Investigan al futbolista Oscar Junior Benítez por la muerte de su ex pareja en año nuevo
El padre de Anabelia Ayala, la mujer que denunció por violencia de género al futbolista y que en Año Nuevo fue hallada ahorcada en su casa de la localidad bonaerense de Burzaco en lo que se investiga como un suicidio, culpó al jugador por lo sucedido y reveló que al momento del hecho su hija mantenía una videollamada con él.
El padre de Anabelia Ayala, la mujer que denunció por violencia de género al futbolista Oscar Junior Benítez y que en Año Nuevo fue hallada ahorcada en su casa de la localidad bonaerense de Burzaco en lo que se investiga como un suicidio, culpó hoy al jugador por lo sucedido y reveló que al momento del hecho su hija mantenía una videollamada con él.
Fuentes judiciales confirmaron que la causa por la investigación del caso quedó radicada en la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) 3 de Almirante Brown, a cargo de Juan Manuel Baloira, mientras que el padre de la joven, Juan Ayala, adelantó que le pedirá al fiscal que se investigue si el exfutbolista de Boca Juniors tuvo responsabilidad en el suicidio de su hija al no alertar a las autoridades ni a la familia de lo que estaba pasando mientras se desarrollaba la comunicación entre ambos.
La muerte de Anabelia (29) fue descubierta en la mañana del 1 de enero, cuando sus familiares la encontraron sin signos vitales en su habitación.Según contó a esta agencia su padre, la joven había pasado la noche del 30 de diciembre con Benítez, sobre quien pesaba una restricción perimetral de 300 metros en su contra por una serie de denuncias por amenazas y violencia de género.
«Él se la llevó la madrugada del 30 y mi hija volvió al otro día con los ojos hinchados y se encerró en su habitación. Después de eso, no quiso salir más», manifestó conmovido Juan.
A su vez, fuentes judiciales indicaron que el futbolista se encontraba bajo un régimen de prisión domiciliaria en una causa por «coacción agravada por el empleo de arma en concurso real con daños, amenazas y desobediencia», que reunía a cuatro hechos de amenazas a la familia de su expareja.
Las fuentes explicaron que el futbolista estuvo en actividad hasta principios de año, cuando jugaba en un club boliviano, pero tuvo que regresar a Argentina porque el juez de Garantías 10 de Lomas de Zamora, Gabriel Vitale, ordenó su detención por esas causas y elevó la causa a juicio oral, aunque finalmente el tribunal oral le otorgó el beneficio de la prisión domiciliaria mientras se aguardaba el inicio del debate.
«El violaba repetidamente la prisión domiciliaria. Mi hija me contaba que no le importaba nada. Él se daba el gusto de pasar por la puerta de mi casa, que le queda a una cuadra y media. El 30 a la madrugada vino, paró y mi hija salió a verlo», contó al respecto Juan, quien sugirió que Anabelia continuaba frecuentando al futbolista porque éste «la tenía amenazada a ella y a toda la familia».
Por otro lado, Juan señaló que en las últimas horas recibió un audio de familiares de Benítez, en el que indicaban que el exjugador de Boca mantenía una videollamada mientras Anabelia se quitaba la vida.
En dicho audio, se escucha la voz de una mujer que dice: «Nosotros no llegamos a brindar. Corte, no brindamos porque ella tenía una aplicación por la que Junior estaba viendo cómo la piba se colgaba«.
Al respecto, Ayala consideró que «Benítez tuvo 100 por ciento la culpa de lo sucedido» y pidió que «se haga justicia» por su muerte.
«Voy a poner todos los materiales a disposición para que mi hija descanse en paz. Yo a Ana no la recupero más. Dejó que mi hija se ahorque. Para mí es cómplice. Lo dejo en manos de la Justicia», manifestó conmovido.
Sobre este punto, fuentes judiciales investigan lo ocurrido y secuestraron la Tablet que era utilizada diariamente por Anabelia, con la cual sus familiares sostienen que se comunicaba constantemente con Junior Benítez.
En referencia a la relación que mantenía su hija con el jugador surgido en Lanús, Juan aseguró que la «hostigaba permanentemente», donde le exigía alejarse de su familia y realizar videollamadas.
«Tengo muchas fotos de la violencia que ella sufría. La pasó terriblemente mal. No puedo creer lo que estaba sufriendo mi hija», expresó el hombre.
Finalmente, los restos de Anabelia fueron inhumados esta mañana en el cementerio municipal de Monte Grande ante la presencia de familiares y amigos.
Una de sus primas, Marisa, opinó en la misma línea que Juan al señalar que la joven de 29 años estaba amenazada por Benítez, a quien le atribuyó la responsabilidad de lo sucedido.»Él la mató con todo lo que le hacía y le dijo», resumió.
En un posteo publicado en la red social Facebook, otra de las primas de Anabelia, llamada Belén, afirmó: «Mi prima se quitó la vida porque ya no aguantó. Se desgastó tanto mentalmente como físicamente por este hijo de puta, Junior Benítez, que la golpeaba y la obligaba a irse con ella. Él no la dejaba tener contacto con el exterior ya que él le hacía videollamadas 24/7. No la dejaba ni siquiera salir a comer con sus padres. Decidió terminar su vida para no soportar los miles de maltratos que le hacía. Él la psicopateó por cinco años y no aguantó. Que haya justicia por mi prima y que este hijo de puta no juegue nunca más en ningún club«.
Por otro lado, un vocero judicial explicó que «si hubo instigación o ayuda al suicidio deberá ser investigado por un fiscal de instrucción» y advirtió con posibles consecuencias en caso de que Benítez haya incumplido una prohibición de acercamiento».
Interviene en la investigación de lo ocurrido el fiscal Baloira, quien calificó provisoriamente el expediente como «suicidio».
Benítez fue detenido el 13 de mayo del 2023 por cuatro hechos en los que se lo imputaba por amenazar de muerte y golpear a miembros de la familia de Ayala.
Dicha causa fue elevada a juicio oral en octubre por el juez de garantías Gabriel Vitale, por lo que se esperaba que el debate se realizara durante el 2024 a cargo del Juzgado en lo Correccional 8 de Lomas de Zamora.
Los episodios denunciados en aquel expediente comenzaron a ocurrir el 17 de enero de 2021, cuando el imputado amenazó con un arma de fuego a su exsuegro, Juan Ayala, y prendió fuego algunas pertenencias de su expareja.
El segundo hecho que la fiscalía a cargo de José Luis Juárez le endilgó al exjugador de Boca Juniors, Lanús, Benfica y Argentinos Juniors, entre otros equipos, ocurrió el 16 de enero de 2021 cuando «en un contexto de violencia de género» destruyó la «totalidad de archivos contenidos en la notebook propiedad de la familia Ayala sin contar autorización para ello».
En tanto, el 28 de febrero del 2022 Benítez desobedeció la restricción de acercamiento de 300 metros y amenazó a los exsuegros y su excuñado con frases como «vos me denunciaste, vos me hiciste meter en cana, te voy a matar».
El cuarto hecho sucedió el 18 de marzo de 2022 volvió a incumplir la perimetral y amenazó con un cuchillo a su exnovia para que le abriera la puerta de su casa, pero como ella se negó él le dañó las cuatro llantas del auto del exsuegro.
En aquel momento, un informe victimológico realizado a la joven determinó que «posee indicadores propios de las víctimas de violencia de género, así como que la misma se encontraba expuesta a continuar sufriendo hechos de estas características por encontrarse inmersa en un círculo de violencia».
Si vivís una situación de violencia de género o conocés a alguien que necesite ayuda llamá gratis al 144, mandá un mensaje al 11 5050 0147 o por WhatsApp al +54 911 2771 6463. También podés descargar acá una app para recibir ayuda de profesionales.
“Rezamos cada mañana para no dormir en la calle”: huyó de la violencia machista en Argentina y denuncia abandono en España
Valeria De Bernardinis habló con El Argentino sobre la violencia que la obligó a huir del país junto a sus hijos. Hace siete años viven en España entre la precariedad, las secuelas psicológicas y el temor de quedar en la calle, mientras reclaman ayuda urgente del consulado argentino y que la Justicia los reconozca como víctimas para acceder a derechos básicos.
“Vivimos el día a día, prácticamente no tenemos para comer. Rezamos cada mañana para no dormir en la calle esa misma noche”. La frase sale de la boca de Valeria De Bernardinis, pero atraviesa a toda la familia. «Hace 7 años y 145 días» vive en España junto a sus dos hijos menores -hoy 16 y 19 años-, uno de ellos con autismo severo y el otro diagnosticado con trastorno por estrés postraumático. Escaparon de Argentina después de años de violencia extrema, amenazas y denuncias que -asegura- nunca lograron protegerlos del todo.
Hoy, lejos de encontrar tranquilidad, dice sentirse nuevamente abandonada. “El consulado argentino nos ha abandonado literalmente”, denuncia, al tiempo que reclama una vivienda urgente, la restitución de la pensión por discapacidad de uno de sus hijos -suspendida desde febrero- y que la Justicia española finalmente los reconozca a los tres como víctimas de violencia machista, condición que les permitiría acceder a asistencia económica, programas habitacionales y derechos básicos.
Un botón antipánico y 148 denuncias
La historia que hoy la tiene al borde de quedar en la calle comenzó mucho antes de España. Valeria ya era madre de un hijo de 11 años de un matrimonio anterior cuando conoció a Dionisio Ruiz Díaz a comienzos de los 2000. “Él lo quería más que a sus propios hijos”, recuerda con angustia.
Al principio, la violencia fue silenciosa: “Me fue apartando de mis amistades, de todo mi entorno. Me hacía creer que sin él yo no era nadie”. Después llegaron los golpes: “Perdí cinco embarazos por las palizas”. Durante años ocultó la violencia incluso frente a médicos y conocidos. “Decía que me había caído o golpeado con una puerta”, y confiesa que sentía «vergüenza«.
Valeria asegura que convivió durante años con miedo constante. En octubre de 2016 consiguió una perimetral y fue una de las primeras mujeres de Almirante Brown en recibir un botón antipánico. “A mí ese botón me salvó la vida”, asegura.
Pero ni las denuncias ni las restricciones alcanzaron para frenar a su agresor. Según relata, violentaba las órdenes de alejamiento y vigilaba la vivienda permanentemente. Valeria llegó a realizar “59 denuncias en lo civil y 89 en lo penal”. El episodio que terminó de quebrarlo todo ocurrió una semana antes de viajar a España. Según cuenta, su expareja intentó incendiar la casa familiar de Claypole mientras ella y los chicos estaban adentro: “Escondí a mis hijos debajo de la cama y pensé: ‘Que sea lo que Dios quiera’”.
Asimismo, cuenta que la policía llegó después de la activación del botón antipánico y que el hombre «fue detenido con un bidón de combustible en la mano». Sin embargo, horas después recuperó la libertad: “Me dijeron que cuando llegara a mi casa avisara para poder soltarlo”.
Dormían todos juntos en el comedor mientras patrulleros vigilaban la casa durante la noche. Para llevar a su hijo a las terapias necesitaba custodia policial. “A cada hora me llamaban para ver si seguía viva”.
Cabe señalar que la historia de Valeria refleja una problemática estructural que se repite en muchos casos de violencia de género: mujeres que denuncian durante años y aun así continúan expuestas a situaciones extremas. Según el Observatorio de Femicidios “Adriana Marisel Zambrano”, de La Casa del Encuentro, durante 2025 hubo 262 víctimas fatales de violencia de género en Argentina: un femicidio cada 33 horas.
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En esta misma línea, la Asociación Civil “Ahora que sí nos ven” registra que entre el 1 de enero y el 30 de abril de 2026 hubo 80 víctimas fatales de violencia de género: un femicidio cada 36 horas. Casi el 20% de esas mujeres había denunciado previamente y en el 70% de los casos los agresores eran parejas o exparejas.
“Hasta que no subí al avión no sabía si iba a seguir con vida”
Después de aquél episodio, escapar fue la única alternativa posible. Valeria consiguió la autorización del padre para sacar legalmente a los chicos del país, vendió su casa y armó las valijas de madrugada. “Hasta que no subí al avión no sabía si iba a seguir con vida”, confiesa.
El refugio apareció a través de Facebook. Una familia española le ofreció alojamiento después de conocer su historia. Pero cuando llegó, asegura, todo fue distinto: “Me usaron”.
Según relata, le quitaron dinero, contactos y documentación y, cuando “se acabó el dinero”, los echaron de la casa en plena pandemia. “Dormíamos en el piso y nos tapábamos con nuestra propia ropa”.
Durante estos años distintas asociaciones y personas particulares les brindaron ayuda. Pero con el tiempo -dice- muchos terminaron alejándose por el desgaste emocional y económico que implicaba sostener una situación tan prolongada. La sensación de haber cometido un error la acompañó desde el comienzo: “Sentí que había cometido el peor error de mi vida”.
El miedo siguió en España
Los hijos de Valeria llegaron a España siendo apenas chicos. Tenían 9 y 11 años. Atrás habían quedado las denuncias, los patrulleros y la violencia cotidiana. Pero el miedo -asegura- nunca desapareció del todo.
El menor fue diagnosticado con un grave trastorno por estrés postraumático. “El desarraigo es enorme. Mi hijo extraña a su hermano mayor, que se quedó en Argentina, y no puede con todo lo que vivimos”, cuenta.
Según relata, las secuelas psicológicas se profundizaron con los años. El menor atravesó situaciones de bullying y discriminación escolar que terminaron afectando seriamente su salud emocional.
Pero lo peor volvió a ocurrir hace tres años. Valeria asegura que su expareja logró encontrarlos en España y secuestró durante varias horas a uno de sus hijos. “Creo que me desmayé cien veces en ese lapso”.
Todavía hoy recuerda esas horas como uno de los momentos más desesperantes de su vida. Para ella, hubo fallas graves que permitieron el ingreso de su agresor al país. “No falló el juez. Falló la policía”.
“No quiero dormir en la calle con mis hijos”
Siete años después de haber escapado de Argentina, Valeria asegura que volvió a sentir el mismo miedo: quedarse sola, sin protección y sin un lugar donde vivir. “La situación es cada vez peor. Vivimos el día a día. Prácticamente no tenemos para comer”, relata.
Hoy reclama que la Justicia española finalmente cierre el expediente y los reconozca formalmente como víctimas de violencia machista, algo que -según denuncia- permanece paralizado desde hace más de siete años en el Juzgado Nº3 de Sant Feliu de Guíxols.
En España, ese reconocimiento puede habilitar el acceso a asistencia económica, programas de vivienda, apoyo psicológico y otras ayudas sociales específicas. “Hasta que no nos reconozcan como víctimas, no podemos acceder a derechos básicos”, explica.
A eso se suma otra urgencia: desde febrero dejó de cobrar la pensión por discapacidad de uno de sus hijos. “Era lo único que me llegaba. Y hasta eso me sacaron”. Valeria asegura haber presentado toda la documentación requerida, incluida la fe de vida ante el consulado argentino en Barcelona, pero afirma que todavía no obtuvo respuestas.
La situación no es aislada. En distintos puntos de Argentina, familias vienen denunciando suspensiones de pensiones por discapacidad, demoras administrativas y falta de respuestas oficiales, en un contexto atravesado por auditorías impulsadas por el Gobierno nacional que alcanzaron a más de 110.000 beneficios durante el último año.
Pero detrás de los expedientes, las auditorías y las demoras administrativas, la urgencia de Valeria y sus hijos es mucho más simple y brutal: sobrevivir. Sin ingresos estables y con miedo constante a quedarse en la calle, intenta sostener a sus hijos como puede. “No quiero dormir en la calle con mis hijos”, repite.
Y aunque el miedo y el agotamiento parecen haber atravesado cada etapa de su vida, hay una ausencia que todavía le duele más que cualquier otra: la de su hijo mayor, que permanece en Argentina y al que no ve desde hace más de siete años. “¿Sabés lo que daría por un abrazo?”, dice con la voz quebrada.
Si queres colaborar con Valeria:
Banco BBVA a nombre de María Valeria De Bernardinis
“Hoy no sé quién soy”
La historia de Valeria también atraviesa otra búsqueda: la de su identidad. En Argentina, Abuelas de Plaza de Mayo estima que todavía quedan alrededor de 300 hombres y mujeres que podrían haber sido apropiados durante la última dictadura militar y aún desconocen su verdadera identidad. “Yo siempre supe que era adoptada”, cuenta.
Según relata, fue criada por un matrimonio italiano y sufrió violencia durante toda su infancia. “Yo siento que me criaron mis secuestradores”.
Años después, mientras revisaba viejas valijas familiares, encontró partidas de nacimiento y comenzó a investigar sus orígenes. Así fue como Valeria logró descubrir quién era su madre biológica. Se llamaba Teresa Sandoval y trabajaba en una casa de Capital Federal.
“Hay toda una historia oscura detrás”, que incluso la llevó a sospechar que pudo haber sido víctima de apropiación ilegal durante la última dictadura militar. “Cuando mi mamá dio a luz, el hijo de esa familia se fue a Israel y la abuela se suicidó. Hay muchas cosas que nunca pude entender”. Hoy, sigue buscando respuestas: “No sé quién soy”.
Línea 102 Si necesitas ayuda o conoces a alguien que esté expuesto a violencia, llamá al 102. Es un servicio gratuito y confidencial, de atención especializada sobre los derechos de niñas, niños y adolescentes. Podés llamar ante una situación de vulneración de derechos. Si vivís una emergencia llama al 911.