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Análisis

El Movimiento Peronista debe recuperar su mística combativa y su pulso histórico de la mano del pueblo

Nuestro proyecto peronista es social, nacional, popular y profundamente guardián de la dignidad colectiva. ¿Cómo pretender cautivar a una ciudadanía desencantada si los propios cuadros políticos carecen de una épica, de una convicción casi religiosa para movilizar a la sociedad en su propia defensa?

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Por Juan Martín “Vasco” Andrés*

El mayor desafío que enfrenta el peronismo de estos últimos años no radica únicamente en su dispersión orgánica, sino en el progresivo vaciamiento de su baseemocional. En un escenario de desmotivación colectiva y confrontación sorda entre las clases sociales, la política corre el riesgo de convertirse en un mero ejercicio burocrático, muy divorciado de las pasiones que históricamente movilizaron a las mayorías.

La reconstrucción de una alternativa con vocación de poder exige comprender que la mística peronista no es un adorno folclórico ni un ejercicio de nostalgia, sino el motor indispensable para devolverle la identidad a un cuerpo electoral que hoy se percibe huérfano de futuro. Abordar este fenómeno desde la teoría electoral moderna obliga a desmitificar las viejas estructuras de aparatos partidarios.

El electorado del siglo XXI no responde a lealtades dogmáticas ni a mandatos hereditarios; se mueve por estímulos emocionales, narrativas de cambio y una profunda necesidad de pertenencia. Desde esta perspectiva, una fuerza política desmotivada resulta invisible para el votante independiente, que además tiene una mirada secuestrada por los medios de comunicación.

Una mirada que asocia al peronismo con incapacidad para gestionar el futuro, cuando la Historia demuestra todo lo contrario. Si hay algo que ha sabido hacer el peronismo, es enfrentar los desafíos sociales con éxito y solidez. Y esa mirada mediática, espuria y pensada para los intereses de las minorías, no puede afectar a un movimiento histórico, fuerte y transversal como siempre fue el peronismo. Los peronistas debemos, por fin, comprender que la mística es el alma, la potencia invisible que humaniza el proyecto técnico.Nuestro proyecto peronista es social, nacional, popular y profundamente guardián de la dignidad colectiva.

 ¿Cómo pretender cautivar a una ciudadanía desencantada si los propios cuadros políticos carecen de una épica, de una convicción casi religiosa para movilizar a la sociedad en su propia defensa?

La recuperación del entusiasmo no es un capricho ideológico, sino una condición de supervivencia soberana en un electorado fragmentado, invadido por ideas extrañas y mentiras estructurales. Esta revitalización espiritual –sí, dije bien, “espiritual”– es el que debe recuperar el peronismo para adquirir un sentido humanitariofrente al brutal disciplinamiento social que impone el actual modelo de Javier Milei dirigido desde Washington y –novedad de los tiempos actuales– desde el sionismo israelí. 

A través del abandono y destrucción del Estado y la precarización de las condiciones materiales de vida, llegamos a este escenario, en donde la urgencia del hambre y la carencia de los hogares son acuciantes. Y ya sabemos que ambos operan como mecanismos de control y desarticulación de los lazos comunitarios.

El sociólogo francés Pierre Bourdieu acuñó el concepto de «precarización» para describir cómo la inestabilidad económica permanente destruye la capacidad de las personas para proyectar el futuro, sumergiéndolas en un estado de mera supervivencia que anula la acción colectiva. Ante esta doctrina del shock, del aplastamiento social sin paliativos, elperonismo debe ser el antídoto, la vacuna que devuelva la esperanza. 

Pero para que esta mística adquiera entidad real, necesitamos recuperar la calle como el espacio primordial de la acción popular. En las últimas décadas, la política digital tendió a recluir el debate en las redes sociales, un territorio controlado por algoritmos que promueven la polarización pasiva y el aislamiento.

Sin embargo, la historia de los movimientos sociales de América Latina demuestra que los verdaderos cambios se consolidaron cuando las bases sociales ocuparon el espacio público. La calle no debe entenderse bajo una lógica de confrontación violenta, sino como el lugar natural y democrático por excelencia. Un espacio geográfico en donde poder expresar el sufrimiento, las demandas y la bronca frente a la injusticia total. 

Recuperar el espacio público significa romper el aislamiento que impone el actual modelo socioeconómico, permitiendo que la mística vuelva a convertirse en una experiencia viva y comunitaria.

Compañer os: la propia historia del siglo XX nos da algunas pistas en dos procesos históricos que ilustran con precisión la reconfiguración identitaria que hoy necesita el peronismo. En Gran Bretaña y tras una década de hegemonía conservadora, el Partido Laborista (social y popular como el peronismo) se encontraba doctrinariamente desdibujado en 1945. La mística se recuperó cuando el liderazgo de ClementAttlee abandonó las discusiones burocráticas y manifestóuna épica colectiva resumida en el lema “Enfrentemos el futuro”. No en casualidad que el compañero Axel también haya denominado a  su nueva propuesta Movimiento por el Derecho al Futuro (MDF). Porque aquí estamos hablando de eso: del futuro que nos quieren quitar.

¿Qué sucedió allí?… Los laboristas no apelaron a la nostalgia, sino a una nueva narrativa y una nueva praxis: la reconstrucción de una Gran Bretaña solidaria a través de la creación del Estado de Bienestar y el Servicio Nacional de Salud (NHS). Este proceso demostró cómo la mística se regenera cuando las demandas materiales de una población precarizada se transforman en un proyecto de dignidad nacional. Ese simple cambio de pensamiento, de impulso espiritual colectivo logró desplazar al mismísimo Winston Churchill del poder. También Milei puede quedar fuera de juego si los peronistas nos reponemos y nos enfocados en nuestra esencia. Y estoy seguro que así será.

Otro caso histórico más cercano fue el reordenamiento del Frente Amplio Uruguayo post-dictadura (1989-1994).Tras los años de proscripción, persecución y el posterior desencanto de la transición democrática inicial, los segmentos populares uruguayos enfrentaban una profunda fragmentación y crisis de representatividad. El quiebre doctrinal se superó mediante una doble estrategia: la postulación de liderazgos con fuerte anclaje técnico y de gestión local —como Tabaré Vázquez en la Intendencia de Montevideo— combinada con la reactivación de los «comités de base». Estos comités devolvieron la política al espacio público, vecinal y cotidiano. La mística no se recuperó desde los laboratorios de comunicación, sino mediante la reconstrucción horizontal del tejido comunitario en las calles, permitiendo que un electorado desmotivado volviera a sentirse coprotagonista de una alternativa real de poder que culminaría años más tarde en la presidencia.

Entonces… Recuperemos nuestra mística peronista y,más temprano que tarde, veremos recuperada nuestra Nación Argentina del saqueo, la entrega y el hambre estructural que nos afecta a todos y todas. Peronistas o no.

 

* Juan Martín «Vasco» Andrés es el delegado regional de la CGT Regional Mercedes-Navarro y San Andrés de Giles, además de ser el referente local de AEFIP (Asociación de Empleados Fiscales e Ingresos Públicos). Precandidato a intendente de Mercedes en 2027.

Elecciones

¿Qué significa ser leales?: el pueblo vuelve a salir a buscar su propia historia

A 81 años de la jornada que parió al peronismo, el Día de la Lealtad llega con Cristina presa, un Gobierno que desprecia al Congreso y a la Justicia, y un feminismo que eligió la Ciudad de Buenos Aires para su Encuentro de 2027. La lealtad hoy tiene un nombre: organizarse para que Milei pierda.

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El 17 de octubre de 1945, miles de trabajadores y trabajadoras cruzaron el Riachuelo, se lavaron los pies en las fuentes de la Plaza de Mayo y torcieron el rumbo de un país que hasta entonces decidía sin ellos.

No esperaron que nadie les concediera nada. Ese día el pueblo dejó de esperar y salió a buscar su propia historia. Ochenta y un años después, la fecha vuelve a interpelarnos con una pregunta urgente: qué significa ser leales cuando la democracia, los derechos y la propia identidad popular están bajo ataque.

Este Día de la Lealtad no es uno más. Llega con Cristina Fernández de Kirchner, dos veces presidenta de la Nación, cumpliendo prisión domiciliaria tras una condena que representa el fruto más acabado del lawfare de Comodoro Py; con un Gobierno nacional que gobierna por decreto y desprecia la división de poderes; y a menos de un año de unas elecciones presidenciales que definirán si la Argentina sigue por el camino del ajuste, el odio y la crueldad, o si recupera un horizonte de justicia social.

Una lealtad que se conjuga en presente

Este sábado, en el Polideportivo Juan Domingo Perón de González Catán, en La Matanza, el gobernador bonaerense Axel Kicillof encabezó el acto central del PJ provincial junto a la vicegobernadora Verónica Magario y el intendente Fernando Espinoza. “Acá estamos, querían callarnos y acá estamos, recordando a Evita y Perón en La Matanza, que es la capital del peronismo”, dijo ante la multitud.

El gobernador recordó que aquella gesta “le dio voz a los que no tenían voz, les dio derechos y participación política a los que estaban marginados y excluidos”, sostuvo que Cristina “está injustamente presa por defender nuestras banderas” y planteó el desafío que atraviesa a todo el campo popular: “La lealtad con el pueblo es construir una alternativa que el año que viene termine con esta pesadilla que nos gobierna”. También dejó una definición que debería ordenar el debate de los próximos meses: “Sin justicia social no hay libertad verdadera: hay privilegios, hay explotación y desigualdad. Eso no es libertad”.

Un Gobierno que no respeta la democracia

Desde el primer día, Javier Milei eligió gobernar contra las instituciones. Inauguró su gestión con el DNU 70/2023, un megadecreto que pretendió derogar y modificar centenares de normas sin pasar por el Congreso.

Intentó designar por decreto a dos jueces de la Corte Suprema, Ariel Lijo y Manuel García Mansilla, salteando el acuerdo del Senado, que finalmente rechazó ambos pliegos en abril de 2025.

Vetó la ley de financiamiento universitario y la emergencia en discapacidad, y obligó al Poder Legislativo a insistir con dos tercios para defender lo que la sociedad ya había defendido en las calles.

Llamó al Congreso “nido de ratas” y llegó a decir que “no odiamos lo suficiente a los periodistas”.

No se trata de exabruptos aislados, sino de un método: degradar a los otros poderes para concentrar el poder en uno solo. Cuando un presidente trata al Parlamento como un estorbo, a la Justicia como una herramienta y a la prensa crítica como un enemigo, lo que está en juego no es una gestión de gobierno, sino la propia arquitectura republicana que tanto dicen defender quienes lo votaron por odio al peronismo.

El odio como herramienta, el antiperonismo como tradición

El antiperonismo no nació con Milei. Tiene una genealogía sangrienta: el bombardeo a la Plaza de Mayo en junio de 1955, el golpe de septiembre de ese año, el decreto 4161 de 1956 que prohibió siquiera pronunciar el nombre de Perón y dieciocho años de proscripción del movimiento mayoritario del país. Cada vez que las élites no pudieron derrotar al peronismo en las urnas, intentaron borrarlo por la fuerza, por decreto o por los tribunales.

Lo nuevo es la escala y el tono. El discurso libertario convirtió el odio en política de Estado: contra los “kukas”, contra los “zurdos”, contra las feministas, contra la diversidad, contra los trabajadores estatales y los jubilados que reclaman. Ese clima no es inocuo. En septiembre de 2022, Cristina sobrevivió a un intento de asesinato frente a su casa, porque el arma no se disparó. Las palabras que deshumanizan preparan el terreno para la violencia que mata, y una democracia que naturaliza el odio termina pagando ese precio.

Las mujeres y disidencias van al centro del poder

Hace apenas cinco días, el 12 de octubre, terminó en Córdoba el 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries, con más de 150.000 participantes y un centenar de talleres. En el acto de cierre, por decisión unánime, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires fue elegida como sede del 40° Encuentro en 2027. No es un dato menor: el primer Encuentro Nacional de Mujeres se realizó en esa misma ciudad en 1986. Cuatro décadas después, el feminismo vuelve al lugar donde nació, en pleno año electoral, para hacerse oír frente a la Casa Rosada.

La ministra de Mujeres bonaerense, Estela Díaz, lo resumió así: “Es una demostración de que se puede convivir en un espacio con sectores con los que se tienen muchísimas diferencias, construyendo una fuerza para confrontar electoralmente en el 2027”. Esa es exactamente la lección que el campo popular necesita aprender: la unidad en la diversidad no es una consigna, es una condición para ganar.

Las razones para movilizarse sobran. Este Gobierno desmanteló el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, su ministro de Justicia anunció la intención de eliminar la figura de femicidio del Código Penal y el propio Presidente utilizó el escenario de Davos para atacar al feminismo y a la diversidad, lo que provocó la masiva Marcha Federal Antifascista y Antirracista de febrero de 2025. Para nosotras, el ajuste no es una abstracción macroeconómica: es menos asistencia a víctimas de violencia, menos políticas de cuidado y más trabajo no remunerado sobre las mismas espaldas.

Evita lo entendió antes que nadie. Fue ella quien impulsó el voto femenino en 1947 y organizó a las mujeres como sujeto político con voz propia. El feminismo popular argentino, del Ni Una Menos a la Marea Verde, es heredero de esa tradición. No hay 17 de Octubre sin las mujeres en la Plaza.

2027: la lealtad es organizarse

Decirlo con claridad no es una provocación, es una responsabilidad democrática: Milei tiene que perder en 2027. No por revancha, sino porque un proyecto que desprecia la división de poderes, persigue a opositores, insulta a periodistas, ajusta sobre jubilados, universidades y personas con discapacidad, y convierte el odio en programa de gobierno es incompatible con la Argentina que soñaron quienes se movilizaron aquel 17 de octubre.

Pero la derrota del proyecto libertario no vendrá sola. Exige un peronismo que deje atrás sus internas, que escuche a los movimientos sociales, a los sindicatos, a las juventudes y al feminismo, y que vuelva a ofrecer un horizonte de futuro y no solo una defensa del pasado. La lealtad no es nostalgia: es la decisión colectiva de no volver a esperar que otros escriban nuestra historia. Como en 1945, el pueblo tendrá que salir a buscarla.

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