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Crímenes en Rosario: tres asesinatos en tres horas

Ya se registran 164 homicidios en lo que va del año.

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Tres hombres fueron asesinados a balazos en un lapso de tres horas en distintos hechos criminales ocurridos en la ciudad de Rosario y en la vecina localidad de Villa Gobernador Gálvez, con los que se elevaron a 164 la cantidad de homicidios en lo que va de 2023 en ese departamento santafesino, 18 de los cuales fueron cometidos en julio, informaron hoy fuentes policiales y judiciales.

La seguidilla de crímenes se inició anoche, cerca de las 21, en las calles Ferreyra y José Ingenieros, de la zona norte de Rosario, a cinco cuadras del estadio del club de fútbol Rosario Central, indicaron las fuentes.

Allí fue asesinado a balazos un joven identificado por la policía como Jonathan Manuel Almirón (27), quien manejaba un automóvil por la zona cuando fue atacado por dos personas que se trasladaban a bordo de una moto.

El hombre perdió el control del auto, chocó contra un taxi y volcó, tras lo cual falleció en el lugar, en tanto los atacantes huyeron sin ser identificados.

Más tarde, la policía encontró en el interior del rodado tres teléfonos celulares y más de 160 mil pesos, mientras que personal del Gabinete Criminalístico halló varias vainas servidas calibre 9 milímetros a pocos metros.

El fiscal a cargo de la investigación, Alejandro Ferlazzo, ordenó revisar las cámaras de la zona para identificar a los sicarios.

El representante de Ministerio Público Fiscal rosarino indicó que la víctima estaba en libertad condicional tras ser condenada por tenencia de arma de fuego y agregó que también había sido objeto de una investigación por narcotráfico.

«Tenemos por lo menos dos disparos, uno le impactó en la zona del cráneo, eso le hizo perder el control del vehículo con el que intentó salir escapando y generó un choque contra un taxi que estaba en el lugar y el vuelco», apuntó.

En ese sentido, Ferlazzo dijo que «no se conoce la motivación del ataque» aunque sí se tiene en cuenta que «se trataba de una persona que registraba una condena».

Personal de la comisaría 9na., ubicada a pocos metros de donde ocurrió el homicidio, constató al llegar a lugar que había impactos de bala en los frentes y ventanas de viviendas de esa zona.

Dos horas después, se produjo un nuevo ataque a tiros, en este caso contra dos hombres que se encontraban en Uruguay al 6000, de Rosario, quienes fueron emboscados y heridos a balazos por un sicario que les disparó, indicaron las fuentes.

Ambos heridos fueron trasladados al Hospital de Emergencias Clemente Álvarez (HECA), donde uno de ellos, identificado como Fernando Martín Espíndola (27), falleció producto de los impactos de bala que recibió en el tórax.

En tanto, el otro herido, de la misma edad, ingresó al hospital con dos impactos de bala en la pierna y se encuentra fuera de peligro, añadieron las fuentes.

Finalmente, minutos después de la medianoche, en la localidad de Villa Gobernador Gálvez, ubicada a 10 kilómetros al sur del microcentro rosarino, Sergio Alberto Leguizamón (46) fue asesinado a tiros dentro de su vivienda ubicada en 20 de Junio y Ecuador.

El hombre se encontraba mirando televisión junto a un amigo y se asomó a la ventana cuando escuchó que lo llamaban, momento en que fue baleado en el cuello y el rostro.

El fiscal Ferlazzo, también a cargo de esta investigación, dijo que en la calle, junto a la ventana desde donde se cometió el crimen, se encontraron dos vainas servidas calibre 9 milímetros.

Con los tres crímenes de anoche, se elevó a 164 la cifra de homicidios cometidos en el departamento Rosario en lo que va de 2023, que marcan un aumento respecto a los 158 casos registrados en el mismo período del año pasado.

Los datos del Observatorio de Seguridad Pública de la provincia de Santa Fe señalan que la distribución de los asesinatos por grupos etarios muestra que en Rosario hay una «concentración importante de víctimas de entre 25 y 29 años, y le siguen en orden de frecuencia las franjas etarias de 20-24 años y de 30-34 años».

Además agrega que casi nueve de cada diez víctimas asesinadas entre enero y junio del 2023 fueron agredidas con armas de fuego.

A su vez, el informe oficial indica que la cantidad mensual de homicidios muestra una tendencia al alza desde mediados de 2020, luego de alcanzar la cifra mínima en abril último.

Córdoba

Fuego en el aula: condenan a un colegio por las quemaduras de una alumna

Un juez de Córdoba ordenó indemnizar a una estudiante de 17 años que pasó 70 días en terapia intensiva y quedó con una incapacidad permanente. El laboratorio no tenía las medidas básicas de seguridad.

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Ilustración de recipientes de laboratorio escolar sobre una mesada

Una alumna de 17 años pasó 70 días en terapia intensiva, atravesó decenas de cirugías y quedó con una incapacidad psicofísica permanente y definitiva por las quemaduras que sufrió durante un experimento en la clase de química. Ahora, la Justicia cordobesa condenó al colegio privado al que asistía a indemnizarla y dejó en claro que la seguridad de los estudiantes es responsabilidad de la escuela.

El fallo es del juez Gustavo Massano, titular del Juzgado en lo Civil y Comercial de 51ª Nominación de la ciudad de Córdoba, y fue difundido por el portal oficial Justicia de Córdoba. La resolución alcanza a la institución educativa de gestión privada y a su compañía de seguros, citada en garantía. El portal oficial no difundió el monto de la indemnización ni el nombre del establecimiento. El hecho ocurrió el 6 de septiembre de 2022, durante una clase de química del último año del secundario.

La «serpiente del faraón» que terminó en tragedia

El accidente ocurrió durante una práctica conocida como «la serpiente del faraón», un experimento que implica manipular elementos inflamables para generar una estructura carbonosa negra que crece con forma de serpiente. Mientras dos adolescentes realizaban la actividad, una compañera de curso agregó alcohol a la mezcla y se produjo una deflagración con una expansión de fuego que alcanzó de lleno a la estudiante.

Las quemaduras fueron de extrema gravedad. La joven estuvo internada 70 días en terapia intensiva y tuvo que someterse a decenas de intervenciones quirúrgicas, entre ellas limpiezas, ablaciones y autoinjertos de piel, además de un largo proceso de rehabilitación.

Una docente sola para varios grupos con fuego

El colegio intentó despegarse: argumentó que el daño se debió directamente a la conducta impropia de otra alumna. La aseguradora fue más allá y sostuvo que esa inconducta constituía un caso fortuito, imprevisible o inevitable. El juez rechazó ambas defensas.

Massano precisó que los alumnos no son «terceros extraños» respecto del colegio, sino que están amparados por el deber de custodia e indemnidad del establecimiento, por lo que lo que haga un estudiante no puede eximir a la escuela de su responsabilidad. Para el magistrado, manipular fuego y alcohol es una actividad riesgosa y la conducta irreflexiva de un adolescente forma parte de las contingencias previsibles que la autoridad escolar debe contemplar.

La prueba fue contundente. La pericia técnica en higiene y seguridad y el resto de los elementos de la causa demostraron que el laboratorio no contaba con los elementos básicos de protección personal ni con las medidas de seguridad necesarias. Además, el colegio no aplicó su propio manual de seguridad del laboratorio.

El fallo también apuntó a la falta de supervisión: una sola docente estaba a cargo de controlar al mismo tiempo a varios grupos que hacían la prueba con fuego en paralelo, sin un orden secuencial estricto, sin ayudantes de laboratorio y sin haber revisado antes los recipientes de alcohol que llevaron los propios alumnos.

La educación privada, leída como relación de consumo

Para resolver el caso, el juez consideró la relación entre el establecimiento y los alumnos, o sus padres cuando son menores de edad, como un «verdadero contrato de consumo», y lo encuadró en el régimen de responsabilidad objetiva del artículo 1767 del Código Civil y Comercial de la Nación, que regula la responsabilidad de los establecimientos educativos por los daños que sufren o causan sus alumnos menores de edad mientras están bajo su control.

En esa lógica, el colegio asume el rol de proveedor, como empresa que organiza y ofrece su actividad de enseñanza, y la alumna el de consumidora, como usuaria y destinataria final del servicio. El encuadre tiene una consecuencia directa: la escuela responde por los daños sin que la víctima tenga que probar su culpa, y solo podría liberarse demostrando un caso fortuito, algo que el juez descartó.

El caso deja una advertencia que excede a ese colegio: cuando una escuela cobra por enseñar y organiza actividades riesgosas, no puede trasladar a los chicos ni al azar el costo de no invertir en seguridad ni en personal.

Lo que tenés que saber:

  • Un juzgado civil y comercial de Córdoba condenó a un colegio privado a indemnizar a una alumna que se quemó en una clase de química.
  • La estudiante, de 17 años, estuvo 70 días en terapia intensiva, pasó por decenas de cirugías y quedó con una incapacidad permanente.
  • El accidente ocurrió cuando una compañera agregó alcohol al experimento conocido como «la serpiente del faraón».
  • El juez Gustavo Massano rechazó que la culpa fuera de la otra alumna o un caso fortuito y aplicó el artículo 1767 del Código Civil y Comercial.
  • La pericia mostró que el laboratorio no tenía elementos básicos de seguridad y que una sola docente supervisaba a varios grupos a la vez.
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