Cultura
“Golpe en el Museo”: la historia del robo de obras de arte más grande de la Argentina durante la última dictadura militar
Entrevista EXCLUSIVA a Imanol Subiela Salvo: “Me interesaba pensar sobre los usos culturales de la dictadura y también iluminar el mundo del arte”.
“Cerca de las cuatro de la mañana del 26 de diciembre, el sereno se despertó. En su habitación había olor a quemado. Se levantó de la silla y en un segundo salió del cuarto. El hall principal estaba lleno de humo. Empezó a seguir el rastro de la nube gris que se extendía por el lugar, para encontrar de dónde salía. Todo estaba a oscuras. Dobló a la derecha por el pasillo de la planta baja y llegó a la sala de la cual provenía la humareda. No quiso seguir ni tampoco entrar para ver qué estaba pasando. Decidió bajar al subsuelo. Corrió por los pasillos y bajó las escaleras lo más rápido que pudo. Intentó entrar en la habitación del bombero Ceballos. Estaba cerrada con llave, como siempre.
Golpeó varias veces la puerta. Nada. Siguió golpeando hasta que pudo despertar a su compañero y entonces le dijo:
—Está pasando algo raro en la sala Mercedes Santamarina.
El bombero y el sereno subieron juntos hasta la planta baja y fueron hasta la sala de la Colección Mercedes Santamarina. No había llamas, solo humo y un olor desagradable a plástico quemado. No se podía ver mucho. A la oscuridad de un museo a la noche se sumaba el humo que flotaba en el aire.
Titubearon antes de entrar. Se quedaron unos segundos en silencio y, cuando finalmente ingresaron, se encontraron con vitrinas destrozadas y vaciadas.
Marcos de cuadros rotos, sin sus telas, y desparramados por todo el piso del lugar. Otros, colgados de un solo extremo. Faltaban todas las obras de la sala y varios objetos de arte decorativo, vasos, teteras, vasijas y estatuillas chinas de cristal. En algún momento de la madrugada del 26 de diciembre de 1980 se había producido el robo más importante de la historia del arte argentino. La sala de la Colección Mercedes Santamarina había sido completamente vaciada.
El bombero y el sereno se miraron. No pudieron hablar, solo se quedaron parados uno al lado del otro mientras respiraban agitados y con el corazón bombeando sangre sin parar. No tenían demasiado tiempo para pensar qué había pasado ni para recorrer el resto del edificio y revisar si faltaban más obras de otras salas; el timbre de la puerta principal sonaba y afuera esperaban los empleados de limpieza para empezar su jornada de trabajo.
La responsabilidad de cuidar el museo recaía en sus espaldas, y esa única tarea que les habían encargado —la dirección del Bellas Artes y la Policía Federal— no habían podido cumplirla. No tenían certeza de todo lo que sucedería después, pero sí de que, pasara lo que pasara, no podía ser algo bueno. Al menos para ellos”.


“Golpe en el museo. La historia del robo de obras de arte más grande de la Argentina durante la última dictadura militar”, de Imanol Subiela Salvo.
En la madrugada del 26 de diciembre de 1980 un grupo de ladrones vació la sala donde estaba la colección Mercedes Santamarina en el Museo Nacional de Bellas Artes, en la ciudad de Buenos Aires. Se llevaron siete objetos de porcelana y jade y dieciséis pinturas impresionistas. De Matisse, Renoir, Gauguin, de Cézanne y también de Lebourg, al fin y al cabo, un botín valuado en veinte millones de dólares. El caso nunca fue resuelto. La investigación incluyó torturas y detenciones ilegales. La hipótesis más firme se construyó alrededor de un canje por armas. El golpe se mantuvo rodeado de un misterio de película, asombroso y oscuro, que incluyó la recuperación de tres obras, muchísimo tiempo después, por parte del juez Norberto Oyarbide. Esta es la historia de ese atraco.
«Si Imanol hubiera imaginado esta historia ella sería catalogada como un desborde creativo: un robo de obras de arte, un empresario taiwanés vinculado al tráfico de armas, la guerra de las Malvinas de fondo, y veinte años después un director de museo que mira para otro lado mientras un juez lleva un bastón con una calavera. Pero en lugar de imaginar, investigó, y escribió un libro atrapante, respaldado por la realidad argentina, legendaria ya por sus ribetes de ficción siniestra. Un libro que te obliga a levantar las cejas con cada vuelta de página«, dice María Gainza en el prólogo.
Imanol Subiela Salvo nació en Trelew, Chubut, en 1994. Es periodista y licenciado en comunicación audiovisual por la Universidad Nacional de San Martín. Escribe sobre artes
visuales en el suplemento Radar del diario Página/12 y sobre literatura en la revista La Agenda. Además, ha colaborado en diversos medios: Rolling Stone, Anfibia, La Nación, Tiempo Argentino, Vice en Español, Letras Libres y Gatopardo, entre otros. Es autor del newsletter Vueltas en la cama.
“Yo quería también iluminar el mundo del arte”, dijo Imanol mientras prendía un cigarrillo y acariciaba a su gato Sócrates.
-¿Qué mundo buscás develar a partir de esta historia?
–Mi mundo es el mundo del arte. Yo escribo sobre artes visuales. Tuve una revista con Claudio Iglesias, un crítico que escribía en Radar antes que yo llegara al diario. Es un mundo hermético, cerrado y endogámico. Me interesaba abrirlo y que esta historia pudiera llegar a otros públicos. Con esa premisa en la cabeza, no quería que el libro fuera sólo una historia sobre la dictadura, sino que también fuera una historia sobre el mundo del arte. Y entender que ese mundo no es tan snob, ni tan superficial y que a veces pasan cosas tremendas ahí. Sí me interesaba pensar sobre los usos culturales de la dictadura, cómo la dictadura usó el patrimonio para llevar adelante su plan represivo, y cómo después representantes del Estado también usaron ese patrimonio para ganar prestigio.



–Escribiste un policial de no ficción ¿Cómo trabajaste la narrativa para lograr ese relato súper atrapante?
-Con el enganche me ayudó mucho Mercedes Halfon. La estructura original del libro eran diez capítulos. Cuando se lo di a Mechi para que lo leyera me sugirió trabajar capítulos más cortos para que cada uno fuera una escena específica de la historia y terminarlos con un remate que invitara a seguir. Un ejemplo es cuando se llevan al sereno y al bombero en el auto de la Cana, que escribo esa frase: “No tenían certeza de todo lo que sucedería después, pero sí de que, pasara lo que pasara, no podía ser algo bueno. Al menos para ellos”. Me interesaba también, si bien es un libro periodístico de no ficción, trabajar con una estructura de ficción que es la de un policía clásico, presento el crimen y se va resolviendo a medida que avanza el libro. No quería que fuera una investigación periodística informativa nada más, sino que tuviera ese juego de mantener la tensión hasta la última página.
“Con la investigación también me ayudó mucho Tomás Viola, además de la búsqueda en hemeroteca de algunos diarios específicos consiguió más material como un libro olvidadísimo del periodista Guillermo Patricio Kelly, es una entrevista larga en la que va contando su vida y el episodio en que lo secuestra la banda de Aníbal Gordon y René Otto Paladino”, cuenta Imanol.
Gordon, alias “El Viejo” o “El Coronel”, fue integrante de la Alianza Anticomunista Argentina, la Triple A, y estuvo al frente del Centro Clandestino de Detención Automotores Orletti.
“Con esa fuente pude construir mayor solidez periodística y además con mi editora en Planeta, que es increíble, y hacía comentarios con un nivel de detalle extraordinario”, dijo.
-También incorporás fuentes propias del mundo del arte
-Sí, en general no pensamos que el mundo del arte pudiera contener un policial y me gustaba la idea de conseguir eso con algunas fuentes que propiamente fueran del mundo del arte. Por eso aparece la entrevista a Santiago Villanueva, que fue quien me contó la historia y es artista. Las citas a la revista Ramona, fundada por Roberto Jacoby. Aunque hayan pasado 40 años, todavía no terminamos de descubrir todo lo que hizo la dictadura. Hay algunos relatos que han sido más pregnantes, y otros, como este, que ha pasado un poco al olvido y está bueno recuperar. Porque no solo secuestraron y torturaron gente, fueron aún más crueles. Vaciaron instituciones culturales, se quedaron con bienes de personas, se robaron museos para cambiar las obras por armas. Eso es tremendo.
-¿Qué pasa con los personajes? Un traficante de armas de Taiwán, una mujer misteriosa vestida de animal print que llega a una casa de subastas…
–Gabriela, que ni siquiera sabemos si es su verdadero nombre, la mujer con peluca que llega vestida de animal print a la casa de subastas, parece un personaje secundario, pero es muy importante porque a través de ella se empieza a destrabar todo. El día D de la historia viene de su mano, no hubiera habido repatriación de obras sin ella. Y el traficante de armas taiwanés es un misterio, no sabemos nada de él. En teoría, según Oyarbide, Julian Radcliffe, fundador de Art Loss Register, la compañía inglesa que se dedicaba a buscar obras de arte robadas, se reunió con él en Taiwán, pero en su declaración no aportó ningún dato a la causa.
-Y los personajes de nuestra historia que reaparecen siempre como tragedia, la aristocracia argentina, Nelly Arrieta de Blaquier, la Triple A, los británicos buscando negocios, los jueces excéntricos…
-El libro tiene algo que me gusta mucho y es poder encontrar, en un lugar donde no creemos que vamos a encontrar determinadas cosas, un mundo gigante que tiene elementos que uno pensaría inconexos. Pintura, obras de arte, torturas, malversación de fondos, traficantes de armas. Todo eso alrededor de un museo. Ese mundo que se despliega creo que es lo que hace a la historia tan espectacular. Con contarla, es suficiente.
-El libro desbloquea el acceso a múltiples y simultáneos peldaños de un proceso ¿Qué más invita a pensar?
–Invita a entender de qué manera esas instituciones culturales moldean nuestras maneras de pensar. Por ejemplo, cuando sos chico y te llevan a un Museo de Ciencias Naturales, lo que ves ahí es una manera de estudiar las ciencias naturales, muy vinculada al iluminismo del siglo XIX. Y los niños que están ahí piensan que eso es la ciencia y por lo tanto la verdad sobre el mundo. Y cuando vas al Museo Nacional de Bellas Arte pensás que eso es “el buen gusto”, que esas son “las bellas artes”. Pero el mundo es mucho más amplio. De alguna manera, el robo nos sirve para pensar un montón de otras cosas, incluso la forma en la que las instituciones culturales moldean nuestras maneras de pensar.
-¿Cómo anclar esto en la actualidad política argentina?
-Tiene que ver con entender que el plan de la dictadura fue mucho más ambicioso de lo que creíamos, que se metió en lugares donde pensábamos que no estaba. Sus alcances siguieron operando, incluso con el retorno a la democracia. Creíamos que la dictadura había terminado aquel marzo de 2004 cuando Néstor Kirchner bajó el cuadro de Videla de las paredes de Casa Rosada, pero ahora pareciera que hay elementos que están de vuelta. El programa de la dictadura se mantuvo. La pregunta acerca de cómo el Estado usa los bienes culturales está siempre vigente. El gobierno actual, por ejemplo, y sus políticas de cierre del Fondo Nacional de las Artes, del Instituto Nacional del Teatro, del INCAA. La evidencia disponible demuestra que cerrar esas instituciones no resuelve los problemas económicos del país, ni tampoco los agrava tenerlas abiertas. Las cierra por cuestiones ideológicas. Entonces, la pregunta que abre el libro es lo que lo vuelve actual. Revisemos esta historia que pasó hace 44 años para volver a preguntarnos ¿qué hacen los Estados con el patrimonio cultural?
El viernes 12 de junio a las 18 hs, se realizará una propuesta diferente para quienes buscan conectar con la intuición, el misterio y las energías: una exclusiva Tarde de Tarot y Lectura de Café en el emblemático Castillo de Sandro, ubicado en Av. Pavón 3943, Boedo (CABA).
La actividad invita a compartir una experiencia especial junto a amigos, pareja o seres queridos, en un entorno cargado de historia y magia.
Durante el encuentro, el tarot será el gran protagonista de la jornada, acompañado además por dinámicas de numerología y un cierre especial con lectura de café (cafemancia).
La reunión estará coordinada por Iris Arese, numeróloga y especialista en prácticas esotéricas.
La experiencia incluye:
Lecturas y dinámicas de tarot
Juegos y experiencias de numerología
Lectura de café (cafemancia)
Break + merienda incluida
Duración aproximada: 2 horas
Información general
📅 Fecha: Viernes 12 de junio🕕 Hora: 18:00 hs📍 Lugar: Castillo de Sandro📌 Dirección: Av. Pavón 3943 — Boedo, CABA
Reservas e informes
📲 11-6852-2863💳 Reserva con seña del 50%⏳ Cupos limitados
-
Goles! ⚽7 díasScaloni eligió a sus 55: sorpresas, caras nuevas y la gran ausencia que sacude al fútbol argentino
-
Deportes ⚽4 díasCentral eliminó a Racing con polémico arbitraje y pasó a semifinales del Apertura
-
Judiciales ⚖️2 díasAutopsia de Benjamín Scerra: revelan que recibió más de 20 puñaladas
-
Política 📢7 díasEl Gobierno que no quiere Ficha Limpia: la interna que expone el doble discurso anticorrupción de LLA
-
Fútbol & Goles!2 díasEscándalo total: Malcorra fue a buscar a Gustavo López a la salida de la radio y casi terminan a las piñas
-
Política 📢4 díasMilei usó datos reales para construir una mentira: lo que no dijo al comparar su sueldo con el de rectores
-
Goles! ⚽4 díasEl fútbol argentino en llamas por la eliminación de Racing: entre rojas, insultos y acusaciones de robo
-
Desregulación3 díasSindicatos aeronáuticos denuncian penalmente a Milei y Caputo por la venta de Intercargo a precio vil
