DDHH
El Tercer Malón por la Paz llegó a Buenos Aires
En un Tercer Malón por la Paz, los manifestantes marcharon durante días hacia Buenos Aires, con el objetivo de exigir justicia y derechos. La lucha se enmarca en la resistencia contra la reforma parcial de la Constitución de Jujuy, mientras se busca visibilizar la defensa de la Ley de Propiedad Comunitaria y el cese de persecuciones a referentes sociales.
Por Armando Quispe Mayta (referente de la comunidad Queta)
Marchamos desde hace días y noches porque sabíamos que esta lucha nos hacía fuertes. Llegamos hoy a Buenos Aires y estuvimos desde las nueve de la mañana en Plaza Once. Desde hacía más de 35 días estuvimos en lucha, iniciamos antes de aprobarse la reforma parcial de la Constitución de la provincia de Jujuy, luego de consumarse este hecho se profundizaron las medidas y los cortes de las comunidades.
Al no obtener respuestas se decidió dar continuidad al Tercer Malón de la Paz que había comenzado el 14 de junio, que consistió en enviar una delegación hasta Buenos Aires haciendo un recorrido por las diferentes provincias para difundir la lucha y los objetivos, entre los cuales estaban llegar hasta la Corte Suprema de la Nación y exigir que se expidiera respecto a las presentaciones judiciales que ya existían en torno a la inconstitucionalidad de esta reforma.
Fuimos también al Congreso de la Nación por la Ley de Propiedad Comunitaria, establecida desde el 2013 a partir de la reforma del código civil, que reconoce la propiedad colectiva pero deja pendiente el tratamiento de la Ley. Por supuesto, también exigimos a los organismos correspondientes el sobreseimiento de las causas abiertas a referentes, hermanos y hermanas del pueblo de Jujuy por haber salido a luchar contra esta reforma y el cese de las persecuciones y amenazas por parte de la policía.

El pueblo argentino se solidarizó en cada punto del país por el que pasamos. El gobierno de la provincia de Jujuy intentó deslegitimarnos, pero no pudo lograrlo y recibimos mucha ayuda en el camino, de las personas, de organizaciones, de instituciones, de hermanos y hermanas de cada pueblo, solidaridad con esta gesta que estábamos llevando a Nación.
Hubo grandes capitales extranjeros, multinacionales que fueron los verdaderos enemigos que pusieron y deponían gobiernos, que sometieron a estados completos. Frente a ese contexto, fue necesario salir a defender los derechos, la vida, el agua, el territorio y hacer un especial homenaje a nuestra gente que mantenía las medidas allá en el norte.
El gobierno de Jujuy atacó esta lucha con mentiras, falsedades, con represión y con el armado de causa, mandaron a la policía a detener a los compañeros referentes. Hubo una crisis muy alarmante, marchamos a Nación para poder resolver y que los organismos encargados de regular la justicia y de proteger a los ciudadanos cumplieran con su rol por el bien de la población de Jujuy y de toda la Argentina.
Trajimos el mandato de nuestras madres, hermanas, niños y niñas de las comunidades de La Puna, de La Quebrada, de los valles y de las yungas de Jujuy, que depositaron esa confianza en nosotros. Cargar ese compromiso fue un honor, teníamos que quedarnos en Buenos Aires hasta cumplir el objetivo. Se trasladaron delegaciones completas desde la provincia de Jujuy para acompañarnos en lo que fue la entrada y la permanencia en Buenos Aires a partir de ese día.
Comenzamos el mes en un contexto de lucha, ingresando con la columna principal del Malón a la ciudad y, desde el punto de vista cultural, hicimos la Pachamama en el lugar que consideramos importante y permanecimos frente a las instituciones para exigirles que cumplan sus funciones.
DDHH
A 71 años del bombardeo a Plaza de Mayo: la masacre impune que sigue sin condena
El 16 de junio de 1955, aviones de la Aviación Naval y la Fuerza Aérea lanzaron 14 toneladas de bombas sobre la Plaza de Mayo en un intento de magnicidio contra Juan Domingo Perón. Más de 350 civiles murieron. A 71 años, la masacre permanece impune y el odio político que la impulsó sigue mutando de forma.
El 16 de junio de 1955, aviones de la Aviación Naval y la Fuerza Aérea lanzaron 14 toneladas de bombas sobre la Plaza de Mayo en un intento de magnicidio contra Juan Domingo Perón. Más de 350 civiles murieron y alrededor de 2.000 resultaron heridos. A 71 años, la masacre permanece impune y el odio político que la impulsó sigue mutando de forma: donde antes caían bombas, hoy caen sentencias judiciales fabricadas a medida.
El día que las Fuerzas Armadas atacaron al pueblo
El jueves 16 de junio de 1955 amaneció como un día de confrontación abierta entre el gobierno de Juan Domingo Perón y sectores del establishment eclesiástico, militar y empresarial que buscaban su caída. A media mañana, decenas de aviones de la Aviación Naval y parte de la Fuerza Aérea despegaron con un objetivo preciso: asesinar al presidente constitucional y derrocar el gobierno peronista.
Las bombas cayeron sobre la Plaza de Mayo y las calles aledañas. Las aeronaves, que llevaban inscripta la leyenda «Cristo vence» como símbolo de la alianza entre el catolicismo conservador y los sectores golpistas, atacaron sin distinción a los civiles congregados. Uno de los proyectiles impactó directamente contra un trolebús repleto de pasajeros. El saldo de la masacre fue de más de 350 muertos y cerca de 2.000 heridos, en lo que representó el mayor ataque armado a la población civil en suelo argentino hasta entonces.
Perón se refugió en el Edificio Libertador. Las tropas leales al Gobierno frenaron el alzamiento esa misma tarde. Los golpistas que no lograron escapar fueron sometidos a consejos de guerra, pero los principales responsables se exiliaron en Uruguay, donde el presidente Luis Batlle les otorgó asilo político. Entre los implicados en los hechos de aquella jornada figuraba un joven oficial, Eduardo Emilio Massera, quien años después encabezaría uno de los comandos de la dictadura genocida de 1976.
El contexto político: lo que no podían ganar en las urnas
El ataque del 16 de junio no fue un hecho aislado. Se inscribió en una estrategia política de sectores que comprendían que el peronismo era imbatible en elecciones libres. En 1954, el oficialismo había obtenido el 62,54% de los votos, consolidando una base popular que ninguna fuerza opositora podía erosionar por vías democráticas. A esa fortaleza electoral se sumaba una distribución del ingreso sin precedentes en América Latina: bajo la gestión peronista, los trabajadores alcanzaron una participación de alrededor del 53% en el PBI, un dato que irritaba profundamente a las élites económicas tradicionales.
El conflicto con la Iglesia Católica, desatado tras la sanción de la ley de divorcio y la eliminación de la educación religiosa en las escuelas públicas, les proveyó a los sectores conservadores una coartada moral para acelerar el camino del golpe. La masacre del 16 de junio fue la primera expresión de esa alianza entre el poder económico concentrado, la jerarquía eclesiástica y fracciones de las Fuerzas Armadas.
La impunidad como política de Estado
El bombardeo fracasó como golpe de Estado en junio, pero logró su objetivo tres meses después. El 16 de septiembre de 1955 la autodenominada Revolución Libertadora derrocó a Perón, quien partió al exilio y no regresaría al país hasta 1973, luego de 18 años de proscripción. Los crímenes cometidos el 16 de junio nunca fueron juzgados con la profundidad que merecían. La masacre permaneció impune, borrada del relato hegemónico durante décadas, mientras se amplificaba mediáticamente la reacción espontánea de militantes que indignados incendiaron algunas iglesias aquella misma noche.
La Revolución Libertadora proscribió al peronismo, persiguió a sus militantes y sindicalistas, fusiló opositores en los basurales de José León Suárez y firmó el primer acuerdo con el Fondo Monetario Internacional en la historia argentina. El ciclo de violencia política inaugurado aquel 16 de junio no se cerró en 1955: se prolongó, con diferentes intensidades y métodos, durante décadas.
71 años después: la misma matriz, distintas herramientas
A 71 años del bombardeo, el odio al peronismo sigue vigente aunque ya no cae desde el cielo en forma de bombas. Opera hoy en los tribunales, en los sets de televisión, en los escritorios de jueces funcionales al poder económico. La condena a Cristina Fernández de Kirchner en la causa Vialidad, en diciembre de 2022, debe leerse en esa continuidad histórica: una proscripción no por medios militares, sino judiciales; no con aviones, sino con sentencias diseñadas sin pruebas directas. Tal como señalaron organismos de derechos humanos y juristas de distintas corrientes, la instrucción de esa causa estuvo plagada de arbitrariedades, escuchas ilegales, filtraciones mediáticas y operaciones de prensa.
Esta estrategia de persecución jurídica a líderes populares, conocida como lawfare, combina jueces, grandes medios de comunicación y servicios de inteligencia para desacreditar e inhabilitar políticamente a quienes representan al campo nacional y popular. El mecanismo fue reconocido y analizado por decenas de organizaciones de derechos humanos, académicos y juristas en Argentina y en el mundo. No es una teoría conspirativa; es una metodología documentada.
En 1955, sectores de la Sociedad Rural, la jerarquía eclesiástica y fracciones castrenses empujaron el golpe. Hoy son grupos mediáticos concentrados, grandes poderes económicos y una parte del Poder Judicial quienes reproducen esa misma lógica. El objetivo tampoco cambió: restaurar un orden donde el mercado imponga las reglas y el Estado abandone toda función redistributiva. En 1955 se habló del «tirano prófugo». Hoy se construye la figura de la «jefa de una asociación ilícita». La estigmatización es una constante que atraviesa décadas y adapta su lenguaje a cada época.
La resistencia como hilo histórico
El intento de asesinar a Perón fracasó, pero logró su proscripción por 18 años. La condena judicial a Cristina, en 2022, no pudo borrarla del escenario político. En ambos casos, la resistencia popular fue la respuesta. Los hijos de los fusilados de José León Suárez militaron en unidades básicas. Las Madres de Plaza de Mayo, cuyo origen como movimiento de lucha está indisolublemente ligado a las consecuencias políticas del ciclo abierto en 1955, marcharon durante décadas reclamando Memoria, Verdad y Justicia. Y las nuevas generaciones reconocen en esa historia una continuidad que ninguna sentencia ni ninguna bomba logró interrumpir.
Recordar el bombardeo del 16 de junio de 1955, a 71 años de aquella masacre impune, no es un ejercicio nostálgico. Es comprender que los mismos intereses que ordenaron lanzar bombas sobre trabajadores siguen operando, con otras herramientas y otros actores, contra cualquier proyecto político que coloque al pueblo en el centro de las decisiones.
Puntos clave
- El 16 de junio de 1955, aviones de la Aviación Naval y la Fuerza Aérea bombardearon la Plaza de Mayo con más de 14 toneladas de explosivos, dejando más de 350 muertos y alrededor de 2.000 heridos.
- El ataque buscó asesinar al presidente constitucional Juan Domingo Perón, quien había sido reelecto en 1954 con el 62,54% de los votos; fracasó ese día, pero derivó en el golpe de la Revolución Libertadora tres meses después.
- Los responsables de la masacre nunca enfrentaron una condena proporcional a sus crímenes; el bombardeo permanece impune 71 años después.
- El odio político al peronismo adopta hoy la forma del lawfare: persecución judicial, mediática y de inteligencia contra líderes populares como Cristina Fernández de Kirchner, con métodos distintos pero idéntica matriz.
- La resistencia popular frente a cada intento de proscripción es el hilo histórico que conecta las generaciones de 1955 con las actuales.
-
Espectáculos 🎭6 díasTragedia aérea en Río: murió el youtuber Gaspi y el cantante Oliver Tree en choque de helicópteros
-
Fútbol & Goles!17 horasEl arquero de Nigeria que no fue al Mundial y se robó las redes
-
Redes sociales2 díasTras el escándalo por Jorge Messi, echaron a Flor Peña de Luzu
-
Espectáculos 🎭6 díasUna generación los despide: quiénes eran Gaspi y Lucas Vignale, los argentinos que murieron en Río
-
Fútbol & Goles!7 díasAlemania, Países Bajos, Costa de Marfil y Suecia debutan este domingo en el Mundial
-
Espectáculos 🎭2 díasEl padre de Gaspi habló tras la tragedia: «Para mí fue un atentado, no un accidente»
-
Fútbol & Goles!4 díasLos parches del Mundial 2026: qué significan las insignias que lucirán Messi y el Dibu
-
Fútbol & Goles!5 díasArgentina vs. Argelia: la historia que precede al debut más esperado del Mundial
