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“Nunca sufrí las cosas que dice esta señora”: Robertito Funes explotó contra Nancy Pazos

El panelista de «A la Barbarossa» salió al cruce de su compañera tras duras declaraciones sobre su vida privada. El conflicto escaló después de que Funes dedicara la victoria electoral de Diego Santilli a Pazos, expareja del político.

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⬛ La guerra mediática entre Roberto Funes Ugarte y Nancy Pazos sumó un nuevo capítulo este fin de semana, luego de que el panelista aprovechara la victoria electoral de Diego Santilli en la provincia de Buenos Aires para lanzar una provocación directa contra su compañera de «A la Barbarossa», el programa que conduce Georgina Barbarossa por Telefe.

«Doble ganador!! La gente lo votó, y él eligió a una buena, divertida, linda y joven mujer que lo eleva #LLA», escribió Funes Ugarte en sus redes sociales al compartir una imagen del político con su actual pareja, la exmodelo Analía Maiorana. El mensaje fue interpretado como una clara alusión a Pazos, quien estuvo en pareja con Santilli.

La respuesta de Nancy Pazos y las acusaciones de Robertito

La periodista no dejó pasar la provocación y calificó a Funes Ugarte de «pobre tipo». Pero fue más allá: según declaraciones que llegaron al panel de «Puro Show», Pazos habría hablado de la vida personal del panelista y sugirió que podría ser un «resentido» por traumas de su infancia relacionados con su orientación sexual en un ambiente poco comprensivo.

Indignado por estas afirmaciones, Robertito salió al cruce en el programa «Puro Show» para aclarar su postura. «Lo que ella dijo la verdad me parece de muy mal gusto, no voy a caer en eso, es horrible lo que dijo. Yo nunca hablé de su vida privada ni nada de nadie», expresó el panelista.

Y fue categórico al referirse a las acusaciones sobre su historia personal: «Nunca en los 25, casi 30 años que tengo carrera nunca me han hablado ni de mi vida privada ni de mi familia. Fui criado muy bien, gracias a Dios soy de una familia que hizo todas las cosas muy bien. Fui un chico muy feliz y nunca, nunca, nunca sufrí nada de lo que esta señora dice».

Tensión en la producción de «A la Barbarossa»

El conflicto entre ambos panelistas también generó movimientos en la producción del ciclo de Telefe. Según relató Funes Ugarte, este lunes la conducción del programa —que habitualmente queda a su cargo cuando Barbarossa se ausenta— fue para Nancy Pazos.

«Nancy pidió venir ella el viernes, quería conducir ella sola y el canal le dijo que no, que sola no iba a conducir, que le iba a hacer con Analía Franchín. Y a mí me avisaron, dije bueno ok, está bien, me parece bien», explicó Robertito. Y añadió: «Creo que tenía que estar ella porque como fue un tema muy político y estaba todo muy caliente, creo que fue la decisión correcta».

A pesar de la dureza del cruce, Funes Ugarte intentó cerrar el tema con un gesto de distensión: «No voy a hablar mal de Nancy Pazos. Si ella quiere decir lo que quiera, que lo diga. Creo que lo dice para mantenerse vigente, pero igual creo que es una muy buena periodista».

Un conflicto sin final a la vista

La pelea entre Roberto Funes Ugarte y Nancy Pazos parece lejos de resolverse. Ambos comparten pantalla en «A la Barbarossa», pero los cruces públicos y las chicanas en redes sociales muestran que la relación laboral está más que tensa. Por ahora, ni el canal ni la conducción del programa han tomado medidas públicas al respecto.

Puntos clave

  • Roberto Funes Ugarte provocó a Nancy Pazos en redes tras la victoria electoral de Diego Santilli, expareja de la periodista
  • Pazos respondió hablando de la vida privada de Funes y sugiriendo traumas de su infancia
  • Robertito negó categóricamente haber sufrido los episodios mencionados por su compañera
  • La producción de «A la Barbarossa» decidió que Pazos condujera este lunes junto a Analía Franchín
  • El panelista aseguró que nunca habló de la vida privada de sus colegas y cuestionó el tono de las declaraciones de Pazos

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The Guardian le pide a Londres que reabra las negociaciones por Malvinas

El columnista Simon Jenkins publicó en el diario británico The Guardian una columna en la que exhortó al gobierno del Reino Unido a retomar el diálogo con la Argentina sobre la soberanía de las Islas Malvinas, disparada por la bandera que la Selección exhibió tras vencer a Inglaterra en la semifinal del Mundial 2026.

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"No pueden ser británicas para siempre": The Guardian le dice al gobierno británico lo que Milei no se anima a reclamar.

Una columna publicada el 16 de julio de 2026 en The Guardian, uno de los diarios de mayor influencia del Reino Unido, sacudió el debate sobre la soberanía de las Islas Malvinas desde adentro mismo del establishment mediático británico. Su autor, el periodista y analista Simon Jenkins, sostuvo que el gobierno de Londres deberá, tarde o temprano, sentarse a negociar con la Argentina la cuestión del archipiélago, y que ningún territorio colonial tiene el derecho eterno de permanecer bajo dominio imperial.

El disparador fue la imagen que dio la vuelta al mundo: jugadores de la Selección argentina desplegando una bandera con la inscripción «Las Malvinas son argentinas» en el campo del Mercedes-Benz Stadium de Atlanta, minutos después de la victoria por 2 a 1 sobre Inglaterra en la semifinal del Mundial de la FIFA 2026. El gesto, que generó una airada respuesta del gobierno británico y la exigencia de una investigación a la FIFA, tuvo sin embargo una lectura radicalmente distinta desde las páginas del diario progresista londinense.

Una voz disidente en el corazón del establishment británico

Jenkins no esquivó la incomodidad del argumento. En su columna, cuyo título completo fue «¿Las Malvinas son argentinas? No exactamente, pero ‘las Falklands’ no pueden seguir siendo británicas para siempre», el periodista reconoció la complejidad histórica del conflicto pero apuntó directamente contra la parálisis diplomática de Londres. «Tarde o temprano, el gobierno del Reino Unido tendrá el coraje de reanudar las negociaciones», escribió, y agregó que, en el estado actual de las cosas, «el Ministerio de Asuntos Exteriores y de la Commonwealth y el ministro de Defensa pospondrán el problema».

La frase que condensó toda la carga política del texto fue contundente: «No pueden ser británicas para siempre». Y la pregunta que Jenkins formuló después no fue retórica sino estructural: cuánto tiempo más puede el Reino Unido sostener, a un costo de más de 60 millones de libras esterlinas anuales en defensa, la presencia militar en un archipiélago disputado a miles de kilómetros de sus costas.

Gibraltar como espejo: el antecedente que incomoda a Londres

El eje argumentativo central de Jenkins fue la comparación con Gibraltar. Apenas 24 horas antes de que la Selección argentina exhibiera su bandera en Atlanta, el Reino Unido y España habían firmado en Bruselas un acuerdo que eliminó los controles fronterizos entre España y el Peñón, poniendo punto final a décadas de tensión diplomática sobre otro enclave de la era colonial británica.

El paralelismo resultó inevitable para Jenkins: si Londres pudo sentarse a negociar con Madrid sobre Gibraltar, ¿por qué no podría hacerlo con Buenos Aires sobre Malvinas? «¿Será mucho esperar que una negociación similar surja producto de la semifinal de anoche?», se preguntó el columnista, en una formulación que mezcló ironía y desafío dirigido al propio gobierno del primer ministro Keir Starmer.

Jenkins también cuestionó el peso que la diplomacia británica suele asignar al referéndum de 2013, en el que el 99,8% de los 1.517 habitantes de las islas votó por permanecer bajo administración del Reino Unido. Para el columnista, ese resultado no cierra la discusión sobre la soberanía, sino que la congela artificialmente: no puede equipararse la voluntad de una población instalada bajo ocupación colonial con la resolución definitiva de una disputa territorial reconocida por la propia ONU.

El reclamo argentino: historia, derecho internacional y política actual

La Resolución 2065 de la Asamblea General de Naciones Unidas, aprobada en 1965, reconoció la existencia de una disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido e invitó a ambos gobiernos a continuar negociaciones para alcanzar una solución pacífica. Ese mandato internacional nunca fue cumplido por Londres, que desde el fin de la guerra de 1982 adoptó una política de silencio sistemático sobre la cuestión.

Jenkins repasó en su columna los tres momentos históricos en que ambos países estuvieron más cerca de avanzar: las conversaciones bilaterales entre 1966 y 1968; la Declaración Conjunta de 1971 sobre comunicaciones con el continente; y la propuesta confidencial del gobierno laborista de Harold Wilson en 1974, que ofreció al presidente Juan Domingo Perón un esquema de condominio con administración conjunta, banderas compartidas y gobernación rotativa. Ese proceso, señaló el periodista, fue interrumpido violentamente por el inicio del conflicto armado de 1982, que transformó lo que pudo haber sido una solución negociada en una lógica de guerra que aún hoy condiciona la política exterior de ambos países.

La bandera como catalizador diplomático

Jenkins no se limitó al análisis histórico. Evaluó el impacto político concreto del gesto de los jugadores argentinos y expresó su deseo de que el símbolo trascienda lo deportivo. «Sería gratificante si la bandera de las Malvinas exhibida durante el partido en los Estados Unidos sacudiera a alguien para que pase a la acción», escribió, en una formulación que invierte completamente la lectura que el gobierno británico había hecho del episodio: donde Peter Kyle, ministro de Empresa, calificó el gesto de «totalmente inapropiado» y pidió una investigación de la FIFA, Jenkins lo leyó como un llamado a la responsabilidad política.

La columna del periodista británico tiene un peso político adicional que no puede ignorarse: el gobierno de Javier Milei, a diferencia de administraciones anteriores, exhibió un perfil notablemente más tibio en la defensa pública del reclamo soberano. Las ambigüedades del presidente argentino ante la cámara, en contraste con la firmeza del gesto de los futbolistas, generaron una situación paradójica: son los propios columnistas del establishment de prensa británico quienes, en este caso, empujan el debate con mayor énfasis que el jefe de Estado argentino.

Puntos clave

  • Simon Jenkins publicó el 16 de julio en The Guardian una columna que exige al gobierno británico reabrir negociaciones con Argentina por Malvinas.
  • El texto comparó la situación con el acuerdo sobre Gibraltar firmado entre el Reino Unido y España en Bruselas, apenas 24 horas antes de la semifinal del Mundial.
  • Jenkins cuestionó el referéndum de 2013 como argumento definitivo y recordó que la ONU reconoció la disputa de soberanía en 1965 mediante la Resolución 2065.
  • El columnista cifró en más de 60 millones de libras anuales el costo que representa para los contribuyentes británicos el mantenimiento militar del archipiélago.
  • La postura contrasta con la reacción oficial de Londres, que exigió una investigación a la FIFA por la exhibición de la bandera con la inscripción «Las Malvinas son argentinas».
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