrección cambiaria «es una posibilidad», y el último Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central proyecta un tipo de cambio cercano a los $1.700 para fin de año. La confesión contradice el discurso gubernamental de estabilidad.

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Adrián Ravier reconoció que el tipo de cambio podría llegar a $1.700 o $1.800 en los próximos meses.

El dólar y los salarios son los dos pilares sobre los que el Gobierno de Javier Milei construyó su relato de éxito económico. Pero en las últimas horas, uno de los propios funcionarios del equipo oficialista horadó ese andamiaje: el vocero presidencial Adrián Ravier reconoció públicamente que el tipo de cambio podría experimentar una corrección y llegar a valores de entre $1.700 y $1.800 en los próximos meses. La declaración, formulada en un streaming de carácter oficialista, no pasó inadvertida en un contexto donde la devaluación es una amenaza latente para el poder adquisitivo de los trabajadores.

«Es una posibilidad»: la admisión que el oficialismo intentó minimizar

Ravier intentó enmarcar la posible corrección cambiaria como un movimiento «mínimo» que «no va a tener un impacto significativo en el bolsillo de los argentinos». Tras recorrer una serie de grandes devaluaciones de gobiernos anteriores para contextualizar el escenario actual, el vocero reconoció que «es una posibilidad que el tipo de cambio llegue a $1.800 ó $1.700 para dentro de unos meses». El argumento del funcionario buscó diferenciarse de saltos cambiarios abruptos del pasado, pero la admisión en sí misma representa una fisura en el discurso oficial de estabilidad cambiaria que el equipo económico repite cada vez que puede.

La pregunta de si existe o no atraso cambiario sobrevoló la declaración de Ravier, quien esquivó una respuesta directa: «Si hay atraso cambiario o no, es muy difícil de decir», señaló, antes de concluir que cualquier corrección sería de magnitud acotada. Sin embargo, la dificultad para responder con certeza esa pregunta es, en sí misma, una señal de alarma para quienes siguen de cerca la política monetaria.

El mercado ya descuenta una suba del dólar

Las palabras de Ravier no llegaron en el vacío. Antes de su declaración, el propio mercado financiero ya venía descontando un tipo de cambio más elevado hacia fin de año. El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central, elaborado en base a encuestas realizadas a las consultoras y empresas más relevantes del sector financiero, proyecta un dólar cercano a los $1.700 para diciembre de 2026. El consenso privado y las palabras del vocero apuntan, entonces, en la misma dirección, aunque el Gobierno se esfuerce en llamarlo «corrección mínima» en lugar de devaluación.

El Banco Central acumuló más de 6.000 millones de dólares en reservas desde principios de año, un dato que el oficialismo exhibe como señal de fortaleza. No obstante, analistas del sector advierten que ese ritmo de compra se desacelerará una vez superada la cosecha gruesa, lo que limitará el margen del Gobierno para sostener artificialmente el valor del dólar en los meses siguientes.

El ancla que sostiene una macroeconomía frágil

El tipo de cambio cumple en el esquema libertario una función doble y contradictoria: es, al mismo tiempo, el principal instrumento antiinflacionario y el punto de mayor fragilidad del modelo. La estabilidad financiera que el Gobierno exhibe hoy, a pesar de la caída de los salarios, la pérdida de empleos y el cierre de empresas, depende en gran medida del dólar quieto. Una devaluación, aunque sea presentada como «mínima», arrastra un riesgo concreto: acelerar el cierre de negocios y licuar aún más el poder adquisitivo de los trabajadores, especialmente si la respuesta del Gobierno fuera profundizar el ajuste para evitar nuevas correcciones del tipo de cambio, como ya hizo en ciclos anteriores.

El propio Gobierno reconoció en otras instancias que el proceso de recomposición salarial «lleva tiempo» y «genera tensiones». Mientras tanto, los salarios privados registrados subieron apenas un 2% en mayo, por debajo de la inflación del mismo mes, que fue del 2,1%, según datos del INDEC. La brecha entre salarios y precios se repite en las comparaciones interanuales y acumula un deterioro sostenido desde el inicio de la gestión. En ese contexto, una nueva corrección del tipo de cambio sería una mala noticia más para los sectores populares.

La contradicción estructural del modelo

La declaración de Ravier expone una contradicción que el Gobierno prefiere no abordar frontalmente: si el tipo de cambio está atrasado, cualquier corrección afectará los precios internos y erosionará los ingresos reales; si no lo está, la competitividad de las exportaciones queda condicionada por otros factores estructurales que el modelo libertario tampoco resolvió. El propio Ravier intentó salir de ese dilema reivindicando el rendimiento exportador como prueba de competitividad sin necesidad de devaluación, pero sus números sobre la posible llegada del dólar a $1.700 o $1.800 desmienten esa certeza.

El mercado, los analistas y ahora el propio vocero presidencial confluyen en un escenario que el relato oficial prefiere esquivar: el dólar se va a mover. La discusión es cuánto, cuándo y, sobre todo, quién pagará el costo.

Puntos clave

  • El vocero presidencial Adrián Ravier reconoció que el tipo de cambio podría llegar a $1.700 o $1.800 en los próximos meses.
  • El REM del Banco Central proyecta un dólar cercano a $1.700 para diciembre de 2026.
  • El Banco Central acumuló más de 6.000 millones de dólares desde principios de año, pero el ritmo se desaceleraría tras la cosecha gruesa.
  • Los salarios privados registrados subieron 2% en mayo, por debajo de la inflación del 2,1% según el INDEC.
  • Una corrección cambiaria profundizaría el deterioro del poder adquisitivo en un contexto de ajuste sostenido.
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