Elecciones
Brasil va a segunda vuelta: el bolsonarismo sorprende y Lula deberá pelear el 25
Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta del 4 de octubre con el 47% contra el 45% de Lula, revirtiendo lo que marcaban las encuestas. El hijo del expresidente preso hereda la maquinaria del movimiento que intentó un golpe de Estado en 2022 y obliga al Partido de los Trabajadores a una segunda vuelta que promete ser la más disputada de la historia reciente de Brasil.
Con el 47% de los votos contra el 45% de Luiz Inácio Lula da Silva, Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil del domingo 4 de octubre y obligó a una segunda vuelta que se disputará el 25 de octubre de 2026.
El resultado sorprendió a las consultoras, que en los días previos daban a Lula levemente por encima del senador. Ninguno de los dos alcanzó el 50% más uno de los votos válidos requerido para ganar en primera vuelta, y Brasil deberá decidir en un balotaje su próximo presidente.
El senador Flávio Bolsonaro, de 45 años, compite bajo las siglas del Partido Liberal (PL) con el respaldo explícito de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por su responsabilidad en el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2022.
Lula, en tanto, busca su cuarto mandato no consecutivo: gobernó Brasil entre 2003 y 2010, fue perseguido judicialmente en causas que el Tribunal Supremo revisó y terminó anulando, y regresó al poder en 2023.
Lo que las encuestas no vieron venir
Durante toda la campaña, la ventaja de Lula en la primera vuelta parecía consolidada. La encuesta Datafolha del 24 de septiembre, registrada ante el Tribunal Superior Electoral (TSE) bajo el número BR-00304/2026, ubicaba a Lula con el 40% y a Flávio Bolsonaro con el 36% en la primera vuelta estimulada. La consultora Nexus/BTG Pactual, en su última medición de agosto, atribuía al presidente el 39% frente al 33% del senador. Sin embargo, en la noche del 4 de octubre los resultados reales demostraron que el mapa electoral bolsonarista, profundamente arraigado en el norte, el centro-oeste y el sur del país, fue subestimado por la mayoría de los sondeos.
La encuesta Nexus de julio ya anticipaba el carácter polarizado del balotaje: Lula con el 40% y Flávio con el 34% en primera vuelta, pero empatados técnicamente en segunda con el 46% contra el 45% respectivamente. Ese empate técnico en el escenario de segunda vuelta se repitió en prácticamente todas las consultoras durante los últimos tres meses de campaña, lo que vuelve imposible anticipar con certeza el resultado del 25 de octubre.
Bolsa Familia, el campo de batalla ideológico
La campaña giró, entre otros ejes, alrededor de la política social. Lula recuperó el Bolsa Familia como bandera central de su gestión, un programa que durante su primer mandato sacó a 54 millones de personas de la pobreza y que la derecha intentó destruir bajo el gobierno de Michel Temer y luego de Bolsonaro padre. En esta campaña, el propio Lula recordó en reiteradas ocasiones que las críticas históricas al programa, que lo tacharon de fomentar la pereza y la dependencia, no resistieron el contraste con la realidad. «De todas las críticas, la más cruel es que el Bolsa Família iba a estimular la vagabundería», sostuvo en actos de campaña, recuperando una frase que pronunció a lo largo de décadas.
A pocos días de las elecciones, Lula anunció además un aumento del 15% en los pagos del programa de asistencia social, una decisión que la oposición leyó como un gesto electoral pero que, en términos electorales, no alcanzó para definir la primera vuelta a su favor. La derecha concentra sus críticas en que el programa no es una solución estructural, mientras el PT sostiene que sin ese piso de ingresos garantizados millones de familias brasileñas quedarían directamente al borde de la indigencia.
El mapa territorial y los puntos de quiebre
La geografía electoral confirma la fractura profunda de Brasil. Según los datos de la encuesta Medio/Ideia de mayo de 2026, Flávio Bolsonaro lidera en el norte con el 57% contra el 27% de Lula, y en el centro-oeste con el 60% contra el 28%. En el sur también está por encima: 50% contra 39%. El nordeste, históricamente el bastión lulista, le da al presidente el 58% frente al 34% del senador. El sudeste, que concentra la mayor parte del padrón electoral, aparecía en empate técnico antes de la votación.
Esta distribución territorial es el termómetro de la fractura de clase que atraviesa al gigante sudamericano. Las regiones más pobres, donde los programas de transferencia directa tienen mayor impacto sobre la vida cotidiana, tienden al lulismo; las regiones más ricas y con mayor presencia de sectores conservadores, al bolsonarismo. El resultado del 4 de octubre muestra que esa segunda geografía fue más eficaz de lo que las encuestas proyectaban.
El factor Bolsonaro padre y la internacionalización de la disputa
Jair Bolsonaro, preso y sin poder presentarse por su condena de 27 años, articuló desde la cárcel el apoyo a la candidatura de su hijo mayor. La sentencia fue ampliamente criticada por el gobierno de Donald Trump, con el propio presidente norteamericano afirmando que era «muy parecido a lo que intentaron hacer conmigo» y el secretario de Estado, Marco Rubio, calificándola de «injusta». Esta internacionalización del caso convirtió a la elección brasileña en parte del tablero geopolítico de la disputa entre la derecha global y los gobiernos progresistas de América Latina.
Legisladores estadounidenses, en contraposición, le pidieron formalmente a Trump que no interviniera en el proceso electoral brasileño. La sombra de la interferencia exterior planeó sobre toda la campaña, y el resultado del 4 de octubre convierte la segunda vuelta en una cita electoral con consecuencias que van mucho más allá de las fronteras del país más grande de América del Sur.
Elecciones
La interna libertaria que expone el miedo a Kicillof rumbo a 2027: ¿polarizar o fragmentar al peronismo?
Karina Milei y Luis Caputo quieren subir al gobernador bonaerense al ring; otro sector de Balcarce 50 advierte que con un 52% de rechazo presidencial la confrontación puede salir cara y propone dividir al peronismo para llegar a 2027.
Faltan meses para que arranque formalmente la campaña, pero en la Casa Rosada ya se libra una pulseada que revela más temor que confianza: el oficialismo no sabe si le conviene enfrentar a Axel Kicillof cara a cara o trabajar para que el peronismo llegue partido a las urnas. Detrás de esa discusión hay un número que incomoda a todos en Balcarce 50: el 52% de imagen negativa que hoy arrastra Javier Milei.
El debate atraviesa a los distintos sectores del Gobierno libertario, que ya diseña la estrategia para la reelección del Presidente en 2027. En el centro de la escena está el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, principal referente de la oposición peronista y figura alrededor de la cual se ordena buena parte del tablero electoral del Partido Justicialista (PJ).
La apuesta de Karina: subir a Kicillof al ring
El sector que responde a la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, sostiene que lo más conveniente es construir un perfil contrapuesto al del mandatario provincial y confrontar abiertamente ambos modelos de gestión. La premisa es que el votante no quiere regresar al pasado y que el gobernador tendría un techo bajo en una eventual segunda vuelta.
«La gente no vota para atrás. Además, en un potencial balotaje, ¿cuánto de ese universo tiene Axel para crecer? ¿10%?», planteó una importante fuente del oficialismo. Desde el entorno de la hermana presidencial repiten la misma idea: «La gente no quiere volver para atrás».
Esa línea cuenta con el respaldo del propio Milei, que suele referirse a Kicillof como «enano soviético», y del ministro de Economía, Luis Caputo, quien llegó a definirlo como «el anticristo». Durante la Argentina Week en París, Caputo insistió en el mismo libreto: «Hemos estado en el infierno y, créanme, la mayoría de la gente nunca votará para volver al infierno». El oficialismo vuelve a apostar al insulto y a la demonización del adversario como estrategia de campaña, un recurso que forma parte del discurso de confrontación permanente que caracteriza a la gestión libertaria.
Las encuestas que inquietan a Balcarce 50
No todos en la Casa Rosada comparten ese entusiasmo. En algunas oficinas de Balcarce 50 advierten que la imagen de Kicillof muestra un respaldo significativo y que polarizar con él podría terminar siendo un mal negocio para el oficialismo.
El argumento se apoya en el crecimiento del rechazo a la figura presidencial. Según un relevamiento de la consultora Poliarquía, Milei registró un 52% de valoración negativa, tres puntos más que en agosto, frente a apenas un 31% de imagen positiva. Es decir, una brecha de más de veinte puntos en contra para un presidente que pretende ser reelegido.
El dato no es aislado. A lo largo de 2026, distintas mediciones registraron la caída de la imagen presidencial en paralelo al desgaste que provocaron las denuncias por enriquecimiento ilícito contra Manuel Adorni, que terminó dejando la Jefatura de Gabinete, y a un ajuste que golpea de lleno sobre el bolsillo de los hogares. Algunos sondeos publicados en los últimos meses llegaron incluso a mostrar a Kicillof imponiéndose en un balotaje hipotético frente al Presidente.
Fragmentar en lugar de polarizar
Frente a ese escenario, una voz con acceso al despacho presidencial propuso otra receta: «No nos sirve polarizar con nadie. Tenemos que fragmentar y generar los incentivos para que el peronismo vaya dividido. Kicillof es el que más mide».
La frase encierra una confesión política de peso. Si el Gobierno necesita que la oposición llegue partida para ganar, es porque no confía en su propia capacidad de seducir al electorado con los resultados de su gestión. La estrategia de fragmentación no apunta a convencer votantes, sino a debilitar al adversario desde afuera.
En ese marco, el frente amplio «anti Milei» que impulsa Kicillof aparece como la principal amenaza para los planes libertarios, ya que podría ampliar el universo electoral opositor más allá de las fronteras tradicionales del peronismo.
Una campaña de bloques
Pese a las diferencias internas, algunos sectores de la Casa Rosada ya vaticinan una campaña marcada por la polarización, en la que el peronismo aglutinaría al «centro a la izquierda» y Milei buscaría encolumnar detrás suyo al «centro a la derecha».
Lo que queda a la vista es que la discusión en el oficialismo ya no gira en torno a qué ofrecerle a la sociedad, sino a cómo administrar el rechazo que genera su propio candidato. Y en esa ecuación, el nombre que ordena todas las variables es el del gobernador bonaerense.
Lo que tenés que saber:
- El Gobierno ya diseña la estrategia para la reelección de Javier Milei en 2027 y discute cómo posicionarse frente al peronismo.
- El sector de Karina Milei, con el aval del Presidente y de Luis Caputo, propone polarizar con Axel Kicillof.
- Otro sector de Balcarce 50 advierte que la imagen del gobernador muestra un respaldo significativo y desaconseja confrontar con él.
- Según Poliarquía, Milei registró un 52% de imagen negativa, tres puntos más que en agosto, frente a un 31% de positiva.
- Una fuente cercana al despacho presidencial propuso fragmentar al peronismo porque «Kicillof es el que más mide».
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