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Legislativo

“No soy narcotraficante”: Villaverde pide jurar como senadora

La senadora electa por Río Negro denunció que se viola la Constitución al impedirle asumir, mientras legisladores de la oposición cuestionan su idoneidad por antecedentes en Estados Unidos. Retiró su renuncia a Diputados y sigue sin poder jurar en la Cámara Alta.

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★ La senadora electa por La Libertad Avanza, Lorena Villaverde, rechazó este martes las acusaciones que pesan sobre ella y denunció que en el Senado «están violando la Constitución» al impedirle asumir su banca. En declaraciones al programa «Esta mañana» de Radio Rivadavia, la legisladora reiteró que no tiene «causas penales vigentes ni en Argentina ni en Estados Unidos» y afirmó que su honor fue «destruido» por denuncias que considera infundadas.

«Han ensuciado mi nombre y mi honor, y nadie está preparado para que le destruyan su nombre. En todas las causas he sido sobreseída. No soy narcotraficante, no soy estafadora», declaró Villaverde, quien desde 2023 se desempeña como diputada nacional por Río Negro.

El antecedente que complica su asunción

Las objeciones contra Villaverde se centran en su detención en 2002 en Sarasota, Estados Unidos, donde fue acusada de participar en tráfico de cocaína. Según los registros públicos del caso, la legisladora quedó en libertad poco después mediante un acuerdo judicial. Este antecedente volvió al centro del debate político tras su elección como senadora en los comicios del 26 de octubre pasado.

Legisladores de diferentes bancadas, especialmente de Unión por la Patria, objetaron su pliego de designación y lograron que la Comisión de Asuntos Constitucionales del Senado mantenga su diploma en revisión, impidiéndole jurar hasta que se resuelva su situación.

La defensa de la legisladora

Villaverde defendió su trayectoria y señaló que quienes la denuncian «nunca encontraron ningún proceder ilegal» en su vida. Además, destacó que los electores rionegrinos la votaron pese a la repercusión mediática de las acusaciones: «En la provincia me validaron, juzgaron mis habilidades morales, éticas y de trabajo», afirmó.

La legisladora subrayó que «no tengo ninguna causa» y que en todos los procesos judiciales en los que estuvo involucrada «me sometí a derecho y en todas fui declarada inocente».

Retiró su renuncia a Diputados

Ante la traba en el Senado, Villaverde retiró la carta de renuncia a su banca como diputada que había presentado para asumir en la Cámara Alta. Según confirmó, está «trabajando para lograr la aprobación de su diploma en Asuntos Constitucionales», pero advirtió que si no lo logra «asumirá el que tenga que asumir», en referencia a Enzo Fullone, quien la secundó en la lista electoral de octubre.

El caso pone de manifiesto la tensión entre el oficialismo libertario y la oposición en torno a los requisitos de idoneidad moral para ocupar cargos legislativos, mientras el diploma de Villaverde permanece en suspenso sin fecha cierta de resolución.

Puntos clave

• Lorena Villaverde denunció que se viola la Constitución al impedirle asumir como senadora electa por Río Negro
• La legisladora fue detenida en 2002 en Estados Unidos acusada de tráfico de cocaína, aunque quedó libre tras un acuerdo judicial
• Legisladores de Unión por la Patria objetaron su pliego y mantienen su diploma en revisión en la Comisión de Asuntos Constitucionales
• Villaverde retiró su renuncia a la banca de diputada ante la imposibilidad de jurar en el Senado
• La senadora electa aseguró que no tiene causas penales vigentes y que fue sobreseída en todos los procesos judiciales

Desregulación

La “Hojarasca” de Sturzenegger: desregulación con ideología y eliminación de leyes que protegen derechos

Bajo el disfraz de modernización, el Gobierno ataca la soberanía informativa y farmacéutica. El proyecto mezcla normas anacrónicas con normas de contenido político para facilitar su aprobación en bloque. Qué es lo que pretende derogar el ministro de Desregulación.

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★ El Gobierno de Javier Milei reingresó al Congreso el proyecto de ley denominado «Hojarasca», una iniciativa del ministro de Modernización y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, que propone derogar decenas de normas vigentes bajo el argumento de que constituyen regulaciones “obsoletas o burocráticas”.

Lo que el oficialismo presenta como una «limpieza» del digesto legislativo esconde, en varios casos concretos, el desmantelamiento de marcos normativos que protegen derechos sociales, culturales y económicos.

El proyecto que perdió estado y vuelve a la carga

El texto ingresó por primera vez en 2024 pero nunca llegó a tratarse en comisión y perdió estado parlamentario. Ahora, en este segundo intento, el Ejecutivo lo relanza con la misma lógica ideológica de origen: reducir la intervención estatal en la economía y en la vida social bajo el principio de que «todo está permitido, salvo lo expresamente prohibido».

La iniciativa propone derogar normas sancionadas entre 1864 y la actualidad, agrupadas en seis categorías: leyes que limitarían la libertad individual, leyes con trámites considerados inútiles, leyes superadas por normativa posterior, leyes obsoletas por cambios tecnológicos, leyes sobre organismos inexistentes y leyes que crean organismos con financiamiento público.

Una lógica ideológica, no técnica

El proyecto no es un ejercicio neutro de higiene legislativa. Es una declaración de principios del ala más dogmática del libertarismo. En sus propios fundamentos, el texto afirma que las regulaciones son producto de «corrientes ideológicas más intervencionistas, predominantes durante el siglo XX» y que el Estado debe regirse por «un principio de máxima libertad y no de máximo control».

Esa premisa no es técnica ni jurídica: es política. Y en función de esa premisa política, el Gobierno decide qué leyes merecen seguir en pie y cuáles no.

Lo que se llama «hojarasca» y no lo es

Entre las normas que el Ejecutivo rotula como «trámites inútiles» aparece la Ley N° 25.750 (2003), que establece que la propiedad de los medios de comunicación debe pertenecer a empresas nacionales y limita la participación del capital extranjero a un máximo del 30% del capital accionario. Derogar esa ley implica abrir la puerta a la extranjerización ilimitada del sistema de medios argentino, con consecuencias directas sobre la soberanía informativa y cultural del país.

También figura como «trámite inútil» la Ley N° 26.688 (2011), que declaró de interés nacional la investigación y producción pública de medicamentos. En el contexto de un Gobierno que ya desmanteló el Fondo de Sustentabilidad y recortó partidas del CONICET y de laboratorios públicos como el Laboratorio Industrial Farmacéutico, eliminar esta ley tiene un significado preciso: despejar el terreno normativo para la privatización de la producción farmacéutica.

Otro caso es la Ley N° 26.227 (2007), que creó el Consejo Federal de la Juventud, presentada como una «ley sobre organismos con financiamiento público que deberían autofinanciarse». El argumento es revelador: si el Estado no debe financiar políticas de juventud, tampoco debe financiar salud, educación ni cultura.

Normas anacrónicas que nadie defiende, y otras que sí importan

El proyecto mezcla, deliberadamente, normas genuinamente anacrónicas con normas de alto contenido político. Nadie discute que la Ley N° 94 (1864), que inhabilita a la autoridad que ordene azotar a una persona, o la Ley N° 21.895 (1978), que autorizó las emisiones de televisión en color, ya no tienen vigencia práctica. Su derogación no genera ningún debate sustantivo.

Pero esas normas funcionan como cobertura de las otras: al mezclarlas en un mismo proyecto, el Gobierno busca que la aprobación del conjunto arrastre también las normas políticamente sensibles. Es una técnica legislativa conocida y cuestionada.

Tampoco resulta inocente la inclusión de la Ley N° 18.312 (1969) sobre papel de diario o la Ley N° 19.787 (1972) sobre difusión musical, enmarcadas como «leyes que afectan libertades». El Gobierno aprovecha normas del período de facto para construir un relato según el cual «el intervencionismo» tiene raíces autoritarias, omitiendo que la mayoría de las regulaciones sociales y económicas que busca desmantelar fueron producto de gobiernos democráticos y de conquistas populares.

El Congreso como obstáculo a sortear

El proyecto vuelve al Congreso en un contexto en que el oficialismo no tiene mayoría propia ni en Diputados ni en el Senado. En 2024, la iniciativa no logró ni siquiera dictamen de comisión. La estrategia del Ejecutivo parece ser instalar el debate para forzar posicionamientos en un año electoral, más que garantizar su aprobación en el corto plazo.

La oposición tendrá que decidir si acepta discutir el proyecto norma por norma, con el riesgo de quedar atrapada en un debate sobre si el «padrinazgo presidencial del séptimo hijo» (Ley N° 20.843) debe o no existir, o si plantea el rechazo global de una iniciativa que, bajo una apariencia de modernización, avanza sobre derechos y soberanía.

Puntos clave:

  • El proyecto «Hojarasca» fue reingresado al Congreso tras perder estado parlamentario en 2024 sin ser tratado.
  • Propone derogar normas sancionadas entre 1864 y la actualidad, agrupadas en seis categorías.
  • Entre las leyes que busca eliminar figura la que limita la extranjerización de medios de comunicación (Ley N° 25.750).
  • También apunta contra la ley que declara de interés nacional la producción pública de medicamentos (Ley N° 26.688).
  • El proyecto mezcla normas anacrónicas con normas de contenido político para facilitar su aprobación en bloque.

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