Región
Lula envió peritos federales a Río tras la masacre policial más letal de la historia de Brasil
El Gobierno federal asume la investigación ante las graves sospechas de ejecuciones y abuso policial.
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, ordenó el envío inmediato de un equipo de peritos federales a Río de Janeiro para reforzar las investigaciones sobre la megaoperación policial que el martes dejó 121 muertos en los complejos de favelas de Alemão y Penha, en la zona norte de la ciudad. El operativo, dirigido contra el Comando Rojo, se convirtió en la más letal de la historia del país.
El anuncio fue realizado por el ministro de Justicia, Ricardo Lewandowski, quien precisó que 20 especialistas en necropsias, balística y ADN serán desplazados de urgencia a Río. Con su llegada, la investigación dejará de estar bajo control exclusivo de las autoridades locales, que en las últimas horas habían sido fuertemente cuestionadas por organismos de derechos humanos y movimientos sociales.
“Acabo de hablar con el gobernador de Río, Cláudio Castro. El grupo se presentará de inmediato”, afirmó Lewandowski, tras una reunión de emergencia encabezada por Lula en Brasilia.
Intervención federal ante el silencio del gobierno de Río
La medida constituye el primer paso concreto del “gabinete extraordinario” creado por Lula para coordinar la respuesta federal ante la masacre. Según el ministro, el objetivo es acelerar la identificación de las víctimas y garantizar la transparencia en el análisis de la escena del crimen, en medio de versiones que indican que muchos de los muertos eran civiles y que hubo ejecuciones sumarias.
Fuentes del Ministerio de Justicia informaron que podrían sumarse entre 10 y 20 expertos adicionales de la Fuerza Nacional, dependiendo del avance de las pericias. El gobierno federal, además, evalúa el envío de observadores de la Secretaría de Derechos Humanos para supervisar el proceso y evitar la manipulación de pruebas.
Sospechas de encubrimiento y críticas internacionales
La operación del martes fue duramente cuestionada por organizaciones como Amnistía Internacional y Río de Paz, que denunciaron un uso indiscriminado de la fuerza y violaciones graves a los derechos humanos.
Las escenas de cuerpos apilados, vehículos incendiados y viviendas perforadas por balas de grueso calibre recorrieron el mundo, mientras el gobierno estadual de Castro intentaba justificar el operativo como “un golpe exitoso al narcotráfico”.
“La policía no existe para matar ni para morir”, expresaron integrantes del movimiento Río de Paz, que realizaron el jueves un homenaje en la playa de Copacabana a los agentes caídos y a las víctimas civiles de la masacre.
La intervención federal marca un punto de inflexión en la relación entre Brasilia y el gobierno de Río, uno de los estados con mayor letalidad policial del país. En 2024, las fuerzas de seguridad fluminenses ya habían sido denunciadas ante la ONU por violencia institucional y racismo estructural.
Claves del operativo
121 personas muertas, entre ellas 4 policías.
Escenario: los complejos de favelas Alemão y Penha, zona norte de Río.
Grupo objetivo: Comando Rojo, una de las principales facciones criminales de Brasil.
El presidente Lula ordenó el envío de peritos federales para garantizar independencia en la investigación.
Organismos de derechos humanos exigen una investigación internacional.
Inquietante homenaje a los cuatro policías caídos
El movimiento Río de Paz organizó un sentido homenaje en la playa de Copacabana a los cuatro policías asesinados durante la operación militar contra el Comando Vermelho, que dejó además más de 120 muertos civiles y fue calificada por organizaciones de derechos humanos como una de las masacres más cruentas en la historia reciente de Brasil.
En la arena, los activistas levantaron cuatro cruces blancas, una por cada agente caído, rodeadas de flores, prendas policiales y carteles con mensajes de paz.
Entre ellos, destacaban dos frases:
“La policía no existe para matar ni para morir”. “Los derechos humanos no tienen lado”.
El acto, que congregó a familiares, vecinos y representantes de colectivos civiles, buscó rendir tributo a las víctimas pero también interpelar al Estado brasileño por la escalada de violencia en las favelas y por el rol de las fuerzas de seguridad en los operativos.
El homenaje tuvo lugar pocos días después del operativo desplegado en la zona norte de Río, que culminó con cuerpos desmembrados, decapitados y acribillados.
“Queremos recordar que ninguna vida —ni de un civil, ni de un policía— debe ser sacrificada en nombre de la guerra”, señalaron los organizadores.
Elecciones
Brasil va a segunda vuelta: el bolsonarismo sorprende y Lula deberá pelear el 25
Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta del 4 de octubre con el 47% contra el 45% de Lula, revirtiendo lo que marcaban las encuestas. El hijo del expresidente preso hereda la maquinaria del movimiento que intentó un golpe de Estado en 2022 y obliga al Partido de los Trabajadores a una segunda vuelta que promete ser la más disputada de la historia reciente de Brasil.
Con el 47% de los votos contra el 45% de Luiz Inácio Lula da Silva, Flávio Bolsonaro se impuso en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil del domingo 4 de octubre y obligó a una segunda vuelta que se disputará el 25 de octubre de 2026.
El resultado sorprendió a las consultoras, que en los días previos daban a Lula levemente por encima del senador. Ninguno de los dos alcanzó el 50% más uno de los votos válidos requerido para ganar en primera vuelta, y Brasil deberá decidir en un balotaje su próximo presidente.
El senador Flávio Bolsonaro, de 45 años, compite bajo las siglas del Partido Liberal (PL) con el respaldo explícito de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por su responsabilidad en el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2022.
Lula, en tanto, busca su cuarto mandato no consecutivo: gobernó Brasil entre 2003 y 2010, fue perseguido judicialmente en causas que el Tribunal Supremo revisó y terminó anulando, y regresó al poder en 2023.
Lo que las encuestas no vieron venir
Durante toda la campaña, la ventaja de Lula en la primera vuelta parecía consolidada. La encuesta Datafolha del 24 de septiembre, registrada ante el Tribunal Superior Electoral (TSE) bajo el número BR-00304/2026, ubicaba a Lula con el 40% y a Flávio Bolsonaro con el 36% en la primera vuelta estimulada. La consultora Nexus/BTG Pactual, en su última medición de agosto, atribuía al presidente el 39% frente al 33% del senador. Sin embargo, en la noche del 4 de octubre los resultados reales demostraron que el mapa electoral bolsonarista, profundamente arraigado en el norte, el centro-oeste y el sur del país, fue subestimado por la mayoría de los sondeos.
La encuesta Nexus de julio ya anticipaba el carácter polarizado del balotaje: Lula con el 40% y Flávio con el 34% en primera vuelta, pero empatados técnicamente en segunda con el 46% contra el 45% respectivamente. Ese empate técnico en el escenario de segunda vuelta se repitió en prácticamente todas las consultoras durante los últimos tres meses de campaña, lo que vuelve imposible anticipar con certeza el resultado del 25 de octubre.
Bolsa Familia, el campo de batalla ideológico
La campaña giró, entre otros ejes, alrededor de la política social. Lula recuperó el Bolsa Familia como bandera central de su gestión, un programa que durante su primer mandato sacó a 54 millones de personas de la pobreza y que la derecha intentó destruir bajo el gobierno de Michel Temer y luego de Bolsonaro padre. En esta campaña, el propio Lula recordó en reiteradas ocasiones que las críticas históricas al programa, que lo tacharon de fomentar la pereza y la dependencia, no resistieron el contraste con la realidad. «De todas las críticas, la más cruel es que el Bolsa Família iba a estimular la vagabundería», sostuvo en actos de campaña, recuperando una frase que pronunció a lo largo de décadas.
A pocos días de las elecciones, Lula anunció además un aumento del 15% en los pagos del programa de asistencia social, una decisión que la oposición leyó como un gesto electoral pero que, en términos electorales, no alcanzó para definir la primera vuelta a su favor. La derecha concentra sus críticas en que el programa no es una solución estructural, mientras el PT sostiene que sin ese piso de ingresos garantizados millones de familias brasileñas quedarían directamente al borde de la indigencia.
El mapa territorial y los puntos de quiebre
La geografía electoral confirma la fractura profunda de Brasil. Según los datos de la encuesta Medio/Ideia de mayo de 2026, Flávio Bolsonaro lidera en el norte con el 57% contra el 27% de Lula, y en el centro-oeste con el 60% contra el 28%. En el sur también está por encima: 50% contra 39%. El nordeste, históricamente el bastión lulista, le da al presidente el 58% frente al 34% del senador. El sudeste, que concentra la mayor parte del padrón electoral, aparecía en empate técnico antes de la votación.
Esta distribución territorial es el termómetro de la fractura de clase que atraviesa al gigante sudamericano. Las regiones más pobres, donde los programas de transferencia directa tienen mayor impacto sobre la vida cotidiana, tienden al lulismo; las regiones más ricas y con mayor presencia de sectores conservadores, al bolsonarismo. El resultado del 4 de octubre muestra que esa segunda geografía fue más eficaz de lo que las encuestas proyectaban.
El factor Bolsonaro padre y la internacionalización de la disputa
Jair Bolsonaro, preso y sin poder presentarse por su condena de 27 años, articuló desde la cárcel el apoyo a la candidatura de su hijo mayor. La sentencia fue ampliamente criticada por el gobierno de Donald Trump, con el propio presidente norteamericano afirmando que era «muy parecido a lo que intentaron hacer conmigo» y el secretario de Estado, Marco Rubio, calificándola de «injusta». Esta internacionalización del caso convirtió a la elección brasileña en parte del tablero geopolítico de la disputa entre la derecha global y los gobiernos progresistas de América Latina.
Legisladores estadounidenses, en contraposición, le pidieron formalmente a Trump que no interviniera en el proceso electoral brasileño. La sombra de la interferencia exterior planeó sobre toda la campaña, y el resultado del 4 de octubre convierte la segunda vuelta en una cita electoral con consecuencias que van mucho más allá de las fronteras del país más grande de América del Sur.
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