Sociedad
Murió una de las tres turistas francesas atropelladas por el taxista que sufrió un ACV
La víctima fue identificada como Luana Viccet, de 25 años, quien tuvo un paro cardiorrespiratorio en el quirófano. Otras de las jóvenes está grave.
De las tres turistas francesas atropelladas ayer por un taxista que tuvo un ACV en las inmediaciones del Jardín Botánico de Palermo murió hoy a la madrugada en el Hospital Fernández, según confirmaron fuentes del Ministerio de Seguridad porteño.
La víctima fue identificada como Luana Viccet, de 25 años, quien tuvo un paro cardiorrespiratorio en el quirófano, a las 3 de la madrugada.
En tanto, desde la cartera de la Ciudad también precisaron que los familiares de las jóvenes ya están en viaje hacia la Argentina y que llegarían mañana al país
Este sábado, un taxi fuera de control atropelló a un grupo de mujeres en las inmediaciones del Jardín Botánico de la ciudad de Buenos Aires. El vehículo embistió a cinco personas en el cruce de Armenia y Santa Fe, de las cuales tres resultaron heridas. El conductor sufrió un accidente cerebrovascular, lo que provocó que perdiera el dominio del auto.
La que falleció habúa sufrido una fractura de cráneo con hemorragia interna, además de politraumatismo en el hombro izquierdo.
Una de sus compañeras, de 25 años, está bajo especial observación por un fuerte golpe en la frente y una fractura de pelvis. En tanto que la tercera herida, de 23 años, padeció politraumatismos en el hombro izquierdo y está fuera de peligro.
Las tres jóvenes francesas habían sido trasladadas a un hospital por ambulancias del SAME y se encontraban acompañadas por dos amigas que fueron testigos directas del incidente.
Fuentes policiales confirmaron que agentes de la Comisaría Vecinal 14A tomaron intervención en el lugar del accidente. Allí se encontraba un taxi, modelo Volkswagen Voyage, con daños visibles en el parabrisas y en el paragolpes delantero, cuyo conductor se encontraba descompensado en el suelo.
El conductor tuvo un ACV mientras manejaba, según confirmaron fuentes sanitarias. Se encuentra internado en el Hospital Rivadavia, fuera de peligro.
Un suceso de similares características ocurrió en enero de 2013, también en la avenida Santa Fe. En esa oportunidad, el conductor del vehículo perdió el control y arrolló mortalmente a una joven de 22 años, Leonela Noble, que fue embestida en el cruce con Montevideo. Ese taxista había sufrido un cuadro de hipoglucemia a raíz de su diabetes, supuestamente por no cuidar su tratamiento médico. En esa ocasión, la fiscalía consideró que se trataba de un delito doloso y acusó al conductor por el homicidio.
Los primeros videos grabados apenas después del accidente de tránsito dieron cuenta de los destrozos que sufrió la parte frontal del taxi y registraron cómo a lo largo de la traza quedaron tiradas las mujeres embestidas.
“[El taxista] habrá perdido la dirección. Algo pasó, porque no pudo frenar”, indicó una testigo en una de las grabaciones.
Además de los heridos, los efectivos que trabajaron en el lugar informaron sobre la presencia de otros dos autos con daños en sus laterales: un Fiat Palio y un Nissan March.
Por el hecho interviene la fiscalía del Área de Flagrancia Norte, que dispuso actuaciones por “lesiones”.
Ciencia 🧬
Científicos de la UBA buscan detectar trastornos del neurodesarrollo con un análisis de sangre
Un equipo del Laboratorio de Sinapsis y Neurobiología Celular de la Facultad de Ciencias Médicas trabaja en el desarrollo de biomarcadores que permitirían identificar patologías como el TGD sin secuenciación genómica. La investigadora Verónica Báez advierte que la mayoría de los pacientes nunca recibe un diagnóstico preciso porque los estudios son costosos y las obras sociales no los cubren.
Un equipo científico de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y el CONICET avanza en el desarrollo de una herramienta de diagnóstico que podría transformar la forma en que se detectan los trastornos del neurodesarrollo en niñas y niños argentinos: una simple muestra de sangre, sin necesidad de secuenciación genómica ni equipamiento de alta complejidad. La investigación, que ya obtuvo resultados positivos en modelos animales publicados en revistas internacionales, se encuentra actualmente en la fase de recolección de muestras biológicas de voluntarios de la población general.
Un diagnóstico que llega tarde, o nunca
Las patologías del neurodesarrollo se agrupan en Argentina bajo el paraguas clínico de los Trastornos Generalizados del Desarrollo (TGD), una categoría amplia que, en la práctica, deriva en tratamientos de ensayo y error. Un niño con dificultades motoras va a fisioterapia; uno con problemas cognitivos, a psicopedagogía; ante convulsiones, se prueban anticonvulsivantes hasta dar con el que funciona. El sistema trata síntomas porque, en la mayoría de los casos, no sabe cuál es la causa.
«La mayoría de los pacientes queda sin un diagnóstico certero de la causa. Lo que se hace es tratar los síntomas que va teniendo el paciente», explicó Verónica Báez, docente e investigadora de la UBA y el CONICET, quien dirige el proyecto. La especialista señaló que solo quienes concurren a clínicas especializadas y pueden costear una secuenciación genómica obtienen un diagnóstico preciso: «Pocas familias pueden acceder a este tipo de estudios, dado que muchas obras sociales no los cubren y terminan siendo muy costosos».
El contexto regional agrava el cuadro. «De todos los niños y niñas que tenemos en Argentina con patologías del neurodesarrollo, son muy pocos los que podemos diagnosticar. Y en Latinoamérica son muchísimo menos», subrayó Báez.
Buscar en la sangre lo que ocurre en el cerebro
La propuesta del equipo es rastrear en muestras de sangre las huellas de ciertas proteínas sinápticas, es decir, propias de la sinapsis, la estructura donde las neuronas se comunican entre sí. En particular, el laboratorio trabaja sobre los receptores NMDA, que controlan la plasticidad sináptica: la capacidad del cerebro para cambiar, adaptarse y aprender, formar recuerdos y mantener estables las conexiones cerebrales. Cuando estas proteínas se desregulan o fallan, los circuitos cerebrales se desequilibran, un mecanismo directamente vinculado a trastornos del neurodesarrollo y enfermedades neurodegenerativas.
«Lo que detectamos es que hay ciertas cosas que se modifican en la sangre cuando una persona tiene una de estas patologías», precisó Báez. Si bien la concentración de estas proteínas en sangre es notablemente menor que en tejido cerebral, el equipo ya pudo verificar su detectabilidad en modelos animales. El paso siguiente es establecer valores de referencia en personas sanas para luego contrastarlos con los de niños y niñas que presentan trastornos sin diagnóstico específico. Cualquier desviación relevante de esos rangos podría constituir una alerta clínica.
Democratizar el diagnóstico: menos costo, más acceso
El objetivo declarado de la investigación no es encontrar una cura, sino abrir una puerta que hoy permanece cerrada para la mayoría de las familias. «Queremos dejar en claro que esta investigación no va a impactar en la cura, pero puede haber un diagnóstico y un tratamiento acertados, que es muy importante», enfatizó Báez.
En un país donde el desfinanciamiento de la ciencia pública avanzó en los últimos años sobre presupuestos universitarios y sobre el CONICET, la apuesta de este equipo representa una respuesta concreta al desafío de sostener investigación aplicada con impacto social en condiciones adversas. Un test de sangre accesible, sin equipamiento de alta complejidad, podría acortar drásticamente los tiempos de diagnóstico y habilitar intervenciones tempranas, que son las que mejoran de manera sustantiva la calidad de vida de los niños y sus familias.
El proyecto se desarrolla en el Laboratorio de Sinapsis y Neurobiología Celular del Instituto de Biología Celular y Neurociencia de la Facultad de Ciencias Médicas de la UBA y el CONICET, y actualmente se encuentra en la etapa de recolección de muestras de la población general, paso previo indispensable para validar el método en humanos.
Puntos clave
- El equipo de la UBA-CONICET busca detectar trastornos del neurodesarrollo mediante biomarcadores en sangre, sin necesidad de secuenciación genómica.
- La mayoría de los pacientes con TGD en Argentina no recibe diagnóstico preciso por el alto costo de los estudios genéticos y la falta de cobertura de las obras sociales.
- Los resultados positivos en modelos animales ya fueron publicados en revistas científicas internacionales; la fase actual trabaja con voluntarios humanos.
- La investigadora Verónica Báez advierte que en Latinoamérica el déficit de diagnóstico es aún más grave que en Argentina.
- El objetivo es facilitar un diagnóstico temprano y accesible que permita tratamientos adecuados, no una cura para los trastornos.
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