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Femicidio

Femicidio en Campana: la causa de muerte fue un golpe en la cabeza

Agustín Leonel Chiminelli (24), su padre Carlos Rubén (69); y su madre Liliana Esther Sánchez (64), fueron detenidos, en principio, con la misma imputación para todos.

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Los investigadores del femicidio de la mujer encontrada ayer descuartizada y quemada en una casa del partido bonaerense de Campana creen que la víctima fue asesinada de un fuerte golpe en la cabeza antes de que intentaran deshacerse del cuerpo, mientras que los tres aprehendidos por el caso serán indagados mañana por la fiscal de la causa, informaron hoy fuentes judiciales.

De acuerdo a una primera revisión de los médicos sobre los restos de María Alejandra Abbondanza (38), ésta presentaba un fuerte traumatismo cráneo encefálico severo como causa principal de la muerte.

Según las fuentes, los peritos creen que la mujer fue asesinada de un golpe en la cabeza como una mancuerna y luego el cuerpo fue mutilado y quemado con la intención de hacerlo desaparecer.

Por ahora siguen aprehendidos Agustín Leonel Chiminelli (24), su padre jubilado, llamado Carlos Rubén (69); y su madre Liliana Esther Sánchez (64), quien trabaja como empleada de una farmacia.

Una fuente judicial explicó que la fiscal Ana Laura Brizuela, de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) 2 de Zárate-Campana, ya pidió a la Justicia de Garantías la detención formal de los tres, en principio, con la misma imputación para todos, aunque esto puede variar.

Luego de que el juez resuelva, la fiscal tiene previsto indagarlos mañana, añadió el vocero consultado, quien aclaró que, por el momento, todo indica que no hay más implicados.

A su vez, los peritos continuaban con el análisis de unos 100 sobres con evidencias levantadas en la escena del hallazgo y otros sitios de interés para la pesquisa; así también como la descarga del contenido de los teléfonos celulares de los acusados.En ese sentido, los expertos utilizan el sistema UFED (Universal Forensic Extraction Device, en inglés) para analizar dichos dispositivos.Uno de los objetivos de los pesquisas es determinar qué tipo de relación había entre la víctima y los acusados, más allá de ser vecinos del barrio.El hecho fue descubierto ayer por la mañana, en una casa ubicada en Moreno y Alberdi, en Campana, tras un allanamiento realizado en el marco de la búsqueda de Abbondanza, quien había sido vista con vida por última vez por su hija alrededor de las 17.30 del viernes, cuando sacó a pasear a su perro.La adolescente se retiró a lo de su novio tras haber ido al colegio y regresó cerca de las 22.30, pero vio que su mamá no había regresado, que el perro tampoco estaba y que la casa se encontraba tal cual había quedado de la tarde.

Inclusive, el teléfono celular de Abbondanza que la mujer había dejado en su casa tenía varias notificaciones de las personas que quisieron comunicarse con ella.Ante esa situación, la adolescente llamó a su padre, quien estaba separado de Abbondanza desde hacía unos años, porque le pareció raro que no había vuelto.

La búsqueda comenzó por el vecindario, pero nadie sabía nada y, luego de preguntarles a otros familiares y de haber recorrido los hospitales, a la medianoche fueron a la comisaría local para realizar una denuncia por «averiguación de paradero».Personal policial continuó la pesquisa a través de las cámaras municipales, pero ninguna de ellas captó nada.

Por su parte, la fiscal Brizuela dispuso revisar las cámaras particulares y una de ellas tomó el momento en el que Abbondanza ingresó por sus propios medios a la casa de un vecino de la esquina, identificado como el ahora detenido Chiminelli.

«Tenemos cámaras que muestran que el vecino entra y sale durante toda la noche, en ocasiones con bolsas», precisó un vocero encargado de la pesquisa.Además, a las cuatro de la mañana salió con el perro de la mujer como si saliera a pasearlo y volvió a la casa, situación que ocurrió nuevamente pero esta vez el animal ya no tenía el pretal puesto.

La Policía encontró el pretal, la correa y la ropa de la mujer ensangrentada en un terreno baldío ubicado a dos cuadras de la vivienda, mientras que el perro fue hallado suelto a las 5 de la madrugada.

Los efectivos también revisaron los tachos de basura de la cuadra y hallaron una bolsa similar a las que había dentro del inmueble con una mancuerna, un buzo y una toalla, todo con sangre.

Con esos datos, la fiscal dispuso un allanamiento de urgencia en la casa del sospechoso y los restos quemados de la mujer fueron encontrados en la parrilla ubicada en la terraza.

«En el terreno hay dos casas separadas y presumimos que el hecho ocurrió en la de atrás que estaba desocupada, en una habitación que estaba completamente limpia de manera reciente», añadió otro vocero y agregó: «Encontramos manchas de sangre en las puertas y un palmar como marcado con sangre, una escena macabra.

«Tras el hallazgo, los efectivos aprehendieron a Chimineli y a sus padres.En tanto, amigos y vecinos marcharon el sábado por la tarde en la plaza Eduardo Costa de Campana y con aplausos pedían «justicia» por el crimen.

Si vivís una situación de violencia de género o conocés a alguien que necesite ayuda llamá gratis al 144, mandá un mensaje al 11 5050 0147 o por WhatsApp al +54 911 2771 6463. También podés descargar acá una app para recibir ayuda de profesionales.

Femicidio

Femicidio en Los Polvorines: mató a una madre que defendió a su hija de ser abusada

Lorenzo Esteban Amarilla, de 25 años, fue capturado por la Policía Federal en un edificio del microcentro porteño luego de dos días prófugo. Este lunes se realiza la lectura de cargos: enfrenta una pena en expectativa de prisión perpetua por homicidio calificado con violencia de género y uso de arma blanca.

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Femicidio en Los Polvorines: atraparon al asesino de la madre que murió protegiendo a su hija

Lorenzo Esteban Amarilla, de 25 años, acusado del femicidio de Yolanda Raquel Cáceres, de 52 años, fue detenido por la Policía Federal en las últimas horas en un edificio de la calle Florida, entre Paraguay y Marcelo T. de Alvear, en el microcentro de la Ciudad de Buenos Aires, donde frecuentaba a una pareja ocasional. El hombre había permanecido prófugo desde el jueves, cuando cometió el crimen en el partido bonaerense de Los Polvorines, al norte del Gran Buenos Aires.

Una madre que dio su vida por su hija

El hecho ocurrió mientras Yolanda Cáceres y su hija de 9 años dormían en su vivienda. Según los reportes policiales, Amarilla ingresó a la casa a través de una ventana y comenzó a abusar sexualmente de la menor. La madre advirtió la situación e intervino para protegerla. En el forcejeo, el agresor, quien sería una persona conocida por la familia, atacó a Cáceres con dos puñaladas en el cuello y la cabeza, provocándole heridas fatales que le causaron la muerte en el acto.

Luego del crimen, Amarilla huyó. La niña logró escapar de la escena y pidió ayuda a los vecinos. Su testimonio ante los investigadores resultó determinante para identificar y localizar al sospechoso. Una de las frases que trascendió de su declaración resume el horror de lo vivido: «Me tapó la boca para que no gritara».

La detención y el peso de la ley

El allanamiento que derivó en la captura fue descripto como sorpresivo por fuentes policiales. Amarilla se encontraba en el edificio de la calle Florida sin aparente resistencia al momento de ser aprehendido.

Este lunes se realizará la lectura de cargos, el acusado enfrenta cargos por homicidio calificado por mediar violencia de género con uso de arma blanca y su condición de prófugo le cierra la puerta a cualquier beneficio procesal. «Se enfrenta una pena en expectativa a perpetua.

Violencia de género: el crimen que no puede naturalizarse

El caso de Yolanda Cáceres no es un hecho aislado. Es el resultado de una violencia estructural que sigue cobrando vidas de mujeres en Argentina. Una madre asesinada por interponerse entre un agresor y su hija de 9 años que era víctima de abuso sexual. Una niña que ahora carga con el testimonio de haber visto morir a su madre mientras la defendía. Un femicida que huyó y se escondió durante dos días antes de ser atrapado.

La muerte de Yolanda exige respuestas que van más allá de la condena individual: políticas públicas de prevención, recursos para la justicia con perspectiva de género, y una sociedad que no mire para otro lado cuando hay señales de violencia en el entorno.

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