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Macron visitó la Iglesia de la Santa Cruz antes de su reunión con Javier Milei

Se reunió con familiares de las víctimas francesas desaparecidas y organismos de derechos humanos.

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Antes de su encuentro oficial con el presidente Javier Milei, el mandatario francés Emmanuel Macron visitó la Iglesia de la Santa Cruz en el barrio de San Cristóbal, un lugar simbólico en la historia de los derechos humanos en Argentina. Allí, Alfredo Astiz, conocido como «el ángel rubio de la muerte», infiltró y luego desapareció a las monjas francesas Alice Domon y Léonie Duquet durante la última dictadura cívico-militar.

Un gesto de memoria y compromiso

Acompañado por su esposa, Brigitte Macron, el presidente francés se reunió con familiares de las víctimas francesas desaparecidas y con representantes de organismos de derechos humanos. Durante el encuentro, Macron expresó su solidaridad y se comprometió a transmitir la preocupación de las familias a Javier Milei en su reunión posterior. Además, reafirmó la postura de Francia a favor de la verdad y la justicia para las víctimas de la dictadura.

Retraso en el saludo protocolar

La visita a la Iglesia de la Santa Cruz retrasó el inicio del saludo oficial en la Casa Rosada, que estaba programado para las 10:30 de la mañana y comenzó pasadas las 10:45. Este gesto fue interpretado como una reafirmación del compromiso francés con los derechos humanos y la memoria histórica.

La Iglesia de la Santa Cruz: un lugar simbólico

Este templo, perteneciente a la Congregación de la Pasión, es un sitio emblemático en la lucha por los derechos humanos en Argentina. En diciembre de 1977, Alice Domon y Léonie Duquet, junto a otros familiares de desaparecidos, fueron secuestrados por agentes de la dictadura tras ser engañados por Astiz, quien simuló ser un aliado en su búsqueda de justicia.

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Abuelas de Plaza de Mayo alerta por la suspensión de entregas de kits de ADN en el exterior

El envío de kits de ADN no es un trámite administrativo más: es una herramienta concreta para restituir identidades. Su interrupción abre un conflicto que excede lo técnico y vuelve a poner en tensión el rol del Estado frente a los crímenes de la dictadura.

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La política de derechos humanos volvió a quedar en discusión tras la denuncia de Abuelas de Plaza de Mayo: el Gobierno habría suspendido el envío de kits de ADN a consulados argentinos en el exterior, una herramienta clave para avanzar en la identificación de hijos de desaparecidos.

La medida impacta directamente sobre personas que viven fuera del país y que sospechan haber sido apropiadas durante la última dictadura. Sin esos kits, queda interrumpida la posibilidad de realizar pruebas de filiación sin viajar a la Argentina.

Un canal de búsqueda bloqueado

Desde la Red Internacional de Abuelas en Europa señalaron que el sistema funcionaba desde hace años sin inconvenientes. A través de consulados, las muestras se tomaban bajo supervisión oficial y eran enviadas para su análisis.

El argumento oficial, según trascendió, apunta a dificultades en la custodia de las muestras. Pero desde la organización lo rechazan de plano: sostienen que el mecanismo tenía validez y respaldo institucional desde hace casi dos décadas.

Impacto en el derecho a la identidad

La decisión golpea uno de los pilares del trabajo de Abuelas: el derecho a la identidad. Se estima que alrededor de 400 bebés fueron apropiados durante el terrorismo de Estado y aún falta restituir la identidad de muchos de ellos.

Organismos advierten que la suspensión de estos dispositivos ralentiza o directamente paraliza investigaciones que dependen de la voluntad de quienes viven en el exterior para iniciar el proceso.

Denuncias de desarticulación

Referentes del espacio también apuntaron contra la falta de articulación estatal. Señalan que la CONADI y áreas vinculadas a Cancillería quedaron debilitadas, lo que repercute en la continuidad de políticas públicas construidas durante años.

Las críticas no se limitaron a lo operativo: también denunciaron un retroceso en la política de memoria, verdad y justicia, con cuestionamientos a la falta de diálogo con los organismos.

El envío de kits de ADN no es un trámite administrativo más: es una herramienta concreta para restituir identidades. Su interrupción abre un conflicto que excede lo técnico y vuelve a poner en tensión el rol del Estado frente a los crímenes de la dictadura.

En ese terreno, la denuncia de Abuelas marca algo más profundo: no sólo un problema de gestión, sino una disputa sobre el lugar que ocupan los derechos humanos en la agenda libertaria..

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