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Entrevista

Sofía Gala: “Estoy intentando hacer las cosas lo más parecido a lo que quiero”

La actriz habló con @ElArgentino de su rol en “Los padres terribles”.

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Por Andrea Reyes

Con un pensamiento que interpela y retumba en el otro, la actriz dialogó con El Argentino acerca del rol de su personaje en la obra, su proceso de auto-desprogramación de normas ajenas para sentirse más libre y la unidad familiar de tres que formó con sus hijos y que define como “lo mejor que me ha pasado en la vida”.

Sofía Gala Castiglione protagoniza junto a Luis Ziembrowski, Ana Katz, Ana Garibaldi y Max Suen, la obra de teatro adaptada y dirigida por Daniel Veronese, una versión actualizada del texto original de Jean Cocteau, “Los padres Terribles”. La actriz conversó con El Argentino acerca de su vuelta al escenario en la sala Caras y Caretas, de viernes a domingos a las 20 horas.

Respecto de la obra, Sofía define que “cada familia tiene un lenguaje muy propio”. Pero cuenta que, particularmente en esta historia, “el padre tiene como una especie de Edipo con su hijo varón y mi personaje, Madeleine, la novia del joven, viene a romper con esta situación claustrofóbica en la que viven y en la que tienen un determinado equilibrio ficticio y enfermo. Es la que termina de hacer explotar todo que ya se viene caldeando hace tiempo”.

-En “Los padres terribles” se abordan ciertos preceptos morales. ¿Vos cómo te llevas con “el deber ser”?

-Yo no me llevo con el deber ser de nada. Creo que estamos llenos de etiquetas y convencionalismos que no nos pertenecen y todo el tiempo los tomamos como propios porque son parte de nuestra cultura y están súper instalados. Desde hace un tiempo, yo estoy en un proceso bien grande de auto-desprogramación, con lo cual estoy intentando hacer las cosas lo más parecido a lo que quiero y poner mis propias reglas y no estar siguiendo las normas ajenas de los convencionalismos. Las etiquetas vienen con reglas que tenés que romper o acatar, pero que ninguna la pusiste vos, no te pertenecen. Entonces, a medida que uno va creciendo hay un autoanálisis mayor y el deseo de sentirse cada vez mejor y de ser más libre. La búsqueda de libertad también es esto de auto-desprogramarse y poder realmente pensar por tu cuenta, aunque cada vez pasa menos con la tecnología, en verdad con el sistema capitalista que busca crear soldados que no piensen.

-¿De qué manera se lo transmitís a tus hijos, teniendo en cuenta todo lo que los rodea?

-Trato de vivir de la manera más real y que yo creo que es la correcta. Si tus hijos se crían con gente libre y que tiene pensamientos e ideales propios, ese contexto ya los hace crecer de otra manera. Pero además, hablo mucho con mis hijos, somos una unidad familiar de tres, que es lo mejor que me ha pasado en la vida: encontrarme en este momento viviendo sola con mis hijos. Somos muy compañeros con mis hijos, tenemos una idea de grupo muy fuerte y trato que ellos no tengan ningún tabú conmigo para hablar de absolutamente nada; yo no los tengo con ellos. Trato de darles las herramientas para que puedan elegir y mantener una esencia y pensar por ellos mismos. Yo los veo muy bien, y eso me deja tranquila.

-Respecto de la cultura, ¿sentís que estamos viviendo un momento en que hay que cuidar lo que se dice o se hace para no “incomodar”?

-Yo creo que en el arte no puede haber moral, no puede no molestar, porque eso elimina el arte. Éste siempre estuvo para incomodar, siempre fue la resistencia a todo y, fundamentalmente, el arte está para mostrar cosas que no están buenas, cosas que te desagradan, porque si no se termina transformando todo en entretenimiento, que no está mal, pero se necesita de lo otro que movilice y haga trascender, y probablemente sea diciendo cosas que no quieras escuchar, porque así te abre los ojos el arte. Pero cada vez hay menos propuestas que sean arriesgadas, y no me parece que sea una casualidad. Igualmente, la contracultura está, hay gente que quiere decir cosas y no le importa molestar, no desde el lado rebelde, sino para generar preguntar.

-Además de “Los padres terribles”, ¿estás en otro proyecto?

-Estoy por estrenar “Reina animal”, una película del director Moroco Colman que es súper cinematográfico. Además, en cuarentena creamos junto a César González y mi grupo de amigos un film experimental que se llama “Fobia”, que se presentó en el CCK los sábados de abril a sala llena. Este sábado, 13 de mayo, se expone en el Cine Municipal Select de la Ciudad de La Plata y luego irá rotando por un circuito que no es el comercial. Estamos muy contentos con la repercusión que tuvo del público, eso me da la pauta que hay gente interesada en ver propuestas nuevas que tal vez no son las que encontraría en cualquier lugar.

Entrevista

Lorena Vega, del teatro autogestivo a la popularidad: “Siempre pensé en cambiar mi destino”

En uno de los momentos de mayor exposición de su carrera, la actriz, directora y dramaturga habla con El Argentino sobre cómo vive la popularidad, el deseo que sostuvo su recorrido y aquella certeza que apareció mucho antes: había una realidad que quería cambiar.

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A Lorena Vega todavía le resulta extraño observar lo que ocurre a su alrededor. Después de más de tres décadas de trabajo, la popularidad llegó a los 50 y, por momentos, la mira casi como si le estuviera pasando a otra persona. “Me pongo en observadora de un fenómeno que pareciera que no me pasa a mí”, cuenta.

El reconocimiento la encuentra, además, en pleno movimiento. Mientras Sottovoce la lleva a compartir escenario con Adrián Suar, Carla Peterson y Fernán Mirás, su presente se reparte entre el teatro, el cine y las series. Sin embargo, asegura que no mide este momento únicamente por la exposición.

“Lo vivo con agradecimiento, lo vivo con diversión. Hay cosas que me divierten y me sorprenden”, dice. Vega encuentra una imagen más precisa para explicar qué hace con todo lo que recibe: “Se traduce un poco en impulso, en confianza, en alegría, como si me recargara cartuchos para seguir haciendo”.

Hay una distancia enorme entre esta Lorena Vega y aquella chica que, a los 17 años, empezaba a impulsar sus propios proyectos. Y, al mismo tiempo, algo permanece intacto. Cuando se le pregunta cómo imaginaba entonces a la mujer adulta que sería, la respuesta aparece por otro lado: “Creo que siempre pensé en cambiar mi destino”.

Por qué Sottovoce llegó en el momento justo para Lorena Vega

Sottovoce aparece en medio de ese presente cargado de proyectos, pero también marca para Vega una renovación. “Yo vengo haciendo muchas obras de teatro, pero la que tiene menos tiempo ya tiene cinco años. Entonces hacía muchos años que no estrenaba algo como actriz, sí como directora. Necesitaba una renovación en ese camino, de crear algo y que pase por la instancia de darlo a luz”, explica.

La obra, que se presenta de jueves a domingo en el Teatro El Nacional, reúne a dos parejas alrededor de la venta de una propiedad y una pyme familiar. Lo que podría parecer una discusión sobre cómo repartir bienes empieza a remover pertenencias, memorias, viejos argumentos y secretos.

Para Vega, esa pequeña disputa familiar permite mirar algo bastante más amplio: “Para mí es una obra que, en esos términos micro, habla de los vínculos para después hablar en términos macro de un tipo de momento social. Cómo seguir pensando nuestro futuro, quiénes lo piensan de modo individual, quiénes tienen más consideraciones colectivas. Un poco pone en juego todo eso”.

Su personaje pertenece, además, a un universo que reconoce: popular, barrial y atravesado por una idea de comunidad. La cercanía, sin embargo, no eliminaba el desafío, ya que sostiene que “el riesgo es hacer algo cliché o estereotipado”. Y agrega: “No es el camino que me interesa. Tenía el desafío de no subestimar el personaje y hacerlo por signos ya conocidos, sino encontrarle su singularidad”.

Pero las ganas de aceptar un trabajo no siempre dependen del personaje en sí mismo, según Vega. También puede ser decisivo el lenguaje que propone una obra. En Sottovoce encontró una comedia “popular, ácida y atrevida” donde, a medida que avanza el conflicto, la superficie empieza a romperse.

“Los personajes son punzantes, se van destartalando y afeando, no solo porque se empiezan a deteriorar visualmente, sino porque empiezan a aflorar muchas miserias internas, mucha mugre”, comenta la actriz a El Argentino.

“Producir con lo que se tiene”: la escuela de la autogestión

Actuar, dirigir, escribir y motorizar sus propios proyectos no es algo nuevo para Lorena Vega. Empezó a moverse entre esos distintos roles cuando todavía era adolescente. “Desde que empecé a tener inquietudes artísticas o profesionales, siempre fui parte de procesos autogestivos. Y siempre me ubiqué en roles que motorizaban mucho esos proyectos”, recuerda.

En esa trayectoria también aparece su paso por el centro cultural que funcionaba en la fábrica IMPA, en Almagro. “Muchos artistas trabajábamos ahí en el centro cultural, dando clases o haciendo espectáculos”, cuenta. Allí, crear también suponía conseguir los recursos y tejer los vínculos necesarios para sostener cada proyecto.

“La autogestión, producir con lo que se tiene, con lo que hay, buscar ayuda, generar lazos, me parece que eso es parte de nuestra cultura, y que profundamente en el teatro independiente eso sucede. Es un poco la escuela que hacés”, cuenta.

Esa lógica también atraviesa su experiencia detrás de escena. En los últimos años sumó trabajos como guionista y codirectora, aunque Vega ubica el impulso por ocupar esos lugares mucho antes de que algunas discusiones actuales tuvieran nombre: “Yo lo entiendo así desde antes de que se nombrara, como se nombra ahora con tanta claridad, el feminismo, la paridad de género o el tema de igualar los cupos. Es algo que ya estaba en mí”.

Al hablar del lugar de las mujeres detrás de cámara, esa iniciativa adquiere también una dimensión colectiva: “Las mujeres estamos con una decisión, con una claridad sobre que si no ocupamos los espacios, no los tenemos. Con muchas historias por narrar que no fueron contadas, con mucho para decir desde nuestra perspectiva, con muchas chicas formadas en los rubros técnicos, detrás de cámara”.

El deseo y la subsistencia cuando el contexto no acompaña

La autogestión podría prestarse fácilmente a un relato romántico sobre hacer lo que uno quiere pese a cualquier dificultad. Vega pone un límite antes de llegar allí.

Consultada por El Argentino sobre qué podría decirles a los jóvenes que intentan abrirse camino en el arte en un contexto adverso, primero habla de las necesidades básicas: “Me parece que es un momento súper delicado y hay necesidades y prioridades muy fuertes que tienen que ver con sostener cuestiones básicas, como la vivienda, la alimentación, tener un techo, un espacio, poder comer y poder acceder a la educación”. Y añade: “Con mucho respeto entiendo el camino que cada uno vaya decidiendo tomar en relación a cómo subsistir”.

Recién entonces aparece el deseo. “Yo creo que la clave siempre tiene que ver con el deseo, con darle espacio a lo que nos conmueve de verdad, en lo que creemos, más allá de que el contexto sea muy adverso”. No plantea una fórmula. En su propia trayectoria, deseo y posibilidad tuvieron que encontrar muchas veces la manera de convivir.

La popularidad que llegó después de décadas de trabajo

Durante años, Vega tuvo reconocimiento dentro del teatro y del circuito cultural. La llegada a públicos más amplios ocurrió después y amplió considerablemente su visibilidad.

Hoy, lejos de preguntarse por qué no sucedió antes, confiesa a El Argentino: “Estoy segura de que no era lo mismo hace 20 años atrás que ahora, porque era más joven, porque tenía otra experiencia de vida, otro recorrido, porque no era madre, y cuando sos madre las prioridades y el foco están en otro lugar”.

La actriz asegura estar “contenta de que haya sido ahora”, porque entiende que “fue cuando tenía que ser”. Pero en sus palabras hay espacio para la reflexión: “Creo que sucedió en un momento donde uno mira la vida de otra manera, comprende… Me falta, espero, mucho recorrido más, pero es cierto que hay una experiencia de vida que es distinta a los 50 que a los 25”.

Y cuando mira mucho más atrás, hacia aquella chica que todavía no sabía cómo sería su vida adulta, retoma aquella idea de “cambiar mi destino” y explica qué significaba entonces: “Me parecía que nosotros, por ser una familia humilde, teníamos como una realidad que tenía que cambiar. Y yo creo que ese horizonte sí lo tenía, que había algo que tenía que mejorar. Pero muchas veces me parecía muy difícil eso”.

No habla entonces de fama ni de popularidad. Tampoco de llegar a un lugar preciso. “Ese era el signo general: la idea de estudiar y trabajar para cambiar un poco, para modificar mi realidad. Eso sí lo tenía claro”.

Del teatro a las series: los proyectos de Vega

Además de Sottovoce, el presente de Lorena Vega se reparte entre distintos proyectos. En septiembre se estrenó Cautiva, la serie que protagoniza junto a Carolina Kopelioff y en la que interpreta a Cecilia, la madre superiora de un convento atravesado por el abuso de poder. La ficción, de seis episodios, está disponible completa en Flow.

Lorena Vega en Cautiva

Entre sus trabajos recientes también está Lu & Pau, la película de Nicanor Loreti que se estrenó a fines de agosto y que Vega protagoniza junto a Jazmín Stuart. A ese recorrido audiovisual se suma la tercera temporada de En el barro, prevista para 2027 y con la actriz nuevamente confirmada como “La Zurda”.

La exposición en cine y televisión no la alejó del teatro. En octubre actúa en Las cautivas y La vida extraordinaria y dirige Civilización. En diciembre, además, Imprenteros, la obra documental que creó junto a sus hermanos a partir de la historia de la imprenta familiar, tendrá nuevas funciones en el Teatro Picadero.

Lorena Vega, fuera de libreto: de Cortázar y David Lynch a una buena salsa de estofado

La actriz y directora se presta al juego rápido y revela gustos, rituales, recuerdos y alguna confesión inesperada.

Un ritual antes de salir a escena: “Me pongo en posición de loto para rezar unas oraciones que pueden venir en el momento”.

Un lugar de Buenos Aires al que siempre volvés: “A Flores, mi barrio”.

Una película que verías una y otra vez: “Con ánimo de amar y El padrino”.

Un libro que te haya marcado: “Todo Cortázar. Puede ser Historias de cronopios y de famas, Último round…”.

Un aroma que te lleve a la infancia: “Una buena salsa de estofado”.

Un pequeño lujo cotidiano que no resignarías: “Soy una persona que siempre resigna lo mío primero. No me jacto de eso: tengo un problema con eso, estoy en falta”.

¿Con quién compartirías un café?: “Hubiese amado conocer a David Lynch, hablar con él, me fascina. Pero desde que hice la campaña de Hecho en Argentina para Netflix me pasó algo con Mafalda. También me gustaría estar un rato con ella. Le preguntaría si extraña a Quino”.

Un talento oculto: “En casa dicen que soy buena para cocinar con pocos ingredientes”.

Un consejo que nunca olvidaste: “Afinar mucho la escucha con lo que siento que sucede. Me lo dieron en las clases de teatro durante mi formación inicial. Sirve para actuar, pero también para la vida”.

Lo primero que hacés cuando tenés un día completamente libre: “Probablemente aprovecho para dormir, pero no me pasa mucho”.

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