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“El mal existe y debe ser sometido por la fuerza”: Milei reivindicó la represión y negó los crímenes de la dictadura en el acto por San Martín
En la ceremonia por el 176° aniversario de la muerte del Libertador, el presidente ensayó un discurso negacionista sobre las violaciones a los derechos humanos cometidas por las Fuerzas Armadas durante la última dictadura cívico-militar, ponderó el rol represivo de las fuerzas de seguridad y llamó a «someter por la fuerza» a quienes «eligen el mal», sin mencionar las reiteradas represiones a jubilados y organizaciones sociales que ocurren cada miércoles bajo su propio gobierno.
Javier Milei encabezó este lunes el acto oficial por el 176° aniversario del paso a la inmortalidad del General José de San Martín en el Monumento al Libertador de la Plaza San Martín, en el barrio porteño de Retiro. Junto a él, la cúpula de su gabinete y el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri. Lo que comenzó como una ceremonia de homenaje al prócer fundacional de la Nación derivó en uno de los discursos más reveladores, y más inquietantes, de su gestión.
Negacionismo en el Monumento al Libertador
El punto más grave del discurso presidencial fue el que pasó más inadvertido en la cobertura oficial. Milei aseguró que el «instrumento militar» del país «fue demonizado y desfinanciado por demasiado tiempo» y afirmó que ese «camino fue equivocado». La declaración, pronunciada frente a la plana mayor de las Fuerzas Armadas, no contiene ningún matiz ni contexto: borra de un plumazo los 30.000 detenidos desaparecidos, los vuelos de la muerte, los centros clandestinos de detención y los bebés robados que motivaron precisamente ese proceso de revisión crítica sobre el rol militar. Los juicios por crímenes de lesa humanidad, que continúan siendo sustanciados en los tribunales federales de todo el país, no merecieron ni una mención.
En ese mismo marco, el presidente reclamó «unas Fuerzas Armadas equipadas y bien formadas», en sintonía con la política de rearmado y rejerarquización castrense que su gobierno viene impulsando desde el primer día de gestión, incluyendo decretos de aumento salarial diferencial para las fuerzas y la firma de acuerdos de cooperación militar con los Estados Unidos.
«El mal existe y debe ser sometido por la fuerza»
Hacia el cierre de su alocución, Milei pronunció la frase que sintetiza su visión sobre el orden público: «Un pueblo libre también requiere de fuerzas de seguridad capacitadas y provistas de las herramientas necesarias para proteger lo más preciado que tenemos, pues el mal existe y quienes eligen ese camino deben ser sometidos por la fuerza.» La formulación no es casual ni inocente: coloca a las fuerzas de seguridad como árbitras del bien y el mal, y habilita la fuerza como respuesta legítima ante cualquier conducta que el poder de turno clasifique como transgresora.
El presidente completó ese razonamiento con una equiparación que merece ser leída con atención: «El ladrón es también un tirano del prójimo y defender la libertad de Argentina es oponerse con toda la fuerza pública a los criminales.» En un gobierno que ha aplicado gases lacrimógenos, balas de goma y detenciones a jubilados que reclaman por sus haberes frente al Congreso, la retórica sobre «criminales» y «fuerza pública» adquiere un significado político concreto y documentado.
El silencio sobre los miércoles de represión
Milei no hizo ninguna referencia a las represiones sistemáticas que las fuerzas de seguridad llevan a cabo cada miércoles frente al Congreso Nacional, donde jubilados, pensionados y organizaciones sociales protestan por el ajuste previsional y la destrucción del poder adquisitivo de sus haberes. Esos episodios, documentados semana a semana con imágenes de personas mayores siendo derribadas por policías con escudos, forman parte del registro público y periodístico de su gestión. Pedir más capacitación y herramientas para las fuerzas de seguridad, mientras esas mismas fuerzas reprimen a jubilados, configura una contradicción que el discurso presidencial ni siquiera intenta resolver.
La «batalla cultural» como sustituto de la política económica
En el único pasaje en que Milei reconoció la existencia de malestar social, lo hizo para instrumentalizarlo políticamente. «Internamente, la libertad para sobrevivir requiere de un pueblo próspero y pujante, pues los intentos de los tiranos de turno de sofocar la llama de la libertad siempre se apoyan en el descontento y la pobreza para romper con el orden», sostuvo. El reconocimiento implícito de que su gobierno no resolvió la pobreza ni el descontento no derivó en ningún anuncio de medidas concretas. Milei convocó, en cambio, a «dar la batalla cultural para explicar, una y otra vez, cómo esta prosperidad está basada y depende de los valores que nos hicieron grandes.»
También dejó en claro que para su visión política la necesidad económica del trabajador o del Estado no justifica ningún tipo de reclamo redistributivo: «Ellos nos quieren hacer creer que el pecado es justo y la justicia es pecado, y que el robo está justificado si es por un supuesto bien superior, sea este la necesidad económica del pobre o la necesidad fiscal del Estado.» En esa lógica, cualquier reclamo social queda subsumido en la categoría de amenaza a la libertad, habilitando la respuesta represiva que el propio discurso reivindicó minutos después.
Geopolítica, fronteras y el silencio sobre Huawei
El presidente también anunció la necesidad de «retomar la protección de nuestras fronteras, de elegir bien nuestras alianzas geopolíticas, de luchar contra todas las formas de terrorismo y de pararnos siempre del lado de la democracia.» Las palabras llegaron en un momento en que Milei mantiene un llamativo silencio sobre las presiones ejercidas por funcionarios de la Embajada de los Estados Unidos en la Argentina para que una cooperativa neuquina deje de contratar servicios de la empresa china Huawei, una señal que compromete la soberanía tecnológica y las capacidades industriales del país. El «buen posicionamiento geopolítico» que pregona el discurso y la subordinación a los intereses norteamericanos en materia de telecomunicaciones plantean, al menos, una pregunta incómoda.
Puntos clave
- Milei afirmó que las Fuerzas Armadas fueron «demonizadas» por «demasiado tiempo», sin mencionar los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico-militar.
- Llamó a «someter por la fuerza» a quienes «eligen el mal», en un discurso que pondera la represión como herramienta de gobierno.
- No hizo ninguna referencia a las represiones semanales a jubilados frente al Congreso, documentadas a lo largo de toda su gestión.
- Presentó la «batalla cultural» como respuesta al descontento social, sin anunciar medidas económicas concretas para revertir la pobreza y la caída del poder adquisitivo.
- Guardó silencio sobre las presiones de la Embajada de Estados Unidos contra la contratación de Huawei por parte de una cooperativa neuquina.
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Aberrante: el ministro israelí Ben Gvir propuso matar entre 30 y 40 palestinos por noche en Gaza
El ministro de Seguridad Nacional israelí, Itamar Ben Gvir, llamó públicamente al asesinato sistemático de palestinos en un podcast y sostuvo que los habitantes de Gaza «ni siquiera son personas». Sus declaraciones se suman a otras ya presentadas ante la Corte Internacional de Justicia como evidencia de intención genocida.
El ministro de Seguridad Nacional de Israel, Itamar Ben Gvir, propuso públicamente que fuerzas israelíes lleven adelante «asesinatos selectivos» de entre 30 y 40 palestinos cada noche en Gaza. Las declaraciones fueron realizadas en el podcast «8 de octubre», conducido por Rom Braslavski, ex rehén de Hamas y la Yihad Islámica, y encendieron la alarma internacional por su carácter explícitamente eliminacionista.
«Creo que deberían llevarse a cabo asesinatos selectivos en Gaza, eliminando entre 30 y 40 personas cada noche», afirmó Ben Gvir. Y agregó, sin ambages: «Hay personas allí que no merecen vivir. No deberían vivir. Ni siquiera son personas.» El funcionario aclaró que su propuesta no se limitaría a quienes representen «una amenaza inmediata», lo que amplía el blanco a la población civil en general.
Un ministro de ultraderecha con historia de extremismo
Ben Gvir integra el gobierno ultraderechista de Benjamín Netanyahu desde 2022. Su trayectoria política está atravesada por el extremismo: fue miembro del movimiento Kach, fundado por el rabino Meir Kahane en la década de 1970, que propugnaba la expulsión masiva de la población árabe de Israel y la imposición de una teocracia basada en la ley judía ortodoxa. Ese movimiento fue declarado organización terrorista por el propio Estado de Israel, y la pertenencia de Ben Gvir al grupo le valió quedar excluido del servicio militar obligatorio.
Pese a ese pasado, Ben Gvir escaló hasta controlar la cartera de Seguridad Nacional, que tiene bajo su órbita a la Policía nacional israelí y el sistema carcelario, donde numerosas organizaciones de derechos humanos denuncian casos sistemáticos de tortura contra detenidos palestinos, tanto de Cisjordania como de Gaza.
Declaraciones que llegan a La Haya como prueba de genocidio
Las expresiones de Ben Gvir no son un episodio aislado. Se enmarcan en una serie de posicionamientos racistas y eliminacionistas de funcionarios israelíes que ya fueron presentados ante la Corte Internacional de Justicia de las Naciones Unidas como evidencia de lo que organismos internacionales califican como «intención genocida». La causa fue iniciada por Sudáfrica y tiene como objeto determinar si Israel está violando la Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio en la Franja de Gaza.
Además de sus posturas eliminacionistas, Ben Gvir es uno de los colonos israelíes que reside en la Cisjordania ocupada, desde donde construyó su carrera política exigiendo la «migración masiva de palestinos» en Gaza para instalar asentamientos judíos en la Franja. «Considero que toda Gaza es nuestra. Deberíamos tener asentamientos no solo en Gush Katif, sino en toda Gaza, fomentando la mayor emigración posible, enviándolos a sus países de origen, y para los terroristas, nada de emigración, simplemente matarlos uno por uno», declaró.
Oposición interna a la «pausa» en Gaza y provocaciones internacionales
Dentro del propio gobierno de Netanyahu, Ben Gvir es uno de los funcionarios que se expresó abiertamente en contra de la reducción de los ataques en Gaza impulsada como parte del «plan de paz» del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Su posición extrema tensiona incluso la frágil coalición interna del gobierno israelí.
Uno de sus últimos gestos de provocación internacional fue la difusión de un video en que aparecía sonriente, ondeando una bandera israelí, mientras los activistas de la Flotilla Global Sumud, detenidos en Israel, permanecían esposados, hacinados y arrodillados en el suelo. El episodio generó repudio en múltiples países y fue denunciado como una flagrante violación del derecho internacional humanitario.
Armas para civiles y un ministerio bajo sospecha
Desde que asumió la cartera de Seguridad Nacional, Ben Gvir implementó una política de ampliación masiva del acceso civil a armas de fuego. Bajo su gestión, las licencias de armas para ciudadanos israelíes aumentaron un 126 por ciento, una decisión que especialistas en seguridad y organismos de derechos humanos critican como una militarización de la sociedad civil en un contexto de escalada bélica.
El conjunto de sus acciones, declaraciones y posicionamientos configura un patrón que va mucho más allá de la retórica electoral. Ben Gvir es la cara más visible de un ala del gobierno israelí que no solo respalda la ofensiva en Gaza sino que impulsa su radicalización, desafiando abiertamente los límites del derecho internacional y los pronunciamientos de los organismos multilaterales.
Puntos clave
- Ben Gvir propuso públicamente «asesinatos selectivos» de entre 30 y 40 palestinos por noche en Gaza, aclarando que no se limitarían a combatientes.
- Sus declaraciones se suman a otras ya presentadas ante la Corte Internacional de Justicia como evidencia de intención genocida por parte de funcionarios israelíes.
- Ben Gvir fue miembro de Kach, movimiento declarado terrorista por Israel, lo que le impidió cumplir el servicio militar obligatorio.
- Desde su llegada al gobierno, las licencias de armas para civiles israelíes aumentaron un 126 por ciento.
- El ministro difundió un video humillando a activistas humanitarios de la Flotilla Global Sumud mientras permanecían detenidos y esposados.
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