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¡AFUERA! Musk se aleja de Trump tras pérdidas millonarias en Tesla y SpaceX
El magnate se retira del equipo de Trump con un discurso conciliador, pero en su entorno crece la tensión tras el derrumbe financiero de sus empresas.
Lo que tenés que saber
- Elon Musk abandona su rol principal en el DOGE (Departamento de Eficiencia Gubernamental, por sus siglas en inglés), pero mantiene presencia simbólica en la Casa Blanca.
- Tesla sufrió una caída del 71% en beneficios tras la vinculación directa con el Gobierno de Trump.
- La presión pública por los despidos masivos y los recortes complicó su imagen empresarial.
- Aunque públicamente niegan diferencias, en privado hay señales de distanciamiento con Trump.
- Starbase, en Texas, aparece como refugio y nueva base de operaciones del magnate.
De socio político a empresario dañado: Musk inicia su repliegue
Elon Musk comenzó su retirada de la primera línea política con Donald Trump, pero lo hizo sin confrontación directa. En los hechos, sin embargo, la ruptura es evidente. El magnate, que apostó fuerte por la segunda presidencia del republicano, ve ahora cómo esa alianza empieza a desmoronarse. Tesla, su nave insignia, registró una caída de beneficios del 71% en el primer trimestre, y SpaceX enfrenta crecientes cuestionamientos por sus vínculos con contratos federales.
La presencia de Musk en el gabinete como líder del DOGE (Departamento de Eficiencia Gubernamental) simbolizó la era de la “motosierra” presupuestaria. Pero con 281.452 empleos eliminados y agencias federales desmanteladas, el costo político y social alcanzó también a su imagen empresarial.

Tensión contenida: frases cuidadosas y señales elocuentes
El discurso de salida de Musk fue medido, casi críptico. En declaraciones del 22 de abril, afirmó: “Seguiré dedicando uno o dos días a la semana a asuntos gubernamentales, o tanto como el presidente desee y mientras le sea útil”.
En la reunión del gabinete del miércoles, mantuvo la cordialidad con Trump, quien le agradeció los servicios prestados y lamentó que lo hubieran “tratado injustamente”. No hubo choques públicos, pero en privado, según medios de Washington, Musk sostuvo discusiones con varios integrantes del gabinete y expresó su malestar por la sobreexposición política que afectó sus negocios.
Al hablar del DOGE, utilizó una metáfora: “¿Existe el budismo sin Buda? ¿Acaso no creció tras su muerte?“ dijo con un narcisismo impresionante, y cerró con una frase ambigua: “El DOGE seguirá sin mí”.

Imagen deteriorada y presión legal
Las políticas impulsadas desde el DOGE, bajo su liderazgo, generaron una ola de demandas por parte de organizaciones civiles y fiscales estatales. Se cuestiona, además, el posible conflicto de interés de un empresario con negocios activos con el Estado y acceso a datos sensibles.
En algunos sectores del Gobierno, incluso aliados republicanos comenzaron a exigir que los recortes no afecten a sus propios distritos. El costo político se tradujo en protestas y en un creciente descontento popular, amplificado por los medios y reflejado en la caída bursátil de sus compañías.
Una despedida sin ruptura oficial
A pesar de la tensión creciente, Musk conserva su oficina en la Casa Blanca —que describió como “cómicamente pequeña”— y su acceso privilegiado. Según reportes, pasó varias noches en el dormitorio Lincoln y compartió helado de caramelo Häagen-Dazs con Trump.
Durante la reunión con Jesse Watters y el equipo del DOGE, Musk repitió que el programa es “una empresa a largo plazo” y aseguró que “si perdemos de vista el objetivo, el despilfarro y el fraude volverán con fuerza”. No hizo mención al desgaste personal o económico que implicó su papel en la Administración.
Starbase: el retiro estratégico
Mientras se aleja de Washington, Musk mira hacia el sur de Texas. En Boca Chica, junto al Golfo de México, espera consolidar Starbase, su ciudad autónoma futurista construida alrededor de SpaceX. Allí lo esperaban este fin de semana sus ingenieros y colaboradores más cercanos.
Con 283 habitantes, la mayoría empleados directos, Starbase parece diseñada como su refugio después de un paso por la política federal que dejó más sombras que luces para sus negocios.
Geopolítica 🌎
Trump dijo que podría revisar el apoyo de EEUU a Gran Bretaña en la disputa por Malvinas
Por primera vez, el presidente estadounidense habló en persona sobre la disputa de soberanía del Atlántico Sur. La amenaza no responde a un giro diplomático genuino sino a la presión de Washington sobre sus aliados de la OTAN para que eleven el gasto en defensa al 5% del PBI. El gobierno de Milei eligió la cautela y prudencia.
Donald Trump irrumpió este lunes en la histórica disputa de soberanía sobre las Islas Malvinas. Consultado por la prensa en el Despacho Oval de la Casa Blanca sobre si Washington podría retirar su apoyo a la posición británica, el mandatario respondió con una frase que encendió las alarmas en Londres y generó expectativa contenida en Buenos Aires: Siempre reviso todas las posiciones. Esa es apenas una entre muchas. Se trata de la primera ocasión en que Trump se expresa en persona sobre el conflicto.
Una herramienta de presión, no un cambio de política
El contexto de la declaración es inseparable de la batalla que el gobierno de Trump libra contra sus aliados de la OTAN en materia de gasto en defensa. La semana pasada, el diario británico The Telegraph reveló que funcionarios del Pentágono amenazaron al primer ministro del Reino Unido, Andy Burnham, con modificar la postura estadounidense sobre las Malvinas si Londres no elevaba su inversión militar hasta el 5% del PBI, en línea con las exigencias que Washington impone a toda la alianza. El plan de Burnham, que apenas se compromete a llegar al 3% del PBI en defensa para 2030, quedó muy por debajo de las expectativas de la administración republicana.
Cuando fue consultado específicamente sobre si esperaba que el gobierno británico incrementara sus compromisos, Trump fue explícito: El Reino Unido tiene algunos problemas, pero se resolverán. La frase, leída en conjunto con la anterior, traza una línea directa entre el apoyo histórico de Washington a Londres en el conflicto austral y el cumplimiento de las metas de gasto militar.
Antecedentes: del correo filtrado al Despacho Oval
No es la primera vez que el tema aparece en la agenda de la administración Trump. En abril pasado, la agencia Reuters filtró un memorando interno del Pentágono que evaluaba la suspensión del respaldo al Reino Unido en la disputa como parte de potenciales represalias contra aliados que, según Washington, no habían acompañado suficientemente las operaciones estadounidenses contra Irán. En aquel momento, el secretario de Estado Marco Rubio intentó quitarle peso al episodio: Fue tan solo un correo electrónico. La gente se está exaltando demasiado, declaró, presentando la filtración como una simple idea interna sin trascendencia institucional.
Lo que en abril era un correo sin firma oficial es ahora una declaración presidencial desde el corazón del poder norteamericano. La escalada es innegable, aunque los analistas advierten que la distancia entre una amenaza táctica de negociación y un giro real en la política exterior estadounidense sigue siendo enorme. El propio Departamento de Estado aclaró también el viernes pasado que la posición estadounidense sigue siendo de neutralidad: reconocemos que existen reclamos de soberanía contrapuestos entre la Argentina y el Reino Unido, no adoptamos ninguna postura con respecto a los reclamos de soberanía de ninguna de las partes, indicó un vocero.
Buenos Aires en modo expectante: cautela y prudencia
En la Casa Rosada, el gobierno de Javier Milei eligió la mesura. La evaluación oficial, según trascendió, es que el movimiento de Washington debe interpretarse dentro de la estrategia de presión a los aliados de la OTAN y no como un cambio formal de la política exterior estadounidense respecto del conflicto de soberanía. La postura oficial es de cautela y prudencia, un tono llamativamente bajo para una administración que durante meses intentó instalar la narrativa de que su relación privilegiada con Trump podría traducirse en un apoyo explícito al reclamo argentino.
El contraste con episodios previos resulta elocuente. En agosto de 2025, el propio embajador estadounidense en Buenos Aires, Peter Lamelas, fue tajante al cerrar esa especulación: Los Estados Unidos tienen una posición de neutralidad sobre las islas y eso no ha cambiado, declaró ante una consulta televisiva, desactivando el globo que el oficialismo había inflado durante semanas. Ahora, paradójicamente, es Trump quien vuelve a poner el tema sobre la mesa, aunque desde una lógica completamente distinta: no como favor a Milei, sino como palanca de presión sobre Londres.
El Atlántico Sur como moneda de cambio en la OTAN
La dinámica que describe este episodio es más propia de la lógica transaccional de Trump que de un giro doctrinario en la política exterior de Washington. El proyecto de la denominada OTAN 3.0 busca que Europa y Canadá asuman la mayor parte del costo de su propia defensa convencional, reduciendo la carga financiera y militar de Estados Unidos sobre la alianza. En ese esquema, las Malvinas no son un asunto de justicia histórica ni de soberanía latinoamericana: son una ficha de negociación. Una palanca más en el tablero de presiones que Washington despliega sobre sus socios para que paguen más por su seguridad colectiva.
Para la Argentina, la situación abre un escenario geopolítico inédito desde 1982, aunque cargado de incertidumbre. La posibilidad de que la potencia que avaló el control británico del archipiélago desde la guerra no solo deje de respaldar a Londres sino que eventualmente incline la balanza hacia Buenos Aires depende, en este caso, no de la voluntad soberana argentina sino de cuánto decida gastar el gobierno laborista de Burnham en aviones y fragatas. Una ironía histórica que habla más de la lógica imperial de Trump que de ningún reconocimiento genuino al reclamo argentino.
Puntos clave
- Trump afirmó en el Despacho Oval que siempre revisa todas las posiciones, en la primera declaración presidencial directa sobre Malvinas.
- La amenaza de retirar el apoyo a Gran Bretaña se enmarca en la presión de Washington para que Londres eleve su gasto en defensa al 5% del PBI dentro de la OTAN.
- El Departamento de Estado ratificó el viernes que su posición sigue siendo de neutralidad en el conflicto de soberanía.
- En abril, Marco Rubio minimizó un correo filtrado del Pentágono que planteaba la misma amenaza, definiéndolo como simplemente un correo con algunas ideas.
- El gobierno de Milei optó por la cautela y prudencia y lee el episodio como parte de la estrategia de Trump hacia los aliados de la OTAN, no como un giro formal.
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