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Política 📢

La hermana de Marielle Franco y el vicepresidente Alckim formarán parte del gabinete de Lula

«Decidí dar trabajo a mi vice; el ministro de Industria y Comercio será Geraldo Alckmin», bromeó Lula y explicó que el dirigente siempre le pedía más trabajo, así que optó por ponerlo al frente de un ministerio porque si no le daría «dolor de cabeza» los próximos cuatro años.

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Anielle Franco, hermana de la concejala asesinada Marielle Franco, será ministra de Igualdad Racial en el próximo Gobierno de Brasil, anunció hoy el presidente electo Luiz Inácio Lula Da Silva, quien también nombró a su vicepresidente Geraldo Alckmin al frente de la cartera de Industria y Comercio y a la primera mujer a cargo de Salud, entre otras designaciones.

«Decidí dar trabajo a mi vice; el ministro de Industria y Comercio será Geraldo Alckmin», bromeó Lula y explicó que el dirigente siempre le pedía más trabajo, así que optó por ponerlo al frente de un ministerio porque si no le daría «dolor de cabeza» los próximos cuatro años.

Luego expresó su confianza en que será un ministro «extraordinario» y subrayó que Alckmin goza del respeto de los empresarios brasileños, informó la agencia de noticias Sputnik.

En realidad, como el propio Lula confesó, Alckmin no fue la primera opción, sino que el exmandatario (2003-2011) buscó antes a grandes empresarios y nombres de la patronal, pero ninguno aceptó la oferta para entrar en el Gobierno.

No es la primera vez que el vicepresidente asume un ministerio en Brasil: en el Gobierno de Dilma Rousseff (2011-2016), Michel Temer encabezó la Secretaría de Relaciones Institucionales.

Lula nombró hoy a otros 15 funcionarios, entre ellos a la socióloga Nisia Trindade, quien el 1° de enero se convertirá en la primera mujer en ocupar el Ministerio de Salud.

Trindade, docente e investigadora desde 1987, se desempeñó hasta ahora como presidenta de la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz), una de las más importantes y emblemáticas instituciones de investigación, formación y desarrollo tecnológico en salud a nivel mundial y donde también fue la primera mujer en ejercer la presidencia en sus más de 116 años de historia.

Desde el Centro Cultural Banco do Brasil (CCBB), en Brasilia, donde actúa el equipo de transición, Lula también anunció que Anielle Franco, parte del equipo de transición del Gobierno dedicado a las políticas para mujeres, ocupará un lugar central en su futuro Gobierno.

«Recibí la invitación del presidente (electo) Lula para ser ministra de la cartera de Igualdad Racial; después de reflexionar con mi familia, compañeras y movimientos, acepté el desafío», escribió Franco en Twitter.

Anielle es profesora de inglés y tras el asesinato de su hermana en Río de Janeiro (en plena campaña electoral antes de la victoria de Jair Bolsonaro en 2018) fundó el Instituto Marielle Franco, dedicado sobre todo a trabajos sociales con niños y adolescentes.

Marielle era concejala en el ayuntamiento de la ciudad de Río de Janeiro, donde destacó por su papel en defensa de las mujeres, los negros, la comunidad LGBTIQ+ y los vecinos de favelas y periferias.

Su nombre se transformó en una bandera desde el 14 de marzo de 2018 contra la represión ilegal ejecutada por grupos parapoliciales de Río de Janeiro y ya desde su banca de concejal denunciaba el avance de los grupos de uniformados en el control del delito en las favelas.

Lula también anunció los nombres de Alexandre Padilha (Relaciones Institucionales), Márcio Macedo (Secretario General); Jorge Messias (Abogado General de la Unión), Camilo Santana (Educación), Esther Dweck (Administración), Márcio França (Puertos y Aeropuertos), Luciana Santos (Ciencia y Tecnología), Cida Gonçalves (Mujeres), Luiz Marinho (Obras), Silvio Almeida (Derechos Humanos) y Vinícius Carvalho (Contralor General de la Unión).

También designó a Wellington Dias al frente de la cartera de Desarrollo Social, cargo que, según los medios, era pretendido por la senadora Simone Tebet, revelación de las elecciones presidenciales, donde quedó tercera en la primera vuelta antes de apoyar a Lula en el balotaje.

«Estamos tratando de hacer un gobierno que represente, en la medida de lo posible, a las fuerzas políticas que participaron con nosotros en la campaña», afirmó el líder del Partido de los Trabajadores (PT) y les advirtió que deberán considerar la «pluralidad» de la población brasileña al asumir sus funciones, informó la cadena brasilera O Globo.

El mandatario electo informó que faltan algunos nombramientos, los cuales estarán dirigidos a personas que “se atrevieron a dar la cara y enfrentar el fascismo que se ha estado extendiendo» el país en los últimos años.

Entre los que aún no fueron anunciados y generan gran expectativa están los futuros jefes de Medio Ambiente y del novedoso ministerio de Pueblos Originarios.

«Recibimos este gobierno en una situación de penuria, en que las cosas más simples no se hicieron, de manera irresponsable, porque el presidente (Bolsonaro) prefería contar mentiras que gobernar este país», dijo el líder izquierdista de 77 años.

Lula ya había anunciado seis ministros del futuro gobierno: Fernando Haddad (Economía), Flávio Dino (Justicia), José Múcio Monteiro (Defensa), Margareth Menezes (Cultura), Mauro Vieira (Relaciones Exteriores) y Rui Costa (Casa Civil).

Haddad, de 59 años, ocupará el cargo que ostenta actualmente el ultraliberal Paulo Guedes, que está al frente de un «superministerio» creado por Bolsonaro, al fusionar las carteras de Hacienda, Planificación e Industria.

Haddad es el exalcalde de San Pablo (2013-2017) y también fue ministro de Educación (2005-2012) durante las presidencias de Lula y Rousseff.

En total, se espera que el próximo Gobierno tenga 37 ministerios, un 60% más que el actual Gobierno de Bolsonaro.

Elecciones

¿Qué significa ser leales?: el pueblo vuelve a salir a buscar su propia historia

A 81 años de la jornada que parió al peronismo, el Día de la Lealtad llega con Cristina presa, un Gobierno que desprecia al Congreso y a la Justicia, y un feminismo que eligió la Ciudad de Buenos Aires para su Encuentro de 2027. La lealtad hoy tiene un nombre: organizarse para que Milei pierda.

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El 17 de octubre de 1945, miles de trabajadores y trabajadoras cruzaron el Riachuelo, se lavaron los pies en las fuentes de la Plaza de Mayo y torcieron el rumbo de un país que hasta entonces decidía sin ellos.

No esperaron que nadie les concediera nada. Ese día el pueblo dejó de esperar y salió a buscar su propia historia. Ochenta y un años después, la fecha vuelve a interpelarnos con una pregunta urgente: qué significa ser leales cuando la democracia, los derechos y la propia identidad popular están bajo ataque.

Este Día de la Lealtad no es uno más. Llega con Cristina Fernández de Kirchner, dos veces presidenta de la Nación, cumpliendo prisión domiciliaria tras una condena que representa el fruto más acabado del lawfare de Comodoro Py; con un Gobierno nacional que gobierna por decreto y desprecia la división de poderes; y a menos de un año de unas elecciones presidenciales que definirán si la Argentina sigue por el camino del ajuste, el odio y la crueldad, o si recupera un horizonte de justicia social.

Una lealtad que se conjuga en presente

Este sábado, en el Polideportivo Juan Domingo Perón de González Catán, en La Matanza, el gobernador bonaerense Axel Kicillof encabezó el acto central del PJ provincial junto a la vicegobernadora Verónica Magario y el intendente Fernando Espinoza. “Acá estamos, querían callarnos y acá estamos, recordando a Evita y Perón en La Matanza, que es la capital del peronismo”, dijo ante la multitud.

El gobernador recordó que aquella gesta “le dio voz a los que no tenían voz, les dio derechos y participación política a los que estaban marginados y excluidos”, sostuvo que Cristina “está injustamente presa por defender nuestras banderas” y planteó el desafío que atraviesa a todo el campo popular: “La lealtad con el pueblo es construir una alternativa que el año que viene termine con esta pesadilla que nos gobierna”. También dejó una definición que debería ordenar el debate de los próximos meses: “Sin justicia social no hay libertad verdadera: hay privilegios, hay explotación y desigualdad. Eso no es libertad”.

Un Gobierno que no respeta la democracia

Desde el primer día, Javier Milei eligió gobernar contra las instituciones. Inauguró su gestión con el DNU 70/2023, un megadecreto que pretendió derogar y modificar centenares de normas sin pasar por el Congreso.

Intentó designar por decreto a dos jueces de la Corte Suprema, Ariel Lijo y Manuel García Mansilla, salteando el acuerdo del Senado, que finalmente rechazó ambos pliegos en abril de 2025.

Vetó la ley de financiamiento universitario y la emergencia en discapacidad, y obligó al Poder Legislativo a insistir con dos tercios para defender lo que la sociedad ya había defendido en las calles.

Llamó al Congreso “nido de ratas” y llegó a decir que “no odiamos lo suficiente a los periodistas”.

No se trata de exabruptos aislados, sino de un método: degradar a los otros poderes para concentrar el poder en uno solo. Cuando un presidente trata al Parlamento como un estorbo, a la Justicia como una herramienta y a la prensa crítica como un enemigo, lo que está en juego no es una gestión de gobierno, sino la propia arquitectura republicana que tanto dicen defender quienes lo votaron por odio al peronismo.

El odio como herramienta, el antiperonismo como tradición

El antiperonismo no nació con Milei. Tiene una genealogía sangrienta: el bombardeo a la Plaza de Mayo en junio de 1955, el golpe de septiembre de ese año, el decreto 4161 de 1956 que prohibió siquiera pronunciar el nombre de Perón y dieciocho años de proscripción del movimiento mayoritario del país. Cada vez que las élites no pudieron derrotar al peronismo en las urnas, intentaron borrarlo por la fuerza, por decreto o por los tribunales.

Lo nuevo es la escala y el tono. El discurso libertario convirtió el odio en política de Estado: contra los “kukas”, contra los “zurdos”, contra las feministas, contra la diversidad, contra los trabajadores estatales y los jubilados que reclaman. Ese clima no es inocuo. En septiembre de 2022, Cristina sobrevivió a un intento de asesinato frente a su casa, porque el arma no se disparó. Las palabras que deshumanizan preparan el terreno para la violencia que mata, y una democracia que naturaliza el odio termina pagando ese precio.

Las mujeres y disidencias van al centro del poder

Hace apenas cinco días, el 12 de octubre, terminó en Córdoba el 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries, con más de 150.000 participantes y un centenar de talleres. En el acto de cierre, por decisión unánime, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires fue elegida como sede del 40° Encuentro en 2027. No es un dato menor: el primer Encuentro Nacional de Mujeres se realizó en esa misma ciudad en 1986. Cuatro décadas después, el feminismo vuelve al lugar donde nació, en pleno año electoral, para hacerse oír frente a la Casa Rosada.

La ministra de Mujeres bonaerense, Estela Díaz, lo resumió así: “Es una demostración de que se puede convivir en un espacio con sectores con los que se tienen muchísimas diferencias, construyendo una fuerza para confrontar electoralmente en el 2027”. Esa es exactamente la lección que el campo popular necesita aprender: la unidad en la diversidad no es una consigna, es una condición para ganar.

Las razones para movilizarse sobran. Este Gobierno desmanteló el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, su ministro de Justicia anunció la intención de eliminar la figura de femicidio del Código Penal y el propio Presidente utilizó el escenario de Davos para atacar al feminismo y a la diversidad, lo que provocó la masiva Marcha Federal Antifascista y Antirracista de febrero de 2025. Para nosotras, el ajuste no es una abstracción macroeconómica: es menos asistencia a víctimas de violencia, menos políticas de cuidado y más trabajo no remunerado sobre las mismas espaldas.

Evita lo entendió antes que nadie. Fue ella quien impulsó el voto femenino en 1947 y organizó a las mujeres como sujeto político con voz propia. El feminismo popular argentino, del Ni Una Menos a la Marea Verde, es heredero de esa tradición. No hay 17 de Octubre sin las mujeres en la Plaza.

2027: la lealtad es organizarse

Decirlo con claridad no es una provocación, es una responsabilidad democrática: Milei tiene que perder en 2027. No por revancha, sino porque un proyecto que desprecia la división de poderes, persigue a opositores, insulta a periodistas, ajusta sobre jubilados, universidades y personas con discapacidad, y convierte el odio en programa de gobierno es incompatible con la Argentina que soñaron quienes se movilizaron aquel 17 de octubre.

Pero la derrota del proyecto libertario no vendrá sola. Exige un peronismo que deje atrás sus internas, que escuche a los movimientos sociales, a los sindicatos, a las juventudes y al feminismo, y que vuelva a ofrecer un horizonte de futuro y no solo una defensa del pasado. La lealtad no es nostalgia: es la decisión colectiva de no volver a esperar que otros escriban nuestra historia. Como en 1945, el pueblo tendrá que salir a buscarla.

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