Educación
Censura a Canticuénticos: el Gobierno bajó la canción que ayuda a prevenir el abuso infantil
Eliminaron la canción «Hay secretos» del portal Educ.ar. Su autora denuncia “Un plan perverso o una gran irresponsabilidad” de Milei. La canción ayudó a resolver un caso de abuso infantil en Neuquén.
El Gobierno nacional eliminó del portal Educ.ar la canción «Hay secretos», del grupo infantil Canticuénticos, en el marco de la censura a contenidos relacionados con la Educación Sexual Integral (ESI). La decisión generó un fuerte repudio de la líder de la banda, Ruth Hillar, quien calificó la medida como «peligrosa» y denunció una falta de protección a las infancias.
La importancia de «Hay secretos» en la prevención del abuso infantil
La canción, ampliamente reconocida por abordar de manera sensible el tema del abuso infantil, ayudó a muchos niños y niñas a identificar situaciones que «hacían mal» y a buscar ayuda. Incluso fue utilizada como prueba en un caso de abuso infantil en Neuquén, luego de que un menor lograra expresar su experiencia tras escucharla.
«Recibimos mensajes de docentes, padres y trabajadores sociales que nos contaban cómo los chicos escuchaban la canción y podían empezar a darle voz al secreto que tenían guardado», afirmó Hillar.
“Un plan perverso o una gran irresponsabilidad”
En declaracionesradiales Hillar expresó su indignación por la eliminación de la canción del portal educativo: «De ninguna manera nos parece que sea una canción para bajar. Ni esa canción ni ninguno de los contenidos que se bajaron». Según la artista, esto refleja «o un plan muy perverso o una gran irresponsabilidad que raya en lo peligroso».
Hillar subrayó que la ESI es indispensable para la educación y que los docentes necesitan recursos como «Hay secretos» para abordar problemáticas complejas como el abuso infantil. «No podemos desproteger a las infancias de esta manera», remarcó.
Una tragedia social que no se puede silenciar
El abuso infantil «es una tragedia que atraviesa a la sociedad», afirmó Hillar, quien defendió la importancia de la canción como una herramienta para darle voz a quienes más lo necesitan. «Pusimos este tema en una canción porque creemos que es vital hablar de esto. Los secretos que hacen mal no se deben guardar, y ese mensaje debe llegar a todos los niños y niñas».
Letra completa de «Hay secretos»
La canción, con una letra sensible y accesible, insiste en que los «secretos que hacen mal» no deben guardarse y promueve un entorno de confianza y escucha para las infancias:
Hay secretos chiquititos
Que te invitan a jugar
Y hay secretos tan enormes
Que te vienen a asustar
Hay secretos livianitos
Que te llevan a volar
Y hay secretos tan pesados
Que no dejan respirar
No se tienen que guardar
Los secretos que hacen mal
No se tienen que guardar
Los secretos que hacen mal
Si no alcanzan las palabras
Para lo que hay que contar
Inventemos otro idioma
Siempre te voy a escuchar
Acá estoy
Quiero ayudarte, sé que decís la verdad
Ya no habrá que andar con miedo
Porque te voy a cuidar
No se tienen que guardar
Los secretos que hacen mal
No se tienen que guardar
Los secretos que hacen mal
No se tienen que guardar
Los secretos que hacen mal
No se tienen que guardar
Los secretos que hacen mal
Ya no habrá que andar con miedo
Porque te voy a cuidar
Línea 102
Si necesitas ayuda o conoces a alguien que esté expuesto a violencia, llamá al 102. Es un servicio gratuito y confidencial, de atención especializada sobre los derechos de niñas, niños y adolescentes. Podés llamar ante una situación de vulneración de derechos. Si vivís una emergencia llama al 911.
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Educación
Deepfakes en las aulas: cuando la IA se convierte en una nueva herramienta de violencia de género
Estudiantes varones de los colegios Nacional Buenos Aires y Carlos Pellegrini circularon y comercializaron imágenes de sus compañeras alteradas con inteligencia artificial para mostrarlas desnudas. La justicia interviene ante un vacío legal mientras las comunidades educativas activan protocolos de género y las voces de quienes vienen advirtiendo sobre la violencia digital cobran nueva urgencia.
Las comunidades educativas de dos de los colegios secundarios más prestigiosos de la Argentina atraviesan una crisis sin precedentes. En el Colegio Nacional de Buenos Aires y en la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini, ambas dependientes de la Universidad de Buenos Aires (UBA), se confirmó que alumnos varones circularon y comercializaron imágenes de sus compañeras intervenidas con inteligencia artificial (IA) para mostrarlas con sus rostros reales y cuerpos desnudados de manera sintética. El escándalo expone, una vez más, la brecha entre el avance tecnológico y la respuesta del sistema legal y educativo frente a nuevas formas de violencia de género.
Cómo comenzó el escándalo
El caso tomó estado público a fines de junio, cuando alumnas de segundo año del Carlos Pellegrini encontraron un archivo compartido en Google Drive que contenía sus nombres, fotos intervenidas y hasta un precio asignado a cada imagen. Las fotos mostraban los rostros reales de las estudiantes sobre cuerpos generados o «desnudados» mediante aplicaciones de IA, muchas de ellas tomadas sin consentimiento de sus redes sociales. Luego se supo que estudiantes del Nacional Buenos Aires también estaban involucrados y que existían indicios de que el fenómeno se extendía a otras instituciones. La mayor parte de los alumnos señalados cursan segundo año y tienen alrededor de 14 años.
La magnitud del hecho quedó subrayada por el cinismo con que fue respondido dentro de las propias aulas: tras el estallido del escándalo, apareció escrito en un pupitre de una de las instituciones la frase «Ustedes nos pueden delatar, pero no vamos a parar de desnudarlas y venderlas». La frase condensa la naturaleza del problema: no se trata de una travesura tecnológica sino de una práctica sistemática de cosificación, violación de la privacidad y comercialización del cuerpo ajeno.
La Justicia frente a un vacío legal
La fiscal Daniela Dupuy, a cargo de la Unidad Fiscal Especializada en Delitos y Contravenciones Informáticas (UFEDyCI), fue contundente al describir la situación: «Nosotros constantemente estamos recibiendo este tipo de denuncias». Al mismo tiempo, advirtió que la investigación enfrenta un obstáculo central: el ordenamiento jurídico argentino no tipifica con precisión estos delitos. «Debemos impulsar a los legisladores a que de una buena vez lo incorporen en sus legislaciones penales», señaló la funcionaria. Para Dupuy, el delito se consuma cuando una imagen real de una persona es llevada al desnudo mediante IA, porque «afecta el bien jurídico protegido, que es la libertad en el desarrollo de la sexualidad».
En ambas instituciones se activaron los protocolos de violencia de género para contener a las víctimas y regular la convivencia, pero las estudiantes afectadas enfrentaron la situación extrema de tener que compartir aulas con quienes las victimizaron. La ausencia de un marco penal claro convierte a la respuesta institucional en el único muro de contención inmediato, y ese muro es notoriamente insuficiente.
La cultura que lo habilita: el análisis de Laura Sánchez
La voz de Laura Sánchez, madre de Ema Bondaruk (la adolescente que se suicidó tras la difusión no consentida de imágenes de su intimidad), adquirió en este contexto una resonancia particular. Sánchez, quien milita desde entonces por la sanción de legislación específica sobre violencia digital, lo dijo sin rodeos: «Es doloroso y pone a la vista que la violencia digital de género dejó de ser una problemática emergente para convertirse en urgente».
Para Sánchez, el caso del Nacional y del Pellegrini no es un hecho aislado protagonizado por adolescentes fuera de control. Es el síntoma de algo más profundo: «El problema no son sólo los chicos que difundieron, es la cultura que lo habilita». Desde la Guía Ema, el documento pedagógico que lleva el nombre de su hija y está diseñado para abordar la violencia digital en el ámbito escolar, Sánchez propone que las instituciones adopten «un convenio de corresponsabilidad digital firmado por estudiantes, institución y familias», con un trabajo que involucre a toda la comunidad educativa.
Un fenómeno que no para de crecer
La alteración de imágenes reales mediante IA para producir contenido de desnudez no consentida es una modalidad de deepfake que se expande a nivel global. En Argentina, el caso del Nacional y el Pellegrini se suma a una serie de denuncias similares que se acumulan en fiscalías, escuelas y organizaciones de acompañamiento a víctimas de violencia digital. La UFEDyCI ya viene procesando este tipo de planteos de manera recurrente, según confirmó la propia fiscal Dupuy.
El marco normativo vigente en Argentina incluye la Ley Olimpia, aprobada en 2023, que reconoció la violencia digital como modalidad específica de violencia de género. Sin embargo, la tipificación de los deepfakes pornográficos como delito autónomo aún espera tratamiento legislativo en el Congreso Nacional, donde iniciativas como la denominada Ley Belén buscan avanzar en esa dirección. La demora tiene un costo concreto y humano: cada día que transcurre sin legislación específica, las víctimas quedan desprotegidas y los responsables se mueven en un limbo jurídico que facilita la impunidad.
Lo que revelan las aulas del Nacional y el Pellegrini
Que esto haya ocurrido en dos de las escuelas con mayor nivel académico del país no es un dato menor. No porque las instituciones sean las responsables directas, sino porque desmiente el argumento de que la violencia digital es un problema vinculado exclusivamente a la marginalidad o a la falta de educación formal. Ocurre en cualquier entorno donde la cultura patriarcal no sea confrontada explícitamente y donde el cuerpo de las mujeres y adolescentes siga siendo tratado como un bien apropiable, transable y punible.
Las organizaciones especializadas en la materia, entre ellas Faro Digital, Ley Olimpia Argentina y Defensoras Digitales, vienen advirtiendo desde hace tiempo que el abordaje de la violencia digital en las escuelas no puede limitarse a reaccionar ante los casos sino que debe integrar la educación digital con perspectiva de género como contenido curricular obligatorio. La urgencia es hoy más evidente que nunca.
Puntos clave
- Alumnos varones del Nacional Buenos Aires y el Carlos Pellegrini circularon y vendieron imágenes de compañeras «desnudadas» con inteligencia artificial.
- La fiscal Daniela Dupuy confirmó que la UFEDyCI recibe este tipo de denuncias de manera constante y alertó sobre el vacío legal existente.
- Los protocolos de violencia de género se activaron en ambas instituciones, pero las estudiantes debieron seguir compartiendo espacios con los denunciados.
- La Ley Olimpia (2023) reconoce la violencia digital como modalidad de género, pero la tipificación de deepfakes pornográficos aún no tiene legislación específica en Argentina.
- Laura Sánchez, madre de Ema Bondaruk, advirtió que «la violencia digital de género dejó de ser una problemática emergente para convertirse en urgente».
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