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Bitcoin cotiza en torno a los US$ 26.000 después de su peor semana desde noviembre de 2022

El activo digital cotizaba esta tarde cerca de un mínimo de dos meses, después de perder más del 10% la semana pasada.

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El mayor criptoactivo del mundo, Bitcoin (BTC), cotizaba hoy en torno a los US$ 26.000 después de registrar su peor semana desde noviembre de 2022, en un contexto en el que la suba de los bonos del Tesoro de EEUU genera dudas en los compradores, ante el temor a que las tasas altas de interés se mantengan durante más tiempo del esperado.

El activo digital cotizaba esta tarde cerca de un mínimo de dos meses, después de perder más del 10% la semana pasada, mientras que otras criptomonedas de menor volumen de mercado como Ether, XRP y otras también mantenían pérdidas similares.

La caída de la semana pasada fue el mayor desplome del mercado desde el colapso de la plataforma FTX, en noviembre de 2022.

El argumento detrás de la caída obedece, según analistas, a que el rendimiento de los bonos del Tesoro de los Estados Unidos a 10 años es de 4,35% anual, un récord desde 2007.

Esto se debe a que hay una venta masiva global de bonos, lo cual refleja el riesgo de un período prolongado de restricciones y ajustes monetarios para sofocar la inflación que, por ende, presagia una liquidez limitada para los activos más riesgosos como las acciones y las criptomonedas.

Los principales banqueros centrales se reunirán este viernes en Jackson Hole, para el simposio anual de la Reserva Federal (FED), donde analizarán la perspectiva de la política monetaria hacia los próximos meses.

«El mercado espera que haya una retórica moderada en Jackson Hole. Aun así, no creo que vayan a ser moderados», dijo Tony Sycamore, analista de mercado de IG Australia Pty, en declaraciones a Bloomberg.

Sycamore espera que el S&P 500 -principal índice bursátil de Wall Street- caiga «otro 2% a 3%» en medio del aumento del rendimiento de los bonos del Tesoro de Estados Unidos y, en consecuencia, Bitcoin extienda su caída a aproximadamente US$ 25.000.

De todas formas, existen señales técnicas seguidas por los analistas de gráficos que muestran un panorama mixto, ya que un indicador de impulso conocido como índice de fortaleza relativa de 14 días sugiere que Bitcoin está cerca del nivel de mayor sobreventa desde mediados de 2022.

Otras métricas apuntan a una renuencia entre los inversores minoristas e institucionales a comprometerse con las criptomonedas tras la caída del año pasado, las explosiones como FTX y un panorama regulatorio en constante cambio.

Por ejemplo, los volúmenes promedio diarios en intercambios centralizados de activos digitales en los últimos cuatro meses fueron los más bajos desde octubre de 2020, cuando el Bitcoin rondaba los US$ 10.000, según la compañía de investigación Kaiko.

Desregulación

La industria textil argentina al límite: el 70% del mercado ya es importado

Con seis de cada diez máquinas paradas y una caída de la producción del 34% respecto a 2023, la industria textil argentina enfrenta su peor momento ante una apertura comercial que duplicó el ingreso de indumentaria importada. La Fundación Pro Tejer y la FITA denuncian competencia fraudulenta por subfacturación y reclaman al gobierno de Milei condiciones mínimas para sobrevivir.

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Milei abrió las puertas y el textil se hundió: 70% del mercado es importado y la subfacturación hace el resto.

Las importaciones ya explican el 70% del mercado textil argentino. Lo que históricamente era una disputa pareja entre producción local y productos del exterior se convirtió, bajo la gestión libertaria, en una derrota estructural para la industria nacional: en el primer semestre de 2026, la indumentaria importada creció un 62% en toneladas y un 36% en dólares, mientras las fábricas textiles del país operaban apenas al 39% de su capacidad instalada.

Esos datos fueron aportados por la Fundación Pro Tejer y la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), los dos organismos que nuclean al sector y que coinciden en un diagnóstico que el gobierno de Javier Milei prefiere ignorar: la política de apertura comercial irrestricta, combinada con la apreciación del tipo de cambio real y la demora en medidas de competitividad, está destruyendo una cadena productiva que empleó durante décadas a cientos de miles de trabajadores formales.

Apertura sin red: la caída en los eslabones primarios

En el primer semestre del año, las importaciones de productos textiles e indumentaria totalizaron 177.356 toneladas y 911 millones de dólares. La baja del 20% interanual en cantidades y del 5% en valores no es, como podría interpretarse, una señal de mejora: esa contracción se concentra en los insumos, no en los productos finales.

Según el informe de Pro Tejer, las materias primas cayeron un 33%, los hilados un 43%, los tejidos planos un 52% y los tejidos de punto un 34%. La lectura es inequívoca: hay menos insumos porque hay menos producción local. Las fábricas no fabrican, por lo tanto no demandan materias primas. El mercado interno simplemente se abastece con el producto terminado que llega del exterior.

La Fundación Pro Tejer precisó que «el escenario productivo local se ve afectado por la veloz apertura comercial, la desregulación total de las importaciones y la apreciación del tipo de cambio real, en un contexto de demora de medidas para reducir la carga tributaria y mejorar la competitividad sistémica de la economía argentina».

Subfacturación: más del 70% de los productos entra a precio ficticio

La FITA fue más terminante en su diagnóstico y acuñó el término que sintetiza el problema de fondo: «competencia fraudulenta». La federación señaló que las rebajas impositivas y los procesos de desregulación de los últimos años beneficiaron principalmente a las importaciones, mientras la producción nacional continúa cargando con una presión tributaria elevada, altos costos logísticos y falta de financiamiento.

Pero el punto más crítico es la subfacturación. Más del 70% de los productos importados ingresa al país a valores significativamente inferiores a los antecedentes del sector, en muchos casos sin cubrir siquiera el costo de la materia prima principal. Esta práctica, que constituye una violación a las normas de comercio exterior vigentes, configura una ventaja artificial imposible de compensar por cualquier esfuerzo de eficiencia en la producción local.

A eso se suma la competencia de plataformas digitales como Shein y Temu, que comercializan indumentaria de origen asiático sin tributar aranceles, operando en un vacío regulatorio que el gobierno libertario no ha mostrado voluntad de cerrar.

La producción en caída libre: 34% menos que en 2023

Las cifras de actividad son concluyentes. En el primer semestre de 2026, la producción textil cayó un 24,4% respecto al mismo período de 2025 y un 34% respecto a 2023, el último año antes del gobierno de Milei. El uso de la capacidad instalada se ubicó en apenas el 39%, lo que en términos prácticos significa que seis de cada diez máquinas están paradas en las fábricas del sector.

La FITA aclaró que el sector no rechaza la apertura comercial en términos generales. La entidad firmó recientemente una declaración conjunta con organizaciones del Mercosur y de Europa en el marco del acuerdo birregional, y gestiona activamente el avance comercial con Estados Unidos. El reclamo no es por el comercio exterior en sí, sino por las condiciones en que se da ese comercio: sin reglas de origen verificadas, sin valores de referencia que impidan la subfacturación y sin paridad de cargas tributarias entre lo que se produce aquí y lo que se importa.

El reclamo: que se cumpla la ley

La demanda del sector ante el gobierno no es, por ahora, proteccionismo clásico. La FITA y Pro Tejer reclaman el cumplimiento de la normativa vigente de comercio exterior: aplicar los controles aduaneros que ya existen para detectar subfacturación, establecer valores de referencia para los principales productos importados y garantizar que las plataformas digitales extranjeras tributen igual que los comercios locales.

Sin esas condiciones mínimas, la industria textil argentina enfrenta un horizonte de desindustrialización acelerada que no se limita a una rama productiva: arrastra empleo registrado, capacidad de exportación, desarrollo regional y una cadena de valor que va desde el algodón en el norte del país hasta las terminaciones en los talleres del conurbano bonaerense.

Puntos clave

  • Las importaciones representan ya el 70% del mercado textil argentino, según la Fundación Pro Tejer.
  • La indumentaria importada creció un 62% en toneladas y un 36% en dólares en el primer semestre de 2026.
  • La producción textil cayó un 24,4% interanual y un 34% respecto a 2023, con solo el 39% de la capacidad instalada en uso.
  • La FITA denuncia que más del 70% de los productos importados ingresa subfacturado, sin cubrir el costo de la materia prima.
  • Plataformas como Shein y Temu operan sin pagar aranceles, ampliando la brecha de competitividad con la producción local.
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