Política 📢
Cafiero admitió que el FdT atraviesa un «momento crítico» y llamó a la unidad
El Canciller advertir que las «transformaciones» necesarias para «modificar la realidad productiva, laboral y social» del país «requieren de la unidad de la coalición».
El canciller Santiago Cafiero consideró que las «diferencias» en el Frente de Todos (FdT) en torno a la votación del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) en el Congreso no deben llevar a una «ruptura», al advertir que las «transformaciones» necesarias para «modificar la realidad productiva, laboral y social» del país «requieren de la unidad de la coalición».
En una nota de opinión publicada hoy en el sitio El Cohete a la Luna, y titulada «Nos une la patria», Cafiero señaló que un eventual «quiebre» de la alianza de Gobierno también «implicaría un divorcio muy grande de nuestra fuerza política», en referencia al peronismo, con la «realidad que hoy viven los habitantes de nuestro país».
«Cuando más se necesita la unidad, cuando empezamos a ver los resultados concretos en materia de recuperación económica y del empleo en todos los indicadores disponibles, cuando atravesamos el desafío de un shock de precios internacionales sobre una inflación ya muy elevada y sabiendo todo lo que falta para que el vivir cotidiano deje de ser un padecimiento para muchos compatriotas, el peronismo no puede darse por vencido en la representación y protección de los intereses, de las conquistas y de los derechos del campo nacional y popular», planteó el exjefe de Gabinete.
En su artículo, Cafiero repasó que «el pueblo argentino dejó atrás, con madurez y en paz, el fallido gobierno del Presidente Mauricio Macri. 99 días más tarde, ese mismo pueblo desplegó un enorme esfuerzo, patriótico, para atravesar uno de los mayores y más duros desafíos en generaciones, la pandemia de coronavirus. Sin haber superado del todo esa escena, aunque ya con la posibilidad de circular con cierto grado de normalidad como consecuencia del extensivo y efectivo proceso de vacunación, nuestro país enfrenta -como el mundo todo- los múltiples efectos, todos ellos negativos, de una guerra en Europa».
Cafiero destacó que el presidente Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner «optaron, en cada uno de esos momentos, por priorizar los intereses del pueblo argentino» y «en conjunto impulsaron la unidad política para derrotar la experiencia neoliberal macrista, dispusieron luego las medidas de cuidado de la salud y de los ingresos que protegieran a todos y cada uno de los habitantes y a las empresas, evitando el colapso del sistema de salud».
En relación a la invasión de Rusia a Ucrania, señaló que «en las nuevas circunstancias que la guerra nos presenta, la coalición de Gobierno avanza adoptando las acciones necesarias para que el impacto del aumento de los precios internacionales (en la energía y los alimentos, fundamentalmente), y la disrupción de la logística de las mercancías, no afecten la potente recuperación de la producción y el trabajo que se observa en la Argentina».
«En la Argentina, con su derrotero particular, el proceso de endeudamiento, producto del modelo de valorización financiera llevado adelante por el gobierno de Cambiemos, desembocó en una crisis de balanza de pagos y un retorno al FMI», sostuvo Cafiero sobre la administración de Macri.
En ese marco, completó: «A nuestro Gobierno le tocó hacerse cargo de esa realidad. Con 54% de inflación y 35% de pobreza, una caída del PIB per cápita en torno al 7% y una retracción notoria del consumo y la inversión. Deuda doméstica ‘reperfilada’, deuda con bonistas extranjeros impagable y el préstamo más grande de la historia, no solo de la Argentina, sino del FMI».
En esa línea, indicó que «el acuerdo con el FMI que esta semana se trató en el Congreso tiene la intención de generar un tiempo, un impasse en el cronograma de pagos, para que la Argentina crezca y avance con la política industrial que ya ha dado buenos resultados pero que, sin dudas, debemos profundizar para ir aflojando el estrangulamiento de nuestro sector externo y, al mismo tiempo, dar cuenta de todo lo que falta para que todas las familias puedan vivir dignamente en nuestro país».
«Se trata de un acuerdo con el FMI, nada para festejar como hemos dicho en múltiples ocasiones. Pero se trata también de un acuerdo que contiene algunas novedades importantes respecto del diagnóstico sobre los problemas de la economía argentina y de las políticas para su solución», aclaró.
Al respecto, expresó que «hubiese sido mucho mejor que nuestro espacio político votara unido» en el Congreso, aunque, insistió, «estas diferencias en el seno de nuestra coalición bajo ningún aspecto deben transformarse en una ruptura del espacio político».
Para Cafiero, «las transformaciones que necesitamos para modificar la realidad productiva, laboral y social de nuestro país requieren de la unidad de la coalición, del trabajo y las ideas de todos los compañeros que constituimos este espacio político».
Cafiero subrayó que «un momento histórico y global como el que mencioné no puede ver al peronismo con sus energías puestas en la interna. Necesitamos esas energías para avanzar con la agenda de la transformación».
«Atravesar este presente de tensiones internas y externas implica mirar a los ojos a la sociedad, abandonando los reclamos que unos tengamos sobre otros. Quienes abrazamos el movimiento político más importante de la Argentina, e incluso de América Latina, nos sentimos interpelados por la adversidad y su impacto material y cotidiano sobre el pueblo argentino», puntualizó.
Elecciones
¿Qué significa ser leales?: el pueblo vuelve a salir a buscar su propia historia
A 81 años de la jornada que parió al peronismo, el Día de la Lealtad llega con Cristina presa, un Gobierno que desprecia al Congreso y a la Justicia, y un feminismo que eligió la Ciudad de Buenos Aires para su Encuentro de 2027. La lealtad hoy tiene un nombre: organizarse para que Milei pierda.
El 17 de octubre de 1945, miles de trabajadores y trabajadoras cruzaron el Riachuelo, se lavaron los pies en las fuentes de la Plaza de Mayo y torcieron el rumbo de un país que hasta entonces decidía sin ellos.
No esperaron que nadie les concediera nada. Ese día el pueblo dejó de esperar y salió a buscar su propia historia. Ochenta y un años después, la fecha vuelve a interpelarnos con una pregunta urgente: qué significa ser leales cuando la democracia, los derechos y la propia identidad popular están bajo ataque.

Este Día de la Lealtad no es uno más. Llega con Cristina Fernández de Kirchner, dos veces presidenta de la Nación, cumpliendo prisión domiciliaria tras una condena que representa el fruto más acabado del lawfare de Comodoro Py; con un Gobierno nacional que gobierna por decreto y desprecia la división de poderes; y a menos de un año de unas elecciones presidenciales que definirán si la Argentina sigue por el camino del ajuste, el odio y la crueldad, o si recupera un horizonte de justicia social.
Una lealtad que se conjuga en presente
Este sábado, en el Polideportivo Juan Domingo Perón de González Catán, en La Matanza, el gobernador bonaerense Axel Kicillof encabezó el acto central del PJ provincial junto a la vicegobernadora Verónica Magario y el intendente Fernando Espinoza. “Acá estamos, querían callarnos y acá estamos, recordando a Evita y Perón en La Matanza, que es la capital del peronismo”, dijo ante la multitud.
El gobernador recordó que aquella gesta “le dio voz a los que no tenían voz, les dio derechos y participación política a los que estaban marginados y excluidos”, sostuvo que Cristina “está injustamente presa por defender nuestras banderas” y planteó el desafío que atraviesa a todo el campo popular: “La lealtad con el pueblo es construir una alternativa que el año que viene termine con esta pesadilla que nos gobierna”. También dejó una definición que debería ordenar el debate de los próximos meses: “Sin justicia social no hay libertad verdadera: hay privilegios, hay explotación y desigualdad. Eso no es libertad”.
Un Gobierno que no respeta la democracia
Desde el primer día, Javier Milei eligió gobernar contra las instituciones. Inauguró su gestión con el DNU 70/2023, un megadecreto que pretendió derogar y modificar centenares de normas sin pasar por el Congreso.
Intentó designar por decreto a dos jueces de la Corte Suprema, Ariel Lijo y Manuel García Mansilla, salteando el acuerdo del Senado, que finalmente rechazó ambos pliegos en abril de 2025.
Vetó la ley de financiamiento universitario y la emergencia en discapacidad, y obligó al Poder Legislativo a insistir con dos tercios para defender lo que la sociedad ya había defendido en las calles.
Llamó al Congreso “nido de ratas” y llegó a decir que “no odiamos lo suficiente a los periodistas”.
No se trata de exabruptos aislados, sino de un método: degradar a los otros poderes para concentrar el poder en uno solo. Cuando un presidente trata al Parlamento como un estorbo, a la Justicia como una herramienta y a la prensa crítica como un enemigo, lo que está en juego no es una gestión de gobierno, sino la propia arquitectura republicana que tanto dicen defender quienes lo votaron por odio al peronismo.


El odio como herramienta, el antiperonismo como tradición
El antiperonismo no nació con Milei. Tiene una genealogía sangrienta: el bombardeo a la Plaza de Mayo en junio de 1955, el golpe de septiembre de ese año, el decreto 4161 de 1956 que prohibió siquiera pronunciar el nombre de Perón y dieciocho años de proscripción del movimiento mayoritario del país. Cada vez que las élites no pudieron derrotar al peronismo en las urnas, intentaron borrarlo por la fuerza, por decreto o por los tribunales.
Lo nuevo es la escala y el tono. El discurso libertario convirtió el odio en política de Estado: contra los “kukas”, contra los “zurdos”, contra las feministas, contra la diversidad, contra los trabajadores estatales y los jubilados que reclaman. Ese clima no es inocuo. En septiembre de 2022, Cristina sobrevivió a un intento de asesinato frente a su casa, porque el arma no se disparó. Las palabras que deshumanizan preparan el terreno para la violencia que mata, y una democracia que naturaliza el odio termina pagando ese precio.
Las mujeres y disidencias van al centro del poder
Hace apenas cinco días, el 12 de octubre, terminó en Córdoba el 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries, con más de 150.000 participantes y un centenar de talleres. En el acto de cierre, por decisión unánime, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires fue elegida como sede del 40° Encuentro en 2027. No es un dato menor: el primer Encuentro Nacional de Mujeres se realizó en esa misma ciudad en 1986. Cuatro décadas después, el feminismo vuelve al lugar donde nació, en pleno año electoral, para hacerse oír frente a la Casa Rosada.
La ministra de Mujeres bonaerense, Estela Díaz, lo resumió así: “Es una demostración de que se puede convivir en un espacio con sectores con los que se tienen muchísimas diferencias, construyendo una fuerza para confrontar electoralmente en el 2027”. Esa es exactamente la lección que el campo popular necesita aprender: la unidad en la diversidad no es una consigna, es una condición para ganar.
Las razones para movilizarse sobran. Este Gobierno desmanteló el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, su ministro de Justicia anunció la intención de eliminar la figura de femicidio del Código Penal y el propio Presidente utilizó el escenario de Davos para atacar al feminismo y a la diversidad, lo que provocó la masiva Marcha Federal Antifascista y Antirracista de febrero de 2025. Para nosotras, el ajuste no es una abstracción macroeconómica: es menos asistencia a víctimas de violencia, menos políticas de cuidado y más trabajo no remunerado sobre las mismas espaldas.
Evita lo entendió antes que nadie. Fue ella quien impulsó el voto femenino en 1947 y organizó a las mujeres como sujeto político con voz propia. El feminismo popular argentino, del Ni Una Menos a la Marea Verde, es heredero de esa tradición. No hay 17 de Octubre sin las mujeres en la Plaza.
2027: la lealtad es organizarse
Decirlo con claridad no es una provocación, es una responsabilidad democrática: Milei tiene que perder en 2027. No por revancha, sino porque un proyecto que desprecia la división de poderes, persigue a opositores, insulta a periodistas, ajusta sobre jubilados, universidades y personas con discapacidad, y convierte el odio en programa de gobierno es incompatible con la Argentina que soñaron quienes se movilizaron aquel 17 de octubre.
Pero la derrota del proyecto libertario no vendrá sola. Exige un peronismo que deje atrás sus internas, que escuche a los movimientos sociales, a los sindicatos, a las juventudes y al feminismo, y que vuelva a ofrecer un horizonte de futuro y no solo una defensa del pasado. La lealtad no es nostalgia: es la decisión colectiva de no volver a esperar que otros escriban nuestra historia. Como en 1945, el pueblo tendrá que salir a buscarla.
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