DDHH
Caamaño y Organismos de DDHH destacaron la apertura de información de la exSide para juicios de lesa humanidad
«Uno de los mandatos del presidente Alberto Fernández fue aportar toda la información disponible al proceso de Memoria, Verdad y Justicia».
Por Silvina Caputo.
La interventora de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), Cristina Caamaño, y organismos de derechos humanos coincidieron en destacar la importancia de conocer el rol que tuvieron los servicios de inteligencia durante la dictadura cívico militar, al celebrar la aprobación de una Guía de Requerimiento de Información a la exSide, destinada a colaborar en los juicios por delitos de lesa humanidad.
Caamaño dijo que «uno de los mandatos del presidente Alberto Fernández -al momento de la intervención de la AFI- fue aportar toda la información disponible al proceso de Memoria, Verdad y Justicia».
«Sanear los sótanos de la democracia no solamente implicaba detener las prácticas ilegales que se cometieron recientemente, sino también avanzar en reconstruir (cómo fue) el rol de los servicios de inteligencia en el plan sistemático de secuestro, tortura, desaparición y robo de identidades de niños y niñas nacidas en cautiverio», remarcó la funcionaria.
En este punto, añadió que «sabemos que los procesos judiciales por estos delitos suelen encontrarse con un agujero negro cuando aparecen exagentes de inteligencia».
La «Guía de requerimientos del Poder Judicial de la Nación y del Ministerio Público Fiscal sobre el Fondo Documental Ex-SIDE» -publicada el viernes en el Boletín Oficial- «busca tender un puente con los y las operadores del servicio de administración de justicia para facilitar los requerimientos que llegan semanalmente y que nuestro equipo especializado responde», amplió Caamaño.
«No solamente cuenta con el aporte de nuestra gente, sino que lo pusimos en consideración de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación y de organismos de derechos humanos, quienes cumplen un rol fundamental en las causas por delitos relacionados con el terrorismo de Estado», dijo Caamaño sobre la guía.
La interventora de la AFI recordó que los expresidentes «Néstor Kirchner y Cristina Fernández dejaron como legado reformas profundas en materia de control civil de las Fuerzas Armadas y fuerzas de Seguridad federales» y que «Alberto Fernández vino a completar la tarea con el saneamiento de los sótanos de la democracia, encarnados en los servicios de inteligencia».
Caamaño explicó que «esta Guía es producto del trabajo sobre los archivos producidos por la Ex-SIDE durante el terrorismo de Estado, que iniciamos apenas asumimos la Intervención dispuesta por el presidente de la Nación, Alberto Fernández».
«Básicamente, nos dimos cuenta de que los juzgados federales y los tribunales orales que nos solicitaban información para los procesos judiciales por delitos de lesa humanidad no contaban con la información sobre qué tipo de documentación y qué criterios de búsqueda tenemos disponibles para hacer más eficientes los pedidos y las respuestas», aseveró la funcionaria.
Del mismo modo, la confección de esta Guía fue celebrada por organismos de derechos humanos que participan de la «Mesa Conjunta sobre Documentación de Inteligencia vinculada a las violaciones a los Derechos Humanos» como la Liga Argentina por los Derechos Humanos.
Su presidente, José Schulman, dijo que «la intervención de la AFI ha sido sin duda el aporte más importante del gobierno del presidente Alberto Fernández a la lucha contra los sótanos y las cloacas de la democracia».
«La intervención de Caamaño ha interrumpido una serie de lógicas perversas de espionaje y persecución y también puso sobre la luz algunos de los archivos que se recuperaron. Una pequeñísima parte de lo que la AFI recolectó durante décadas pero esa pequeña parte no solo es ilustrativa de lo que había sino de una importancia colosal», añadió.
En este punto, Schulman recordó que «en diciembre del 2020 el Presidente y la interventora entregaron a cada organismo un fondo de documentos. Nosotros por ser una institución que viene de 1937 teníamos un fondo de documentos muy amplio, una enorme cantidad de documentos que nos fueron devueltos».
«Eran documentos que la agencia había recolectado de la actividad de la liga por años. Luego se hicieron reuniones de las que participamos y se acordó una utilización eficaz de la documentación que aparece para aportar como prueba en las causas de juicios e investigaciones por los crímenes de genocidio que creemos que pueden ser muy importantes», indicó.
Desde el Centro de Estudios Legales y Sociales (Cels), Sol Hourcade, quien coordina el área de Memoria, Verdad y Justicia, dijo a esta agencia que «esta guía es una herramienta que avanza en el sentido de una mayor accesibilidad a los archivos de inteligencia del Estado argentino».
«A lo largo del desarrollo del proceso de Memoria, Verdad y Justicia hemos podido verificar el rol de la inteligencia en la represión. Comprobamos el rol central que tuvo la exSIDE -que desde 1975 había quedado bajo el control operacional del Ejército- que actuó en conjunto con las Fuerzas Armadas y de seguridad en la persecución a opositores políticos, y a la población civil en general, fuera y dentro de los centros clandestinos de detención, tortura y exterminio», precisó.
Además, agregó que «la SIDE, por ejemplo, estuvo a cargo del centro clandestino conocido como Automotores Orletti y ya hubo varios juicios en los cuales se investigaron a algunos de sus agentes orgánicos e inorgánicos.
Hourcade señaló que desde el Cels esperan que «el acceso al archivo pueda aportar información significativa a lo que ya se ha logrado saber a partir de testimonios de sobrevivientes y familiares de las víctimas, quienes nunca dejaron de es y de buscar información».
En esta guía se presentan «recomendaciones generales y específicas» sobre el modo en que se debe solicitar la información a la AFI. Entre las recomendaciones generales consta «realizar los pedidos de la manera más detallada posible, aportar información de contexto, y de ser posible incluir información sobre el objeto procesal de la causa, ya que permitiría realizar búsquedas más amplias y exhaustivas».
Entre las recomendaciones específicas se detallan cuestiones vinculadas a «los imputados, y a las víctimas así como a organizaciones y otras personas físicas».
Las recomendaciones se elaboraron en virtud «de un relevamiento efectuado sobre los oficios contestados durante los años 2020 y 2021 donde se detectaron algunas dificultades a la hora de abordar los requerimientos», según detalla la normativa publicada en el Boletín Oficial.
Por otra parte, la resolución indica que la documentación relevada hasta el momento posee información proveniente de distintas áreas de la AFI, y abarca el periodo 1940-1985.
DDHH
A 71 años del bombardeo a Plaza de Mayo: la masacre impune que sigue sin condena
El 16 de junio de 1955, aviones de la Aviación Naval y la Fuerza Aérea lanzaron 14 toneladas de bombas sobre la Plaza de Mayo en un intento de magnicidio contra Juan Domingo Perón. Más de 350 civiles murieron. A 71 años, la masacre permanece impune y el odio político que la impulsó sigue mutando de forma.
El 16 de junio de 1955, aviones de la Aviación Naval y la Fuerza Aérea lanzaron 14 toneladas de bombas sobre la Plaza de Mayo en un intento de magnicidio contra Juan Domingo Perón. Más de 350 civiles murieron y alrededor de 2.000 resultaron heridos. A 71 años, la masacre permanece impune y el odio político que la impulsó sigue mutando de forma: donde antes caían bombas, hoy caen sentencias judiciales fabricadas a medida.
El día que las Fuerzas Armadas atacaron al pueblo
El jueves 16 de junio de 1955 amaneció como un día de confrontación abierta entre el gobierno de Juan Domingo Perón y sectores del establishment eclesiástico, militar y empresarial que buscaban su caída. A media mañana, decenas de aviones de la Aviación Naval y parte de la Fuerza Aérea despegaron con un objetivo preciso: asesinar al presidente constitucional y derrocar el gobierno peronista.
Las bombas cayeron sobre la Plaza de Mayo y las calles aledañas. Las aeronaves, que llevaban inscripta la leyenda «Cristo vence» como símbolo de la alianza entre el catolicismo conservador y los sectores golpistas, atacaron sin distinción a los civiles congregados. Uno de los proyectiles impactó directamente contra un trolebús repleto de pasajeros. El saldo de la masacre fue de más de 350 muertos y cerca de 2.000 heridos, en lo que representó el mayor ataque armado a la población civil en suelo argentino hasta entonces.
Perón se refugió en el Edificio Libertador. Las tropas leales al Gobierno frenaron el alzamiento esa misma tarde. Los golpistas que no lograron escapar fueron sometidos a consejos de guerra, pero los principales responsables se exiliaron en Uruguay, donde el presidente Luis Batlle les otorgó asilo político. Entre los implicados en los hechos de aquella jornada figuraba un joven oficial, Eduardo Emilio Massera, quien años después encabezaría uno de los comandos de la dictadura genocida de 1976.
El contexto político: lo que no podían ganar en las urnas
El ataque del 16 de junio no fue un hecho aislado. Se inscribió en una estrategia política de sectores que comprendían que el peronismo era imbatible en elecciones libres. En 1954, el oficialismo había obtenido el 62,54% de los votos, consolidando una base popular que ninguna fuerza opositora podía erosionar por vías democráticas. A esa fortaleza electoral se sumaba una distribución del ingreso sin precedentes en América Latina: bajo la gestión peronista, los trabajadores alcanzaron una participación de alrededor del 53% en el PBI, un dato que irritaba profundamente a las élites económicas tradicionales.
El conflicto con la Iglesia Católica, desatado tras la sanción de la ley de divorcio y la eliminación de la educación religiosa en las escuelas públicas, les proveyó a los sectores conservadores una coartada moral para acelerar el camino del golpe. La masacre del 16 de junio fue la primera expresión de esa alianza entre el poder económico concentrado, la jerarquía eclesiástica y fracciones de las Fuerzas Armadas.
La impunidad como política de Estado
El bombardeo fracasó como golpe de Estado en junio, pero logró su objetivo tres meses después. El 16 de septiembre de 1955 la autodenominada Revolución Libertadora derrocó a Perón, quien partió al exilio y no regresaría al país hasta 1973, luego de 18 años de proscripción. Los crímenes cometidos el 16 de junio nunca fueron juzgados con la profundidad que merecían. La masacre permaneció impune, borrada del relato hegemónico durante décadas, mientras se amplificaba mediáticamente la reacción espontánea de militantes que indignados incendiaron algunas iglesias aquella misma noche.
La Revolución Libertadora proscribió al peronismo, persiguió a sus militantes y sindicalistas, fusiló opositores en los basurales de José León Suárez y firmó el primer acuerdo con el Fondo Monetario Internacional en la historia argentina. El ciclo de violencia política inaugurado aquel 16 de junio no se cerró en 1955: se prolongó, con diferentes intensidades y métodos, durante décadas.
71 años después: la misma matriz, distintas herramientas
A 71 años del bombardeo, el odio al peronismo sigue vigente aunque ya no cae desde el cielo en forma de bombas. Opera hoy en los tribunales, en los sets de televisión, en los escritorios de jueces funcionales al poder económico. La condena a Cristina Fernández de Kirchner en la causa Vialidad, en diciembre de 2022, debe leerse en esa continuidad histórica: una proscripción no por medios militares, sino judiciales; no con aviones, sino con sentencias diseñadas sin pruebas directas. Tal como señalaron organismos de derechos humanos y juristas de distintas corrientes, la instrucción de esa causa estuvo plagada de arbitrariedades, escuchas ilegales, filtraciones mediáticas y operaciones de prensa.
Esta estrategia de persecución jurídica a líderes populares, conocida como lawfare, combina jueces, grandes medios de comunicación y servicios de inteligencia para desacreditar e inhabilitar políticamente a quienes representan al campo nacional y popular. El mecanismo fue reconocido y analizado por decenas de organizaciones de derechos humanos, académicos y juristas en Argentina y en el mundo. No es una teoría conspirativa; es una metodología documentada.
En 1955, sectores de la Sociedad Rural, la jerarquía eclesiástica y fracciones castrenses empujaron el golpe. Hoy son grupos mediáticos concentrados, grandes poderes económicos y una parte del Poder Judicial quienes reproducen esa misma lógica. El objetivo tampoco cambió: restaurar un orden donde el mercado imponga las reglas y el Estado abandone toda función redistributiva. En 1955 se habló del «tirano prófugo». Hoy se construye la figura de la «jefa de una asociación ilícita». La estigmatización es una constante que atraviesa décadas y adapta su lenguaje a cada época.
La resistencia como hilo histórico
El intento de asesinar a Perón fracasó, pero logró su proscripción por 18 años. La condena judicial a Cristina, en 2022, no pudo borrarla del escenario político. En ambos casos, la resistencia popular fue la respuesta. Los hijos de los fusilados de José León Suárez militaron en unidades básicas. Las Madres de Plaza de Mayo, cuyo origen como movimiento de lucha está indisolublemente ligado a las consecuencias políticas del ciclo abierto en 1955, marcharon durante décadas reclamando Memoria, Verdad y Justicia. Y las nuevas generaciones reconocen en esa historia una continuidad que ninguna sentencia ni ninguna bomba logró interrumpir.
Recordar el bombardeo del 16 de junio de 1955, a 71 años de aquella masacre impune, no es un ejercicio nostálgico. Es comprender que los mismos intereses que ordenaron lanzar bombas sobre trabajadores siguen operando, con otras herramientas y otros actores, contra cualquier proyecto político que coloque al pueblo en el centro de las decisiones.
Puntos clave
- El 16 de junio de 1955, aviones de la Aviación Naval y la Fuerza Aérea bombardearon la Plaza de Mayo con más de 14 toneladas de explosivos, dejando más de 350 muertos y alrededor de 2.000 heridos.
- El ataque buscó asesinar al presidente constitucional Juan Domingo Perón, quien había sido reelecto en 1954 con el 62,54% de los votos; fracasó ese día, pero derivó en el golpe de la Revolución Libertadora tres meses después.
- Los responsables de la masacre nunca enfrentaron una condena proporcional a sus crímenes; el bombardeo permanece impune 71 años después.
- El odio político al peronismo adopta hoy la forma del lawfare: persecución judicial, mediática y de inteligencia contra líderes populares como Cristina Fernández de Kirchner, con métodos distintos pero idéntica matriz.
- La resistencia popular frente a cada intento de proscripción es el hilo histórico que conecta las generaciones de 1955 con las actuales.
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