Sociedad
«A Facu lo tiraron»
A dos años del hallazgo del cuerpo de Facundo Astudillo Castro en un cangrejal de Bahía Blanca, su madre reconstruyó el recorrido de su hijo cuando fue víctima de desaparición por parte de efectivos policiales.
Por Néstor Llidó
Cristina Castro Alaníz no tiene dudas sobre que su hijo Facundo fue víctima de un episodio de violencia institucional, en el que cuatro policías lo “levantaron” en la ruta cuando hacía dedo y tras matarlo lo hicieron desaparecer, en medio de una trama de encubrimiento, hasta arrojar su cuerpo en un cangrejal, donde fue hallado el 15 de agosto de 2020.

Según contó a Facundo José Astudillo Castro, de 22 años, lo retuvieron en un control sobre la ruta nacional 3, tras salir de su casa del pueblo de Pedro Luro en la jornada del 30 de abril de 2020 pretendiendo llegar a dedo a la casa de su ex novia en Bahía Blanca en pleno aislamiento por la pandemia, le sacaron fotos, lo llevaron a una seccional del partido bonaerense de Villarino y finalmente apareció muerto en un cangrejal el 15 de agosto del 2020, de acuerdo a la autopsia al ahogarse.
La mujer recorrió el camino que cree que su hijo realizó el día de su desaparición, cuando salió de su casa alrededor de las 8 de la mañana del sábado 30 de abril del 2020 cuando en el país regía medidas de aislamiento por la pandemia del coronavirus, se dirigió a lo de su abuelo que vive a escasos 50 metros y luego se fue caminando hacia la ruta nacional 3 con destino a la ciudad de Bahía Blanca para ir a ver a su novia, a unos 120 kilómetros de distancia.
Una vez en la ruta, hay una primera vecina de la zona que lo lleva hasta la localidad de Hilario Ascasubi, camino a Mayor Buratovich, uno de los primeros puntos “clave” de la investigación.
«Acá hay una antena que marca que Facundo activó su teléfono, acá estaba haciendo dedo”, dijo Cristina Castro Alaníz, señalando un punto a la altura del kilómetro 806, desde donde hubo una primera persona que lo llevó en su auto hasta un parador cercano.
«Lo lleva y lo deja en la garita de Buratovich. Fue la primera persona que declaró haber llevado a Facundo. Ahí lo paran los policías en la zona de las vías cerca de las 10, en el kilómetro 779”, indicó la mujer, en relación al lugar donde su hijo fue fotografiado por los efectivos al momento de ser demorado.
Según consta en la causa, para los investigadores, el chico resultó interceptado por los oficiales Mario Gabriel Sosa y Jana Curruhinca para pedirle los documentos, ya que estaba incumpliendo con el aislamiento dispuesto por la pandemia del Covid-19. Además, fotografiaron su DNI y a él de espaldas junto a un patrullero.
Si bien nunca pudo ser acreditado en el expediente, la madre de Facundo Castro cree que allí fue llevado a la dependencia de Mayor Buratovich porque, en función de la información colectada en los celulares de los efectivos, uno de los policías advierte en un mensaje que “si se hacía el pajero que lo bajaran”.
Otra de las pruebas que hace pensar en la posibilidad que el joven se hallaba en la dependencia es que hay registro que su teléfono celular se activó alrededor de las 13, momentos en que llamó a su madre, quien refirió que le dijo: “Mamá, no tenés una idea de donde estoy, no me vas a volver a ver.”
Luego, según explicó Cristina Castro Alaníz, su hijo fue liberado y continuó a pie por la ruta 3 en dirección a la localidad de Teniente Origone. En la causa consta que una testigo, identificada como Siomara Flores, quien resultó ser miembro de la Policía bonaerense (hermanastra de Curruhinca y pareja de Sosa), aseguró que lo vio haciendo dedo sobre la ruta y que aproximadamente a las 13 lo trasladó desde Buratovich hasta Origone.
De acuerdo al relato de la madre de la víctima, quien contó que realizó el trayecto a pie para corroborar los tiempos, Facundo llegó caminando hasta Origone y en el kilómetro 760, cerca de las 15.30, nuevamente fue interceptado por efectivos en una patrulla que, según relataron testigos en la causa, lo subieron a la camioneta.
“Facundo aparece nuevamente, más allá de Origone, recostado sobre la ruta”, contó la mujer, de acuerdo a las constancias de la información desprendida de las llamadas realizadas por los testigos que alertaron a la Policía y que creen que lo vieron a la altura del kilómetro 755.
Otro oficial, Alberto González, declaró en el expediente que encontró a Facundo Astudillo Castro a 6 o 7 kilómetros de la entrada del pueblo, lo identificó con su carnet de conducir, ya que el joven no habría tenido en su poder el DNI y luego fotografió su carnet a las 15.43, de acuerdo con la extracción forense de datos realizada en su teléfono celular.
«Si Facu estaba vivo el que lo levantó fue González”, aseguró la madre de la víctima y dijo: “De ahí ya no se sabe más, desaparece por completo”.
Sus restos fueron hallados en la noche del 15 de agosto, 107 días después de su desaparición en un cangrejal de General Cerri. Y su mochila fue encontrada recién varios días más tarde, dentro de la cual se hallaba algunas de las prendas de vestir que llevaba puestas cuando fue fotografiado por la policía y quemada con algún tipo de ácido, uno de los enigmas nunca resueltos.
En tanto, la autopsia realizada por expertos del Equipo Argentino de Antropología Forense determinó que el joven murió como consecuencia de una “asfixia por sumersión”, aunque no se pudo confirmar si ese deceso fue producto de un homicidio o una caída accidental al agua de esa ría.
Para Cristina Castro Alaníz, su hijo fue víctima de violencia institucional y libra desde entonces una batalla judicial reclamando la imputación, detención e indagatoria de los cuatro policías que lo detuvieron.
Mientras uno de sus abogados, Leandro Aparicio, coincidió en reclamar la detención de esos efectivos. “Con el volumen de prueba que hay, a los cuatro que siempre hemos mencionado los tienen que detener”, dijo el letrado.
Judiciales ⚖️
Dejó un riñón en Aeroparque para hacer una “broma” y terminó procesado por intimidación pública
Un abogado platense compró un órgano animal, lo colocó en una conservadora con una inscripción amenazante y lo abandonó en la terminal aérea para gastarle una broma a una amiga. El operativo de seguridad que desencadenó paralizó el sector por horas y lo llevó ante la Justicia federal.
El 19 de agosto, a las 6:50 de la mañana, Pablo Daniel Fagni llegó en una camioneta utilitaria blanca al Aeroparque Jorge Newbery, depositó una conservadora térmica sobre un cantero de la zona exterior, filmó un video con su celular y se retiró. Lo que pretendía ser una ocurrencia quedó abandonada durante casi siete horas, hasta que taxistas y transeúntes advirtieron su presencia y alertaron a las autoridades. El contenedor, habitualmente utilizado para el traslado de medicamentos en frío y sellado con cinta de seguridad con la leyenda «Frágil», llevaba una inscripción manuscrita con marcador negro que simulaba un decomiso oficial y que hacía referencia a una abogada de Bariloche. Lo que había adentro era un riñón animal envuelto y refrigerado en hielo.
Un operativo por horas en el corazón de la terminal
Ante la denuncia de los presentes, personal de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) acordonó el área, evacuó parcialmente el sector y convocó a bomberos y especialistas en materiales peligrosos. Al abrir la conservadora, los agentes encontraron el órgano, lo que obligó a dar intervención inmediata al SAME y al juzgado federal de turno. Trabajadores de la terminal que presenciaron el operativo describieron escenas de alarma entre los pasajeros. «Pensamos que era una amenaza o un explosivo», relató un empleado de una aerolínea que vio cómo se evacuaba el sector mientras se analizaba el contenido del contenedor.
Las cámaras de seguridad del aeropuerto permitieron identificar a Fagni con rapidez. El registro de los movimientos del abogado, sumado a los informes de su compañía telefónica, acreditaron su presencia en el lugar durante la mañana del hecho. Con esos elementos, la PSA allanó su domicilio, lo detuvo y secuestró un teléfono Samsung que continúa siendo peritado.
La «broma» que no fue: riñón en lugar de hígado
Al declarar ante el juez, Fagni admitió haber comprado el órgano animal y haberlo colocado en la conservadora. Explicó que el origen de la ocurrencia estaba en charlas previas con la destinataria del mensaje, surgidas después de un viaje de ella a República Dominicana, en las que habían bromeado sobre el consumo de alcohol y la supuesta necesidad de «conseguirle un hígado nuevo». El abogado dijo haber elegido un riñón porque le parecía que era el órgano que más se asemejaba a un hígado por su color. Eligió Aeroparque, según su propio relato, porque le quedaba de camino a su trabajo en Olivos y consideró que filmar el video en una terminal aérea le daría más verosimilitud a la broma.
Fagni declaró estar arrepentido y admitió no haber dimensionado el operativo que su acción podía provocar. La resolución judicial fue contundente al respecto: «el hallazgo de un objeto sospechoso con restos orgánicos y una inscripción de tono amenazante en una terminal aérea internacional constituía una situación con capacidad suficiente para generar temor en la comunidad».
Procesado por intimidación pública, en libertad durante el proceso
El juez Martínez de Giorgi procesó a Fagni por el delito de intimidación pública, que prevé penas de dos a seis años de prisión. Sin embargo, el magistrado dispuso que el imputado continúe en libertad mientras se sustancia el proceso, al valorar que reconoció el hecho, colaboró con la pesquisa, carece de antecedentes condenatorios y posee residencia comprobada. Respecto a una posible imputación por amenazas contra la destinataria del mensaje, el tribunal dictó la falta de mérito: la propia damnificada manifestó no haberse sentido intimidada, aunque la sede judicial consideró prematuro cerrar esa línea investigativa y dispuso aguardar el resultado del peritaje sobre el teléfono del acusado para precisar el vínculo previo, el historial de comunicaciones y el móvil real del hecho.
Puntos clave
- Pablo Daniel Fagni, abogado, fue detenido y procesado por dejar una conservadora con un riñón animal en Aeroparque el 19 de agosto.
- El contenedor llevaba una inscripción que simulaba un decomiso oficial y paralizó el sector por más de seis horas.
- Un operativo de la PSA, bomberos y el SAME intervino ante la sospecha de material peligroso o explosivo.
- Fagni admitió los hechos y dijo que era una broma para una amiga; fue procesado por intimidación pública y sigue en libertad.
- El teléfono celular del acusado continúa siendo peritado para determinar el vínculo previo con la destinataria del mensaje.
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