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Rusia aceptó a la embajadora de Biden en Moscú
Se trata de Lynne Tracy. El presidente de EEUU ya envió su pliego al Senado para ser aprobado.
Rusia concedió el plácet a la nueva embajadora de Estados Unidos en Moscú, Lynne Tracy, nominada ayer por el presidente Joe Biden, quien ya envió su pliego al Senado para ser aprobado. Así lo comunicó el vicecanciller ruso, Sergei Riabkov, según informó la agencia rusa de noticias Interfax.
Poco después, Biden envió al Senado la nominación de Tracy como embajadora en Rusia, confirmó esta tarde la Casa Blanca. «Nominaciones enviadas al Senado: Lynne M. Tracy, de Ohio, Miembro de Carrera del Servicio Exterior Superior, Clase de ministro de Carrera, para ser Embajadora Extraordinaria y Plenipotenciaria de los Estados Unidos de América ante la Federación Rusa», según un comunicado emitido por el Gobierno y recogido por la agencia de noticias Sputnik.
El martes, Biden designó a Tracy para ser la nueva embajadora en Rusia, en reemplazo de John Sullivan, quien fue nombrado por el expresidente Donald Trump en 2019.
Tracy actualmente se desempeña como embajadora en Armenia y antes de ocupar su puesto actual trabajó como asesora principal para Rusia en la Oficina de Asuntos Europeos y Euroasiáticos del Departamento de Estado.
La diplomática obtuvo una licenciatura en Estudios Soviéticos de la Universidad de Georgia y un Doctorado en Jurisprudencia de la Universidad de Akron en Ohio.
Tracy ya fue la ‘número dos’ de la legación diplomática entre el año 2014 y 2017 y será, salvo sorpresa, la primera mujer en ocupar el cargo de embajadora, en un momento clave en la relación bilateral por la escalada de tensiones desatada tras la invasión a Ucrania iniciada el pasado 24 de febrero.
Sullivan dejó Moscú este mes, después de un mandato en el que fue muy crítico con las políticas promovidas desde el Kremlin, haciéndose eco de las acusaciones de violaciones de Derechos Humanos en Rusia.
El exfuncionario se había ausentado los últimos meses de sus obligaciones para acompañar en Estados Unidos a su esposa gravemente enferma, que falleció la semana pasada.
Durante su ausencia, fue reemplazado por Elizabeth Rood, la jefa de misión adjunta, que fue nombrada próxima embajadora de Estados Unidos en Turkmenistán.
Tracy, en tanto, que es licenciada en Estudios Soviéticos de la Universidad de Georgia y doctora en Jurisprudencia de la Universidad de Akron, cuenta en su haber con experiencia como asesora principal para Rusia en el Departamento de Estado, además de integrar varias oficinas diplomáticas estadounidenses para Asia Central.
Entre las prioridades de Tracy se destacan la guerra en Ucrania y Brittney Griner y Paul Whelan, dos estadounidenses detenidos en Rusia.
Geopolítica 🌎
Trump dijo que podría revisar el apoyo de EEUU a Gran Bretaña en la disputa por Malvinas
Por primera vez, el presidente estadounidense habló en persona sobre la disputa de soberanía del Atlántico Sur. La amenaza no responde a un giro diplomático genuino sino a la presión de Washington sobre sus aliados de la OTAN para que eleven el gasto en defensa al 5% del PBI. El gobierno de Milei eligió la cautela y prudencia.
Donald Trump irrumpió este lunes en la histórica disputa de soberanía sobre las Islas Malvinas. Consultado por la prensa en el Despacho Oval de la Casa Blanca sobre si Washington podría retirar su apoyo a la posición británica, el mandatario respondió con una frase que encendió las alarmas en Londres y generó expectativa contenida en Buenos Aires: Siempre reviso todas las posiciones. Esa es apenas una entre muchas. Se trata de la primera ocasión en que Trump se expresa en persona sobre el conflicto.
Una herramienta de presión, no un cambio de política
El contexto de la declaración es inseparable de la batalla que el gobierno de Trump libra contra sus aliados de la OTAN en materia de gasto en defensa. La semana pasada, el diario británico The Telegraph reveló que funcionarios del Pentágono amenazaron al primer ministro del Reino Unido, Andy Burnham, con modificar la postura estadounidense sobre las Malvinas si Londres no elevaba su inversión militar hasta el 5% del PBI, en línea con las exigencias que Washington impone a toda la alianza. El plan de Burnham, que apenas se compromete a llegar al 3% del PBI en defensa para 2030, quedó muy por debajo de las expectativas de la administración republicana.
Cuando fue consultado específicamente sobre si esperaba que el gobierno británico incrementara sus compromisos, Trump fue explícito: El Reino Unido tiene algunos problemas, pero se resolverán. La frase, leída en conjunto con la anterior, traza una línea directa entre el apoyo histórico de Washington a Londres en el conflicto austral y el cumplimiento de las metas de gasto militar.
Antecedentes: del correo filtrado al Despacho Oval
No es la primera vez que el tema aparece en la agenda de la administración Trump. En abril pasado, la agencia Reuters filtró un memorando interno del Pentágono que evaluaba la suspensión del respaldo al Reino Unido en la disputa como parte de potenciales represalias contra aliados que, según Washington, no habían acompañado suficientemente las operaciones estadounidenses contra Irán. En aquel momento, el secretario de Estado Marco Rubio intentó quitarle peso al episodio: Fue tan solo un correo electrónico. La gente se está exaltando demasiado, declaró, presentando la filtración como una simple idea interna sin trascendencia institucional.
Lo que en abril era un correo sin firma oficial es ahora una declaración presidencial desde el corazón del poder norteamericano. La escalada es innegable, aunque los analistas advierten que la distancia entre una amenaza táctica de negociación y un giro real en la política exterior estadounidense sigue siendo enorme. El propio Departamento de Estado aclaró también el viernes pasado que la posición estadounidense sigue siendo de neutralidad: reconocemos que existen reclamos de soberanía contrapuestos entre la Argentina y el Reino Unido, no adoptamos ninguna postura con respecto a los reclamos de soberanía de ninguna de las partes, indicó un vocero.
Buenos Aires en modo expectante: cautela y prudencia
En la Casa Rosada, el gobierno de Javier Milei eligió la mesura. La evaluación oficial, según trascendió, es que el movimiento de Washington debe interpretarse dentro de la estrategia de presión a los aliados de la OTAN y no como un cambio formal de la política exterior estadounidense respecto del conflicto de soberanía. La postura oficial es de cautela y prudencia, un tono llamativamente bajo para una administración que durante meses intentó instalar la narrativa de que su relación privilegiada con Trump podría traducirse en un apoyo explícito al reclamo argentino.
El contraste con episodios previos resulta elocuente. En agosto de 2025, el propio embajador estadounidense en Buenos Aires, Peter Lamelas, fue tajante al cerrar esa especulación: Los Estados Unidos tienen una posición de neutralidad sobre las islas y eso no ha cambiado, declaró ante una consulta televisiva, desactivando el globo que el oficialismo había inflado durante semanas. Ahora, paradójicamente, es Trump quien vuelve a poner el tema sobre la mesa, aunque desde una lógica completamente distinta: no como favor a Milei, sino como palanca de presión sobre Londres.
El Atlántico Sur como moneda de cambio en la OTAN
La dinámica que describe este episodio es más propia de la lógica transaccional de Trump que de un giro doctrinario en la política exterior de Washington. El proyecto de la denominada OTAN 3.0 busca que Europa y Canadá asuman la mayor parte del costo de su propia defensa convencional, reduciendo la carga financiera y militar de Estados Unidos sobre la alianza. En ese esquema, las Malvinas no son un asunto de justicia histórica ni de soberanía latinoamericana: son una ficha de negociación. Una palanca más en el tablero de presiones que Washington despliega sobre sus socios para que paguen más por su seguridad colectiva.
Para la Argentina, la situación abre un escenario geopolítico inédito desde 1982, aunque cargado de incertidumbre. La posibilidad de que la potencia que avaló el control británico del archipiélago desde la guerra no solo deje de respaldar a Londres sino que eventualmente incline la balanza hacia Buenos Aires depende, en este caso, no de la voluntad soberana argentina sino de cuánto decida gastar el gobierno laborista de Burnham en aviones y fragatas. Una ironía histórica que habla más de la lógica imperial de Trump que de ningún reconocimiento genuino al reclamo argentino.
Puntos clave
- Trump afirmó en el Despacho Oval que siempre revisa todas las posiciones, en la primera declaración presidencial directa sobre Malvinas.
- La amenaza de retirar el apoyo a Gran Bretaña se enmarca en la presión de Washington para que Londres eleve su gasto en defensa al 5% del PBI dentro de la OTAN.
- El Departamento de Estado ratificó el viernes que su posición sigue siendo de neutralidad en el conflicto de soberanía.
- En abril, Marco Rubio minimizó un correo filtrado del Pentágono que planteaba la misma amenaza, definiéndolo como simplemente un correo con algunas ideas.
- El gobierno de Milei optó por la cautela y prudencia y lee el episodio como parte de la estrategia de Trump hacia los aliados de la OTAN, no como un giro formal.
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