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Cultura

Claves de la lectura de Santa Evita a 27 años de su publicación

A propósito de ese estreno, Juan Mattio, Paola Cortés Rocca y Soledad Quereilhac vuelven sobre esa obra para repensarla desde nuevas claves de lectura.

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La novela «Santa Evita», escrita por el periodista y escritor Tomás Eloy Martínez, fue publicada originalmente en 1995 por la editorial Planeta y tiene, por estos días, una versión audiovisual codirigida por los cineastas Rodrigo García y Alejandro Maci y protagonizada por Natalia Oreiro que se estrenará el 26 de julio -cuando se cumplan 70 años de la muerte de la líder del movimiento peronista- por la plataforma Star +, propiedad de Disney.

A propósito de ese estreno, Juan Mattio, Paola Cortés Rocca y Soledad Quereilhac vuelven sobre esa obra para repensarla desde nuevas claves de lectura.

Cortés Rocca dice que «a fines de los ’90, la figura de Eva Perón no tiene la virulencia de años anteriores y ya no es ni la madre protectora del pueblo ni la mujer del látigo, como la ve la oposición. Se ha convertido en una figura histórica considerando que hay cambios en los roles de las mujeres. En ese contexto hay que leer a la Eva de Tomás Eloy Martínez», apunta.

«No es un libro de ficción, es de no ficción, un trabajo periodístico narrativo, una escritura que usa los recursos narrativos para trabajar con un material real. El género es importante, es el momento de auge de la novela histórica en la Argentina. Hay algo en esa especie de libro de historia que se puede leer sin ser aburrido que lo hace legible para todo el mundo. Hay algo de policial, de diario íntimo, que lo hace profundamente legible, una gran pieza para las masas. No se trata solo de narrar la vida sino la muerte, toda la historia del cadáver también termina cerrando ese relato. Vuelve a Eva legible», dice la investigadora.

Para ella, «la serie va a ser leída de un modo parecido a como fue leída la novela, no problemático para el presente, es ese momento en el que los personajes históricos hacen las paces con el futuro. También va a haber diferencias: una central es el kirchnerismo, que hizo que el peronismo deje de ser la punta de lanza del neoliberalismo y se vuelva cercano al de la década del ’40 con una juventud fuerte».

Quereilhac, quien cuestiona el pacto «desleal» con los lectores planteado por la novela y la considera «la expresión de una operación estético-ideológica sobre Eva» porque neutraliza su potencia política, dice que al no haber visto todavía la serie no puede «anticipar si va a ser o no leída como la novela», ni saber «qué versión, adaptación o reelaboración crítica realiza la serie respecto de su obra de referencia» pero afirma que «en el marco actual de un revisionismo historiográfico diferente al de los ’70 y ’80, pero muy sólido en relación a la relectura que se plantea de los fenómenos populares y de las perspectivas historiográficas liberaloides (sic), la vuelta a Eva desde la historia, desde las artes y desde la industria del entretenimiento tiene un vasto terreno por explorar».

«La explosión del feminismo como movimiento, que incluye el desarrollo de los estudios feministas interdisciplinarios, también provee de eficaces e innovadoras herramientas para volver a Eva», subraya la docente de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA).

Por su parte, Mattio explica que «el peronismo es un evento político mutante y eso supone que se modifica según el momento histórico».

«Si acordamos que no es lo mismo el peronismo que representó Menem que el que representó, por poner un nombre, Cristina. Y que no es lo mismo el peronismo durante la dictadura que este que hoy está a cargo del Estado; entonces tenemos que pensar que ‘Santa Evita’ se ve –y se verá afectada- por todas estas transformaciones. Los objetos del peronismo están condenados a seguir la misma deriva mutante que el movimiento político», apunta.

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A los 75 años falleció la poeta y docente Estela Figueroa

Un día antes de que la poeta cumpliera 76 años (Figueroa había nacido un 12 de agosto), la editorial responsable de publicar su obra, Bajo la luna, confirmó su muerte en Facebook: «Con una tristeza enorme, despedimos a la querida poeta Estela Figueroa. Abrazo fuerte a sus hijas».

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Autora de una obra potente, aguda y desafiante que incluye trabajos como «Máscaras sueltas», «El libro rojo de Tito», «A capella», «Un libro sobre Bioy Casares» y «La forastera», la poeta y docente Estela Figueroa falleció hoy a los 75 años en la ciudad de Santa Fe donde había nacido en 1946.

Un día antes de que la poeta cumpliera 76 años (Figueroa había nacido un 12 de agosto), la editorial responsable de publicar su obra, Bajo la luna, confirmó su muerte en Facebook: «Con una tristeza enorme, despedimos a la querida poeta Estela Figueroa. Abrazo fuerte a sus hijas», se lee en el muro del emblemático sello de poesía y rápidamente sus palabras comenzaron a circular en redes sociales, destacando su capacidad para desafiar lo dicho y reinventar los pliegues del decir sobre el cuerpo, la amistad y la familia.

Recientemente la editorial Bajo la luna publicó su obra reunida, escrita entre 1985 y 2016, bajo el título «El hada que no invitaron». Este libro incluye: «Máscaras sueltas» (1985), «A capella» (1991) y «La forastera» (2007), junto a «Profesión: sus labores», que permanecía inédito hasta esta edición.

Una de las librerías que difundía la obra de Figueroa es Salvaje Federal, el proyecto de Selva Almada que tiene como objetivo contribuir a la circulación de literatura escrita y editada en las provincias y acercarla a lectores y lectoras de todo el país.

En diálogo, Almada recordó lo estimulante que fue la escritora a la hora de montar esa librería virtual: «Estela Figueroa fue una inspiración a la hora de fundar Salvaje Federal, una poeta que nos reunió muchas veces en torno a la lectura de sus poemas. Yo la admiro y quiero muchísimo. Estos últimos años hablamos algunas veces por teléfono, pocas, pero fueron conversaciones cálidas y hermosas», recordó.

«Era muy cariñosa conmigo aunque nunca nos vimos personalmente. Me acuerdo que la primera vez que la llamé le dije que solía ir a Santa Fe, que alguna vez podía visitarla. Y ella me respondió: yo prefiero el teléfono. Cada vez que me acuerdo, incluso ahora que estoy tan apenada, me da risa. Era una respuesta muy Estela. La última vez que hablamos, hará poco menos de un mes, me contó que estaba escribiendo sobre Arlt y me leyó algunos fragmentos», rememoró la autora de «El viento que arrasa».

Más allá de la «tristeza enorme» por su muerte, Almada rescató que «nos queda el consuelo de una obra poderosa y la alegría inmensa de haber sido contemporáneos suyos. A veces pensaba eso: en este mundo en que vivo, también respira Estela… y me emocionaba ese pensamiento».

Por otra parte, la escritora y docente Gloria Peirano definió la obra de Figueroa como «singularísima» y destacó su concepción de la poesía «como misterio y silencio».

«En una entrevista que le hicieron Patricio Foglia y Natalia Leiderman para Malón Malón, con motivo de la publicación de su obra reunida por Bajo la Luna en 2016, señalan lo que aparecía en una de las solapas de sus libros publicados en ediciones previas: ‘Estela Figueroa nació bajo el signo del León y del Perro en 1946 en la ciudad de Santa Fe, donde aún sobrevive’. El hada que no invitaron nos dejó hoy», dijo Peirano.

«La sobrevivirá su poesía extraordinaria (un poema suyo, La enamorada del muro, es indispensable para mí en todos los sentidos) y el recuerdo de sus lectores», agregó la autora de «La ruta de los hospitales».

Figueroa también había coordinado talleres literarios en el pabellón de menores de la cárcel de la localidad santafesina de Las Flores, experiencia que transformó en la revista «Sin alas» y que fue responsable de la revista La Ventana, una publicación de la Dirección De Cultura de la Universidad Nacional del Litoral.

En uno de sus poemas «No es para hablar de mí que escribo», aseguraba: «No es para hablar de la glicina / que la comparo con una lluvia / y adjetivo esa lluvia / Es para detener este momento nocturno: / la casa en calma / y los pensamientos que ennoblecidos velan / por un ordenamiento / que lo abarque todo».

Y en «Mi cuerpo», decía: «Hay momentos en que mi cuerpo me parece/ como una casa abandonada./ Y no sé si soy yo/ o es mi fantasma/ que ha entrado en él/ por error».

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