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Legislativo

Interna radical: Juliano gana aliados y presiona al Gobierno en Diputados

La conmoción por la prisión domiciliaria de Cristina Kirchner complica el escenario político.

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El bloque Democracia para Siempre, encabezado por el diputado radical disidente Pablo Juliano, sorprendió al solicitar en soledad una sesión especial para el 2 de julio. En plena parálisis del Congreso, dominada por el impacto político de la prisión domiciliaria de Cristina Fernández de Kirchner, la movida tomó por sorpresa al resto del arco opositor y generó preocupación en la Casa Rosada.

La agenda que propone Juliano incluye temas sensibles de alto contenido social, como la emergencia en el hospital Garrahan, el presupuesto universitario y, especialmente, un proyecto de reforma al régimen de Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU), que pretende facilitar el rechazo legislativo a los decretos presidenciales. Esta última iniciativa incomodó al oficialismo, que comenzó a llamar a gobernadores para bloquear el quórum.

Interna radical y quiebre de alianzas

La decisión de avanzar sin coordinar con Unión por la Patria, ni con socios habituales como Encuentro Federal o la Coalición Cívica, dejó expuesta una jugada de alto riesgo político. Juliano comunicó su intención a los jefes de bloque del llamado “Grupo A”, pero evitó firmar en conjunto. Según fuentes cercanas a la bancada, buscó reafirmar su compromiso con la salud y la educación pública, y diferenciarse de la UCR oficialista, que consideran alineada con el Gobierno.

“En el tema Universidades nos toca a nosotros liderar. A De Loredo ya no le importa ese tema”, afirmaron desde Democracia para Siempre. Como resultado, lograron quebrar el frente radical al sumar las firmas de Julio Cobos, Natalia Sarapura y Mario Barletta, todos legisladores que empezaron a despegarse de la UCR tradicional.

Para Rodrigo De Loredo, jefe de la bancada radical alineada con el oficialismo, el gesto fue interpretado como una provocación directa en medio de una interna que se agrava.

Obstáculos en la carrera hacia el quórum

Para lograr que la sesión prospere, Democracia para Siempre necesita el respaldo de Unión por la Patria, que con 98 bancas representa el bloque más grande de la Cámara. Pero el panorama es incierto. La conmoción por la prisión domiciliaria de Cristina Kirchner y la falta de coordinación con otros espacios mantiene en suspenso la decisión del peronismo, que no confirmó aún su asistencia.

A esto se suma la resistencia de Miguel Pichetto y Encuentro Federal, que cuestionaron la inclusión del proyecto de Juicio por Jurados, al que consideran costoso e inoportuno en una agenda de carácter social. “No salen bien las sesiones con tanto ruido. Hay que dialogar más. También está el tema de Cristina latente y no sé si Unión por la Patria ya está para sesionar”, expresaron desde ese espacio a Noticias Argentinas.

DNU: la línea roja para el oficialismo

El punto más conflictivo para el Gobierno es la iniciativa que reforma el régimen de DNU, que permitiría a una sola de las cámaras del Congreso rechazar un decreto presidencial. Actualmente, se requiere el rechazo de ambas cámaras, lo que en los hechos entorpece el control legislativo sobre el Ejecutivo.

La iniciativa, impulsada por sectores de la oposición, se encuentra dictaminada en comisiones y atrae a Unión por la Patria y Encuentro Federal, pero genera resistencia en gobernadores aliados al oficialismo, que temen tensar aún más la relación con el presidente Javier Milei.

Desde el entorno de Juliano reconocen que el desafío es mayúsculo, pero aseguran que el objetivo es “mostrar quiénes están dispuestos a dar la pelea por la salud y la educación, y quiénes prefieren esquivar el bulto”.

Desregulación

La “Hojarasca” de Sturzenegger: desregulación con ideología y eliminación de leyes que protegen derechos

Bajo el disfraz de modernización, el Gobierno ataca la soberanía informativa y farmacéutica. El proyecto mezcla normas anacrónicas con normas de contenido político para facilitar su aprobación en bloque. Qué es lo que pretende derogar el ministro de Desregulación.

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★ El Gobierno de Javier Milei reingresó al Congreso el proyecto de ley denominado «Hojarasca», una iniciativa del ministro de Modernización y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, que propone derogar decenas de normas vigentes bajo el argumento de que constituyen regulaciones “obsoletas o burocráticas”.

Lo que el oficialismo presenta como una «limpieza» del digesto legislativo esconde, en varios casos concretos, el desmantelamiento de marcos normativos que protegen derechos sociales, culturales y económicos.

El proyecto que perdió estado y vuelve a la carga

El texto ingresó por primera vez en 2024 pero nunca llegó a tratarse en comisión y perdió estado parlamentario. Ahora, en este segundo intento, el Ejecutivo lo relanza con la misma lógica ideológica de origen: reducir la intervención estatal en la economía y en la vida social bajo el principio de que «todo está permitido, salvo lo expresamente prohibido».

La iniciativa propone derogar normas sancionadas entre 1864 y la actualidad, agrupadas en seis categorías: leyes que limitarían la libertad individual, leyes con trámites considerados inútiles, leyes superadas por normativa posterior, leyes obsoletas por cambios tecnológicos, leyes sobre organismos inexistentes y leyes que crean organismos con financiamiento público.

Una lógica ideológica, no técnica

El proyecto no es un ejercicio neutro de higiene legislativa. Es una declaración de principios del ala más dogmática del libertarismo. En sus propios fundamentos, el texto afirma que las regulaciones son producto de «corrientes ideológicas más intervencionistas, predominantes durante el siglo XX» y que el Estado debe regirse por «un principio de máxima libertad y no de máximo control».

Esa premisa no es técnica ni jurídica: es política. Y en función de esa premisa política, el Gobierno decide qué leyes merecen seguir en pie y cuáles no.

Lo que se llama «hojarasca» y no lo es

Entre las normas que el Ejecutivo rotula como «trámites inútiles» aparece la Ley N° 25.750 (2003), que establece que la propiedad de los medios de comunicación debe pertenecer a empresas nacionales y limita la participación del capital extranjero a un máximo del 30% del capital accionario. Derogar esa ley implica abrir la puerta a la extranjerización ilimitada del sistema de medios argentino, con consecuencias directas sobre la soberanía informativa y cultural del país.

También figura como «trámite inútil» la Ley N° 26.688 (2011), que declaró de interés nacional la investigación y producción pública de medicamentos. En el contexto de un Gobierno que ya desmanteló el Fondo de Sustentabilidad y recortó partidas del CONICET y de laboratorios públicos como el Laboratorio Industrial Farmacéutico, eliminar esta ley tiene un significado preciso: despejar el terreno normativo para la privatización de la producción farmacéutica.

Otro caso es la Ley N° 26.227 (2007), que creó el Consejo Federal de la Juventud, presentada como una «ley sobre organismos con financiamiento público que deberían autofinanciarse». El argumento es revelador: si el Estado no debe financiar políticas de juventud, tampoco debe financiar salud, educación ni cultura.

Normas anacrónicas que nadie defiende, y otras que sí importan

El proyecto mezcla, deliberadamente, normas genuinamente anacrónicas con normas de alto contenido político. Nadie discute que la Ley N° 94 (1864), que inhabilita a la autoridad que ordene azotar a una persona, o la Ley N° 21.895 (1978), que autorizó las emisiones de televisión en color, ya no tienen vigencia práctica. Su derogación no genera ningún debate sustantivo.

Pero esas normas funcionan como cobertura de las otras: al mezclarlas en un mismo proyecto, el Gobierno busca que la aprobación del conjunto arrastre también las normas políticamente sensibles. Es una técnica legislativa conocida y cuestionada.

Tampoco resulta inocente la inclusión de la Ley N° 18.312 (1969) sobre papel de diario o la Ley N° 19.787 (1972) sobre difusión musical, enmarcadas como «leyes que afectan libertades». El Gobierno aprovecha normas del período de facto para construir un relato según el cual «el intervencionismo» tiene raíces autoritarias, omitiendo que la mayoría de las regulaciones sociales y económicas que busca desmantelar fueron producto de gobiernos democráticos y de conquistas populares.

El Congreso como obstáculo a sortear

El proyecto vuelve al Congreso en un contexto en que el oficialismo no tiene mayoría propia ni en Diputados ni en el Senado. En 2024, la iniciativa no logró ni siquiera dictamen de comisión. La estrategia del Ejecutivo parece ser instalar el debate para forzar posicionamientos en un año electoral, más que garantizar su aprobación en el corto plazo.

La oposición tendrá que decidir si acepta discutir el proyecto norma por norma, con el riesgo de quedar atrapada en un debate sobre si el «padrinazgo presidencial del séptimo hijo» (Ley N° 20.843) debe o no existir, o si plantea el rechazo global de una iniciativa que, bajo una apariencia de modernización, avanza sobre derechos y soberanía.

Puntos clave:

  • El proyecto «Hojarasca» fue reingresado al Congreso tras perder estado parlamentario en 2024 sin ser tratado.
  • Propone derogar normas sancionadas entre 1864 y la actualidad, agrupadas en seis categorías.
  • Entre las leyes que busca eliminar figura la que limita la extranjerización de medios de comunicación (Ley N° 25.750).
  • También apunta contra la ley que declara de interés nacional la producción pública de medicamentos (Ley N° 26.688).
  • El proyecto mezcla normas anacrónicas con normas de contenido político para facilitar su aprobación en bloque.

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