Literatura
El ave bruja
El kakuy es un espíritu encerrado en un pájaro, es un lamento, el llamado de la muerte.
Un pájaro cruza el camino, de izquierda a derecha, traza una línea recta en dirección al norte. Vuela sin abrir las alas hasta posarse en un palo de alambrado. Las patas se agarran a la madera, las garras duras clavando y el resto del cuerpo se mueve, para un lado, para el otro, mete la cabeza entre las plumas marrones y grises, busca algo con ese pico taladro, un piojo, un totolate. Sacude los plumones, con el cuello retorcido y chucho, luego mira al cielo, a los costados y vuelve a su espalda de huesos fuerte. Todo lo hace con el mismo espasmo ridículo, una corriente que lo hace temeroso. Después se estira como si fuera un pedazo más del tronco.
Avanzo por la ruta y el sol apenas deja abrir los ojos. Con un poco de esfuerzo logro verlo con más nitidez, una flecha apuntando al cielo, una extensión de la madera. Me detengo a unos metros del alambrado para verlo de cerca. Camino entre los espinillos que nos separan, se mueve apenas y abre los ojos, que hasta el momento tenía cerrados. Dos manchas amarillas, redondas y enormes y en el medio dos lunas negras. Ojos redondos, ojos de mediohumano.
Me observa con detenimiento, como si no esperara verme ahí. Lo miro también con detalle, tratando de ver qué es eso que tiene ojos de sol y forma de ave. El pájaro no pestañea y sigue mis movimientos con atención.
Me detengo a algunos pasos, ¿qué miras? le digo, y el pájaro sacude la cabeza. Le vuelvo a preguntar ¿qué miras hijo de puta? me río, pero el pájaro no hace nada, no dijo nada, solo esos ojos redondos, de señor oscuro. Entonces me acerco para intimidar, camino en su dirección y aplaudo para que vuele, pero el pajarito nada. Repito lo mismo, aplaudo con fuerza, con dolor en las palmas, sacudo los hombros pero el animalito no vuela. Me acerco todavía más, donde puedo ver las pintitas negras de su pecho y las líneas que surcaban el cuello. Acelero para asustarlo, para que sus alas se muevan y en pocos segundos se mezcle con las nubes que nos acechan en lo alto, pero el pájaro no se mueve ni se va a mover porque es el kakuy, ave bruja, el fantasma, el acudo, pájaro estaca, el niño abandonado.
Porque kakuy era el nombre de un niño, conozco la historia, todo el mundo la sabe pero pocos han visto al pájaro. Pobre niño que su hermana engañó haciendo trepar a un árbol y luego cortó las ramas para que no baje. Pobre niño que quedó atrapado en la copa varios días y cuando la hermana volvió ya no estaba. Kakuy comenzó a llamar, Kakuy, gritó la niña, pero ya era tarde, el niño se volvió un pájaro.
Miro al pájaro y compruebo lo que pienso, que todo se resiste a la muerte, el mendigo se resiste y sus piojos que saltan de cuerpo en cuerpo se resisten, la sangre se resiste hasta que es derramada y a fuerza de no desparramarse y fundirse con otra cosa se seca, y las nubes que se desplazan como almohadas gigantes en busca de un aire frío también se resisten, y la primavera se resiste insistiendo con sus flores y sus bichos, con su estación húmeda para que los tallos no se quiebren. Se resiste todo lo que puede resistirse. Se resiste el ahorcado mientras su cuello se contorsiona y se resiste el abandonado a creer que tiene alguna culpa por provocar la ausencia. Todos se resisten a la muerte, salvo los que son arrastrados a ella, a esa boca enorme que traga insaciable. Hasta el río que intenta desbocarse aunque termine en el mar se resiste. Nos resistimos todos, menos lo que no pueden, sus servidores .
El kakuy me mira, abre grande los ojos y luego canta con fuerza, un lamento, un hechizo, una voz que me arrastra hacia la profundidad donde se nublan todas las cosas, todos las canciones y todos los gestos, a una masa pútrida, de calor y olvido, entonces reacciono porque todavía hay que resistirse. Lo miro al kakuy, le digo que todavía no y retrocedo. Camino en la dirección opuesta y cuando vuelvo mi cabeza en su dirección observo que ya no está.
Cultura
Anne Carson ganó el Nobel de Literatura 2026: la poeta que reinventó los clásicos
La Academia Sueca eligió a la escritora canadiense de 76 años por una obra que desafía los géneros, dialoga con la Antigüedad griega y produce formas literarias sin precedentes. El galardón está dotado con cerca de 1,2 millones de dólares y la distinción la encontró en Islandia, «escuchando el viento».
Una mezcla inaudita de poesía, ensayo, filosofía, traducción y mitología griega le valió a Anne Carson el reconocimiento más alto de las letras mundiales. La Academia Sueca anunció este jueves que la escritora canadiense, de 76 años, es la ganadora del Premio Nobel de Literatura 2026 y destacó su capacidad para crear «nuevas formas para la literatura contemporánea» a través de «un audaz e inventivo diálogo con la tradición clásica».
La distinción fue comunicada por la institución sueca mediante una transmisión en vivo desde su sede en Estocolmo. La secretaria permanente de la Academia, Ingrid Carlberg, reveló que la noticia tomó a Carson por sorpresa mientras viajaba por Islandia. La propia laureada, según Carlberg, describió que se encontraba «escuchando el viento». El galardón está dotado con 12 millones de coronas suecas, equivalentes a aproximadamente 1,2 millones de dólares.
Una obra que derrumba fronteras
Nacida en Toronto en 1950, Carson estudió en la Universidad de esa ciudad, donde obtuvo una licenciatura, una maestría y un doctorado en Estudios Clásicos. Su contacto con el griego antiguo comenzó en la escuela secundaria, cuando un profesor de latín accedió a enseñarle ese idioma durante los almuerzos, una anécdota que la propia autora señala como el origen de toda su trayectoria intelectual. A lo largo de su carrera ejerció la docencia en universidades de Canadá y Estados Unidos, entre ellas McGill y Michigan.
Su debut editorial, Eros the Bittersweet (1986), un ensayo sobre el deseo en la literatura griega, anticipó las claves de una producción que nunca se conformó con los límites de un solo género. Le siguieron Glass, Irony, and God (1992), Plainwater (1995) y Men in the Off Hours (2000). Pero fue Autobiografía de Rojo (1998), una novela en verso que reinterpreta el mito de Gerión y Heracles en clave contemporánea, con Buenos Aires como escenario de uno de sus momentos centrales, la que la convirtió en una figura ineludible de la poesía experimental anglófona.
Nox y el duelo como forma literaria
Entre todas sus obras, la Academia Sueca eligió Nox (2010) para ejemplificar el alcance de su escritura. El libro fue compuesto en memoria de su hermano Michael, quien desapareció misteriosamente antes de morir en Dinamarca en 2000. El jurado lo describió como una creación «tan escultórica como literaria»: un epitafio en formato de caja desplegable en acordeón, con fotos, cartas y textos dedicados al hermano fallecido. En el libro también aparece, como tercera voz que aporta profundidad temporal, la famosa elegía 101 del poeta romano Catulo en honor a su propio hermano, quien también murió en tierra extranjera.
En 2001 publicó La belleza del marido, una exploración de la ruptura sentimental estructurada en 29 tangos, que obtuvo el Premio T. S. Eliot. Entre sus otros reconocimientos figuran el Premio Griffin de Poesía y una beca de la Fundación MacArthur. Su producción incluye también Decreation (2005), donde combina poesía, ensayo y ópera, y traducciones de tragedias de Eurípides, Sófocles y Esquilo.
Un Nobel que llega por caminos que no son los del mercado
La elección de Carson sigue la línea de una Academia Sueca que, en los últimos años, privilegió obras de ruptura formal sobre nombres cómodos para el establishment literario anglosajón. El húngaro László Krasznahorkai recibió el galardón en 2025 «por su obra convincente y visionaria que, en medio del terror apocalíptico, reafirma el poder del arte». En 2024, la laureada fue la surcoreana Han Kang «por su intensa prosa poética que afronta traumas históricos y expone la fragilidad de la vida humana». Antes, el noruego Jon Fosse, en 2023, y la francesa Annie Ernaux, en 2022, completaron una serie de elecciones que priorizó la literatura de los márgenes geográficos y formales sobre los nombres consagrados por los grandes sellos editoriales.
Carson, pese a su reconocimiento internacional, siempre mantuvo una relación distante con las categorías literarias establecidas. En una entrevista, la propia autora confesó que nunca se consideró plenamente escritora: afirmó que su primera vocación fue el dibujo y que todavía se piensa como una artista visual. Esa incomodidad con los géneros no es un rasgo anecdótico de su biografía; es la clave de toda su poética y, según la Academia Sueca, la razón por la que su obra importa.
Lo que tenés que saber:
- La Academia Sueca anunció este jueves que Anne Carson, escritora canadiense de 76 años, ganó el Premio Nobel de Literatura 2026.
- El jurado destacó su obra como «audaz e inventiva», por crear nuevas formas literarias en diálogo con la tradición clásica griega.
- La noticia la encontró en Islandia; el galardón está dotado con aproximadamente 1,2 millones de dólares.
- Su libro Nox (2010), un epitafio escultórico dedicado a su hermano fallecido, fue especialmente destacado por la Academia.
- Carson sucede al húngaro László Krasznahorkai, laureado en 2025, en una serie de Nobel que privilegia la literatura de ruptura formal.
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