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Deportes

Waterpolo: del caos sobre barriles a la gloria en el agua

Nacido en los ríos de Inglaterra como una versión acuática del rugby, el waterpolo evolucionó hasta convertirse en uno de los deportes olímpicos más exigentes

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Nico Lacava / @nicolacava

Siete amigos inseparables, cuatro hombres y tres mujeres que habían compartido toda la secundaria, sabían que al terminar la estación cálida sus caminos se separarían. Era el último verano juntos. La vida adulta golpeaba la puerta, con estudios, trabajos o viajes. Cada uno tomaría una dirección distinta, pero mientras tanto, tenían la pileta del club del barrio, escenario de sus días de asados, mates, fútbol y cartas. Un refugio de risas y complicidad.

Una tarde de aquel verano, vieron carteles pegados en las paredes del natatorio. Se organizaba un torneo de waterpolo mixto y se necesitaban siete jugadores por equipo. Se miraron, sonrieron y rieron. Era una señal. Se anotaron sin siquiera saber qué era exactamente el waterpolo. Solo tenían claro que sería su última aventura juntos.

El waterpolo nació en Inglaterra a mediados del siglo XIX, inspirado en el rugby, pero adaptado al agua. En sus inicios, los jugadores montaban barriles flotantes como si fueran caballos y se disputaban una pelota de cuero. Para darle más realismo, esos barriles llevaban una cabeza de caballo tallada en madera en la parte frontal, lo que hacía que el juego pareciera una especie de batalla medieval sobre el agua.

En 1877, William Wilson, un escocés apasionado por la natación y la seguridad en el agua, estableció las primeras reglas oficiales del deporte. Wilson no solo fue pionero en la reglamentación del waterpolo, sino también fue un innovador en la enseñanza de la natación, promoviendo técnicas de rescate acuático. Era además periodista y utilizó sus escritos para difundir y perfeccionar las normas del juego, con el objetivo de hacerlo más competitivo, organizado y seguro. Su trabajo fue fundamental para dejar atrás las versiones caóticas que se jugaban en lagos y ríos. Gracias a su esfuerzo, el waterpolo comenzó a tomar la forma que conocemos hoy.

El primer torneo olímpico de waterpolo se llevó a cabo en los Juegos Olímpicos de París 1900. Fue uno de los primeros deportes de equipo en la historia del olimpismo moderno. En aquella edición participaron clubes en lugar de selecciones nacionales y el equipo ganador fue el Osborne Swimming Club de Gran Bretaña, marcando el inicio del dominio británico en los primeros años del deporte.

Las reglas del waterpolo establecen que cada equipo debe contar con siete jugadores en el agua: un arquero y seis jugadores de campo. El partido se divide en cuatro períodos de ocho minutos cada uno. Está prohibido tocar el fondo de la piscina y los jugadores solo pueden sostener la pelota con una mano, excepto el arquero. Además, cada posesión de balón dura un máximo de 30 segundos, obligando a los equipos a jugar con rapidez y precisión. Está permitido el contacto físico, pero no se puede hundir intencionalmente a los rivales. El campo de juego tiene una longitud de 30 metros para hombres y 25 metros para mujeres. Los arqueros pueden usar ambas manos dentro de su área, pero no pueden cruzar la línea de mitad de cancha. En caso de empate en las fases eliminatorias, el partido se define por tiros desde los cinco metros, similar a una tanda de penales en el fútbol. También existen faltas personales y un jugador es expulsado si acumula tres en un mismo partido.

Entre los países más ganadores de la historia del waterpolo masculino se destacan Hungría, con la mayor cantidad de medallas olímpicas, seguido por Serbia, Italia y Croacia, naciones que han dominado el deporte con su estilo agresivo y táctico. Hungría, en particular, ha sido un referente absoluto, con equipos legendarios que marcaron épocas. En el wáter polo fememino lidera Estados Unidos.

Los amigos no sabían nada de todo eso cuando saltaron al agua por primera vez. Al principio fue un desastre, no entendían las reglas, se cansaban rápido y tragaban más agua de la que querían, pero no se rendían. Día a día, entre risas y enojos aprendieron a desplazarse con velocidad, a lanzar la pelota con precisión y a confiar ciegamente los unos en los otros. Descubrieron que más allá de la destreza, el waterpolo se trataba de unidad.

Cuando llegó el torneo, nadie apostaba por ellos. Se enfrentaban a equipos que ya conocían el deporte, con jugadores experimentados. Peleaban cada balón con el alma, celebraban cada gol como una hazaña épica y se alentaban en cada instante de cansancio. Contra todo pronóstico, llegaron a la final.

El último partido fue una batalla. En el último minuto, con el marcador empatado, la más pequeña del grupo, recibió el pase decisivo. Con un giro preciso, lanzó la pelota con toda su fuerza. El sonido de la red al moverse aún retumba en su memoria. Gol. Victoria. Se abrazaron en el agua, sabiendo que ese instante quedaría grabado para siempre.

Años después cada uno siguió su camino. Algunos volvieron al club en visitas esporádicas, otros nunca más pisaron la pileta. Pero siempre, en cada encuentro, recordaban aquel verano con una certeza absoluta, nada en la vida se compararía con ese torneo de waterpolo, con la risa flotando en el agua y con la certeza de que aunque la vida los separara, siempre serían un equipo.

Automovilismo

Colapinto se reivindica en Barcelona: octavo y 19 puntos en la temporada

El piloto argentino de Alpine superó un fin de semana complicado, en el que calificó 13° tras describir su auto como «un desastre», y remontó en carrera para sumar cuatro puntos. Lewis Hamilton ganó su primera victoria con Ferrari; el podio lo completaron George Russell y Lando Norris.

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Un fin de semana que comenzó cargado de frustración terminó con una sonrisa y cuatro puntos para Franco Colapinto. El piloto pilarense del equipo Alpine cruzó la bandera a cuadros en la octava posición en el Gran Premio de Barcelona, novena fecha del campeonato mundial de Fórmula 1 2026, disputado este domingo en el Circuit de Catalunya, en Montmeló. El resultado representa la sexta carrera consecutiva en la que el argentino suma puntos con Alpine y lo deja con 19 unidades acumuladas en la temporada, según confirmó La Nación.

De la clasificación al desastre

El sábado había pintado de otra manera. Colapinto no logró superar la Q2 y quedó decimotercero en la grilla de largada, por delante de su compañero de equipo Pierre Gasly, que terminó decimocuarto. Las declaraciones del argentino tras la clasificación fueron contundentes y sin filtro. «Un desastre. Traté de ir con el cuchillo entre los dientes, pero el auto no hace lo que quiero. Se me fue el auto en la curva diez, en la dos, en todas. Fue un verdadero desastre y es muy frustrante», expresó. Fue más lejos aún al ironizar: «Más lentos que la Fórmula 2 íbamos», según publicó La Nación. El piloto también reveló que el equipo intentó múltiples cambios en la puesta a punto durante el fin de semana, sin resultados positivos. «No le encontramos la vuelta en todo el fin de semana. Di vuelta el auto para la FP3, lo di vuelta para la clasificación, pero aun así nada funciona», admitió.

Sin embargo, y a pesar del pesimismo, Colapinto no dejó de creer en sus posibilidades antes de la carrera. «Largando 13 hay oportunidades y creo que no estamos tan lejos de los puntos», anticipó.

La remontada: estrategia y capitalización de los abandonos

El domingo reivindicó su optimismo. Colapinto ejecutó una largada formidable, ganó dos posiciones en la primera vuelta y escalo hasta el undécimo lugar apoyándose en los neumáticos blandos, según detalló Bolavip. A partir de allí, Alpine acertó en la estrategia de paradas en boxes y el argentino logró avanzar posición a posición, en parte gracias a los numerosos abandonos que sacudieron la carrera: Fernando Alonso, Alex Albon, Nico Hulkenberg, Valtteri Bottas y Lance Stroll no pudieron completar la prueba, mientras que el líder del campeonato, Kimi Antonelli (Mercedes), debió retirarse cuando transitaba posiciones de podio por una falla mecánica, según informó La Nación.

Esos abandonos impulsaron a los dos pilotos de Alpine: Gasly terminó séptimo y Colapinto cruzó en octavo, aunque no sin polémica. El equipo le dio la orden de ceder una posición a su compañero, al considerar que el francés rodaba con mejor ritmo. Colapinto aceptó la decisión sin conflicto público y la minimizó ante la prensa. «El intercambio de posiciones fue una decisión del equipo. Fue un día muy positivo. A pesar de eso, estamos muy contentos con el resultado».

Una investigación de la FIA por una presunta infracción bajo banderas amarillas pesa sobre el resultado del argentino, según informó Infobae. Al cierre de esta edición, la situación no había generado modificaciones en la clasificación final.

Hamilton hace historia con Ferrari

El gran protagonista de la jornada fue Lewis Hamilton, que se impuso con Ferrari en lo que constituyó su victoria número 106 en la Fórmula 1 y la primera desde el Gran Premio de Bélgica 2024, cuando aún vestía los colores de Mercedes. La estrategia del equipo italiano fue impecable: tres paradas en boxes, ritmo sostenido durante toda la carrera y un virtual safety car que terminó de definir el resultado a favor del séptuple campeón del mundo, según los datos publicados por La Nación.

El podio lo completaron George Russell (Mercedes), segundo, y Lando Norris (McLaren), tercero. La pole position había sido de Russell, con un tiempo de 1:14.679.

El campeonato tras Barcelona

Con el abandono de Antonelli, la tabla de posiciones volvió a compactarse en la cima. Colapinto suma ahora 19 puntos y figura undécimo en el campeonato, posición que refuerza su consolidación en la categoría en lo que es su segundo año como piloto titular de Alpine. Comparado con su resultado en el mismo circuito en 2025, cuando terminó decimoquinto, el avance es evidente. El argentino ya acumula seis carreras consecutivas entre los diez primeros, una racha que valida el proceso de crecimiento que inició con su séptimo lugar en Miami y su sexto en Canadá.

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