Gremiales
ATE le exige un examen médico a Milei para saber si está apto para gobernar
El secretario general de ATE, Rodolfo Aguiar, reclamó públicamente que el presidente Javier Milei sea sometido a un examen psicofísico obligatorio, igual al que se exige a los trabajadores del Estado al ingresar. La iniciativa suma peso político: en julio, la propia vicepresidenta Victoria Villarruel había expresado su «genuina preocupación» por el estado del mandatario.
Una deuda de 840.000 dólares que no puede justificar, refacciones de lujo pagadas en efectivo sin declarar, viajes familiares financiados con recursos públicos: mientras el Estado argentino obliga a sus empleados a someterse a exámenes preocupacionales para ingresar a trabajar, nadie controló si el hombre que encabeza esa administración está en condiciones de hacerlo. Eso, según el secretario general de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), Rodolfo Aguiar, es una contradicción que ya no puede sostenerse.
Aguiar formalizó el reclamo a través de su cuenta verificada en la red social X, donde planteó que el gremio pedirá que Javier Milei sea sometido a un examen médico psicofísico para determinar si se encuentra «apto para ejercer tan alta función». El secretario general de ATE argumentó que la salud del presidente «no es exclusivamente privada cuando la misma está vinculada a la capacidad para ejercer su cargo» y consideró «inaceptable» que se exija ese requisito a los trabajadores públicos pero no a quien los dirige.
«Acá se controla a los trabajadores y no a quienes los tienen que dirigir»
El dirigente gremial fue explícito respecto de sus motivos. Sin rodeos, sostuvo que «los desequilibrios del presidente son muy evidentes» y que no hace falta ser profesional de la medicina para advertirlos. En su publicación, Aguiar aclaró que la iniciativa no busca acceder a información médica privada ni a datos sensibles: «solamente conocer si se encuentra apto para ejercer tan alta función». Y advirtió que, si no lo fuera, «las consecuencias jurídicas serían gravísimas y la mayoría de sus actos debieran ser declarados nulos».
La asimetría que denuncia Aguiar tiene base normativa concreta: los agentes del Estado nacional deben acreditar aptitud psicofísica al momento del ingreso, un requisito contemplado en el régimen de empleo público. Sin embargo, no existe en la legislación argentina ninguna disposición equivalente para los cargos electivos, incluyendo la presidencia de la Nación. «Acá se controla a los trabajadores y no a quienes los tienen que dirigir. Es una joda», sintetizó el sindicalista.
Una propuesta legislativa para el futuro
Más allá del caso concreto de Milei, Aguiar anunció que ATE impulsará una iniciativa legal para que los exámenes psicofísicos sean obligatorios para todos los cargos electivos a partir de 2027. «Esta presidencia de Milei nos enseñó que la psicosis y el delirio de un candidato en la campaña se pueden camuflar», advirtió, y concluyó: «No nos puede volver a pasar».
El planteo no es una novedad absoluta en el debate político argentino. La cuestión de la salud presidencial ya había emergido con fuerza el pasado 30 de julio, cuando la propia vicepresidenta Victoria Villarruel publicó en su cuenta de X que le preocupaba «profundamente» que el presidente replicara «insensateces e inventos». «Tengo genuina preocupación por su estado y por las persecuciones imaginarias que replica en Argentina y el exterior», escribió Villarruel en una declaración que generó un impacto político de primera magnitud, por tratarse de la compañera de fórmula del propio mandatario.
Un gobierno bajo sospecha en múltiples frentes
El reclamo de ATE se inscribe en un escenario de acumulación de cuestionamientos institucionales y judiciales que rodean a la gestión libertaria. El Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, enfrenta una investigación por enriquecimiento ilícito con un patrimonio bajo sospecha que supera los 840.000 dólares; su esposa es investigada por el uso del avión presidencial para viajes privados; y la causa $Libra involucra a funcionarios del entorno presidencial en presuntas irregularidades financieras. En ese contexto, el pedido gremial de controlar la aptitud del propio presidente adquiere una dimensión que trasciende lo sindical y se instala en el corazón del debate sobre la gobernabilidad del país.
La pregunta que dejó planteada Aguiar no es menor: si el Estado puede y debe controlar a sus empleados, ¿por qué no puede controlar a quien los conduce?
Lo que tenés que saber
- ATE anunció que pedirá un examen psicofísico para determinar si Javier Milei está apto para ejercer la presidencia.
- El secretario general Rodolfo Aguiar argumentó que la salud presidencial no es privada cuando afecta la capacidad de gobernar.
- El gremio impulsará una iniciativa legislativa para que los exámenes sean obligatorios para todos los cargos electivos desde 2027.
- La vicepresidenta Victoria Villarruel ya había expresado en julio su «genuina preocupación» por el estado del presidente.
- El reclamo se produce en un contexto de múltiples causas judiciales que involucran a funcionarios del gobierno de Milei.
Análisis
El drama de Granja Tres Arroyos: 500 familias sin trabajo y sin cobrar
La empresa avícola cerró su planta en la localidad bonaerense, adeuda sueldos y aguinaldos y pidió un concurso preventivo de acreedores. «Somos un pueblo al que le cayó una bomba», describieron los trabajadores despedidos, que reclaman respuestas que la patronal nunca dio.
Más de 500 trabajadores y trabajadoras de Capitán Sarmiento perdieron su empleo en las últimas semanas tras el cierre de la planta avícola de Granja Tres Arroyos en esa localidad del norte bonaerense. La empresa acumula deudas salariales que incluyen meses de sueldo sin pagar y aguinaldos pendientes, y recurrió a la Justicia para pedir la apertura de un concurso preventivo de acreedores, el mecanismo legal que antecede a la quiebra y que deja a los trabajadores en una situación de extrema incertidumbre sobre el cobro de sus acreencias.
El impacto de los despidos no se limitó a Capitán Sarmiento. Según describió Andrea Ulere, ex empleada de la empresa, la crisis se extendió a municipios vecinos: alrededor de 100 despidos adicionales se registraron en Arrecifes y otros 100 en San Antonio de Areco, lo que convierte a esta debacle laboral en un golpe colectivo sobre toda la región del norte del conurbano extendido.
«Una bomba en el medio del pueblo»
Ulere describió la situación con una imagen que sintetiza el derrumbe social que vive la localidad. «Somos un pueblo que tiene la sensación hoy de caminar por la calle, que nos ha caído una bomba en el medio y andamos juntando los pedazos de la gente», señaló. «No se puede describir con palabras el dolor que tenemos», agregó.
La ex trabajadora reveló además un detalle que ilustra la dimensión humana de la crisis: «Acá venía el cartero del pueblo con el despido en mano llorando». La imagen del telegrama de despido entregado entre lágrimas en una localidad pequeña habla de un tejido comunitario que la empresa desgarró sin dar explicaciones.
Ulere fue cuidadosa al momento de atribuir responsabilidades, pero contundente: «Más allá del nivel nacional, que todos sabemos que económicamente estamos todos mal, acá hubo una mala gestión de los hijos y sobrinos de Joaquín de Grazia, que hicieron un mal negocio. Los despidos decían que eran por la gripe aviar, el Covid-19, y nosotros en esa época es cuando se trabajó más que nunca».
Veinte años de trabajo, deudas y silencio patronal
Los testimonios de los trabajadores que aún no recibieron su telegrama pero temen recibirlo en cualquier momento son igualmente demoledores. Oscar, con 20 años de antigüedad en la planta, graficó el costo que la prolongada agonía de la empresa tuvo sobre su salud y su dignidad: «La situación me tiene mal. Nos afecta la salud mental. Ya hace un año y medio que vivimos esto. Yo vivo con mis padres. No es lo justo que yo tenga que vivir de ellos».
Nadie de la empresa viene a dar la cara y dar explicaciones, denunció Oscar. «Así nos tuvieron un año y medio. Nos quitaron parte de nuestro salario, nos deben el pago de meses, nos deben vacaciones», enumeró.
Otro trabajador con más de 18 años de antigüedad contó que el deterioro fue progresivo y que los empleados cedieron ante cada exigencia patronal con la esperanza de conservar el puesto: «El conflicto comenzó con un pedido de esfuerzo a los trabajadores y una reducción salarial del 9%. Luego, los pagos comenzaron a realizarse en cuotas. Con tal de seguir trabajando lo aceptamos. Hace tres meses nos pagaban 100 mil por semana«, relató. «Nosotros hemos aportado mucho a la empresa, pero para ellos somos un número más», cuestionó.
Un tercer operario con 16 años en la empresa resumió la angustia cotidiana de quienes todavía no fueron desvinculados pero tampoco cobran: «Todos tenemos chicos, cuentas que pagar, se me vence el alquiler, no tengo plata para alquilar en otro lado. Los servicios los pago como puedo. Si hacés una changa te peleás por los precios. Tuvimos que hacer muchos recortes en salidas y alimentos. Antes alcanzaba la plata. Ahora no alcanza para nada. Tenemos un trabajo fijo pero no cobramos».
La intendenta y el pedido de los trabajadores
Durante las protestas frente a la planta y en la plaza de Capitán Sarmiento, la intendenta local Fernanda Astorino Hurtado se hizo presente para interiorizarse sobre la situación. Habló de un «mal manejo empresarial», lo que coincide con el diagnóstico de los propios trabajadores, aunque para estos últimos la presencia política no alcanza si no se traduce en acciones concretas.
Ulere fue directa al respecto: «Todo sirve, nosotros estamos desorientados y lo que queremos es que esto no se apague, que ella luche por nosotros para que no se apague. Porque donde dejen de hablar de nosotros, todo va a terminar en la nada. A los políticos para que se muevan, porque ¿quién nos va a salvar a nosotros?».
La pregunta resuena con fuerza en un contexto nacional en el que el gobierno de Javier Milei ha reducido el gasto en programas sociales en más de un 60% y donde la desregulación del mercado laboral, impulsada por la misma gestión, dejó a miles de trabajadores sin las redes de contención que el Estado podía ofrecer. El drama de Capitán Sarmiento no es una excepción: es el retrato de lo que ocurre cuando una empresa quiebra y el Estado se hace a un lado.
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