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Entrevista

«El arte es lo que nos permite seguir»: Palomino y Vena, estrenan “El divorcio del año”

En diálogo con El Argentino, los actores reflexionan sobre el valor del arte y la cultura en un contexto adverso, y sobre el privilegio de seguir haciendo teatro.

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Por Andrea Reyes

En tiempos complejos para la cultura, Fabián Vena y Juan Palomino coinciden en una idea: hacer teatro, vivir del oficio y encontrarse con el público, “nunca deja de ser un privilegio”. Desde ese lugar protagonizan El divorcio del año, una comedia que, a través del humor, se mete de lleno en la coyuntura social y pone en escena los vínculos familiares, las rupturas y las posibles reconstrucciones.

En esta entrevista, los actores reflexionan sobre el valor del arte como espacio de resistencia, identidad y proyección, y hablan de la obra escrita por Mariela Asensio y José María Muscari, que comparten con Guillermina Valdés, Ernestina Pais y Rocío Igarzábal, y que se presenta desde el 2 de enero de miércoles a domingo en el Teatro Multiteatro.

-¿Cómo les llegó la propuesta de José Muscari y qué fue lo primero que los convenció del proyecto?

-Fabián Vena: José es muy inquieto y terriblemente laburador. Hace años que construyó una impronta artística muy fuerte dentro de la cartelera, no solo en el teatro comercial sino también en el independiente. Para mí es una garantía: cuando suena el teléfono y es él, sé que lo que viene va a ser provocador.

Desde el primer momento en que leí la obra sentí que el material era muy contundente, de lo mejor que le leí a José, en este caso junto a Asensio. Tiene impacto, lectura del momento social, pero además un tema universal: los vínculos, las parejas, los hijos, los matrimonios. Todo eso atravesado por una época muy particular, distinta a la que conocimos.

Ese cóctel aparece expuesto con mucha profundidad y con la impronta de Muscari, donde el humor es clave: si no hay humor, nos vamos todos a casa. Es una herramienta para desarmar temas fuertes y volverlos cercanos.

-Juan, ¿qué fue lo que a vos te terminó de convencer para sumarte?

Juan Palomino: Con José trabajamos juntos por primera vez en Sex, que era algo muy distinto, aunque también provocador. Acá me permitió reencontrarme con Fabi, con quien aprendo en cada ensayo, y con José en otro rol: como director y dramaturgo, junto a Asensio.

Me atrajo que sea una comedia atravesada por la actualidad: los vínculos, la relación entre padres e hijos, y también los dispositivos que hoy los condicionan, como los medios y las redes. José siempre invita a dar un salto, a exponerse, a buscar zonas propias que uno no suele mostrar. Eso es lo que vuelve tan particular al espectáculo.

-El divorcio aparece como una ruptura, pero también como una reconfiguración. ¿Desde ahí trabajan los personajes?

Palomino: Sí, la obra aborda las consecuencias del divorcio y la inteligencia -o no- con la que cada uno decide atravesarlo. Cuando hay hijos, incluso ya adultos, aparece algo muy potente. El personaje de la hija, interpretado por Rocío Igarzábal, está atravesado por todo eso y lo vuelve lúdico y a la vez muy fuerte.

El teatro no es un mensaje cerrado: es un espacio que te permite replantearte cosas, incluso desde la comedia. Creo que el espectador se va a sentir reflejado en distintos momentos, porque hay circunstancias que nos atraviesan a todos, más allá del rol que ocupemos en la vida.

-Recién hablaban de generaciones distintas trabajando juntas. ¿Eso también es una clave del espectáculo?

Palomino: Totalmente. La obra está construida por cinco personas con trayectorias y recorridos muy distintos, incluso de generaciones diferentes. Esa mezcla genera una energía particular, pensamientos que no siempre coinciden, miradas diversas. Todo eso se conjuga en un tiempo escénico que ilumina, que incomoda y que también tira verdades sobre cómo se construyen hoy los vínculos.

-En una obra que habla tanto de relaciones familiares, ¿cuánto aparece la experiencia personal y cuánto la técnica actoral?

Vena: Los vínculos familiares son centrales para todos. La diferencia es que nosotros, además, los analizamos porque de eso vivimos. Como actores le ponemos el cuerpo a las cosas que atraviesa cualquier persona, y ese material después se transforma en herramienta de trabajo. Hay un diálogo constante con uno mismo.

Es técnica actoral, en definitiva. Hay una frase muy conocida de Alan Rickman, un gran actor inglés, que cuando le preguntaban qué aconsejaba a quienes querían dedicarse al teatro, decía: “Que vivan”. Que escuchen música, que vayan a museos, que vean cine, que se vinculen. De eso se trata.

Palomino: Fabi es maestro de actores y cuando lo escucho pienso que por algo el tiempo nos junta. Eso de “vivir” es clave. Si uno está vivo, con todo lo que eso implica, incluso con las dificultades, el material aparece.

-Nadie es ajeno a que es un momento complejo para la cultura. ¿Cómo viven la posibilidad de estrenar una obra en calle Corrientes?

Vena: Nunca deja de ser un privilegio. Primero, porque tener una vocación ya es difícil; poder desarrollarla y vivir de ella, más todavía. Para mí la actuación siempre es un privilegio, esté en calle Corrientes, en un pueblo o de gira. Es algo a lo que hay que rendirle honor.

Palomino: Coincido. Vivir de mi oficio es un privilegio, incluso en tiempos tan particulares. El arte siempre fue un espacio de reflexión y de resistencia. El teatro, el cine, la dramaturgia forman parte de nuestra identidad cultural. 

Hemos atravesado muchas tormentas y el arte siempre respondió: con una comedia, con una obra dramática, con un hecho poético, con una película. Creo que a pesar de donde cada uno está parado políticamente, el ejercicio del arte es lo que nos permite seguir, subsistir y proyectarnos.

América Latina

«La revolución es el arte de sumar»: el libro que une a Fidel, Silvio y un siglo de historia latinoamericana

El historiador chileno Javier Larraín Parada presenta en Argentina su obra que recorre la figura del líder cubano a través del cancionero del trovador. El libro, editado por Acercándonos Ediciones, propone una lectura política y humanista que desafía las miradas simplificadoras sobre Cuba.

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Por Fernando Roperto

El próximo 13 de agosto llega a las librerías argentinas Fidel Castro en la canción de Silvio Rodríguez, la obra del historiador y periodista chileno Javier Larraín Parada, director de Correo del ALBA, editada por Acercándonos Ediciones. El libro propone un recorrido inusual: rastrear la figura de Fidel Castro en el cancionero de Silvio Rodríguez para reconstruir, canción por canción, la trama política, ética y humana de la Revolución Cubana. Una apuesta que llega en un momento preciso: el año del centenario del natalicio del Comandante.

Una lectura que va a fondo

Larraín Parada cuenta que la idea nació de «pensar una y otra vez las canciones del trovador», de darles vuelta constantemente. En ese proceso, Fidel emergió con la misma fuerza que Martí o el Che. Pero fue la figura del Comandante la que concentró la atención del investigador: «Creo en su propuesta política y ética», afirmó el historiador en una entrevista concedida a Acercándonos Cultura. El resultado, según el propio Larraín Parada, no fue tanto un descubrimiento como una confirmación: la profundidad humanista de la obra de Silvio Rodríguez, capaz de iluminar dimensiones del pensamiento castrista que el discurso político convencional suele aplanar o distorsionar.

La obra no se limita a la lírica. Cada canción funciona como una ventana hacia un episodio, un discurso o una actitud vital de Fidel. La canción Nunca he creído que alguien me odia, por ejemplo, dialoga con el «caso Marquitos» y el juicio por la masacre de Humboldt 7, episodio que amenazó con fracturar las fuerzas revolucionarias triunfantes en 1959. Allí, el trovador cita una reflexión clave de Fidel sobre la unidad: «la revolución es el arte de sumar», una frase que resume su concepción del proyecto colectivo como algo más grande que sus propios protagonistas.

Antiimperialismo, coraje y humanidad en clave de canción

Otro núcleo del libro es Los dientes de tiburón, canción que Larraín Parada lee como una intertextualidad directa con la Segunda Declaración de La Habana: aquel documento fundacional del antiimperialismo latinoamericano donde Fidel formuló que «el deber de todo revolucionario es hacer la revolución». La canción de Silvio, en esa lectura, opera como un puente entre el documento político y la sensibilidad popular, trasladando el pensamiento del Comandante a una forma artística que lo amplifica y lo preserva.

El libro también retrata a Fidel en sus dimensiones más humanas: el asaltante del Moncada, el expedicionario del Granma, el jefe guerrillero en la Sierra Maestra, pero también el dirigente que viste de luto junto a su pueblo tras el atentado contra el avión de Cubana de Aviación en Barbados, o el que dialoga con trabajadores y jóvenes sobre el significado de una revolución. Coraje, honorabilidad y compromiso colectivo son los rasgos que emergen, según el historiador, de esa lectura entre canciones y hechos históricos.

Arte y política en la Revolución Cubana

El libro incluye dos anexos que profundizan la relación entre arte y política en los procesos revolucionarios latinoamericanos, con menciones a la Revolución mexicana, la bolchevique, el muralismo, y la explosión cultural de los mil días de la Unidad Popular en Chile. En ese marco, Larraín Parada recorre la historia de la Nueva Trova, la corriente musical de la que Silvio Rodríguez fue fundador en 1972, y que el historiador define como «hija de la Revolución», con todas las tensiones y incomprensiones que eso implicó en ciertos períodos, incluido el llamado «quinquenio gris».

El volumen incluye además una entrevista directa al propio Silvio Rodríguez y un diálogo con el escritor argentino Alejo Brignole, que contextualizan la propuesta en el debate más amplio sobre el lugar de la cultura en los procesos de transformación social. La obra ya fue difundida con orgullo por el propio Silvio Rodríguez, dato que da cuenta del alcance y la legitimidad que el libro alcanzó antes incluso de llegar al mercado argentino.

El legado de Fidel, a cien años de su nacimiento

Consultado sobre qué rescata del legado de Fidel para las nuevas generaciones latinoamericanas, Larraín Parada destacó su «temprano desprendimiento de lo material», su capacidad de trabajar colectivamente, de escuchar, de rectificar, y su rechazo a los personalismos. «Fue un furibundo luchador contra los endiosamientos de cualquier tipo», señaló. Recordó también una máxima que Fidel solía practicar y repetir: «toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz», tomada de José Martí.

Al elegir las canciones que un joven debería escuchar para empezar a comprender a Fidel, Larraín Parada optó por dos: Todo el mundo tiene su Moncada, que retrata al abogado que organizó desde cero un movimiento político sin rendirse ante la derrota, y El aguerrido pueblo de Fidel, «porque ese discurso es muy conmovedor, allí se condensan la rabia, la furia y los valores, sueños más nobles y ansias de justicia de la Revolución«, explicó. En ambas, el elemento central vuelve a ser lo gregario: el amparo colectivo como fundamento de la política revolucionaria.

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