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Cinismo: Bolsonaro niega vínculos con el golpe de estado a horas de la condena

El expresidente brasileño se declara inocente ante la justicia y busca ser absuelto de cinco delitos relacionados con un presunto intento de golpe.

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Lo que tenés que saber

  • Bolsonaro presentó su alegato final ante el Tribunal Supremo y negó todas las acusaciones.
  • La defensa afirma que no existen pruebas ni órdenes emitidas para ejecutar un golpe.
  • Se lo juzga por cinco delitos que suman hasta 43 años de prisión.
  • La campaña internacional liderada por su hijo Eduardo cuenta con el respaldo de Trump.
  • Un 51% de los brasileños apoya la prisión domiciliaria, según Datafolha.

Bolsonaro pide absolución y rechaza los cargos por intento de golpe

Jair Bolsonaro presentó su alegato final ante el Tribunal Supremo, donde rechaza los cinco delitos que se le imputan en el juicio por supuestamente liderar un complot para derrocar el Gobierno brasileño. El expresidente aseguró que “no hay pruebas del golpe imaginado por la acusación” y que ninguna evidencia lo vincula con planes para asesinar a autoridades como el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, el vicepresidente Geraldo Alckmin o el juez Alexandre de Moraes.

Defensa niega vínculos con el supuesto complot

Los abogados de Bolsonaro argumentaron que “no existe texto, decreto o borrador que prevea la detención de ninguna autoridad. No existe decreto firmado. No existe orden de movilizar tropas”. El expresidente se desvincula de cualquier acción coordinada por los demás acusados, entre ellos tres exministros-generales, el excomandante de la Armada y el exjefe de inteligencia.

El alegato también pone en duda la validez de la confesión del teniente coronel Mauro Cid, entonces secretario personal de Bolsonaro, y señala que debería descartarse por carecer de credibilidad. La defensa resaltó que el expresidente ordenó una transición institucional hacia el nuevo Gobierno tras las elecciones de 2022.

Críticas a la composición del tribunal

El escrito reitera la objeción a que Bolsonaro sea juzgado por la primera sala del Tribunal Supremo, la cual incluye jueces nombrados por Lula. La defensa cuestionó que ningún integrante de ese cuerpo judicial haya sido designado por Bolsonaro y lamentó el rechazo previo de su recurso.

La solicitud formal de la defensa pide la absolución de los cargos: intento de abolición violenta del Estado democrático de derecho, golpe de Estado, pertenencia a una organización criminal armada, daño al patrimonio y deterioro de patrimonio protegido. La condena máxima posible suma 43 años de prisión.

Trump y Eduardo Bolsonaro aumentan presión internacional

Desde Estados Unidos, el diputado Eduardo Bolsonaro lidera una ofensiva para presionar a los magistrados brasileños. La administración de Donald Trump se sumó al esfuerzo con medidas concretas: imposición de un arancel del 50% a las importaciones brasileñas, sanciones económicas contra el juez Moraes y restricción de visados a ocho jueces del Supremo y dos altos funcionarios del programa Mais Médicos.

El programa Mais Médicos, implementado en gobiernos anteriores, promovía la atención médica en zonas remotas del país, muchas veces con médicos cubanos cuyos salarios eran parcialmente transferidos a las autoridades de Cuba.

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Bolsonaro en prisión domiciliaria bajo estrictas restricciones

El expresidente permanece confinado en su residencia familiar en Brasilia desde el 4 de agosto. El juez Alexandre de Moraes ordenó la prisión domiciliaria tras incumplimientos de medidas cautelares, como el uso de redes sociales y la prohibición de comunicarse por teléfono. Además, Moraes dispuso el uso de una tobillera electrónica por riesgo de fuga y autorizó la confiscación del celular de Bolsonaro.

Una encuesta reciente de Datafolha revela que el 51% de los brasileños aprueba la prisión domiciliaria del exmandatario, mientras que el 39% se opone. El apoyo a las decisiones del juez Moraes refleja una polarización similar.

Deuda externa

Bessent usó a Argentina como ejemplo del poder financiero de Trump y Milei lo festejó

El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, presentó al gobierno de Javier Milei como modelo de «políticas sólidas» ante el mundo, en el marco de una estrategia que usa el dinero de Washington para construir alianzas geopolíticas en el hemisferio occidental. Milei lo celebró en X con la frase «fenómeno barrial».

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Ser un "fenómeno barrial" tiene precio: Bessent confirmó que Argentina es el ejemplo del poder financiero de EEUU sobre sus "clientes".

Argentina fue exhibida ante el mundo como un caso de éxito de la política financiera exterior de Estados Unidos. El elogio no provino de un think tank afín al libertarismo ni de un medio simpatizante, sino del secretario del Tesoro del gobierno de Donald Trump, Scott Bessent, quien presentó a la gestión de La Libertad Avanza como el ejemplo más claro de cómo Washington puede utilizar su poder monetario para ganar aliados.

Bessent realizó las declaraciones durante una disertación en la Escuela de Negocios Cox de la Universidad Metodista del Sur (SMU), donde expuso la doctrina financiera de la administración Trump. El funcionario fue explícito: «Creo que puedo utilizar el poder financiero de Estados Unidos como herramienta de política exterior. Tenemos un objetivo de política exterior y ese objetivo es crear aliados en el Hemisferio Occidental». En ese contexto, colocó a la Argentina en el centro del argumento: «Argentina fue la principal candidata para eso. Según mi opinión, el gobierno de Milei tenía políticas sólidas».

El «fenómeno barrial» y la lógica del cliente

Milei no demoró en amplificar el elogio. En su cuenta de X, el presidente de la Nación citó las palabras de Bessent y las celebró con la expresión «fenómeno barrial», una frase coloquial que usa para describir algo que considera excepcional. La reacción presidencial condensa con precisión la naturaleza del vínculo: el jefe de Estado libertario encuentra en el reconocimiento externo, especialmente el norteamericano, una fuente de legitimidad que difícilmente puede construir en el plano interno, donde los indicadores sociales de su gestión siguen siendo críticos.

Lo que el discurso oficial omite al celebrar el halago es el marco en el que fue pronunciado: Bessent no describió a Argentina como un socio soberano ni como un modelo de desarrollo, sino como el resultado más visible de una estrategia de poder donde el dinero de Washington opera como instrumento para moldear la política económica de gobiernos de la región. La «candidatura» argentina, en los propios términos del funcionario republicano, fue una elección estratégica de Estados Unidos, no un reconocimiento a la autonomía de Buenos Aires.

El swap de 20.000 millones y la intervención cambiaria

Las declaraciones de Bessent no pueden leerse en el vacío. En 2025, el gobierno de Milei firmó con Washington un acuerdo de swap por hasta 20.000 millones de dólares. De ese total, la Argentina utilizó 2.700 millones de dólares para intervenir en el mercado cambiario y cumplir con los compromisos adquiridos ante el Fondo Monetario Internacional (FMI). El swap, en la práctica, permitió al gobierno libertario sostener su esquema cambiario y mostrar ante el FMI reservas que, sin ese auxilio, no hubieran alcanzado las metas pactadas.

La secuencia revela una interdependencia que el elogio de Bessent vuelve más transparente que nunca: Argentina recibió asistencia financiera de Estados Unidos, cumplió con las condiciones del FMI y, en ese recorrido, se convirtió en el «ejemplo» que Washington necesita para justificar ante su propio auditorio el uso de herramientas monetarias como instrumento de política exterior. El círculo se cierra cuando el secretario del Tesoro sale a explicar en una universidad norteamericana por qué ese dinero fue bien invertido.

Geopolítica financiera y soberanía en disputa

Bessent también mencionó en su exposición la intervención sobre el yen japonés como parte de esta misma estrategia, lo que sitúa la relación con Argentina en una cadena de decisiones de política exterior global donde los recursos del Tesoro norteamericano se mueven según los intereses de Washington. Que Japón y Argentina aparezcan en el mismo argumento dice más sobre la lógica del poder que sobre las virtudes específicas del programa económico libertario.

La pregunta que el alarde presidencial deja sin responder es la misma que se repite desde diciembre de 2023: a qué precio se sostiene ese reconocimiento. El acuerdo con el FMI suscrito por Milei en abril de 2025 comprometió al país por 20.000 millones de dólares adicionales (el 479% de la cuota argentina), condicionó las reservas, el tipo de cambio y el gasto público, y transfirió hacia los próximos dos gobiernos una carga de vencimientos que, según estimaciones del Foro Economía y Trabajo, supera los 13.400 millones de dólares solo en intereses para el período 2026-2030. Ser el «ejemplo» de la política exterior financiera de Trump tiene un costo que los sectores populares argentinos pagan todos los días en la canasta, en las tarifas y en los salarios erosionados.

Puntos clave

  • El secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, presentó a Argentina como «la principal candidata» para demostrar el uso del poder financiero norteamericano como herramienta de política exterior.
  • Milei celebró el elogio en X con la frase «fenómeno barrial».
  • En 2025, Argentina utilizó 2.700 millones de dólares de un swap con EE.UU. de hasta 20.000 millones para intervenir en el mercado cambiario y cumplir metas con el FMI.
  • Bessent encuadró la asistencia a Argentina en una estrategia para «crear aliados en el Hemisferio Occidental», no como un reconocimiento a la autonomía argentina.
  • El acuerdo con el FMI de abril de 2025 compromete vencimientos que superan los 13.400 millones de dólares en intereses para el período 2026-2030.
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