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Frente a la segunda ola expertos ratifican la necesidad de incrementar medidas para mitigar el contagio

Funcionarios y médicos infectólogos aseguran que preocupa el incremento de casos de coronavirus, que ya impacta en las unidades de terapia intensiva que, en algunos distritos, supera el 60 por ciento de ocupación.

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Funcionarios y médicos infectólogos aseguran que preocupa el incremento de casos de coronavirus, que ya impacta en las unidades de terapia intensiva que, en algunos distritos, supera el 60 por ciento de ocupación, y sostienen que es necesario tomar medidas que apunten a mitigar el contagio y hacer hincapié en la importancia de que las mismas se cumplan.

Rosa Reina, presidenta de la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva (SATI), manifestó su preocupación ante el incremento en la cantidad de casos de Covid-19, que el pasado miércoles superó los 16 mil confirmados y afirmó que esa suba «ya está impactando» en las terapias.

En la región del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) «hay muchas instituciones y lugares que están superando el 60%, y eso es preocupante. Y así pasa también en otras provincias», sostuvo la especialista, y aclaró que este porcentaje de ocupación es dispar ya que en las zonas menos pobladas esta cifra es mucho menor.

Reina aseguró que si bien «todavía es muy pronto para ver una tendencia», según los primeros datos de internaciones de los distintos centros de salud, «es una población más joven la que está ingresando (a las terapias), alrededor de 60 años».

«NUNCA dejamos de tener pacientes Covid-19, nunca», aseguró la dra. Reina.

En este sentido, remarcó que «es una posibilidad» atribuir esta situación a las nuevas cepas, agregó que aún «es muy reciente para tener datos concretos», y remarcó que «esta población ha relajado las medidas».

Además de la cantidad de plazas disponibles, Reina advirtió que hay que tener en cuenta que «el personal está muy cansado, muy agotado» porque «prácticamente no ha habido descanso».

«Hace un año que estamos trabajando; el verano nuestro no se comportó como el europeo donde bajaron los casos. Nosotros seguimos con casos, lo más bajo fueron tres mil y pico, cuatro mil casos, pero nunca dejamos de tener pacientes Covid-19, nunca».

En tanto, el jefe de asesores del Ministerio de Salud bonaerense, Enio García, advirtió este jueves que el distrito se encuentra «en una situación gravísima», y remarcó que «si no se hace algo distinto, la tendencia es que sigan subiendo los casos».

«LA restricción horaria con este aumento de casos queda chica», aseguró García.

«Estamos en una situación gravísima. El año pasado, cuando el sistema de salud estuvo más estresado, teníamos 6.000 casos en provincia y ayer tuvimos 8.000», aseveró el funcionario.

«Las medidas que hay que tomar implican restricciones a la circulación de personas», expresó en declaraciones a El Destape Radio al señalar que «la restricción horaria funcionó bien con el aumento de casos de fin de año, pero con este aumento de casos queda chica».

En este sentido afirmó que será necesario «rehacer las proyecciones que veníamos trabajando», y explicó que los fines de semana «bajan los registros, pero no podemos estar cuatro días sin saber lo que está pasando. Vamos a elevar la información para ver si se puede tomar alguna decisión aún durante el feriado».

«Después de Semana Santa empieza un capítulo nuevo, seguro», indicó el funcionario bonaerense, quien explicó que «la idea era dejar el feriado con el margen que tenemos, pero las proyecciones ya indican que van a seguir en aumento».

En este sentido, consideró que «las restricciones tienen que ser más fuertes que las que habíamos planteado», y afirmó que «la tensión salud-economía es hasta ahí, cuando los casos explotan la gente se guarda igual y la economía cae igual».

Tomás Orduna, infectólogo miembro del Comité de Expertos que asesora al presidente Alberto Fernández, apuntó a las nuevas medidas que vayan a implementar la Nación y las provincias, y señaló que «no deben ser como las del año pasado» sino que «tienen que tener día de inicio y de finalización».

El especialista explicó que, para él, «el principal foco» de contagio no serán las personas que se desplacen a destinos turísticos en esta Semana Santa sino que «el problema es en las urbes, los cuatro días de jolgorio» y los encuentros sociales y familiares con pocos protocolos que se dan en el marco del receso.

«Me parece que vamos a restricciones, que no van a ser como las del año pasado; no pueden ser iguales», aseguró. Las medidas que se tomen «tienen que tener un día de inicio y un día de finalización y deben ser contundentes», dijo.

También sostuvo que deben ser medidas que se apliquen sólo en las áreas o distritos «en donde realmente los números muestren que es necesario».

Analía Rearte, directora nacional de Epidemiología e Información estratégica del Ministerio de Salud de la Nación, también analizó la situación del país ante la Covid y destacó que «hace casi un mes dejaron de descender los casos, y en la mayoría de las provincias empezó a haber un aumento».

Luego remarcó que el incremento más marcado de la cantidad de casos positivos de coronavirus se dio en «la Ciudad de Buenos Aires y en el conurbano». «La región Sudamérica tuvo un aumento muy grande de casos y tomamos medidas para retrasar el ingreso de nuevas variables», concluyó la funcionaria.

Análisis

La culpa es nuestra: cómo la ciencia y los medios siguen apuntando a las madres cuando se habla de autismo

Cómo se envidencia en la nota de análisis de Clarin, rara vez se pregunta «¿qué hizo el padre?».

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Machismo en la ciencia: el cuerpo materno como el repositorio de los riesgos para la descendencia

Un estudio publicado en el British Medical Journal sobre exposición laboral tóxica y autismo fue reencuadrado mediáticamente en clave de culpa materna. Una tradición que la ciencia superó, pero el machismo resiste.

Un estudio reciente de investigadores de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins y de la Universidad de Harvard, publicado en el British Medical Journal (The BMJ), analizó 1.702 casos de niños diagnosticados con trastorno del espectro autista (TEA) en Dinamarca entre 1973 y 2012.

Sus conclusiones son técnicas, acotadas y explícitas: las madres que trabajan en entornos con exposición frecuente a sustancias tóxicas (plomo, solventes, gases de escape, derivados de combustibles) o con niveles elevados de estrés laboral crónico tienen mayor probabilidad de tener hijos con TEA. Las profesiones identificadas incluyen transporte terrestre, defensa militar y administración pública.

Lo que el estudio dice, con precisión, es que ciertas condiciones laborales tóxicas afectan el neurodesarrollo fetal. Lo que ciertos medios transmitieron, en cambio, fue otra cosa: que el problema son las profesiones de las madres. Que el problema, una vez más, son ellas.

El regreso de la «madre culpable»: una historia que no termina

La narrativa que conecta al autismo con la conducta materna tiene una historia larga y vergonzosa. A mediados del siglo XX, el psiquiatra Bruno Bettelheim popularizó el concepto de la «madre nevera» (refrigerator mother), según el cual la frialdad emocional de las madres era la causa del autismo en sus hijos. La teoría fue desacreditada décadas después por la propia comunidad científica, pero el daño en miles de familias, y especialmente en miles de mujeres que cargaron durante años con una culpa que no les correspondía, fue irreparable.

Hoy, la ciencia acumulada es contundente en la dirección opuesta. Un estudio financiado por el Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano de los Estados Unidos (NICHD), que involucró a casi 2 millones de participantes, determinó que los factores genéticos hereditarios representan aproximadamente el 80,8% del riesgo de TEA, mientras que los llamados «efectos parentales maternos» representan entre el 0,4% y el 1,6% del riesgo, una cifra considerada estadísticamente insignificante por los propios autores. Ese mismo estudio advirtió, además, que no analizó los factores paternos, como la edad del padre, que la literatura científica también asocia con el riesgo de autismo.

La entidad Autismo España, en su portal institucional, señala que la investigación apunta a una «tasa aproximada de recurrencia del 20% en las familias» con un componente genético complejo y aún no completamente dilucidado. La organización también documenta que en los últimos años creció el diagnóstico de padres y madres después de que sus hijos fueran diagnosticados, lo que refuerza el peso de la herencia biológica compartida.

Lo que el estudio realmente dice (y lo que el titular omitió)

La investigación publicada en The BMJ no estudia si las madres trabajan o no. Estudia la exposición a agentes tóxicos y el estrés como factores de riesgo ambientales en el desarrollo fetal. La diferencia no es semántica: es política.

Afirmar que «las profesiones de las madres» tienen un «patrón común» en casos de autismo, sin contextualizar que lo que se mide es la exposición a plomo, solventes industriales, gases de escape y estrés crónico, es construir un titular que, deliberada o negligentemente, pone el foco en quién trabaja y no en qué condiciones laborales son toleradas por el Estado y los empleadores. Es trasladar la responsabilidad de una falla sistémica (la falta de regulación de ambientes laborales tóxicos) a las mujeres que los habitan.

Los propios investigadores del estudio son explícitos: el hallazgo requiere «investigar más en profundidad sobre las exposiciones laborales» y su relación con el neurodesarrollo, «usando metodologías que aborden estas exposiciones de manera específica y temporal». Es decir, la conclusión científica apunta a la regulación laboral y a la salud ocupacional, no a la maternidad como variable de riesgo en sí misma.

El doble estándar: padres invisibles, madres sospechosas

El sesgo de género en la investigación científica sobre autismo no es nuevo. La pregunta «¿qué hizo la madre?» estructura buena parte del campo desde sus orígenes, mientras que la pregunta «¿qué hizo el padre?» rara vez se formula con igual insistencia.

Sin embargo, la evidencia científica disponible indica que la edad paterna avanzada es también un factor de riesgo documentado para el TEA, asociado a mutaciones de novo en el esperma. Investigaciones publicadas en la revista Science, con datos de 2.600 familias, identificaron variantes genéticas raras heredadas paternamente como factores relevantes en el espectro autista.

El estudio de The BMJ, significativamente, no analizó las ocupaciones paternas. Esta asimetría metodológica no es neutral: refleja un sesgo histórico en la construcción de las preguntas científicas, que tiende a ver al cuerpo materno como el repositorio de los riesgos para la descendencia y al cuerpo paterno como un dato secundario.

Discapacidad en la Era Milei: un gobierno que recorta, criminaliza y señala

La circulación de este tipo de narrativas no ocurre en el vacío. En la Argentina de Javier Milei, el Estado retrocedió de manera sistemática sobre las políticas de discapacidad. La Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), creada para centralizar y garantizar derechos, fue disuelta en diciembre de 2025 mediante el Decreto 942/2025 y reconvertida en una Secretaría de menor rango bajo la órbita del Ministerio de Salud, movimiento que más de 400 organizaciones de personas con discapacidad y de derechos humanos calificaron como un «retroceso al modelo médico-rehabilitador» y un abandono del modelo social de la discapacidad.

El ajuste fue contundente: los $30 mil millones de presupuesto que tenía la ANDIS fueron redirigidos al Tesoro al momento de la disolución, según denunció la diputada peronista Roxana Monzón en la Cámara de Diputados de la Nación. La Justicia federal declaró inconstitucional parte de la reestructuración, pero el Gobierno apeló y, a mayo de 2026, solo reglamentó ocho artículos de la ley de emergencia en discapacidad, dejando diecisiete sin aplicar.

En ese marco, el gobierno impulsó además una nueva normativa presentada bajo el título «Contra el Fraude de Pensiones por Invalidez», que restringe los criterios de acceso a las pensiones y habilita suspensiones preventivas ante cualquier inconsistencia detectada.

Organizaciones como la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) documentaron que el relato oficial sobre el crecimiento «injustificado» de las pensiones por discapacidad utilizó datos manipulados para justificar el recorte, según publicó la propia ACIJ en su portal institucional.

Es en este contexto donde adquiere una dimensión adicional la circulación de estudios presentados de forma sesgada: cuando el Estado abandona a las familias que conviven con el autismo y recorta los apoyos que necesitan, resulta funcional instalar la idea de que el problema tiene nombre de mujer y que la solución está en las decisiones individuales de las madres, no en las políticas públicas ausentes.

Machismo de guardapolvo blanco

Culpar a las mujeres que trabajan por la condición neurológica de sus hijos no es ciencia: es ideología con bata blanca. Es el mismo mecanismo que durante décadas señaló a las madres que trabajaban fuera del hogar como responsables de los problemas emocionales de sus hijos, que culpó a las mujeres que no amamantaron, que patologizó a las que estudian, a las que tienen proyectos propios, a las que no se «sacrifican» en silencio.

La ciencia del neurodesarrollo lleva décadas construyendo una imagen cada vez más compleja del autismo: multicausal, con fuerte base genética, mediada por factores ambientales que incluyen desde la edad paterna hasta la exposición a pesticidas, desde infecciones durante el embarazo hasta complicaciones perinatales. En ese cuadro multifactorial, la ocupación laboral de la madre es, según el propio consenso científico, un factor menor y circunscripto a condiciones de exposición tóxica específicas, no al hecho de trabajar.

Presentarlo de otro modo no es divulgación científica. Es misoginia con estadísticas.

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