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Entrevista

“Creo que nosotros tenemos que trabajar para gobernar la Ciudad”

Claudia Neira, abogada y legisladora de la Ciudad de Buenos Aires por el Frente de Todos, en diálogo con EL ARGENTINO, apuntó contra el sistema impositivo porteño, aportó ideas para resolver el problema de la vivienda y manifestó: “Yo quiero mejorarle la vida a la gente y para eso el horizonte es ganar la ciudad”.

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Fotos: Gustavo Fraietta

-¿Cómo analizás la situación política actual?

-Yo creo que nos tocó una etapa muy difícil en el mundo y en Argentina en particular recibimos un país endeudado con una economía muy golpeada, después de los cuatro años de macrismo. Luego, la pandemia, no podemos negarla. No es lo mismo un mundo y un país sin pandemia que con pandemia. Golpeó la salud, las vidas que se perdieron, las economías de una manera brutal, se perdieron cientos de miles de empleos, cientos de miles de empresas y recuperar todo esto no es de un día para otro. Hay que tener un horizonte de esperanza. Hoy vemos cómo se recuperaron empleos, la actividad económica, empresas, el turismo, la gastronomía. Este camino hay que poner en evidencia, tenemos el mismo nivel o mejor de asalariados registrados privados que el que teníamos en la pre-pandemia. Sin embargo los salarios no se logran recuperar y nos impacientamos porque, como políticos, nos sentimos urgidos a resolver el problema de la inflación de frenar la inflación y sur elación con los salarios para recuperar el poder adquisitivo. No ayuda que tengamos discusiones internas, soy una defensora de la unidad porque creo que es la unidad la que nos ayuda a completar las tareas pendientes a no perder el eje, porque la gente lo necesita.

-¿Cuáles es tu proyección para la ciudad de Buenos Aires desde el Frente de Todos?

-Creo que nosotros tenemos que trabajar para gobernar la ciudad y nos toca ser oposición de un gobierno que no le resuelve los problemas a la gente, que no tiene una dinámica que permita desde la Legislatura abordar los problemas y buscar desde la institucionalidad soluciones y que no reconoce un rol a la oposición. Mira lo que está pasando con el presupuesto en la ciudad, ni siquiera tenemos rondas presupuestarias. Yo quiero mejorarle la vida a la gente y para eso el horizonte es ganar la ciudad. Estamos preparados, conocemos los problemas, desde el más pequeño hasta el más grande. Si hubieran escuchado a la oposición el impuesto a las tarjetas de crédito estaría derogado. Hay que hablar de la necesidad de una reforma tributaria en la Ciudad. Desde el impuesto a los sellos, a las tarjetas de crédito hasta la estructura de los ingresos brutos y como los comercios pagan la alícuota más alta del país. Nosotros estamos dispuestos a hacer lo que haya que hacer para que en el centro de la escena esté la resolución de los problemas de la gente.

-¿Cuáles son las estrategias para construir ese camino?

–De cara a la ciudadanía, tenemos que construir una estrategia más abierta en términos de las cuestiones que aborda nuestro propio espacio. Por ejemplo, seguimos discutiendo las prioridades en cómo se gasta el presupuesto porque no se refleja en las partidas que se destinan a dar infraestructura escolar, mantenimiento, las necesidades de la gente, la situación de los residentes y de los concurrentes. Pero también hay que discutir los ingresos, este año estamos discutiendo impuestos porque nos vienen a contar que los que están en contra de los impuestos son Juntos por el Cambio y los libertarios mientras que en la ciudad de Buenos Aires hay una estructura impositiva fenomenal, regresiva y de las más altas del país. Pero claro, se niegan cuando uno plantea poner un impuesto a la riqueza, pero no tiene ningún problema de generar impuestos al consumo o los impuestos más altos para los comercios. Esto hay que discutirlo porque nosotros estamos del lado de que los impuestos no se generen a costa de los que menos tienen. Esta es una discusión súper interesante y que nos pone en otro lugar y tiene que ser parte de la estrategia del año que viene de hablar con otros sectores de la sociedad con las que no venimos hablando y también de incorporar a nuestra agenda temas que nosotros no veníamos incorporando.

-¿Qué intereses concentrados consideras que habría que tocar en la Ciudad?

-Tenemos que analizar muy bien el desarrollo inmobiliario que para mí está en el centro de la escena y que sobre todo a partir de la sanción del Código Urbanístico generó una ciudad con muchas complejidades y muchas contradicciones. Yo no estoy en contra de una ciudad que crezca, que construya. Estoy en contra de una ciudad que crece y construye para pocos con inversión en viviendas que probablemente queden vacías y terminen siendo reserva de valor. Las clases medias tienen un enorme problema con la vivienda un enorme problema que no se discute en profundidad. Es un problema que en 15 años de macrismo no se ha solucionado sino que se ha profundizado de la mano del negocio de unos pocos que han ido concentrando el desarrollo. Presentamos un proyecto de ley hace poco en el que planteamos orientar la construcción para que las obras no se concentren en pocas empresas y que se generen otro tipo de viviendas que no sean para unos pocos, que ni siquiera las habitan, sino las que necesitan la mayoría de los porteños para vivir.

Entrevista

Lorena Vega, del teatro autogestivo a la popularidad: “Siempre pensé en cambiar mi destino”

En uno de los momentos de mayor exposición de su carrera, la actriz, directora y dramaturga habla con El Argentino sobre cómo vive la popularidad, el deseo que sostuvo su recorrido y aquella certeza que apareció mucho antes: había una realidad que quería cambiar.

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A Lorena Vega todavía le resulta extraño observar lo que ocurre a su alrededor. Después de más de tres décadas de trabajo, la popularidad llegó a los 50 y, por momentos, la mira casi como si le estuviera pasando a otra persona. “Me pongo en observadora de un fenómeno que pareciera que no me pasa a mí”, cuenta.

El reconocimiento la encuentra, además, en pleno movimiento. Mientras Sottovoce la lleva a compartir escenario con Adrián Suar, Carla Peterson y Fernán Mirás, su presente se reparte entre el teatro, el cine y las series. Sin embargo, asegura que no mide este momento únicamente por la exposición.

“Lo vivo con agradecimiento, lo vivo con diversión. Hay cosas que me divierten y me sorprenden”, dice. Vega encuentra una imagen más precisa para explicar qué hace con todo lo que recibe: “Se traduce un poco en impulso, en confianza, en alegría, como si me recargara cartuchos para seguir haciendo”.

Hay una distancia enorme entre esta Lorena Vega y aquella chica que, a los 17 años, empezaba a impulsar sus propios proyectos. Y, al mismo tiempo, algo permanece intacto. Cuando se le pregunta cómo imaginaba entonces a la mujer adulta que sería, la respuesta aparece por otro lado: “Creo que siempre pensé en cambiar mi destino”.

Por qué Sottovoce llegó en el momento justo para Lorena Vega

Sottovoce aparece en medio de ese presente cargado de proyectos, pero también marca para Vega una renovación. “Yo vengo haciendo muchas obras de teatro, pero la que tiene menos tiempo ya tiene cinco años. Entonces hacía muchos años que no estrenaba algo como actriz, sí como directora. Necesitaba una renovación en ese camino, de crear algo y que pase por la instancia de darlo a luz”, explica.

La obra, que se presenta de jueves a domingo en el Teatro El Nacional, reúne a dos parejas alrededor de la venta de una propiedad y una pyme familiar. Lo que podría parecer una discusión sobre cómo repartir bienes empieza a remover pertenencias, memorias, viejos argumentos y secretos.

Para Vega, esa pequeña disputa familiar permite mirar algo bastante más amplio: “Para mí es una obra que, en esos términos micro, habla de los vínculos para después hablar en términos macro de un tipo de momento social. Cómo seguir pensando nuestro futuro, quiénes lo piensan de modo individual, quiénes tienen más consideraciones colectivas. Un poco pone en juego todo eso”.

Su personaje pertenece, además, a un universo que reconoce: popular, barrial y atravesado por una idea de comunidad. La cercanía, sin embargo, no eliminaba el desafío, ya que sostiene que “el riesgo es hacer algo cliché o estereotipado”. Y agrega: “No es el camino que me interesa. Tenía el desafío de no subestimar el personaje y hacerlo por signos ya conocidos, sino encontrarle su singularidad”.

Pero las ganas de aceptar un trabajo no siempre dependen del personaje en sí mismo, según Vega. También puede ser decisivo el lenguaje que propone una obra. En Sottovoce encontró una comedia “popular, ácida y atrevida” donde, a medida que avanza el conflicto, la superficie empieza a romperse.

“Los personajes son punzantes, se van destartalando y afeando, no solo porque se empiezan a deteriorar visualmente, sino porque empiezan a aflorar muchas miserias internas, mucha mugre”, comenta la actriz a El Argentino.

“Producir con lo que se tiene”: la escuela de la autogestión

Actuar, dirigir, escribir y motorizar sus propios proyectos no es algo nuevo para Lorena Vega. Empezó a moverse entre esos distintos roles cuando todavía era adolescente. “Desde que empecé a tener inquietudes artísticas o profesionales, siempre fui parte de procesos autogestivos. Y siempre me ubiqué en roles que motorizaban mucho esos proyectos”, recuerda.

En esa trayectoria también aparece su paso por el centro cultural que funcionaba en la fábrica IMPA, en Almagro. “Muchos artistas trabajábamos ahí en el centro cultural, dando clases o haciendo espectáculos”, cuenta. Allí, crear también suponía conseguir los recursos y tejer los vínculos necesarios para sostener cada proyecto.

“La autogestión, producir con lo que se tiene, con lo que hay, buscar ayuda, generar lazos, me parece que eso es parte de nuestra cultura, y que profundamente en el teatro independiente eso sucede. Es un poco la escuela que hacés”, cuenta.

Esa lógica también atraviesa su experiencia detrás de escena. En los últimos años sumó trabajos como guionista y codirectora, aunque Vega ubica el impulso por ocupar esos lugares mucho antes de que algunas discusiones actuales tuvieran nombre: “Yo lo entiendo así desde antes de que se nombrara, como se nombra ahora con tanta claridad, el feminismo, la paridad de género o el tema de igualar los cupos. Es algo que ya estaba en mí”.

Al hablar del lugar de las mujeres detrás de cámara, esa iniciativa adquiere también una dimensión colectiva: “Las mujeres estamos con una decisión, con una claridad sobre que si no ocupamos los espacios, no los tenemos. Con muchas historias por narrar que no fueron contadas, con mucho para decir desde nuestra perspectiva, con muchas chicas formadas en los rubros técnicos, detrás de cámara”.

El deseo y la subsistencia cuando el contexto no acompaña

La autogestión podría prestarse fácilmente a un relato romántico sobre hacer lo que uno quiere pese a cualquier dificultad. Vega pone un límite antes de llegar allí.

Consultada por El Argentino sobre qué podría decirles a los jóvenes que intentan abrirse camino en el arte en un contexto adverso, primero habla de las necesidades básicas: “Me parece que es un momento súper delicado y hay necesidades y prioridades muy fuertes que tienen que ver con sostener cuestiones básicas, como la vivienda, la alimentación, tener un techo, un espacio, poder comer y poder acceder a la educación”. Y añade: “Con mucho respeto entiendo el camino que cada uno vaya decidiendo tomar en relación a cómo subsistir”.

Recién entonces aparece el deseo. “Yo creo que la clave siempre tiene que ver con el deseo, con darle espacio a lo que nos conmueve de verdad, en lo que creemos, más allá de que el contexto sea muy adverso”. No plantea una fórmula. En su propia trayectoria, deseo y posibilidad tuvieron que encontrar muchas veces la manera de convivir.

La popularidad que llegó después de décadas de trabajo

Durante años, Vega tuvo reconocimiento dentro del teatro y del circuito cultural. La llegada a públicos más amplios ocurrió después y amplió considerablemente su visibilidad.

Hoy, lejos de preguntarse por qué no sucedió antes, confiesa a El Argentino: “Estoy segura de que no era lo mismo hace 20 años atrás que ahora, porque era más joven, porque tenía otra experiencia de vida, otro recorrido, porque no era madre, y cuando sos madre las prioridades y el foco están en otro lugar”.

La actriz asegura estar “contenta de que haya sido ahora”, porque entiende que “fue cuando tenía que ser”. Pero en sus palabras hay espacio para la reflexión: “Creo que sucedió en un momento donde uno mira la vida de otra manera, comprende… Me falta, espero, mucho recorrido más, pero es cierto que hay una experiencia de vida que es distinta a los 50 que a los 25”.

Y cuando mira mucho más atrás, hacia aquella chica que todavía no sabía cómo sería su vida adulta, retoma aquella idea de “cambiar mi destino” y explica qué significaba entonces: “Me parecía que nosotros, por ser una familia humilde, teníamos como una realidad que tenía que cambiar. Y yo creo que ese horizonte sí lo tenía, que había algo que tenía que mejorar. Pero muchas veces me parecía muy difícil eso”.

No habla entonces de fama ni de popularidad. Tampoco de llegar a un lugar preciso. “Ese era el signo general: la idea de estudiar y trabajar para cambiar un poco, para modificar mi realidad. Eso sí lo tenía claro”.

Del teatro a las series: los proyectos de Vega

Además de Sottovoce, el presente de Lorena Vega se reparte entre distintos proyectos. En septiembre se estrenó Cautiva, la serie que protagoniza junto a Carolina Kopelioff y en la que interpreta a Cecilia, la madre superiora de un convento atravesado por el abuso de poder. La ficción, de seis episodios, está disponible completa en Flow.

Lorena Vega en Cautiva

Entre sus trabajos recientes también está Lu & Pau, la película de Nicanor Loreti que se estrenó a fines de agosto y que Vega protagoniza junto a Jazmín Stuart. A ese recorrido audiovisual se suma la tercera temporada de En el barro, prevista para 2027 y con la actriz nuevamente confirmada como “La Zurda”.

La exposición en cine y televisión no la alejó del teatro. En octubre actúa en Las cautivas y La vida extraordinaria y dirige Civilización. En diciembre, además, Imprenteros, la obra documental que creó junto a sus hermanos a partir de la historia de la imprenta familiar, tendrá nuevas funciones en el Teatro Picadero.

Lorena Vega, fuera de libreto: de Cortázar y David Lynch a una buena salsa de estofado

La actriz y directora se presta al juego rápido y revela gustos, rituales, recuerdos y alguna confesión inesperada.

Un ritual antes de salir a escena: “Me pongo en posición de loto para rezar unas oraciones que pueden venir en el momento”.

Un lugar de Buenos Aires al que siempre volvés: “A Flores, mi barrio”.

Una película que verías una y otra vez: “Con ánimo de amar y El padrino”.

Un libro que te haya marcado: “Todo Cortázar. Puede ser Historias de cronopios y de famas, Último round…”.

Un aroma que te lleve a la infancia: “Una buena salsa de estofado”.

Un pequeño lujo cotidiano que no resignarías: “Soy una persona que siempre resigna lo mío primero. No me jacto de eso: tengo un problema con eso, estoy en falta”.

¿Con quién compartirías un café?: “Hubiese amado conocer a David Lynch, hablar con él, me fascina. Pero desde que hice la campaña de Hecho en Argentina para Netflix me pasó algo con Mafalda. También me gustaría estar un rato con ella. Le preguntaría si extraña a Quino”.

Un talento oculto: “En casa dicen que soy buena para cocinar con pocos ingredientes”.

Un consejo que nunca olvidaste: “Afinar mucho la escucha con lo que siento que sucede. Me lo dieron en las clases de teatro durante mi formación inicial. Sirve para actuar, pero también para la vida”.

Lo primero que hacés cuando tenés un día completamente libre: “Probablemente aprovecho para dormir, pero no me pasa mucho”.

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