Entrevista
Trastorno Obsesivo Compulsivo: ¿Cuáles son sus síntomas?
Entrevista a Romina Vitale, actriz, cantante, psicóloga, autora del libro “Tocada”y “Trastocada” y activista concientizadora del TOC.
Por Anna Lainez
El Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) es un trastorno clínico caracterizado por la presencia de pensamientos involuntarios, obsesivos y recurrentes (denominados “pensamientos intrusivos”) que generan una ansiedad muy elevada y llevan a las personas a realizar acciones repetitivas (denominadas: “compulsiones”).
¿Cómo funcionan los pensamientos intrusivos?
La particularidad de los pensamientos intrusivos es que son intrusivos. Hacen “TUP” y aparecen. Para las personas con TOC el pensamiento es una entidad a la que hay que prestarle mucha atención porque es muy peligroso, hay una sobre importancia de los pensamientos. Y la realidad es que no es así. Yo en una época tenía “TOC de contaminación”, sigo teniendo, pero los síntomas pueden ir variando de contenido y en una época tenía muchos miedos relacionados con la radiación y ese tipo de cosas. Y era insoportable. Pero fumaba. Los cigarrillos tienen entre siete y diez, creo, componentes radiactivos y no es que no lo supiera. Entonces el TOC hace sus recorridos irracionales, por eso no se dialoga con el TOC en términos del contenido. Lo único que podemos hacer es empezar a contrarrestar la parte que sí podemos controlar, que es la acción, la compulsión. El pensamiento me está diciendo que yo tengo que tocar cuatro veces esto, pues no lo hago. Una después ya sabe el estilo de pensamiento que va a tener, pero uno puede estar caminando por la calle, más o menos tranquila y de repente emergió un estímulo X, mínimo. Una pila en el piso por ejemplo. “¡Ah! La pila”. Hay que controlar la pila y por ahí aparecen un montón de compulsiones que tampoco son previsibles. No sabés el tipo de compulsiones que podés tener, pero puede ser desde explorarla, sacarle una foto, salir corriendo, pedirle a alguien que venga y te diga que la pila no está oxidada o sulfurada, ver si la pisaste o no, ir y volver. Puede haber repetición, puede haber chequeo, puede haber lavado.
¿Cómo funcionan los rituales en el TOC?
En el TOC lo automatizás, pero yo hay un montón de ropa que no uso, ropa que no puedo tocar, zonas que no puedo acceder y cosas con las que no puedo entrar en contacto. Están ahí y quedan como en ese parálisis. Conservarlas da miedo, tocarlas da miedo. Entonces quedan como en esa cuerda floja. Como paciente estuve casi un año para escuchar una canción, la música fue otra cosa que yo descarte. Escucharla era intolerable, era la muerte. Catástrofe. Y aunque sabés que no es así, el cuerpo entero te dice: “no puedo, esto realmente es el fin del mundo”
¿Qué son los sesgos cognitivos?
En el TOC hay una cosa que se llaman “creencias disfuncionales o sesgos cognitivos” Por responsabilidad por ejemplo: “Si yo no hago esto, yo voy a… ser responsable de hacer un mal, yo no voy a ser tal persona, o se va a morir tal por mi culpa. Si digo tal palabra va a pasar algo malo”
¿Cómo describirías el TOC?
El TOC es al mismo tiempo una amenaza y una oportunidad. Algo que parece muy condenatorio y al mismo tiempo es un proceso de cambio y de transformación muy grande. Yo no lo ubico en un lugar tan negativo, para mí no es una condena o algo que hay que extirparse. El TOC tiene toda una parte que tiene que ver con los síntomas pero también forma parte de las neuro divergencias y me parece que también puede ser identidad. Algunas de las cosas que nos pasa tienen que ver con nuestra sensibilidad y está bien reivindicarlas y otras, que tienen que ver con lo más disfuncional, está bien reducirlas. Pero entonces la relación con el TOC es una relación dual, donde para mí es un compañero de ruta que en algún punto forma parte de mi propio guión vital y por otro lado, es una condición que implica que yo esté atenta a ayudarme a mí misma cuando los niveles de malestar son muy altos.
¿Cuál es tu relación con el trastorno?
Parte del trastorno es odiarlo. Las personas con TOC tienen “insight”, es decir, tienen conciencia de la enfermedad. Al tener conciencia de la enfermedad, están todo el tiempo peleándose con su TOC. Es parte de la naturaleza del trastorno. Somos gente que se pelea con su trastorno. Todo el día. Y quedamos capturadas en… “¿Por qué no puedo hacer esto si sé que es una estupidez? ¿Por qué no puedo avanzar? Por eso yo insisto en la importancia de revincularse con el trastorno porque también nos ayuda a bajar los niveles de auto latigazo y entender que, por ahí, una de las cosas importantes para hacer con todo, no solo con el TOC en la vida, es entender que todas las emociones tienen un sentido. Estar tristes, estar enojadas, estar asustadas tienen un sentido adaptativo, tienen un sentido experiencial importante y muchas veces vamos a hacer en estado de pánico.Después está la sensación de sentirse completamente inútil. Como esta idea de discapacitada, de que el otro tiene que estar todo el tiempo asistiendote porque no podés hacer nada. De repente decís “para allá no se puede, para allá tampoco, para allá pasa algo malo, para allá no sé qué cosa” y quedaste ahí. Es como un cuerpo que está en una especie de silla de rueda simbólica muy maniatado por determinados indicios mentales. O sea, literal el cuerpo se desarma. Se vuelve críptico, se encripta porque la cantidad de estímulos de miedo, pánico, toman las paredes y las ventanas. Cuanto más las respondemos o cuanto más las atendemos, más se multiplican. Se expande, se viraliza tremendamente. Así funciona. Por eso la terapia consiste fundamentalmente en hacer un corte en esa viralización simplemente exponiéndose a aquello a lo que le tememos. Y ahí se empiezan a desconfirmar las expectativas de peligro que todo va generando una y otra vez.
¿Qué es lo que se llama “la ruta del miedo”?
Si no sabemos las estrategias para compensar lo que el TOC nos pide, hay una cuestión que es absolutamente neurológica, que tiene que ver con lo que se llama la ruta del miedo. La ruta del miedo va sola. Vos podés aprender a inhibirla, pero no se muere. Entonces, cuando vuelve a emerger, la persona con TOC te puede llegar a decir: “no, pero esta vez en serio, yo ya sé que no, pero esta vez es más fuerte. No, pero esta vez…” Es el pastorcito mentiroso, eso es clásico de algo que es más neurobiológico. Aunque lo entendamos, va a volver a reactualizarse. Puede pasar que por ejemplo, yo ahora que voy a México vaya a un aeropuerto y justo hay una amenaza de bomba y a mí me parezca que resulta que la bomba me la pusieron en la mochila y entonces ahora me va a explotar. Y en ese momento yo tiro la mochila.¿Pero qué haría yo en ese caso?, no tirarla, o sea me banco la angustia y espero. Esa es la diferencia completamente, espero, no hago la compulsión, se llama prevención de la respuesta, me banco que estoy pensando cualquier cosa.
¿Cuán difícil es aguantar ese malestar?
Es espantoso, la única parte buena es después cuando ves lo que recuperaste, decís: “ahora me puedo sentar, me puedo tomar un café, estoy incómoda, tengo intrusiones en ese momento, claro que las tengo, aún así estoy haciendo algo valioso y estoy pudiendo transitarlo”, eso es lo que yo digo del registro de resiliencia, que uno dice: “loco, pude”.Y esto es algo que tenemos todo el tiempo encima las personas que tenemos TOC, la sensación de que no damos por sentado que podemos tomar un vaso de agua, nunca estamos tranquilas. Y al mismo tiempo también hay que darle mucho valor a lo que pude ir logrando, darle mucho, mucho valor y no olvidarme de donde vengo. No olvidarme que hoy estaba en la peluquería y el tipo me decía: “¿ y cómo te sentís de estar en la peluquería?”, y digo:” feliz, porque lo estoy volviendo a hacer, porque ya no tengo que tener 5 metros de pelo largo porque no me atrevo a que nadie me lo toque”.¿Qué vengo postergando? Un viaje, ¿qué vengo postergando? Un beso, un abrazo, un café rico, entrenar, el pelo. Anotemos, ¿qué vengo postergando? De a poquito. Vamos de a poquito, pero vayamos dirigiéndonos hacia eso que tanto deseamos y que por ahí son cosas chiquitas, pero para nosotros son gigantes. Cuando empecé la terapia empecé a recuperar ropa que no usaba, clásica, el tema de la ropa. La ropa y las calles son dos cosas complicadas: “por acá no paso” y tiramos ropa, regalamos ropa, donamos ropa. Hubo una época que usaba solo ropa descartable porque ya me había cansado de salir en invierno con la ropa mojada, porque la lavaba 20 veces a mano con espadol.Y la lavaba, una vez porque estaba contaminada, otra vez porque era malvada, una vez porque estaba contaminada, otra vez porque era malvada. Eran horas y horas llorando en el piso, no quería usar lavarropa, no quería usar nada, lavaba, lavaba y lavaba nunca llegaba a secarse la ropa, entonces lo poquito que tenía me lo ponía en invierno empapado. La cuestión de la ropa y el TOC es todo un tema.
¿Cómo es ese momento en el que decidís dar el paso y enfrentar esa intrusión?
Está baldosa no la puedo cruzar, la piso igual. ¿Cómo es ese salto? Primero, es tremendamente difícil y ambivalente, hay todo un sistema que te está diciendo: “no hagas eso, no, loca, porque es el fin del mundo” es a ese nivel. El malestar es muy sensorial, es como el cuerpo aprisionado y la sensación es que nunca se va a ir esa sensación y que es el fin del mundo, literal. Frente a toda una consigna racional y terapéutica, vos lo que tenés que hacer es hacer algo completamente contraintuitivo. Es como si yo te dijera literal, voy a meter la mano en una fogata, y yo tengo que confiar en que no me va a destrozar la mano, y que después, cuando la mano pase para el otro lado, me voy a sentir mejor, pero tengo que confiar en que eso va a pasar mientras me estoy chamuscando los dedos, a ese nivel. Es así, literal. Con el tiempo y con la práctica, uno se dispone mejor a eso, y ya la fogata es una bracita, salvo que aparezca, como decíamos hace rato, un estímulo nuevo, que por ahí te activa mucho. Ya después las exposiciones se vuelven más fácil, pero en la primera etapa, los pacientes te miran como diciendo: “vos no me podés estar pidiendo que yo haga esto”, pero también la gente llega muy cansada, muy agotada, muy harta de vivir presa del TOC, de los síntomas.
¿Qué le recomendarías a una persona que recién está diagnosticada y que está iniciando ese camino?
Lo primero que recomendaría es poner como prioridad absoluta el tratamiento. Recordar que lo más jodido de todo son los síntomas, cuando los síntomas están muy altos y a pesar de que el tratamiento es muy fuerte, las personas que están recién diagnosticadas tienen que poner todo lo demás a un costado y ubicar el tratamiento en la centralidad de su vida. Es la única manera de salir rápido de la situación sintomática fuerte, tratar de orientar el tratamiento hacia los valores ¿Qué es lo que quiero recuperar, qué es lo que más extraño? Abrazar a mi mamá. Bueno, perfecto, me tengo que mejorar porque quiero abrazar a mi mamá. Motivación y centralidad del tratamiento, eso es lo que yo más recomiendo. Las 4 patas del tratamiento: Y el tratamiento para mí tiene cuatro patas: Una es la alianza terapéutica, buscar a alguien con quien realmente te sientas cómodo. Dos es, si hace falta, disponerse a la medicación, que también puede ser una gran herramienta en algunos momentos. Tres, centralidad en la EPR (Exposición y prevencion de la respuesta) Y cuatro, el entorno., es re importante que sobre todo las personas convivientes sepan lo que están haciendo, porque si no se produce la acomodación familiar. Psicoeducarse, compartir el tratamiento con las personas, el TOC es de todos, cuando está fuerte, el TOC no es de una sola persona. es de mi hermana que me roba la ropa, de mi viejo que lloraba y de mi vieja que golpea puertas.
¿En qué momento tu escritura se convirtió en un libro, un proyecto de libro?
Yo siempre cuento que son tres etapas que tuvo “Tocada”: La primera fue compulsiva, yo lo que hacía era darme auto-reaseguro. Eso es un tipo de compulsión, por ejemplo, caminé con la birome en la mano pero no tocó la pared, ¿no tocó la pared?. Entonces me lo escribía. Cuando me diagnosticaron y empecé el tratamiento empecé a entender lo que me estaba pasando, como con una cosa de enojo. “¿Qué es esto que me pasa? ¿Por qué me pasa esto?” Paso del auto-reaseguro, que era pura compulsión, a una cosa más reflexiva, pero también tomada por la angustia y la frustración y la expectativa de qué iba a pasar con este tratamiento. Mientras estaba en ese proceso, mi mamá, que escribió un par de libros, me dijo, “¿por qué no le presentas esto a la editorial?” Les mandé ese quilombo que tenía ahí y les encantó, se ve que les pareció que podía tener algún potencial. me dijeron, queremos editarte y se fue armando. Después escribí “Trastocada”, el segundo, que está como en revisión, estamos terminando como las etapas previas, a ver si lo editamos, o este año o el año que viene.
¿De qué habla el segundo libro? ¿Podés contar algo?
Sí, Trastocada es un libro mucho más literal. e coacheó una escritora, entonces hubo como una cosa mucho más de jugar con registros narrativos distintos. Traje la nena chiquita que fui, dialogué con mi infancia, hay dibujos y hay cosas más de psicología. El otro era un vómito, vomitar lo que me estaba pasando Es un libro muy distinto el primero, el otro es un libro casi autoayuda, y este es un un poco más volado, un poquitito más picante que el otro. Ees para gente joven, para la misma gente que me sigue en TikTok, gente que está pasando por distintas situaciones psicoemocionales y que está entendiendo que estamos todos en un barco neurodivergente, que la realidad es que nadie está perfecto, y el caminito del sujeto funcional está reservado para tres personas, o dos, o nadie. desde ahí me parece que podemos como sumar un poco de esto de acompañamientos colectivos, yo creo que la salud mental es un fenómeno de comunidad, y me parece que el libro apunta a eso,. Mi deseo es que le llegue a la gente que por ahí se está sintiendo inadecuada, o que no encaja, o que todo el tiempo tiene que estar enmascarando sus padeceres y sus sentires, y que sienta que podemos construir una manera de acompañarnos, como de un frente compartido hacia adelante.
Celebridades
Diego Ramos y el regreso de La Noche es Nuestra: «Me gusta conducir como si estuviera en el living de mi casa»
Con invitados, música en vivo, juegos y gastronomía, el conductor estrenó la segunda temporada del ciclo de la TV Pública. En diálogo con El Argentino, habló sobre la televisión en vivo, el valor de la escucha y la importancia de generar un espacio donde los invitados puedan relajarse.
Con una sonrisa tranquila, el aplomo que dan los años de experiencia frente a las cámaras y la calidez de quien recibe amigos en casa, Diego Ramos estrenó la segunda temporada de La Noche es Nuestra, el ciclo de la TV Pública que se emite de lunes a jueves, de 20.30 a 22 horas, y que apuesta por algo cada vez más difícil de encontrar en la televisión: conversaciones relajadas, encuentros genuinos y un espacio donde los invitados puedan bajar la guardia.
El programa regresó con su formato característico de after office televisivo. Entre buena comida, tragos, música en vivo, juegos y anécdotas, el estudio vuelve a transformarse en un bar donde las figuras del espectáculo, la cultura y distintos ámbitos comparten historias lejos de la tensión habitual de otros formatos. La propuesta incluye además chef, bartender, DJ, humor y desafíos que buscan mostrar facetas poco conocidas de cada invitado.
Diego Ramos y una forma distinta de conducir en La Noche es Nuestra
«En la comunicación y, particularmente, en la conducción, me gusta ser como un nexo entre los que están hablando y lo que uno preguntaría o le interesaría saber», explicó Diego en referencia al rol que ocupa frente a cámara.
En este sentido, lejos de ubicarse como la figura del conductor que busca imponer su protagonismo, el actor sostiene una filosofía basada en la escucha. «Hace años que vengo buscando dónde es que yo me muevo mejor. No me gusta el que se las sabe todas«, aseguró.
Al respecto, durante la charla resumió su estilo con una definición simple: «Me gusta conducir como si estuviera en el living de mi casa». Esa sensación atraviesa todo el programa. No hay interrogatorios ni momentos incómodos. Hay charla, cercanía y espacio para que las historias aparezcan naturalmente.
Consultado por El Argentino sobre cómo vivió este nuevo estreno, Ramos se mostró sereno. «Me encuentra bien, de verdad que muy tranquilo, porque yo creo mucho en el trabajo previo, y la producción hizo un trabajo previo muy grande», destacó.
La experiencia acumulada también se nota. «Yo creo que me agarró más tranquilo. Más horas de vuelo, si se quiere. Más tiempo, más experiencia. La verdad es tranquilidad», reflexionó sobre las diferencias entre la primera y la segunda temporada.
Esa calma también aparece cuando habla de los imprevistos propios de la televisión en vivo. «Yo no le tengo tanto miedo al error, sino a no poder solucionar el error. Errores puede haber siempre», señaló.
Entre la actuación y la conducción
Aunque su carrera continúa estrechamente ligada a la actuación y al teatro, Ramos reconoce que la conducción ocupa hoy un lugar cada vez más importante en su recorrido profesional. «Hace rato ya que vengo conduciendo o como panelista», comentó.
Al respecto, si bien asegura que la actuación le sigue ofreciendo una conexión única con el público, encuentra en la conducción otra satisfacción: «Me gusta ser un vehículo, un puente entre la gente que le puede interesar y la gente que sabe o hace algo en lo que se destaca y lo quiere mostrar».
En este sentido, en tiempos donde muchas entrevistas parecen construirse desde la confrontación, Ramos elige otro camino. «A mí me gusta crear un programa donde no tengas que venir a dar explicaciones, sino que puedas venir a dar notas», explicó a El Argentino.
Asimismo, en un contexto donde predominan los cruces y las declaraciones explosivas, el conductor apuesta por recuperar algo más simple: el encuentro, la escucha y la conversación. Tal vez la frase que mejor sintetiza el espíritu de La Noche es Nuestra llegó cuando afirmó: «A mí me gusta que la gente venga con la guardia baja porque sabe que no va a pasar absolutamente nada malo».
Con esa premisa, el actor volvió a abrir las puertas de su particular bar televisivo. Un lugar donde la noche transcurre entre risas, música, comida y conversaciones sin apuro; un espacio que busca recuperar algo simple, pero cada vez más valioso: el placer de compartir una buena charla.
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