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Educación

Diputados: amplio respaldo al dictamen sobre Financiamiento Educativo

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El proyecto de Financiamiento Educativo que eleva del 6 al 8 por ciento del PBI los recursos para educación en forma progresiva consiguió un fuerte respaldo político en la comisión de Presupuesto y Hacienda de la Cámara de Diputados, y ahora ese dictamen de mayoría está habilitado para ser debatido en la próxima sesión especial.

La decisión se adoptó en una reunión de la Comisión de Presupuesto, que preside Carlos Heller, donde se respaldó el dictamen que fue consensuado ayer en la Comisión de Educación entre el Frente de Todos y los bloques opositores.

El dictamen fue apoyado por amplia mayoría ya que tuvo 37 firmas, de las cuales 25 correspondieron al FDT y el Frente de la Concordia y 12 a JXC, que lo hizo con disidencias parciales debido a que solicita algunos cambios vinculados a la competencia de las provincias.

La intención del oficialismo es poder sesionar después del balotaje del 19 de noviembre en una sesión especial que podría celebrarse entre el 22 y el 30 de este mes, y hasta esa fecha tratarán de acordar las diferencias que subsisten entre el FDT y JXC sobre las competencias provinciales.

Un acuerdo entre el oficialismo y la principal coalición opositora es central ya que al tener el proyecto recursos con asignaciones específicas se deben votar con una mayoría especial de 129 votos en diputados y 37 en el Senado.

Heller dijo que estas semanas se continuarán las conversaciones para llegar a un texto acordado y propuso que todas las observaciones se incorporen al dictamen de mayoría de la comisión de Educación para «llegar al recinto en una redacción de consenso».

En esa misma línea, el presidente del bloque del FDT Germán Martínez dijo que «se nos abre una ventana de tiempo» entre este dictamen y la sesión para «acercar todas las posiciones posibles hasta que este tema llegue al recinto».El texto establece un aumento de la inversión anual durante un plazo de siete años desde un piso del 6% hasta alcanzar, en 2030, el 8% del Producto Bruto Interno (PBI).

La iniciativa busca elevar hasta el 6,5 % del PBI los recursos destinados a la educación inicial, primaria, secundaria y de formación docente y a un 1,5% a las universidades.

También invierte el aporte que deben Nación y provincias en la actual ley de Financiamiento Educativo ya que en el futuro la Nación aportará el 60% de los fondos y el 40% lo harán las provincias.

La presidenta de la comisión, Blanca Osuna (FDT), destacó el acuerdo logrado entre oficialismo y la oposición en «defensa de la educación» publica y gratuita y rechazó las propuestas privatizadoras de la Libertad Avanza al señalar que «hay que oponerse a los dichos nefastos, infaustos de que la educación en Argentina debe financiarse con bonos».

«La educación, como derecho y como compromiso en su sostenimiento del Estado, necesita de una acción concurrente entre la Nación y las provincias mediante convenios bilaterales. Por eso la ley sugiere un aumento del presupuesto a un 8% del PBI», agregó.La legisladora aseguró que «la norma prioriza la inversión», al considerar que creen «que hay que poner más recursos para la educación».

Y destacó que uno de los cambios introducidos al proyecto del Gobierno que es «el impacto que se tenga sobre la educación obligatoria sea mayor que el que originalmente estaba previsto ya que establecimos alcanzar el 6,5% del PBI para 2030, mientras que para las universidades se proyecta alcanzar el 1,5% para 2032».

Desde JXC, el legislador Alejandro Cacace señaló que quieren «que se incremente la inversión educativa en nuestro país con la participación de la Nación y las provincias, pero no se puede obligar a las provincias a usar sus recursos si no es por la vía de adhesión o de convenio».

El objetivo de la Ley es incrementar la inversión educativa y que participe la Nación y las provincias. Pero no se puede obligar a las provincias a usar sus recursos si no es por la vía de adhesión o de convenio».

Por su parte, la diputada del Pro Laura Rodríguez Machado señaló que «el Gobierno Nacional no puede determinar en qué deben gastar su dinero las provincias. Esa medida es inconstitucional. Por eso desde la oposición solicitamos una modificación en el proyecto de Financiamiento Educativo en resguardo de la autonomía de las provincias».

La iniciativa también fue respaldada por las asociaciones y cámaras que conforman el campo editorial argentino, que difundieron hoy una solicitada en la que expresaron su «completo apoyo» al proyecto de ley de Financiamiento Educativo que trata la Cámara de Diputados, que eleva del 6 al 8% del PBI los recursos, porque aseguran que la iniciativa «colabora con el cumplimiento del derecho a la educación y favorece la inclusión».

«Los actores que conformamos el campo del libro argentino expresamos por este medio nuestro completo apoyo al proyecto de Ley de Financiamiento Educativo, que esperamos que sea tratado antes de fin de año», subrayaron en el texto de la solicitada dirigida a los diputados y diputadas del Congreso de la Nación.

El texto del proyecto enviado por el Poder Ejecutivo establece un ciclo lectivo anual mínimo de 190 días efectivos de clase para los establecimientos educativos de todo el país.Además, busca implementar un sistema nacional de evaluación que incluye operativos estandarizados y educación formativa, junto con la evaluación de programas educativos y el monitoreo del financiamiento a la educación por parte del Estado.

Entre los objetivos y metas comprendidos en el proyecto se encuentran, también, la construcción de nuevos jardines de infantes y maternales, entrega de libros en modalidad uno a uno y darle continuidad a la jornada extendida en las escuelas.

El proyecto contempla incorporar robótica y programación en las escuelas secundarias, dar continuidad a las becas Progresar y Manuel Belgrano; financiar la construcción de nuevas escuelas técnicas y cumplir con el derecho a la Educación Sexual Integral (ESI) como marca la Ley 26.150.

Educación

Desfinanciamiento universitario: más de 10 docentes renuncian por día

En el Día del Docente Universitario, el sistema de educación superior pública argentina atraviesa su peor crisis desde 1989. Con salarios por debajo de los niveles de la poscrisis de 2001, un recorte presupuestario del 37,3% desde diciembre de 2023 y un Gobierno que se niega a cumplir la Ley de Financiamiento Universitario, la deserción docente avanza a un ritmo de entre 10 y 12 renuncias diarias en todo el país.

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La academia en éxodo: más de 10 docentes universitarios renuncian por día

La comunidad académica argentina eligió el 15 de mayo, Día del Docente Universitario, para volver a poner en el centro del debate la crisis estructural que atraviesa el sistema universitario público.

Lejos de los anuncios oficiales de «equilibrio macroeconómico», la realidad de más de 60 universidades nacionales distribuidas en todo el territorio revela un desmantelamiento sistemático que sus propios protagonistas describen, sin eufemismos, como un plan deliberado.

«Un plan de destrucción por goteo»

Rodrigo Quiroga, doctor en Ciencias Químicas y docente con 15 años de experiencia en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), cuantificó el fenómeno con datos concretos: entre 10 y 12 docentes renuncian por día a nivel nacional. La causa es, en todos los casos, la misma: la imposibilidad de sostenerse económicamente con los ingresos que ofrece la actividad académica.

Para Quiroga, la situación no es producto de la inercia ni de una mala coyuntura. «El Gobierno está poniendo excusas para no cumplir la ley porque efectivamente lo que buscan, creo, es un plan de destrucción de las universidades nacionales por goteo«, declaró el investigador. En esa línea, advirtió que son los propios docentes quienes vienen subsidiando el déficit de financiamiento con mayor dedicación personal, aunque ese esfuerzo tiene un límite humano y económico infranqueable.

El cargo docente más bajo del sistema universitario nacional, el de Jefe de Trabajos Prácticos (JTP) con dedicación simple, percibe actualmente apenas 260.000 pesos mensuales, una cifra que, en la Argentina de mayo de 2026, no alcanza siquiera para cubrir los gastos de transporte y alimentación necesarios para asistir al trabajo.

El peor momento en décadas

Pablo Bolcatto, doctor en Física y profesor con 38 años de trayectoria en la Universidad Nacional del Litoral (UNL), describió el presente como «el peor momento de mi vida profesional«. El testimonio de Bolcatto permite comprender la dimensión humana de una crisis que las estadísticas no alcanzan a capturar por sí solas.

«Ahora lo que se está dando es que un investigador o un profesor lo que hace es hacer Uber o empezar a vender empanadas», señaló Bolcatto, en alusión directa al fenómeno de pluriempleo al que se ven empujados quienes eligieron la docencia universitaria como vocación. Para este profesor, la elección de seguir en las aulas es un acto de convicción: «dar clases es una vocación; de enseñar, transmitir conocimiento y correr la frontera un poquito más allá», en referencia a la actividad científica que la crisis también amenaza.

La actitud del Gobierno Nacional fue caracterizada por Bolcatto como «profundamente ideológica», lo que para el docente explica la persistencia de la crisis más allá de cualquier argumento técnico.

Los números del desmantelamiento

Los datos recopilados por el grupo EPC y difundidos por Quiroga en redes sociales trazan un mapa preciso del ajuste:

  • Las universidades nacionales acumulan una caída presupuestaria del 37,3% desde diciembre de 2023.
  • En 2026 se proyecta el presupuesto universitario más bajo desde 1989 en relación al PBI, con apenas el 0,428%.
  • Los salarios docentes perdieron 33,7 puntos de poder adquisitivo desde noviembre de 2023, acumulando 17 meses consecutivos de caída.
  • Días antes de la última Marcha Federal Universitaria, el Gobierno recortó más de 5.300 millones de pesos destinados a infraestructura en la UNLP, UNSAM, UNL y UNNE, entre otras casas de altos estudios.
  • El salario real docente es actualmente más bajo que el que tenían en la poscrisis de 2001.

Estas cifras se inscriben en un contexto más amplio que ya documentamos en esta redacción: desde el inicio de la gestión libertaria, las transferencias a universidades acumularon un recorte real superior al 20%, según datos del Foro Economía y Trabajo; y el propio organismo de verificación Chequeado señaló que el financiamiento universitario sufrió recortes reales de hasta el 31,6% en los primeros tramos de la gestión Milei.

Un dato adicional que aporta dimensión social al conflicto: según la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), dos tercios de los estudiantes de la universidad pública pertenecen al 60% más pobre de la sociedad. El ajuste sobre la educación superior no golpea a una élite; golpea, en su inmensa mayoría, a los sectores populares.

La ley existe, el Gobierno no la cumple

El reclamo del sector docente tiene un núcleo jurídico concreto: la plena aplicación de la Ley de Financiamiento Universitario, cuya vigencia los propios tribunales ratificaron con fallos favorables al sector. Si esa norma se aplicara, un docente que hoy cobra 260.000 pesos pasaría a percibir 400.000 pesos, lo que equivaldría a pasar de 6.800 pesos a 10.200 pesos por hora de clase, según los cálculos difundidos por Quiroga.

Frente a las excusas esgrimidas por la administración Milei, como la exigencia de auditorías previas a cualquier recomposición salarial, Quiroga recordó que las auditorías ya existen y funcionan: las facultades de Económicas, Derecho y Medicina de la UBA fueron auditadas en 2024 y sus informes aprobados por unanimidad. Además, «muchas otras universidades firmaron convenios con SIGEN», precisó el investigador.

El argumento del cobro de aranceles a estudiantes extranjeros también fue desactivado con datos: los estudiantes extranjeros representan aproximadamente 83.000 personas, apenas el 4% de la matrícula total. La cifra es marginal frente al déficit estructural de financiamiento.

Un punto central que los propios docentes subrayan para despejar confusiones es el siguiente: no son las universidades las que pagan los sueldos, sino el Estado Nacional. Y los salarios representan el 90% del presupuesto total de las universidades. Quien decide los aumentos, quien los frena, es el Gobierno de Javier Milei.

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