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Familiares de Azucena Villaflor destacaron su fundamental rol en Madres
«Si mi mamá no hubiese dicho ‘Vayamos a Plaza de Mayo’, yo no sé si las Madres existirían, porque hay 14 mujeres que le dan bola y a partir de ahí empiezan a rondar», enfatizó Cecilia De Vincenti, cuarta hija de Azucena Villaflor y de su esposo Pedro De Vincenti.
Familiares de la cofundadora de Madres de Plaza de Mayo Azucena Villaflor de De Vincenti resaltaron la «visión de avanzada» que tuvo para que la organización «empezara a rondar», y afirmaron que la identificación de sus restos en 2005 permitió «cerrar un ciclo de dolor», en vísperas del 45° aniversario de la desaparición del grupo de los 12 de la iglesia Santa Cruz.
El secuestro de Azucena, llevado a cabo el 10 de diciembre de 1977, completó el operativo que el grupo de tareas 3.3.2 de la ESMA había iniciado dos días antes con la detención forzada de siete personas que se reunían en la iglesia de la Santa Cruz.
En total fueron 12 los familiares, activistas y militantes desaparecidos a partir de estos hechos, entre quienes también se encuentran las referentes iniciales de Madres de Plaza de Mayo Esther Careaga y María Bianco; y las monjas francesas Alice Domon y Léonie Duquet.
«Mi mamá era la famosa ama de casa de antes, que tenía la organización de un grupo familiar grande a cargo», explicó en diálogo con Télam Cecilia De Vincenti, cuarta hija de Azucena Villaflor y de su esposo Pedro De Vincenti.
Fruto de esa relación habían nacido previamente Pedro, Néstor y Adrián, pero fue con la desaparición de su segundo hijo, el 30 de noviembre de 1977, que Azucena asumió un nuevo el rol que la llevó a ser una de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo.
«Cuando desaparecen a Néstor, sale a buscarlo, va a las comisarias, a los cuarteles. Y ahí se da cuenta que ir cada una por su lado no tiene sentido, que tienen que ir todas juntas», afirmó Cecilia.
La hija de Villaflor reflexionó que la experiencia de su mamá como telefonista en la empresa Siam, donde participó de la movilización del 17 de octubre de 1945 a Plaza de Mayo, y «su adoración a Evita» colaboraron en «sacar una Azucena que nosotros no conocíamos, que es la que tiene la organización para afuera, no solo para dentro de la casa».
«Si mi mamá no hubiese dicho ‘Vayamos a Plaza de Mayo’, yo no sé si las Madres existirían, porque hay 14 mujeres que le dan bola y a partir de ahí empiezan a rondar», enfatizó.
Una de las nueve nietas de Azucena y actual secretaria de Educación del municipio de Avellaneda, María Laura De Vincenti -hija de Pedro, el primogénito de Azucena- resaltó en diálogo con esta agencia «la visión de avanzada» que tenía su abuela, según los relatos de familiares, vecinos y amigos que la ayudaron a reconstruir su figura.
De Vincenti, nacida en 1983, contó que su abuela «todas las tardes de verano tenía la rutina de tomarse una cervecita. Desde ahí yo la pienso como una ama de casa pero con algunas particularidades».
Azucena no había estado el 8 de diciembre en la iglesia Santa Cruz porque se encontraba preparando una solicitada con los nombres de los detenidos-desaparecidos por la dictadura.
Los genocidas contaron con la información que brindó el represor Alfredo Astiz, quien se infiltró en ese grupo haciéndose pasar por Gustavo Niño, nombre con el cual hasta llegó a firmar aquel documento.
Del día viernes 9 de diciembre, Cecilia -que en ese momento tenía 16 años- recordó que su mamá «tenía los ojos raros», y al insistir varias veces, logró que le dijera: «‘Lo que pasa es que se llevaron a un grupo de gente de la iglesia Santa Cruz y no sé cómo contárselo a tu papá'».
Según indicó Cecilia, su padre «muchas veces le había insistido en que no estuviese tan ‘en la cabeza de las cosas'», lo que generaba discusiones en el matrimonio.
Azucena no llegó a conversar con su marido porque ese 10 de diciembre fue interceptada en las inmediaciones de su casa en la calle Cramer -renombrada hoy en día Azucena Villaflor-, del barrio de Sarandí en Avellaneda, cuando salía a comprar un ejemplar del diario La Nación que había publicado la solicitada.
«Hay cosas que nunca hablamos después», señaló Cecilia y relacionó los fallecimientos de su padre y de sus tres hermanos con que «no pudieran asumir totalmente la historia».
De su infancia, María Laura recordó que «en la rutina diaria nos costaba hablar», y señaló que aprovechaba los momentos en que su papá Pedro era contactado por periodistas.
«Era testigo de esas preguntas que le hacían y, una vez que terminaba esa entrevista, si me quedaba algo, se lo preguntaba ahí», agregó.
Los 12 secuestrados fueron trasladados al centro clandestino de detención que funcionó en la exESMA, donde fueron torturados para ser arrojados al mar.
En 1977, en las aguas de la costa atlántica aparecieron cinco cuerpos que luego fueron sepultados como NN en el cementerio de General Lavalle, hasta que en el 2005 esos restos fueron identificados y recuperados por el Equipo Argentino de Antropología Forense.
Mediante la realización de análisis genéticos, se supo que pertenecían a las Madres de Plaza de Mayo Azucena Villaflor, Esther Careaga y María Bianco; y a las monjas francesas Alice Domon y Léonie Duquet.
María Laura consideró que la identificación del cuerpo de su abuela marcó «una reconciliación con la historia» para su familia, que pudo «cerrar un ciclo de incertidumbre y de dolor».
«Saber exactamente qué pasó, tener los restos… es como que dejó de ser un NN de los milicos para volver a ser mi mamá», analizó Cecilia.
Sin embargo, los restos de Néstor De Vincenti y de su novia, Raquel Mangin, continúan desaparecidos y la familia no sabe en qué centro clandestino estuvieron.
En tanto, María Laura confió que durante el homenaje a Hebe de Bonafini el pasado jueves 25 de noviembre sintió «la alegría de escuchar a las Madres, pero también el enojo inevitable de que mi abuela podría haber fallecido también la semana pasada».
Las cenizas de Hebe fueron colocadas en la Pirámide de Mayo y descansan junto con las de Villaflor, que se encontraban allí desde 2005 por decisión de sus familiares.
Por su parte, Cecilia consideró que el lugar de las Madres y de las Abuelas «va a quedar vacante», ya que, consideró, «no hay quien las reemplace».
«Estamos agradecidas al resto de las Madres por haber ido a la Plaza el jueves siguiente a la desaparición de mi mamá y haber seguido con la lucha», enfatizó Cecilia.
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Abuelas de Plaza de Mayo alerta por la suspensión de entregas de kits de ADN en el exterior
El envío de kits de ADN no es un trámite administrativo más: es una herramienta concreta para restituir identidades. Su interrupción abre un conflicto que excede lo técnico y vuelve a poner en tensión el rol del Estado frente a los crímenes de la dictadura.
La política de derechos humanos volvió a quedar en discusión tras la denuncia de Abuelas de Plaza de Mayo: el Gobierno habría suspendido el envío de kits de ADN a consulados argentinos en el exterior, una herramienta clave para avanzar en la identificación de hijos de desaparecidos.
La medida impacta directamente sobre personas que viven fuera del país y que sospechan haber sido apropiadas durante la última dictadura. Sin esos kits, queda interrumpida la posibilidad de realizar pruebas de filiación sin viajar a la Argentina.
Un canal de búsqueda bloqueado
Desde la Red Internacional de Abuelas en Europa señalaron que el sistema funcionaba desde hace años sin inconvenientes. A través de consulados, las muestras se tomaban bajo supervisión oficial y eran enviadas para su análisis.
El argumento oficial, según trascendió, apunta a dificultades en la custodia de las muestras. Pero desde la organización lo rechazan de plano: sostienen que el mecanismo tenía validez y respaldo institucional desde hace casi dos décadas.
Impacto en el derecho a la identidad
La decisión golpea uno de los pilares del trabajo de Abuelas: el derecho a la identidad. Se estima que alrededor de 400 bebés fueron apropiados durante el terrorismo de Estado y aún falta restituir la identidad de muchos de ellos.
Organismos advierten que la suspensión de estos dispositivos ralentiza o directamente paraliza investigaciones que dependen de la voluntad de quienes viven en el exterior para iniciar el proceso.
Denuncias de desarticulación
Referentes del espacio también apuntaron contra la falta de articulación estatal. Señalan que la CONADI y áreas vinculadas a Cancillería quedaron debilitadas, lo que repercute en la continuidad de políticas públicas construidas durante años.
Las críticas no se limitaron a lo operativo: también denunciaron un retroceso en la política de memoria, verdad y justicia, con cuestionamientos a la falta de diálogo con los organismos.
El envío de kits de ADN no es un trámite administrativo más: es una herramienta concreta para restituir identidades. Su interrupción abre un conflicto que excede lo técnico y vuelve a poner en tensión el rol del Estado frente a los crímenes de la dictadura.
En ese terreno, la denuncia de Abuelas marca algo más profundo: no sólo un problema de gestión, sino una disputa sobre el lugar que ocupan los derechos humanos en la agenda libertaria..
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