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Salud 🩺

Dengue: más de 134 mil casos y 68 muertes en el país en 2023

Durante «el 2023 se registra el mayor número de casos desde la reemergencia de dengue, fundamentalmente entre las semanas 9 (fin de febrero) y la 19 (comienzo del mes de mayo)».

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Desde enero de este año hasta la primera semana de diciembre se registraron más de 134.000 casos de dengue en el país, de los cuales más de 125.000 fueron autóctonos, registrándose el mayor número de casos desde años epidémicos en 2016, 2018 y 2020 con un total de 68 personas fallecidas en el norte y centro del país, según informó hoy el último Boletín Epidemiológico Nacional.

Entre la primera semana de enero de este año y la 49 (primera semana de diciembre) se registraron en la Argentina un total de 134.721 casos de dengue, de los cuales 125.595 corresponden a autóctonos, 1.675 son casos con antecedentes de viajes y 7.451 se encuentra en investigación, según detalló el Boletín Epidemiológico de la semana 49, primera de diciembre.

La mayor cantidad de casos se notificaron en la región del noroeste del país con 62.115 casos, de los cuales 58.311 fueron autóctonos; 474, con antecedentes de viaje y 3.330, se hallaban en investigación.

La provincia de Tucumán es la región donde se registró la mayor cantidad de personas infectadas en todo el país, con 24.082 casos.En cantidad de personas registradas con el virus del Dengue, le sigue la provincia de Santa Fe, con un total de 21.786 casos; Salta, 15.414; Santiago del Estero, 15.533; Chaco, 14.517 y Ciudad de Buenos Aires, 13.248, superando a la provincia de Buenos Aires, donde se informaron 10.398 casos.

Hasta la segunda semana de diciembre, se confirmaron 68 personas muertas a causa del virus, con un porcentaje de letalidad del 0,049%, detalló el documento.Un poco más de la mitad del total de fallecidos, un 56%, correspondieron a personas de sexo femenino y el 44% al masculino, en todos los grupos etarios, con una mediana de 50 años, mínimo menor de 1 año y máximo 87.

Las tasas de mortalidad más elevadas corresponden a mayores de 80 años.Las 68 personas que fallecieron residían en las regiones del centro del país, en Buenos Aires, Ciudad de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Córdoba; en el noreste, en Misiones, Corrientes, Chaco y Formosa y provincias del noroeste, como Jujuy, Tucumán, Salta, Santiago del Estero.

Las localidades de San Pedro, en Jujuy, y General Güemes, en Salta, son las que presentaron la mayor tasa de mortalidad durante este año.El boletín epidemiológico aclara que «la incidencia acumulada a nivel país en la población general durante la temporada 2023, tomando en cuenta tanto los casos autóctonos, en investigación como importados, fue de 291 casos cada 100.000 habitantes, con las tasas más elevadas en personas entre 15 y 65 años y con una menor afectación en niños menores de 10 años y personas mayores de 65 años».

A su vez, se afirma que durante «el 2023 se registra el mayor número de casos desde la reemergencia de dengue, fundamentalmente entre las semanas 9 (fin de febrero) y la 19 (comienzo del mes de mayo)».

También los datos indican que hubo una persistencia de casos durante la temporada invernal y un nueva suba de contagios desde la semana 40, primera semana de octubre.

Durante esta temporada, se registró en el país la circulación predominante del serotipo DENV-2, el cual se detectó en el 78,12 % de los casos sub tipificados, seguido del DENV-1, en el 21,83%; y DENV 3 de muy baja circulación, con el 0,04%.

La curva epidémica a nivel país, muestra que los casos aumentaron desde la semana 7, segunda del mes de febrero hasta la 16, mitad del mes de abril, momento en el que comenzó el descenso de los casos a un ritmo similar al que había tenido el aumento, hasta fin de ese mes.

A partir de entonces, «el descenso continuó a un ritmo más lento y desde la mitad del mes de julio (semana 30) se registraron casos confirmados esporádicos en diferentes localidades de las regiones del centro y noroeste con persistencia de personas contagiadas durante todo el periodo en el noreste argentino.

Desde fin de julio (semana 32) «persiste la notificación de casos autóctonos en las provincias de la región del NEA y, durante la semana 49 (principio de diciembre), se notificaron los primeros casos confirmados sin antecedentes de viaje en jurisdicciones del NOA y centro del país: Buenos Aires (Merlo), Santiago del Estero (Monte Quemado), Santa Fe (General Obligado).

Ciencia 🧬

Pagan insumos con su sueldo para diagnosticar a niños: la cara del cientificidio libertario

Investigadoras de la UBA y el Conicet desarrollan un análisis para detectar trastornos del neurodesarrollo en la infancia, que hoy requieren estudios genéticos de hasta 2.000 dólares. El proyecto avanza, pero su directora advierte que, si el ajuste sigue, el laboratorio tendrá que cerrar.

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«Si esto sigue así, lamentablemente vamos a tener que cerrar». La advertencia no proviene de una pyme asfixiada por la recesión, sino de la directora de un laboratorio público que trabaja en un análisis de sangre capaz de acelerar el diagnóstico de trastornos del neurodesarrollo en niños. Mientras la ciencia argentina produce avances con impacto directo en la salud de la infancia, el ajuste del Gobierno de Javier Milei la empuja al borde del cierre.

La investigación está a cargo de Verónica Báez, responsable del Laboratorio de Sinapsis y Neurobiología Celular del Instituto de Biología Celular y Neurociencia, y es encabezada por la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y el Conicet. El desarrollo ya obtuvo resultados positivos en animales y hoy atraviesa la etapa de recolección de muestras en personas voluntarias.

Un diagnóstico caro y a prueba y error

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los trastornos del neurodesarrollo son condiciones que alteran la conducta y el pensamiento durante los primeros años de vida, y que pueden dificultar la comprensión de conceptos, la realización de movimientos o la interacción con otras personas. Entre los más frecuentes figuran el TDAH, el trastorno del espectro autista, la discapacidad intelectual y los trastornos motores, del aprendizaje y del lenguaje.

La Argentina no cuenta con cifras oficiales sobre cuántos niños tienen condiciones del neurodesarrollo. Como referencia, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos estiman que alrededor de uno de cada seis chicos de entre 3 y 17 años presenta algún trastorno de este tipo.

En el país, estos cuadros suelen agruparse bajo el amplio paraguas de los trastornos generalizados del desarrollo (TGD), y el tratamiento se organiza muchas veces por ensayo y error: kinesiología ante problemas motrices, psicopedagogía ante dificultades de aprendizaje, anticonvulsivos ante episodios convulsivos. «Cuando uno diagnostica por sintomatología, a veces puede no ser exacto«, explicó Báez.

La confirmación hoy depende de la secuenciación de ADN. «La secuenciación cuesta entre u$s1.000 y u$s2.000, dependiendo del tamaño de la secuencia a analizar. Para muchas familias es caro», señaló la investigadora. El acceso a un diagnóstico preciso queda así condicionado por la capacidad de pago de cada familia.

Cómo funciona el análisis

El eje del proyecto es la búsqueda de biomarcadores en sangre asociados a fallas en los receptores NMDA, proteínas clave en la comunicación entre neuronas y en la plasticidad cerebral, que también están presentes en otras partes del cuerpo. «Vimos en ratas que a nivel del sistema nervioso central hay ciertas cosas que cambian cuando estos receptores NMDA fallan. Ahora vemos que en la sangre por ahí también fallan de la misma manera y podemos ver las mismas cosas», detalló Báez.

La prueba requeriría una muestra de apenas 5 mililitros de sangre. Aunque la presencia de estas proteínas en el torrente sanguíneo es mucho menor que en el cerebro, el equipo busca confirmar si su medición permite detectar y diagnosticar el trastorno. En esta etapa, el objetivo es establecer los valores normales en personas sanas para luego compararlos con muestras de niños con alguna condición del neurodesarrollo.

«Estamos sacando muestras de personas voluntarias, pero atrás de eso hay un proceso ético que se tiene que evaluar y el cual tiene que estar rigurosamente controlado», aclaró Martina Piñeiro, estudiante de Medicina e integrante del equipo.

Sin atajos: los plazos y el foco en la infancia

Báez fue prudente con los tiempos. «Estaría buenísimo poder dar esperanza e ir más rápido, pero no. Estamos lejos porque lo queremos hacer bien para que llegue lo mejor posible a la gente que lo necesita», sostuvo, y relató: «Es terrible cuando una familia nos escribe y nos dice ‘te presto a mi hijo para que lo metas en este ensayo'».

La investigadora explicó por qué el test apunta a los chicos y no a los adultos: el sistema nervioso activa mecanismos compensatorios cuando algo falla en su desarrollo, de modo que muchas personas con retrasos madurativos en la infancia llegan a la adultez sin signos evidentes. Por eso, la detección temprana es la ventana en la que el análisis puede cambiar el rumbo de un tratamiento.

Poner plata del sueldo para sostener el laboratorio

El costado más crudo del proyecto es financiero. «Tenemos mucha menos plata. Seguimos trabajando y colaboramos con gente de afuera, pero se está haciendo muy difícil porque la cantidad de dinero que teníamos para trabajar pasó a ser muy poca», describió Báez. Y fue más allá: «Muchos estamos poniendo plata de nuestro sueldo para mantener algunas cosas del laboratorio. Los insumos son muy caros».

La científica recurrió a un término que ya forma parte del vocabulario de la comunidad académica: «Llamamos ‘cientificidio’ porque mucha gente cerró su laboratorio o algunos juntaron laboratorios para trabajar entre dos como si fuera uno solo». Que investigadores del Conicet financien con su salario los insumos de un proyecto de salud infantil retrata el nivel de abandono del Estado nacional sobre el sistema científico.

«Los problemas de un país los tiene que resolver el país y no gente de afuera. Si no podemos preguntarnos las cosas ni contestarlas, ¿quién lo hará por nosotros?», planteó Báez. La pregunta conecta con una discusión de fondo sobre soberanía científica: sin financiamiento público, el conocimiento que necesita la salud argentina depende de voluntades individuales o de la cooperación externa.

La otra fuga: los jóvenes que miran al exterior

El ajuste también pone en riesgo a la próxima generación de investigadores. Lucía Moreno, estudiante de Biotecnología e integrante del equipo, admitió que evalúa continuar su carrera fuera del país. «Es muy gratificante todo lo que se puede llegar a lograr, pero la situación de hoy en día también hace cuestionárselo más a fondo e intentar pensar si se puede subsistir y de qué forma«, dijo. Cada joven formada en la universidad pública que se va es una inversión del país que termina aprovechada por otros.

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