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Nika sobre la vida carcelaria: “No es como muestran en “En el Barro”

Explicó que los pabellones son cerrados y la socialización entre internas es limitada, de todas formas la serie es una ficción.

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La influencer y cantante conocida como “Nika” recordó su estadía en el penal de Ezeiza en 2019 y cuestionó diversos aspectos de la serie “En el Barro”, señalando que no reflejan la realidad del establecimiento.

En declaraciones difundidas en sus redes, la joven sostuvo: “Dado el boom de la nueva serie y que todo el mundo me dice que soy igual a Ana Devin o ‘Cachete’, quiero contar un par de cosas que me parece que no tienen nada que ver”.

Diferencias con la ficción

Nika explicó que la serie presenta situaciones alejadas de la realidad: “Que haya un comedor comunitario y las presas de diferentes pabellones se crucen todo el tiempo, salgan y poluleen por ahí, es cualquiera. Vos estás en tu pabellón, que está cerrado, te quedás ahí adentro y con las únicas que socializás son las que están ahí adentro”.

Respecto a los celulares, mencionó que, aunque tras la pandemia algunas internas recibieron dispositivos, la idea de un “puterío funcionando adentro” no corresponde: “A mí me retaban porque no usaba corpiño y se me notaban los pezones”.

Nika describió además el funcionamiento de la asignación de pabellones: “Cuando vos llegás, te ponen en un lugar provisorio un par de días, evalúan tu caso, tu perfil, se fijan qué tipo de persona sos y después te mandan a un pabellón permanente. No tienen juntas a todas las asesinas y otros perfiles juntos”.

Relaciones y seguridad

La cantante también desmintió escenas de la serie relacionadas con vínculos con personal masculino: “Nada que ver, que Valentina Zenere terminó estando con el guardia de seguridad ese porque casi no ves tipos o por lo menos no frecuentan en la zona de las presas. Si llega a haber un hombre, no te permiten la comunicación de ningún tipo”.

Por último, desestimó la posibilidad de que circulen armas blancas dentro del penal: “Tenían toda una colección de cuchillos caseros y no hay chance, en realidad, porque no te dejan tener cuchillos ni para comer, tenés que comer con los plásticos de copetín, con suerte porque revisan todo aleatoriamente y te sacan todo”.

Cultura

La UBA distinguió a Alejandro Dolina con el Doctorado Honoris Causa

La universidad pública reconoció una trayectoria que enlazó literatura, música, radio, televisión y pensamiento crítico. Dolina recibió la distinción ante más de 700 asistentes y reivindicó el conocimiento como una forma de encuentro.

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Dolina, la universidad pública celebró una obra que convirtió el humor en pensamiento y a la voz que hizo de la melancolía una forma de cultura argentina.

La Universidad de Buenos Aires otorgó a Alejandro Dolina el título de Doctor Honoris Causa, una distinción que reconoció una trayectoria decisiva de la cultura argentina. El acto reunió a más de 700 asistentes en el Auditorio de la Facultad de Ciencias Sociales y enlazó la emoción institucional con una conversación sobre el arte, el paso del tiempo, la educación pública y la condición humana.

El rector Ricardo Gelpi y el vicedecano Diego de Charras participaron de la ceremonia junto con autoridades académicas, docentes, nodocentes, estudiantes, familiares, amigos e invitados especiales. Dolina recibió el diploma y la medalla que formalizaron el reconocimiento, y luego conversó con el escritor y psicólogo Gabriel Rolón.

Una obra que salió de los libros

La decisión fue impulsada por la Facultad de Ciencias Sociales y aprobada por el Consejo Superior de la UBA. En sus fundamentos, la universidad destacó una obra que “atravesó la literatura, la música, la composición, la radio, la televisión, la actuación y el pensamiento”. También mencionó sus estudios en Letras, Historia y Música, además de libros como Crónicas del Ángel Gris y Notas al pie.

En esa enumeración apareció una clave para leer la dimensión de Dolina: “Su trabajo nunca quedó encerrado en una disciplina, su escritura tuvo oído musical, su música tuvo imaginación literaria y su presencia radial convirtió la conversación en una escena cultural. En La Venganza Será Terrible, el humor, la narración, la reflexión y la memoria se mezclaron durante años hasta construir un espacio reconocible para varias generaciones”.

Dolina fue un cronista radial en un sentido amplio. No solo contó historias o comentó la vida cotidiana. Observó las costumbres, los deseos, las derrotas y las ilusiones de una sociedad que encontró en su voz una forma de pensar mientras se reía. Su humor melancólico no ofreció certezas fáciles: expuso la fragilidad de los vínculos, el ridículo de ciertas ambiciones y la persistencia del amor aun cuando parecía condenado al fracaso.

El humor como forma de pensamiento

Durante el elogio académico, la directora de la carrera de Comunicación, Larisa Kejval, subrayó que “los personajes de Dolina lograron trascender la ficción e incorporarse a la realidad cotidiana”. También destacó “la reunión de imaginación, humor, música, literatura, amor y melancolía que definió su universo creativo”.

Ese legado no se explicó solamente por la cantidad de años de presencia pública. Se sostuvo en una mirada que convirtió la ironía en una herramienta crítica y la tristeza en una forma de conocimiento. En sus relatos, la risa no borró el dolor. Lo volvió visible, lo rodeó de palabras y permitió compartirlo. Por eso sus personajes y sus frases permanecieron más allá de los medios que los difundieron.

Al recibir el título, Dolina afirmó: “Las alegrías después de cierta edad vienen acompañadas por una deliciosa melancolía y por una noble tristeza”. La frase condensó una de las zonas más persistentes de su obra: “la conciencia de que toda celebración también contiene una despedida, y de que la experiencia no elimina la ilusión, sino que la vuelve más compleja”.

La universidad pública como lugar de encuentro

Dolina también reivindicó el papel de la universidad pública y su capacidad para producir conocimiento e intercambio. Con ironía, dijo sentirse “un poco farsante e impostor” ante una distinción académica porque no provenía de ese ámbito. La observación, sin embargo, no funcionó como rechazo del reconocimiento, sino como una reflexión sobre las instituciones que abren sus puertas a saberes diversos.

El escritor sostuvo que la universidad permitía recibir y también dar conocimiento, además de vivir momentos de comunión con otros. Por eso llamó a privilegiar la educación y la creación de universidades y colegios por sobre otras prioridades. En una época de discursos que redujeron el conocimiento a una mercancía, esa defensa recuperó el sentido colectivo de la enseñanza pública.

La UBA reconoció en Dolina algo más que una carrera artística extensa. Reconoció una forma de “intervenir en la conversación argentina, de hacer circular literatura y música fuera de los circuitos especializados, y de demostrar que el pensamiento crítico también podía entrar por la risa, la emoción y la palabra hablada”.

El conversatorio con Gabriel Rolón cerró el homenaje con una combinación que resultó coherente con toda su trayectoria: reconocimiento institucional, humor y reflexión. La distinción confirmó que la cultura no se mide únicamente por las fronteras de una obra, sino también por su capacidad de acompañar a una comunidad y de modificar la manera en que esa comunidad se cuenta a sí misma.

Puntos clave

  • La UBA otorgó a Alejandro Dolina el título de Doctor Honoris Causa.
  • La ceremonia reunió a más de 700 asistentes en el Auditorio de la Facultad de Ciencias Sociales.
  • La universidad reconoció su trayectoria en literatura, música, radio, televisión y pensamiento.
  • Dolina reivindicó la universidad pública como espacio para recibir y dar conocimiento.
  • El homenaje incluyó un conversatorio con Gabriel Rolón y un elogio académico de Larisa Kejval.
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