Ciencia 🧬
Eternautas por la ciencia: investigadores marcharon contra el desmantelamiento del sistema científico
Investigadores, docentes y estudiantes advirtieron que el sistema científico nacional atraviesa su peor crisis desde la vuelta de la democracia. Denunciaron congelamiento de ingresos, pérdida salarial y éxodo masivo de profesionales.
Con manifestaciones simultáneas en al menos ocho provincias, miles de integrantes del sistema científico-tecnológico argentino salieron este miércoles a las calles para denunciar el brutal ajuste que atraviesan desde la llegada de Javier Milei al gobierno nacional. La concentración principal tuvo lugar frente al Polo Científico Tecnológico de la Ciudad de Buenos Aires, sede administrativa del CONICET, pero hubo movilizaciones en Bariloche, Tucumán, Córdoba, General Roca, Rosario, Comodoro Rivadavia, Santiago del Estero y Ushuaia.
Bajo la consigna “Una nieve tóxica está destruyendo la ciencia argentina”, propuesta por la Red de Autoridades de Institutos de Ciencia y Tecnología (RAICYT), los manifestantes se vistieron de Eternautas para denunciar el desmantelamiento del sistema científico, en una alegoría directa al cómic de Héctor Germán Oesterheld, símbolo de resistencia y memoria en la cultura nacional.
“Estamos en un punto de no retorno”
En el acto principal realizado en el CONICET, se leyó un documento consensuado por distintas organizaciones del sistema científico, recogido por la Agencia CyTA-Leloir. “Nos encontramos en un punto de no retorno: transcurridos ya 17 meses del actual gobierno nacional, el sistema científico padece una situación crítica que costará muchísimo revertir”, señalaron.
Entre los reclamos más urgentes figuró el congelamiento, desde diciembre de 2023, de los ingresos de investigadores ya seleccionados por concurso público para ingresar a la Carrera del Investigador Científico (CIC). Además, denunciaron la paralización de la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación, organismo central en el financiamiento de proyectos científicos y tecnológicos en todo el país.
Salarios de miseria y fuga de cerebros
Los manifestantes también denunciaron “el brutal deterioro salarial” de los trabajadores del sector, que en muchos casos perciben ingresos por debajo de la línea de pobreza. En un contexto donde el dólar paralelo supera los $1.200 y la inflación interanual ronda el 280%, los sueldos de becarios doctorales y postdoctorales del CONICET no superan los 250 dólares mensuales.
El documento leído advirtió sobre un fenómeno ya palpable: “Quienes hoy integramos el sistema científico/tecnológico denunciamos que nunca hemos protagonizado un éxodo tan masivo y doloroso de científicos como el que estamos presenciando en estos meses. Sin trabajadores no hay ciencia”.
La comparación no es antojadiza: el éxodo actual recuerda a las crisis de los años ‘90 y la de 2001, cuando cientos de investigadores emigraron por falta de condiciones mínimas para ejercer su profesión en el país.
Una política de tierra arrasada
El gobierno de Javier Milei ha sostenido en reiteradas ocasiones su desprecio por el sistema científico. En enero de este año, el vocero presidencial Manuel Adorni calificó al CONICET como “una gran agencia de empleo estatal”, y la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, avanzó con recortes presupuestarios que afectaron directamente la operatividad de los institutos.
Desde el Ejecutivo no hubo respuesta a los reclamos, pero sí gestos políticos: el presupuesto 2024 para Ciencia y Tecnología, prorrogado del año anterior, implicó en términos reales un ajuste superior al 70%, según estimaciones del CONICET y de la Universidad Nacional de Quilmes. A eso se suma la disolución de los Ministerios de Ciencia y de Educación como carteras autónomas.
En un contexto global donde los países centrales y emergentes invierten cada vez más en innovación y conocimiento, Argentina parecería haber elegido el camino contrario: desmantelar lo construido durante décadas en nombre del ajuste fiscal.
Ciencia 🧬
La luz que enciende el cerebro: tres científicos ganaron el Nobel de Medicina por la optogenética
La Asamblea Nobel del Instituto Karolinska de Estocolmo otorgó este lunes el Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2026 al estadounidense Karl Deisseroth y a los alemanes Peter Hegemann y Georg Nagel por sus descubrimientos sobre los canales iónicos activados por luz y el desarrollo de la optogenética: una técnica que permite activar o desactivar neuronas individuales en un cerebro vivo mediante pulsos de luz, con aplicaciones prometedoras en el tratamiento de trastornos neurológicos y la recuperación de la visión.
El cerebro humano guardó por siglos sus secretos más profundos detrás de una barrera casi infranqueable: la imposibilidad de intervenir sobre una sola neurona sin alterar el conjunto. Esa barrera se derrumbó gracias a un alga unicelular, una proteína extraordinaria y tres científicos que supieron ver lo que nadie había visto. Este lunes, la Asamblea Nobel del Instituto Karolinska reconoció ese trabajo con el galardón más importante de la ciencia.
El Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2026 fue otorgado conjuntamente al neurocientífico y psiquiatra estadounidense Karl Deisseroth, del Instituto Médico Howard Hughes y la Universidad de Stanford (Estados Unidos), y a los biofísicos alemanes Peter Hegemann, de la Universidad Humboldt de Berlín, y Georg Nagel, de la Universidad de Würzburg, por sus descubrimientos sobre los canales iónicos activados por luz y el desarrollo de la optogenética. El anuncio fue hecho en Estocolmo este lunes 5 de octubre de 2026.

Del alga al cerebro: cómo nació la optogenética
Todo comenzó con una pregunta aparentemente simple que formuló Peter Hegemann: ¿cómo una criatura microscópica como el alga Chlamydomonas, sin sistema nervioso ni ojos, es capaz de detectar la luz y nadar hacia ella? La respuesta que encontró cambió la neurociencia para siempre.
A principios de la década de 2000, Hegemann y Georg Nagel identificaron la canalrodopsina, una proteína presente en la superficie del alga que funciona como un canal iónico activado por la luz. Cuando el haz de luz azul la ilumina, el canal se abre, los iones cargados fluyen hacia el interior de la célula y generan un impulso eléctrico. Era, en esencia, un interruptor biológico activado por luz. Las investigaciones reconocidas de ambos científicos se realizaron en los Institutos Max Planck de Bioquímica y de Biofísica.
Karl Deisseroth llevó ese hallazgo a un terreno radicalmente nuevo. Introdujo el gen de la canalrodopsina en células nerviosas de ratas, logrando que las neuronas respondieran a la luz de la misma manera que el alga. Por primera vez en la historia, era posible encender o apagar neuronas específicas dentro de un cerebro vivo con una precisión que ningún fármaco ni electrodo había podido alcanzar. La optogenética había nacido.
Una nueva era para la neurociencia
La Academia Nobel calificó a los tres investigadores como los fundadores de «una nueva era en la neurociencia». El presidente del Comité Nobel de Fisiología o Medicina, Per Svenningsson, subrayó que «la optogenética ofrece oportunidades para mapear el cerebro de una manera que antes solo podíamos soñar». El miembro del comité Abdel El Manira precisó que la técnica «se adoptó rápidamente en todo el mundo para mapear conductas complejas como la ansiedad, la sed o la ingesta de alimentos».
Mediante la optogenética, los investigadores de todo el mundo lograron revelar los circuitos neuronales que gobiernan recuerdos, sentimientos y comportamientos específicos, y que están en la base de trastornos neurológicos y psiquiátricos tan extendidos como la enfermedad de Parkinson, la epilepsia, la depresión y las adicciones. La técnica no solo permite observar qué neuronas intervienen en cada proceso, sino también silenciarlas o activarlas, distinguiendo con claridad causa y efecto en el funcionamiento cerebral.
Aplicaciones clínicas: la vista, el Parkinson y más
El reconocimiento también pone en primer plano las aplicaciones médicas concretas que ya están en curso. Un ejemplo señalado por el propio comité Nobel es la retinitis pigmentosa, una enfermedad que destruye progresivamente las células fotorreceptoras de la retina y lleva a la ceguera. Científicos en distintos países están utilizando la optogenética para intentar restaurar la visión en pacientes con discapacidad visual, introduciendo canales iónicos sensibles a la luz en las células restantes de la retina para que puedan captar señales luminosas.
Las perspectivas se extienden también hacia el tratamiento de trastornos del movimiento y las alteraciones de los circuitos neuronales asociados a enfermedades psiquiátricas. Para el neurocientífico español Juan Lerma, consultado por medios europeos, este es «un premio largamente esperado» por la comunidad científica internacional, que lleva años apostando a la optogenética como una de las herramientas más transformadoras de la biomedicina contemporánea.
Quiénes son los premiados
Karl Deisseroth, nacido en 1971, es psiquiatra y neurocientífico. Desarrolla su labor en el Instituto Médico Howard Hughes y en la Universidad de Stanford, donde integra la práctica clínica con la investigación de laboratorio sobre los mecanismos cerebrales de la depresión y otros trastornos psiquiátricos.
Peter Hegemann, nacido en 1954, es biofísico y trabaja en la Universidad Humboldt de Berlín. Su carrera estuvo marcada por el estudio de los mecanismos moleculares de la fotorrecepción en algas y microorganismos, un campo que puede parecer alejado de la medicina pero que demostró ser la puerta de entrada a una revolución científica.
Georg Nagel, nacido en 1953, es biofísico en la Universidad de Würzburg. Junto a Hegemann, fue el responsable de identificar y caracterizar la canalrodopsina, la proteína que se convirtió en la piedra angular de la optogenética. Los tres galardonados compartirán el premio económico de 12 millones de coronas suecas, equivalentes a aproximadamente 1,2 millones de dólares.
Lo que tenés que saber:
- El Premio Nobel de Medicina 2026 fue otorgado al estadounidense Karl Deisseroth y a los alemanes Peter Hegemann y Georg Nagel por el desarrollo de la optogenética.
- La optogenética permite activar o desactivar neuronas individuales en un cerebro vivo mediante estímulos de luz, con una precisión sin precedentes en la historia de la neurociencia.
- La técnica nació del estudio de la canalrodopsina, una proteína del alga Chlamydomonas descubierta por Hegemann y Nagel a principios de los 2000.
- Sus aplicaciones incluyen el estudio de trastornos como Parkinson, epilepsia, depresión y adicciones, y ya se explora su uso para restaurar la visión en personas con retinitis pigmentosa.
- El premio económico asciende a 12 millones de coronas suecas (1,2 millones de dólares), que los tres científicos compartirán.
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