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Juicio a Darthés: se espera declaren el actor y su pareja

Ni Thelma ni su defensa podrán presenciar las declaraciones ya que el juez determinó el secreto de las actuaciones, no obstante se espera una pronta sentencia luego de los alegatos.

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La justicia brasileña llevará a cabo este viernes una nueva jornada del juicio a Juan Darthés, imputado por «estupro agravado» contra Thelma Fardin, en la que está previsto que, además de los testigos citados, el propio actor aporte su testimonio de los hechos ocurridos en Nicaragua.

El jueves por la tarde se retomó el juicio a Juan Rafael Pacífico Dabul -nombre real de Darthés- que se inició el 30 de noviembre pasado con la declaración de más de cuatro horas de Fardin y continuó el día siguiente con el testimonio de Calu Rivero, jornadas tras las cuales la justicia de ese país entró en un receso por feria judicial.

Esta previsto que durante la jornada del viernes declaren testigos de ambas partes, entre ellos Anita Co, una actriz que en 2018 denunció desde las redes sociales a Darthés por abuso sexual, hecho supuestamente ocurrido mientras ambos rodaban la serie televisiva Gasoleros.

Por otro lado, el colectivo de Actrices Argentinas que acompañan a Fardin desde el día en que denunció públicamente al actor precisó a través de un comunicado que hoy declararán «el acusado y su esposa».

Según Martín Arias Duval, abogado de Fardin, «después de las declaraciones de los testigos, estimamos que se producirá la de Darthés, que hasta el momento no ha hablado sobre los hechos ocurridos en Nicaragua», y recordó que «la justicia (de Brasil) dispuso el sigilo (secreto) del caso, por lo que no tenemos muchas certezas».

En este sentido, Arias Duval precisó que «en una primera instancia» tanto él como su representada estaban «autorizados a presenciar» todo el proceso, pero que el abogado del actor de 57 años presentó un recurso para que no puedan hacerlo y «el juez lo aceptó. Supongo que para evitar que después la defensa presente alguna objeción al respecto».

Una vez finalizada la etapa de declaraciones, que según el letrado que representa a la actriz de 29 años, puede extenderse más de lo previsto, será el juez de la causa, Ali Mazloum, quien determine cómo continúa el proceso judicial.

«Según el ordenamiento procesal penal brasileño, se le puede dar un plazo a las partes (fiscalía y defensa de Darthés) para preparar sus alegatos y puede disponer que los mismos se produzcan de manera escrita o verbal en una nueva audiencia», explicó el representante de Fardin.

Darthés enfrenta una pena máxima de 12 años de prisión por el delito de «estupro agravado», según la legislación brasileña, lo que corresponde a la carátula de «abuso sexual con acceso carnal», precisó el abogado, y agregó que no creen «que demore mucho la sentencia, al menos no en una primera instancia».

«Es probable que, de ser hallado culpable, la defensa recurra la resolución, caso contrario sea la fiscalía la que lo haga, por eso hablamos de una sentencia en primera instancia», explicó Arias Duval, y recordó que en caso de tener que cumplir alguna pena «deberá hacerse efectiva en Brasil».

En 2018, Fardin junto al colectivo de Actrices Argentinas realizó una denuncia pública a través de un video en el que relató en primera persona los hechos ocurridos durante una gira que el elenco de la ficción Patito Feo realizó en 2009 en Nicaragua, donde luego la actriz radicó una denuncia penal.

La actriz acusó al actor de haber abusado de ella que en ese momento tenía 16 años y él 45, en consecuencia la justicia nicaragüense emitió un alerta de internacional para la detención del actor, quien negó los hechos en una entrevista televisiva y se refugió en San Pablo, Brasil, su patria natal.

Arias Duval precisó que Brasil no «extradita a sus ciudadanos, pero sí juzga a los mismos por hechos ocurridos» en otras naciones, es por ello que el proceso penal se lleva a cabo en ese país, pero con la articulación del Ministerio Público Fiscal de Nicaragua, donde está radicada la denuncia, y de Argentina que dispone los medios para certificar los procesos del juicio como las declaraciones de manera virtual, verificar las identidades y que dichos actos se den con las garantías correspondientes.

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Senado: denuncian proyecto de “falsas denuncias” intenta silenciar a las víctimas

A nivel global, organismos como ONU Mujeres ubican las denuncias falsas en torno al 1% de los casos.

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Senado: qué pasa con el proyecto de “falsas denuncias”

El conversatorio “Derecho a la voz: contra la criminalización de quienes denuncian violencia” funcionó como una respuesta urgente frente al proyecto impulsado por Carolina Losada, que ya cuenta con dictamen de mayoría en la Comisión de Justicia y Asuntos Penales. La iniciativa propone agravar las penas por falsa denuncia, falso testimonio y encubrimiento en casos de violencia de género, delitos sexuales y situaciones que involucren a niñas, niños y adolescentes.

Para quienes expusieron, el diagnóstico fue otro: no hay vacío legal ni problema empírico que justifique la reforma. Lo que sí aparece, señalaron, es una estrategia política para disciplinar a quienes denuncian y reinstalar el silencio.

Una arquitectura punitiva para desalentar la denuncia

La abogada Ileana Arduino, referente del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales, desmenuzó el corazón del proyecto. Sostuvo que no se trata de una falla técnica sino de una decisión deliberada: utilizar el derecho penal como herramienta de control social.

Funciona como una extorsión procesal”, advirtió. El planteo es claro: en un sistema judicial que ya resulta hostil, la amenaza de una contra-denuncia penal empuja a las víctimas a no hablar. El resultado no es más justicia, sino menos denuncias.

Arduino también apuntó a un efecto colateral clave: la criminalización de las redes de acompañamiento. Equipos interdisciplinarios, profesionales y organizaciones quedarían bajo sospecha por intervenir en procesos donde la prueba suele ser compleja y el tiempo judicial, lento.

Construir un problema inexistente

La ministra bonaerense Estela Díaz fue directa: “Lo falso es el problema que quieren instalar”.

Respaldada por un documento con más de 1.700 firmas, sostuvo que las falsas denuncias no representan un fenómeno significativo en Argentina. En cambio, sí lo es la subdenuncia en casos de violencia y abuso.

Para Díaz, la iniciativa se inscribe en una narrativa política más amplia que cuestiona la existencia misma de la violencia de género. En ese marco, el proyecto no busca mejorar el sistema penal, sino desplazar el foco: de la protección de las víctimas a la sospecha sobre su palabra.

El miedo como política pública

Desde el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género, Natalia Gherardi aportó datos que desarman el argumento central del proyecto:

  • Solo una de cada cuatro mujeres en situación de violencia busca ayuda.
  • En abuso sexual infantil, más del 88% de los casos no llega a la Justicia.

En ese contexto, endurecer penas por denuncias “falsas” no resuelve un problema: crea otro. Introduce una amenaza concreta para quienes están obligados a denunciar, como establece la Ley Lucio.

La contradicción es evidente: el Estado exige denunciar ante la sospecha de abuso, pero al mismo tiempo instala el riesgo de persecución penal si la causa no prospera. El mensaje implícito, señalaron, es el silencio.

Convenciones internacionales vulneradas

La dirigente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, María Elena Naddeo, cuestionó la compatibilidad del proyecto con los estándares internacionales.

Mencionó dos marcos normativos clave:

  • Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer
  • Convención de Belém do Pará

Ambos obligan al Estado a garantizar el acceso a la justicia y a no generar obstáculos para denunciar violencia de género. La iniciativa, en cambio, invierte esa lógica: convierte a la denunciante en potencial imputada.

Naddeo también desarmó una de las falacias centrales: equiparar falta de prueba con falsedad. En delitos que ocurren en la intimidad, esa equivalencia no solo es errónea, sino funcional a la impunidad.

Datos incómodos para el oficialismo

A nivel global, organismos como ONU Mujeres ubican las denuncias falsas en torno al 1% de los casos. Se trata de una cifra marginal, que en general no está vinculada a violencia de género sino a otros delitos.

Sin evidencia empírica que justifique el endurecimiento penal, el proyecto queda expuesto como una definición ideológica: desplazar la centralidad de la víctima y reinstalar la sospecha sobre su palabra.

Efectos concretos: censura, desprotección e impunidad

El rechazo no se agota en el plano simbólico. Las organizaciones advirtieron consecuencias concretas:

  • Bozal mediático: limitaciones a la difusión de casos que han sido clave para visibilizar violencias.
  • Persecución profesional: equipos técnicos y redes de acompañamiento bajo amenaza penal.
  • Inseguridad jurídica: profesionales de salud y educación atrapados entre denunciar o protegerse.
  • Desaliento de denuncias: una profundización en la caída previsible en el acceso a la justicia.

En ese marco, el proyecto aparece como una herramienta de disciplinamiento que redefine el sistema: ya no se investiga al agresor, se sospecha de quien denuncia.

Una disputa de fondo: voz o silencio

Lo que se debatió en el Senado excede una reforma penal. Se trata de una disputa política y cultural: quién tiene derecho a hablar y bajo qué condiciones.

Frente a un escenario que intenta reinstalar el miedo como frontera, el feminismo articuló una respuesta clara. El derecho a la voz no es un privilegio ni una concesión: es un derecho humano básico.

Y su restricción, no fortalece la justicia. La debilita.

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