Opinión
La Unidad
Por Santiago González Casares.
Por Santiago González Casares
@Filosofopueblo X
Al maestro Enrique y a los hinchas, Semper fidelis
Creo que, si finalmente la máquina termina ocupando el lugar del ser humano como fundamento de la realidad, no será un proceso doloroso, conflictivo, ni violento, sino que será algo de lo más apacible, hasta podría decir placentero. No habrá casi indicios de que ha efectivamente ocurrido, será sin duda algo sutil y sin dolor. Quizás sea solo durante este momento específico en el que escribo que pueda pensar algo así; el resto del tiempo, la máquina resuelve en mi lugar la mayoría de mis interacciones sociales. Pienso que quizás ya estamos adentro, sin saberlo, sin sospecharlo siquiera. Hete aquí entonces el último bastión del escritor (la resistance, J’accuse!), aunque sea por la duración de estas palabras, me sentiré libre de pensar, de preguntar por lo que realmente pasa, lo que subyace a lo que aparenta. En esta oportunidad, someteremos a nuestro requerimiento el concepto de unidad, tan esquivo y a su vez tan evocado en estos tiempos de recambio, quizás podamos iluminar su promesa y descifrar su dificultad.
En filosofía, la unidad es una de sus primeras palabras, uno de los primeros fundamentos, el primero quizás. En su Metafísica, Aristóteles distingue entre dos tipos de unidad, unidad por accidente y unidad por esencia. En el ejemplo de Coriscus, el músico, el pensador griego identifica a ambas nociones como accidentes, pues ambos lo son de la misma naturaleza. Coriscus es el nombre del músico, así como ser músico es la cualidad de ser de Coriscus. Ambos dos son accidentes de este ente a quien llamamos Coriscus y ocurre que además es músico. De la misma manera podemos pensar que significa la unidad en cuanto accidente cuando se trata de una entidad colectiva, llámese en este caso, pueblo argentino. Ambas nociones, califican el accidente de dicha entidad, una lo define como pueblo y otra como argentino. Ambas son definiciones accidentales de lo que implica la unidad, en este caso, la de un pueblo y su identidad mas profunda, su argentinidad. Y claro, que mejor manera de pensar lo político sino a través de su coyuntura accidental. La política se sabe, siempre debe ser pensada según las circunstancias, según su disposición espacio-temporal.

Pero Uds. me dirán que la argentinidad de nuestro pueblo es una característica esencial del ente colectivo, y puede que tengan razón, puede que quizás el ser argentino sea la identidad ultima de nuestro pueblo. Sin embargo, la unidad esencial del pueblo es lo que lo identifica y continua en el tiempo, lo esencial es continuidad e identidad. ¿Qué es entonces lo que continua siempre en nuestro pueblo? ¿Lo que permanece? Ese principio primero que define al pueblo es la comunidad, un pueblo se organiza primero a través de lo que le es común, lo que comparte y a partir de lo cual se organiza en solidaridad. Para decirlo sencillamente, nos juntamos con la familia, los amigos, para compartir eso que nos une, lo común, la unidad indivisible de lo popular.
Es a través de la comunidad, la unidad de lo común, que se debe pensar la posibilidad de una unidad nacional. Esa unidad debe estar compuesta de lo que tenemos en común, lo que nos identifica y nos define, la unidad esencial de quienes somos como patria. Lo común es la esencia de lo nacional, constituye el núcleo de lo popular. Lo común es lo que puede lograr la unidad de concepción, una unidad doctrinaria (identidad) que exprese las costumbres y necesidades de la comunidad. Esta que luego pueda convertirse en unidad de acción (continuidad) para garantizar que los esfuerzos del pueblo se orienten hacia su felicidad (Perón). El pueblo se hace desde lo común y la unidad de la nación se teje desde la cooperación que compartimos día a día, lo que se nutre en cercanía.
Las opiniones expresadas en la presente nota de opinión y/o análisis son las de los autores. No pretenden reflejar las opiniones de El Argentino Diario o de sus integrantes. Las denominaciones empleadas en la misma y la forma en que aparecen presentados los datos que contiene no implican, de parte de El Argentino Diario juicio alguno sobre la información y/o datos y/o valoraciones aquí expuestas.
Elecciones
¿Qué significa ser leales?: el pueblo vuelve a salir a buscar su propia historia
A 81 años de la jornada que parió al peronismo, el Día de la Lealtad llega con Cristina presa, un Gobierno que desprecia al Congreso y a la Justicia, y un feminismo que eligió la Ciudad de Buenos Aires para su Encuentro de 2027. La lealtad hoy tiene un nombre: organizarse para que Milei pierda.
El 17 de octubre de 1945, miles de trabajadores y trabajadoras cruzaron el Riachuelo, se lavaron los pies en las fuentes de la Plaza de Mayo y torcieron el rumbo de un país que hasta entonces decidía sin ellos.
No esperaron que nadie les concediera nada. Ese día el pueblo dejó de esperar y salió a buscar su propia historia. Ochenta y un años después, la fecha vuelve a interpelarnos con una pregunta urgente: qué significa ser leales cuando la democracia, los derechos y la propia identidad popular están bajo ataque.

Este Día de la Lealtad no es uno más. Llega con Cristina Fernández de Kirchner, dos veces presidenta de la Nación, cumpliendo prisión domiciliaria tras una condena que representa el fruto más acabado del lawfare de Comodoro Py; con un Gobierno nacional que gobierna por decreto y desprecia la división de poderes; y a menos de un año de unas elecciones presidenciales que definirán si la Argentina sigue por el camino del ajuste, el odio y la crueldad, o si recupera un horizonte de justicia social.
Una lealtad que se conjuga en presente
Este sábado, en el Polideportivo Juan Domingo Perón de González Catán, en La Matanza, el gobernador bonaerense Axel Kicillof encabezó el acto central del PJ provincial junto a la vicegobernadora Verónica Magario y el intendente Fernando Espinoza. “Acá estamos, querían callarnos y acá estamos, recordando a Evita y Perón en La Matanza, que es la capital del peronismo”, dijo ante la multitud.
El gobernador recordó que aquella gesta “le dio voz a los que no tenían voz, les dio derechos y participación política a los que estaban marginados y excluidos”, sostuvo que Cristina “está injustamente presa por defender nuestras banderas” y planteó el desafío que atraviesa a todo el campo popular: “La lealtad con el pueblo es construir una alternativa que el año que viene termine con esta pesadilla que nos gobierna”. También dejó una definición que debería ordenar el debate de los próximos meses: “Sin justicia social no hay libertad verdadera: hay privilegios, hay explotación y desigualdad. Eso no es libertad”.
Un Gobierno que no respeta la democracia
Desde el primer día, Javier Milei eligió gobernar contra las instituciones. Inauguró su gestión con el DNU 70/2023, un megadecreto que pretendió derogar y modificar centenares de normas sin pasar por el Congreso.

Intentó designar por decreto a dos jueces de la Corte Suprema, Ariel Lijo y Manuel García Mansilla, salteando el acuerdo del Senado, que finalmente rechazó ambos pliegos en abril de 2025.
Vetó la ley de financiamiento universitario y la emergencia en discapacidad, y obligó al Poder Legislativo a insistir con dos tercios para defender lo que la sociedad ya había defendido en las calles.
Llamó al Congreso “nido de ratas” y llegó a decir que “no odiamos lo suficiente a los periodistas”.
No se trata de exabruptos aislados, sino de un método: degradar a los otros poderes para concentrar el poder en uno solo. Cuando un presidente trata al Parlamento como un estorbo, a la Justicia como una herramienta y a la prensa crítica como un enemigo, lo que está en juego no es una gestión de gobierno, sino la propia arquitectura republicana que tanto dicen defender quienes lo votaron por odio al peronismo.


El odio como herramienta, el antiperonismo como tradición
El antiperonismo no nació con Milei. Tiene una genealogía sangrienta: el bombardeo a la Plaza de Mayo en junio de 1955, el golpe de septiembre de ese año, el decreto 4161 de 1956 que prohibió siquiera pronunciar el nombre de Perón y dieciocho años de proscripción del movimiento mayoritario del país. Cada vez que las élites no pudieron derrotar al peronismo en las urnas, intentaron borrarlo por la fuerza, por decreto o por los tribunales.
Lo nuevo es la escala y el tono. El discurso libertario convirtió el odio en política de Estado: contra los “kukas”, contra los “zurdos”, contra las feministas, contra la diversidad, contra los trabajadores estatales y los jubilados que reclaman. Ese clima no es inocuo. En septiembre de 2022, Cristina sobrevivió a un intento de asesinato frente a su casa, porque el arma no se disparó. Las palabras que deshumanizan preparan el terreno para la violencia que mata, y una democracia que naturaliza el odio termina pagando ese precio.
Las mujeres y disidencias van al centro del poder
Hace apenas cinco días, el 12 de octubre, terminó en Córdoba el 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries, con más de 150.000 participantes y un centenar de talleres. En el acto de cierre, por decisión unánime, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires fue elegida como sede del 40° Encuentro en 2027. No es un dato menor: el primer Encuentro Nacional de Mujeres se realizó en esa misma ciudad en 1986. Cuatro décadas después, el feminismo vuelve al lugar donde nació, en pleno año electoral, para hacerse oír frente a la Casa Rosada.
La ministra de Mujeres bonaerense, Estela Díaz, lo resumió así: “Es una demostración de que se puede convivir en un espacio con sectores con los que se tienen muchísimas diferencias, construyendo una fuerza para confrontar electoralmente en el 2027”. Esa es exactamente la lección que el campo popular necesita aprender: la unidad en la diversidad no es una consigna, es una condición para ganar.
Las razones para movilizarse sobran. Este Gobierno desmanteló el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, su ministro de Justicia anunció la intención de eliminar la figura de femicidio del Código Penal y el propio Presidente utilizó el escenario de Davos para atacar al feminismo y a la diversidad, lo que provocó la masiva Marcha Federal Antifascista y Antirracista de febrero de 2025. Para nosotras, el ajuste no es una abstracción macroeconómica: es menos asistencia a víctimas de violencia, menos políticas de cuidado y más trabajo no remunerado sobre las mismas espaldas.
Evita lo entendió antes que nadie. Fue ella quien impulsó el voto femenino en 1947 y organizó a las mujeres como sujeto político con voz propia. El feminismo popular argentino, del Ni Una Menos a la Marea Verde, es heredero de esa tradición. No hay 17 de Octubre sin las mujeres en la Plaza.
2027: la lealtad es organizarse
Decirlo con claridad no es una provocación, es una responsabilidad democrática: Milei tiene que perder en 2027. No por revancha, sino porque un proyecto que desprecia la división de poderes, persigue a opositores, insulta a periodistas, ajusta sobre jubilados, universidades y personas con discapacidad, y convierte el odio en programa de gobierno es incompatible con la Argentina que soñaron quienes se movilizaron aquel 17 de octubre.
Pero la derrota del proyecto libertario no vendrá sola. Exige un peronismo que deje atrás sus internas, que escuche a los movimientos sociales, a los sindicatos, a las juventudes y al feminismo, y que vuelva a ofrecer un horizonte de futuro y no solo una defensa del pasado. La lealtad no es nostalgia: es la decisión colectiva de no volver a esperar que otros escriban nuestra historia. Como en 1945, el pueblo tendrá que salir a buscarla.
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