Elecciones
Schiaretti se presentará junto a Randazzo por «Hacemos por Nuestro País»
A pocas horas del cierre de presentación de listas de candidatos, Schiaretti confirmó que Randazzo será el precandidato a vicepresidente del espacio peronista no kirchnerista que se muestra como alternativa a Unión por la Patria (UxP), pero que evalúa unirse a Juntos por el Cambio.
El gobernador cordobés y precandidato a presidente, Juan Schiaretti, confirmó hoy al dirigente Florencio Randazzo como su compañero de fórmula por el espacio “Hacemos por Nuestro País” para competir en las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) del próximo 13 de agosto.
A pocas horas del cierre de presentación de listas de candidatos, Schiaretti confirmó que Randazzo será el precandidato a vicepresidente del espacio peronista no kirchnerista que se muestra como alternativa a Unión por la Patria (UxP) y que especuló con sumarse a Juntos por el Cambio (JxC) en el marco de un acuerdo programático de una serie de acuerdos sobre un grupo de políticas públicas.
Así lo confirmaron fuentes del Gobierno cordobés y del exministro del Interior y Transporte.Uno de los primeros dirigentes en confirmarlo en redes sociales fue el exlegislador Diego Bossio.
Schiaretti enfrentará mañana elecciones en su provincia, donde su coalición «Hacemos Unidos por Córdoba» (HUxC) lleva para gobernador al intendente peronista capitalino, Martín Llaryora, y para vice a Myriam Prunotto, intendenta radical en uso de licencia de la población de Juárez Celman.
Schiaretti transita su tercer mandato como gobernador y el segundo consecutivo que le impide legalmente presentarse para un nuevo período.“Se precisa en Argentina una alternativa que impulse la producción y el trabajo, y que se encargue de nuestros dos problemas principales: la falta de dólares y el déficit fiscal crónico”, viene diciendo en sus últimas apariciones públicas.
“Los pilares del modelo Córdoba es lo que quiero aportar a esta coalición, que tienen que ver con el respeto institucional a los poderes del Estado y al que piensa distinto; el equilibrio fiscal; y la defensa de quienes producen y trabajan”, agregó.
El otro representante de este espacio, el exgobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, había declinado sus aspiraciones presidenciales, luego de la controversia que se generó en el peronismo disidente por el acercamiento de ese sector a JxC, y reclamó que la política «vuelva a representar al pueblo» y no a «peleas de poder».
«No voy a participar como candidato. No voy a tomar caminos que me alejen del país que necesitan los argentinos, ni de lo que fui, soy y seré: un militante peronista», expresó Urtubey en un video publicado semanas atrás.
Tras la controversia con Schiaretti, por el acercamiento del mandatario provincial a JxC, el dirigente salteño sostuvo que «nunca creyó» en «juntarse en contra de alguien» sino en «unirse a favor de algo bueno».
Urtubey venía trabajando junto con Schiaretti y otros dirigentes en la presentación de una plataforma electoral del peronismo no kirchnerista, pero esa confluencia se vio interrumpida por el acercamiento del mandatario cordobés a JxC a través del jefe de Gobierno porteño y precandidato presidencial, Horacio Rodríguez Larreta.
Elecciones
Brasil va a segunda vuelta: el bolsonarismo sorprende y Lula deberá pelear el 25
Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta del 4 de octubre con el 47% contra el 45% de Lula, revirtiendo lo que marcaban las encuestas. El hijo del expresidente preso hereda la maquinaria del movimiento que intentó un golpe de Estado en 2022 y obliga al Partido de los Trabajadores a una segunda vuelta que promete ser la más disputada de la historia reciente de Brasil.
Con el 47% de los votos contra el 45% de Luiz Inácio Lula da Silva, Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil del domingo 4 de octubre y obligó a una segunda vuelta que se disputará el 25 de octubre de 2026.
El resultado sorprendió a las consultoras, que en los días previos daban a Lula levemente por encima del senador. Ninguno de los dos alcanzó el 50% más uno de los votos válidos requerido para ganar en primera vuelta, y Brasil deberá decidir en un balotaje su próximo presidente.
El senador Flávio Bolsonaro, de 45 años, compite bajo las siglas del Partido Liberal (PL) con el respaldo explícito de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por su responsabilidad en el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2022.
Lula, en tanto, busca su cuarto mandato no consecutivo: gobernó Brasil entre 2003 y 2010, fue perseguido judicialmente en causas que el Tribunal Supremo revisó y terminó anulando, y regresó al poder en 2023.
Lo que las encuestas no vieron venir
Durante toda la campaña, la ventaja de Lula en la primera vuelta parecía consolidada. La encuesta Datafolha del 24 de septiembre, registrada ante el Tribunal Superior Electoral (TSE) bajo el número BR-00304/2026, ubicaba a Lula con el 40% y a Flávio Bolsonaro con el 36% en la primera vuelta estimulada. La consultora Nexus/BTG Pactual, en su última medición de agosto, atribuía al presidente el 39% frente al 33% del senador. Sin embargo, en la noche del 4 de octubre los resultados reales demostraron que el mapa electoral bolsonarista, profundamente arraigado en el norte, el centro-oeste y el sur del país, fue subestimado por la mayoría de los sondeos.
La encuesta Nexus de julio ya anticipaba el carácter polarizado del balotaje: Lula con el 40% y Flávio con el 34% en primera vuelta, pero empatados técnicamente en segunda con el 46% contra el 45% respectivamente. Ese empate técnico en el escenario de segunda vuelta se repitió en prácticamente todas las consultoras durante los últimos tres meses de campaña, lo que vuelve imposible anticipar con certeza el resultado del 25 de octubre.
Bolsa Familia, el campo de batalla ideológico
La campaña giró, entre otros ejes, alrededor de la política social. Lula recuperó el Bolsa Familia como bandera central de su gestión, un programa que durante su primer mandato sacó a 54 millones de personas de la pobreza y que la derecha intentó destruir bajo el gobierno de Michel Temer y luego de Bolsonaro padre. En esta campaña, el propio Lula recordó en reiteradas ocasiones que las críticas históricas al programa, que lo tacharon de fomentar la pereza y la dependencia, no resistieron el contraste con la realidad. «De todas las críticas, la más cruel es que el Bolsa Família iba a estimular la vagabundería», sostuvo en actos de campaña, recuperando una frase que pronunció a lo largo de décadas.
A pocos días de las elecciones, Lula anunció además un aumento del 15% en los pagos del programa de asistencia social, una decisión que la oposición leyó como un gesto electoral pero que, en términos electorales, no alcanzó para definir la primera vuelta a su favor. La derecha concentra sus críticas en que el programa no es una solución estructural, mientras el PT sostiene que sin ese piso de ingresos garantizados millones de familias brasileñas quedarían directamente al borde de la indigencia.
El mapa territorial y los puntos de quiebre
La geografía electoral confirma la fractura profunda de Brasil. Según los datos de la encuesta Medio/Ideia de mayo de 2026, Flávio Bolsonaro lidera en el norte con el 57% contra el 27% de Lula, y en el centro-oeste con el 60% contra el 28%. En el sur también está por encima: 50% contra 39%. El nordeste, históricamente el bastión lulista, le da al presidente el 58% frente al 34% del senador. El sudeste, que concentra la mayor parte del padrón electoral, aparecía en empate técnico antes de la votación.
Esta distribución territorial es el termómetro de la fractura de clase que atraviesa al gigante sudamericano. Las regiones más pobres, donde los programas de transferencia directa tienen mayor impacto sobre la vida cotidiana, tienden al lulismo; las regiones más ricas y con mayor presencia de sectores conservadores, al bolsonarismo. El resultado del 4 de octubre muestra que esa segunda geografía fue más eficaz de lo que las encuestas proyectaban.
El factor Bolsonaro padre y la internacionalización de la disputa
Jair Bolsonaro, preso y sin poder presentarse por su condena de 27 años, articuló desde la cárcel el apoyo a la candidatura de su hijo mayor. La sentencia fue ampliamente criticada por el gobierno de Donald Trump, con el propio presidente norteamericano afirmando que era «muy parecido a lo que intentaron hacer conmigo» y el secretario de Estado, Marco Rubio, calificándola de «injusta». Esta internacionalización del caso convirtió a la elección brasileña en parte del tablero geopolítico de la disputa entre la derecha global y los gobiernos progresistas de América Latina.
Legisladores estadounidenses, en contraposición, le pidieron formalmente a Trump que no interviniera en el proceso electoral brasileño. La sombra de la interferencia exterior planeó sobre toda la campaña, y el resultado del 4 de octubre convierte la segunda vuelta en una cita electoral con consecuencias que van mucho más allá de las fronteras del país más grande de América del Sur.
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