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Espectáculos 🎭

Nicola, homenaje a la canción

Ante la imperiosa necesidad de seguir cantando, con un año bravo encima, el artista despidió el año en un Roxy repleto.

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El-Argentino-Manu Campi

Por Manu Campi | @manucampimaier

Lacroze y Alvarez Thomas es una esquina sentida. A veces, si voy de apuro, consigo ver el Antiguo Teatro Colegiales y el Café Argos por el rabillo del ojo.

La ochava ruidosa de beyquer, olor a café, francés con jamón y queso y mozos de ambo marrón conserva, en el aire y detrás de la puerta vaivén original, el sonido de los tacos de billar como si fueran ánimas que sueñan, aun guapas, en una de las tantas esquinas porteñas.

Ante la ausencia del cenicero Cinzano, el barrio encuentra traducción en la memoria de quienes todavía mantienen vivo cierto espíritu arrabalero. Nicola es eso. Ni bien presentó “Amistad es lo primero”, a fines del 2023, en un Club Lucille colmado, supimos cual era el alimento balanceado del artista: el barrio arbolado, las veredas anchas, los amigos, el fútbol y la familia como motor de esta aventura llamada vida.

Con su primer disco bajo el brazo y algún que otro regalo a modo de adelanto de su nuevo trabajo de estudio, Nicola volvió Roxy para cerrar el año. Quizás el folclore de tal esquina no sea otra cosa que el cúmulo de lo que él propone, con la claridad que lo atiende y la sinceridad que lo representa.

En escena, y de manera notable, el artista se da el gusto de entretenerse a sí mismo antes de contagiar, con el carisma que lo caracteriza, lo mismo de lo que está convencido…y convence. Unas dos horas de show bastaron, no solo para defender lo hecho, sino para dejar en claro la proyección artística que se trae consigo. El repaso obligado por la primera entrega sirvió de disparador, en un momento tan delicado como revulsivo, para poner sobre la mesa la importancia de ser humanos, espirituales, amigos, hermanos y únicos. Así, “Tan espiritual”, “Vamos”, o “Marinero” manifestaron la necesidad artística –y humana– de no perder el norte, de volver a mirarse a los ojos y volver a sentir que no hay sueño que no valga la pena.

Independientemente de la puesta en escena y la energía que caracteriza al entretenimiento, cabe resaltar la prosa que aparece con cada vez más solvencia en la mano del artista. Quizás por eso, a este repaso del show no le interesen la franela tema por tema, ni requiera de la cronicidad sobre lo que ocurrió, en detalle, arriba de la tarima.

Nicola es claro a la hora de proponer hacia adonde va, pero de donde viene. La necesidad de buscar un espacio para poder contar su cuento, prima ante la ineficacia algorítmica y la impaciencia que los artistas tienen hoy para sonar en alguna que otra radio con agendas de turno. Nicola entiende que hay cuestiones que vienen solas y que la radio, las fotos y las tapas de los diarios no sirven sino se trabaja con humildad. Conoce el tabloide como la palma de su mano y por eso no necesita de ningún cartel que lo acomode en ningún sitio.

Nicola es claro, el artífice de una banda que franelea entre el romance de barrio, el pop, el rock, el reggae y el murmullo que corre por su sangre, pero sin la necesidad de atender al dos por cuatro, permiten hacer del solista y su banda un todo. Pero las cuestiones estéticas y artísticas las dejaremos para el periodismo especializado. Tal vez, deba destacarse que el último corte de difusión lleve el nombre de una calle porteña. Así, “Concepción Arenal” es una delicia que tiene el mismo olorcito que se escapa del zaguán, por debajo de la puerta, y que solo se siente cuando uno se sienta en un umbral a fumar un tabaco. Nicola volvió a mostrar que tiene un camino claro, una idea concreta y un espíritu noble y que ¡vamos! de eso se trata.

Con show exquisito, en la misma esquina que funcionaba el histórico Argos, el flamante proyecto despidió el año con “La vida es un rato”, un valsecito mejicanote que convidó al baile, como bailaba en el Luna, un tal Santos Zacarías.  

Literatura

“El demonio del mediodía”: una novela provocadora se presenta en la Feria del Libro

La publicación puede encontrarse en el stand 337 del Pabellón Azul, dentro del predio de La Rural (Avenida Sarmiento 2704, CABA), donde se desarrolla la feria entre el 23 de abril y el 11 de mayo.

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Alejo Brignole presenta en la Feria del Libro “El demonio del mediodía”

En el marco de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, el escritor Alejo Brignole presenta su nueva obra El demonio del mediodía, una novela que se define como ácida, provocadora y profundamente contemporánea.

El libro, editado por Acercándonos Ediciones, propone una mirada incómoda sobre el poder, el deseo y “el fantasma de la senectud”, atravesando temas sensibles con una narrativa filosa. La estética de la portada refuerza ese tono inquietante.

La publicación puede encontrarse en el stand 337 del Pabellón Azul, dentro del predio de La Rural (Avenida Sarmiento 2704, CABA), donde se desarrolla la feria entre el 23 de abril y el 11 de mayo.

Con esta propuesta, Brignole se suma a una edición aniversario de la Feria que reúne voces diversas y apuesta a tensionar los debates culturales del presente.

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