AMBA
Colectivos nacionales del AMBA aumentan otra vez: ¿cuánto cuesta cada tramo desde julio?
La suba corresponde al tercer tramo del ajuste autorizado por el Gobierno nacional en mayo. Afecta a 103 líneas bajo jurisdicción nacional. Las tarifas más largas superan los $980 con tarjeta SUBE sin registrar.
Desde este miércoles 16 de julio, el boleto mínimo de los colectivos que circulan por el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) bajo jurisdicción nacional subirá a $451,01, lo que representa un incremento del 6,1% respecto a la tarifa anterior. El aumento completa el esquema de ajuste del 21,52% escalonado aprobado por la Secretaría de Transporte en mayo, tras ocho meses sin modificaciones tarifarias.
La medida impacta sobre 103 líneas de colectivos que unen la Ciudad Autónoma de Buenos Aires con el conurbano bonaerense, y que dependen directamente del Ejecutivo nacional. Estas líneas no habían actualizado sus tarifas desde agosto de 2024, mientras que los colectivos de jurisdicción porteña y bonaerense aplican desde marzo un esquema de subas mensuales ajustadas por inflación.
Cómo queda el cuadro tarifario
A partir del miércoles, las tarifas para los colectivos nacionales del AMBA —clasificados como suburbanos Grupo I y II— se reestructuran de la siguiente manera:
Suburbanas Grupo I (CABA a primer y segundo cordón del conurbano):
0-3 km: $451,01 – con SUBE sin registrar: $717,11
3-6 km: $502,43 – con SUBE sin registrar: $798,86
6-12 km: $541,13 – con SUBE sin registrar: $860,40
12-27 km: $579,87 – con SUBE sin registrar: $921,99
Más de 27 km: $618,35 – con SUBE sin registrar: $983,18
Suburbanas Grupo II (CABA a zonas más alejadas como La Plata o Zárate):
Boleto mínimo: $593,37 – SUBE sin nominar: $943,46
Tarifa terminal: $150,05 – SUBE sin nominar: $238,58
Base pasajero/km: $22,92 – SUBE sin nominar: $36,44
Esta diferenciación de tarifas según distancia y registro de la tarjeta SUBE forma parte de la estrategia del Gobierno para promover la nominación de tarjetas, combatir el uso fraudulento del sistema y ajustar progresivamente el subsidio al transporte.
Una brecha creciente entre líneas nacionales y locales
Mientras las líneas nacionales aplicaron subas en tres tramos desde el 23 de mayo —cuando el boleto mínimo pasó de $371,13 a $397,11—, los colectivos porteños y bonaerenses ya venían ajustando mensualmente sus tarifas. En julio, por ejemplo, esos servicios aumentaron en promedio un 3,5%, conforme al índice de inflación más un adicional del 2%, tal como dispuso el Gobierno de la Ciudad y la Provincia.
Este desfase provocó durante varios meses diferencias notorias de precios entre colectivos que recorren trayectos similares, pero que dependen de distintas jurisdicciones. El ajuste actual apunta a reducir esa disparidad, aunque persisten criterios tarifarios descoordinados en el sistema de transporte metropolitano.
Un sistema presionado por el recorte de subsidios
El incremento en las tarifas también responde al rediseño del esquema de subsidios al transporte que el Gobierno nacional viene aplicando desde comienzos del año. Según el Ministerio de Economía, los subsidios económicos se reducirán en más del 30% interanual en 2025, lo que afecta especialmente a los servicios del AMBA, que concentran el mayor volumen de pasajeros.
La decisión oficial de segmentar los subsidios en función del registro de la tarjeta SUBE y avanzar hacia un sistema más focalizado generó tensiones con los gobiernos locales, operadores y usuarios. Desde organizaciones de defensa del consumidor advierten que los aumentos acumulados en el transporte superan el 100% en lo que va del año, muy por encima de la evolución de salarios y jubilaciones mínimas.
AMBA
AySA redibuja sus tarifas antes de la privatización: quién pagará más y quién menos
El ERAS convocó a audiencia pública por el nuevo esquema tarifario de AySA, que elevaría un 11,4% la factura residencial promedio y sumaría $140.057 millones de recaudación, mientras dos consorcios privados se disputan la empresa.
Seis de cada diez hogares que reciben agua de AySA pagarían en promedio un 22,6% más por el servicio si el ente regulador aprueba el nuevo esquema tarifario que la empresa puso sobre la mesa justo cuando el Gobierno de Javier Milei se apresta a venderla. El rediseño de las tarifas llega en la antesala de la privatización, mientras dos consorcios privados se disputan el control de la compañía.
El Ente Regulador de Agua y Saneamiento (ERAS) convocó, mediante la Resolución 41/2026 publicada este jueves en el Boletín Oficial, a una audiencia pública para tratar la propuesta de Agua y Saneamientos Argentinos S.A. (AySA) de actualizar los coeficientes zonales y el régimen tarifario. La audiencia se realizará el 26 de octubre a las 10, de manera virtual, con transmisión en vivo desde el sitio web del organismo. Como toda audiencia pública, tiene carácter consultivo y las opiniones que allí se expresen no son vinculantes para el ente.
AySA justifica la iniciativa en que el esquema vigente no tuvo una revisión integral desde su diseño original, hace más de cuatro décadas. Sin embargo, el debate que se abre no es solo técnico: ocurre en el mismo momento en que el Estado se desprende del 90% del paquete accionario de la empresa que presta agua potable y cloacas en la Ciudad de Buenos Aires y 26 municipios del conurbano.
Menos zonas, otra vara para medir
Para los usuarios del régimen no medido (los que no tienen medidor y pagan en función de la zona), la propuesta reduce los 11 coeficientes zonales actuales, que oscilan entre 1,10 y 3,50, a cinco niveles que irían de 0,75 a 2,75.
La empresa también pretende adecuar el precio del metro cúbico de desagües cloacales en el radio antiguo de la Ciudad, sumando el cobro por la prestación de desagües pluviales, e incorporar pautas tarifarias diferenciales para asentamientos informales y para urbanizaciones cerradas.
Quién paga más y quién paga menos
Según las estimaciones de la propia AySA a valores de septiembre, entre los usuarios residenciales un 20% vería reducida su factura mensual sin impuestos, con una baja promedio del 14,7%; otro 20% no tendría cambios, y el 60% restante afrontaría aumentos con una suba media del 22,6%.
En el promedio ponderado del segmento residencial de la Ciudad y el conurbano, el impacto sería un incremento del 11,4%: la factura pasaría de $27.156 a $30.250 sin impuestos. Detrás de un promedio moderado aparece una distribución desigual, donde la mayoría de los hogares pagará más y solo uno de cada cinco verá una rebaja.
Para amortiguar el golpe, la compañía prevé una implementación progresiva, con topes del 5% acumulativo a los aumentos mensuales en los cargos zonales. En el caso de los usuarios que dejen de pertenecer a zonas bajas, el subsidio adicional del 15% que hoy reciben se retirará en tres etapas de igual proporción. El tope no elimina el aumento: lo reparte en escalones mensuales que se acumulan factura tras factura.
Hogares con suba, comercios con rebaja
El contraste con el resto de los usuarios es elocuente. Para comercios, industrias e instituciones, el plan prevé una reducción promedio del 2,2% en la factura media, que pasaría de $137.807 a $134.812. En ese segmento, el 63% mantendría su factura sin variaciones, el 22% tendría bajas promedio del 24,6% y apenas el 15% registraría aumentos, en promedio del 26,5%.
Mientras los hogares cargarían con una suba promedio del 11,4%, comercios, industrias e instituciones verían bajar su factura media.
Para los terrenos baldíos, AySA plantea un aumento promedio del 7,6%, de $17.822 a $19.172 mensuales. Allí el 58% no tendría cambios, el 37% sufriría subas promedio del 21,4% y solo el 5% obtendría reducciones, en promedio del 20,9%.
El excedente y la promesa de la tarifa social
El conjunto de medidas generaría un incremento global de ingresos del 7,3%, equivalente a $140.057 millones a tarifas de septiembre. AySA sostiene que, en base al contrato de concesión, la totalidad de ese excedente se destinará al programa de tarifa social, lo que permitiría incorporar beneficiarios y dar cobertura en barrios populares, garantizando “la equidad distributiva” y el equilibrio económico financiero del contrato.
La pregunta que la propuesta no responde es quién garantizará ese destino cuando la empresa deje de estar en manos del Estado.
Las tarifas en la vidriera de la privatización
La audiencia se convoca mientras avanza la licitación para vender el 90% de las acciones de AySA. Dos consorcios quedaron habilitados para presentar ofertas económicas: el liderado por Rowing S.A., del empresario Walter Román, junto a la brasileña Arcos, Transclor y el fondo neerlandés PHX; y el encabezado por Roggio ROAS S.A.U., del Grupo Roggio, que ya opera Aguas Cordobesas.
Como informó este medio, las empresas de Román aportaron 40 millones de pesos a la campaña de La Libertad Avanza, y Transclor, de Mauricio Filiberti, es el proveedor exclusivo del policloruro de aluminio, el insumo más importante que consume AySA para potabilizar el agua. Según trascendió, el Gobierno espera recaudar alrededor de 450 millones de dólares con la operación.
El ministro de Economía, Luis Caputo, celebró en su cuenta de X el avance de la privatización y aseguró que “implicará más obras, más inversiones, más seguridad y menos costos para todos los argentinos”. La promesa de menos costos choca con el primer cuadro tarifario que se discute en plena venta, que trae aumentos para seis de cada diez hogares.
La historia del servicio ofrece un antecedente ineludible: AySA fue creada en 2006, durante el gobierno de Néstor Kirchner, tras la rescisión del contrato con el consorcio privado Aguas Argentinas por incumplimientos. Veinte años después, el agua del AMBA vuelve a encaminarse hacia manos privadas, y el nuevo esquema tarifario será parte de la herencia que recibirá el próximo operador.
Lo que tenés que saber:
- El ERAS convocó por la Resolución 41/2026 a una audiencia pública virtual el 26 de octubre a las 10 para tratar el nuevo régimen tarifario de AySA.
- El 60% de los usuarios residenciales tendría aumentos promedio del 22,6%; un 20% bajaría su factura un 14,7% y el 20% restante no tendría cambios.
- La factura residencial promedio subiría un 11,4%, de $27.156 a $30.250 sin impuestos, mientras la de comercios, industrias e instituciones bajaría un 2,2%.
- La propuesta reduce de 11 a 5 los coeficientes zonales y sumaría ingresos por $140.057 millones, que AySA promete volcar a la tarifa social.
- La revisión tarifaria llega con la privatización en curso: dos consorcios, liderados por Rowing y Roggio, compiten por el 90% de la empresa.
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