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Macri, Santoro, Marra y Biasi debatirán sus propuestas para la Ciudad

El debate de los cuatro candidatos y candidata para las elecciones primarias comenzará este miércoles a las 20 y tendrá una duración 90 minutos.

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Los candidatos a jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires Jorge Macri (Juntos por el Cambio), Leandro Santoro (Unión por la Patria), Ramiro Marra (La Libertad Avanza) y Vanina Biasi (Frente de Izquierda) participarán mañana del debate público estipulado como obligatorio en el Código Electoral porteño previo a las elecciones de octubre.

Según adelantaron fuentes partidarias, los postulantes ultimaban hoy los detalles de las propuestas de gestión que presentarán para el distrito porteño y buscarán marcar diferencias políticas con sus adversarios.

El debate de los cuatro candidatos que resultaron electos por sus fuerzas políticas en las elecciones primarias del 13 de agosto comenzará a las 20, tendrá una duración 90 minutos más los cortes publicitarios y contará con seis bloques que estarán moderados por una dupla de periodistas propuestos por los canales América, Canal 9, Telefé, El Trece y TV Pública.

Los ejes pautados para la jornada denominada «La Ciudad Debate» serán Autonomía, Sistema político, Justicia y Seguridad; Educación, Salud, Cultura, Desarrollo Humano, Género y Diversidad; Vivienda, Ambiente y Desarrollo Productivo, y Infraestructura, Gestión Urbana y Código Urbanístico.

La dinámica prevé un primer segmento de introducción por parte de los moderadores y, luego, una presentación de un minuto a cargo de los participantes, según informó el Instituto de Gestión Electoral porteño, organismo organizador del ciclo de debates en el distrito.

Posteriormente, seguirán cuatro bloques temáticos en los cuales los candidatos harán una exposición de 90 segundos sin interrupciones sobre cada eje en discusión y recibirán una pregunta de uno de sus adversarios, que no deberá superar los 30 segundos, y la respuesta no exceder el minuto.

El ciclo de debates, estipulado como obligatorio en el Código Electoral porteño, continuará el viernes 27 con la participación de los candidatos a legisladores Facundo Del Gaiso, de JXC; Matías Lammens, de UXP; Eugenio Casielles de LLA; y Celeste Fierro, del FIT.

Y en la semana que va del 2 al 6 de octubre habrá debates entre los candidatos a las 15 juntas comunales, para lo cual se convocó a tres participantes en cada una de las cinco jornadas, con dos temáticas como ejes: Descentralización, competencias concurrentes y políticas especiales; y Obras y mantenimiento comunal, espacios verdes, participación y servicios a la comunidad.

La totalidad de los debates se desarrollarán en el estudio de televisión situado en la calle Esparza 39, sin la presencia de público, y estarán producidos y transmitidos por el Canal de la Ciudad, al tiempo que contará con lenguaje de señas para la población con discapacidad auditiva.

Los participantes tendrán prohibido llevar «objetos, documentos, gráficos, láminas o diarios» a fin de «mantener la fluidez y que ningún material interrumpa el foco principal y la comunicación directa entre los candidatos en igualdad de condiciones y la ciudadanía».

Sólo estará permitido un soporte papel en cada atril, «respetando la regla que el mismo no podrá ser mostrado en cámara», por lo cual dispondrán de hojas en blanco y una lapicera.

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Amenazas en escuelas: la Ciudad responde con mano dura y esquiva el debate de fondo

La ministra Mercedes Miguel reconoció que los chicos “no tienen dimensión”, pero el Gobierno refuerza medidas punitivas en lugar de invertir en prevención y acompañamiento.

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Entre el pánico y la respuesta punitiva: la Ciudad endurece el discurso ante amenazas escolares

La ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel, buscó instalar una definición tajante frente a la ola de amenazas de tiroteos en escuelas: “no es una broma, es un delito”. La frase, repetida como mantra, marca el tono de un Gobierno que, ante un fenómeno complejo y multicausal, parece inclinarse más por la lógica punitiva que por una lectura integral del problema.

En paralelo, el jefe de Gobierno, Jorge Macri, anunció el refuerzo de protocolos que activan la intervención policial, judicial y de organismos de niñez ante cada episodio. El despliegue incluye incluso la incautación de celulares y el rastreo de conversaciones privadas de menores. La escena: chicos de 11 o 12 años bajo la lupa del sistema penal.

Criminalizar la infancia, una respuesta ligera

Miguel insistió en que los niños “no tienen dimensión” de lo que hacen. Sin embargo, esa misma afirmación entra en tensión con la decisión oficial de encuadrar sus conductas como delito. La contradicción no es menor: si no hay comprensión plena, ¿qué sentido tiene la amenaza penal como eje de la política pública?

  • Se instala la idea de “límite” desde la sanción antes que desde la pedagogía.
  • Se desplaza la responsabilidad hacia las familias y las redes sociales.
  • Se invisibiliza el rol del Estado en la prevención y el acompañamiento.

El resultado es una respuesta que corre el eje: del cuidado al castigo.

El fantasma de las redes y la coartada perfecta

La ministra apuntó contra TikTok y la viralización de desafíos como motor del fenómeno. La explicación, aunque atendible, aparece incompleta y funcional: pone el foco en plataformas globales mientras evita discutir el deterioro local del sistema educativo.

En la Ciudad, docentes vienen denunciando:

  • Falta de equipos interdisciplinarios suficientes (psicólogos, trabajadores sociales).
  • Escasa capacitación para abordar conflictos digitales y violencias emergentes.
  • Recortes presupuestarios que impactan en programas socioeducativos.

Sin esas herramientas, la escuela queda sola frente a problemáticas cada vez más complejas.

Protocolos sin comunidad

El Gobierno porteño difundió un instructivo para familias que incluye revisar mochilas, controlar celulares y denunciar al 911. La prevención queda así reducida a la vigilancia doméstica y al reflejo policial.

Pero en esa lógica se diluye algo central: la construcción de comunidad educativa. No hay mención concreta a espacios de escucha, trabajo con estudiantes, ni estrategias sostenidas de educación digital crítica.

Lo que no se dice

Mientras se multiplican las amenazas, también crece el miedo. Familias que dudan en enviar a sus hijos a la escuela y docentes que enfrentan situaciones para las que no fueron preparados. Sin embargo, el discurso oficial evita una autocrítica de fondo:

  • ¿Qué pasa con el presupuesto educativo en la Ciudad?
  • ¿Dónde están los equipos de acompañamiento permanentes?
  • ¿Qué políticas integrales se implementan más allá del protocolo reactivo?

La apelación al delito ordena el relato, pero no resuelve el problema.

Entre el control y el abandono

El mensaje final del Gobierno parece oscilar entre dos extremos: más control y menos Estado presente en lo cotidiano. Se endurecen las respuestas cuando el conflicto estalla, pero se debilitan las políticas que podrían prevenirlo.

En ese terreno, la escuela queda atrapada: exigida para contener, pero sin recursos; señalada como espacio de riesgo, pero sin respaldo suficiente.

La pregunta de fondo sigue abierta: si los chicos no dimensionan, como admite la propia ministra, ¿no debería el Estado dimensionar mejor su respuesta?

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