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¡De golpe aparecen dinosaurios por todos lados!

Encuentran restos fósiles de un mamífero de la familia de los perezosos en la costa rionegrina y hallan restos de un gliptodonte a 50 metros del Museo de Ciencias Naturales de Mar del Plata.

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Una serie de restos fósiles de un mamífero del grupo de los perezosos gigantes terrestres que rondaría los tres millones de años de antigüedad fueron hallados en el Área Natural Protegida de Pozo Salado, a unos 130 kilómetros de la ciudad rionegrina de Viedma, informaron hoy fuentes oficiales.

Tras el reporte del hallazgo, efectuado días atrás por Guardias Ambientales, la Subsecretaria de Patrimonio y Cooperación Cultural provincial, puso en marcha el protocolo para el cuidado, preservación y recupero del patrimonio paleontológico descubierto.

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El material, fue hallado en una zona costera muy cerca de los acantilados y consta de un fósil muy completo, cráneo; mandíbulas; columna vertebral; parte de pelvis y extremidades.

“Muchas de esas partes de este animal y con el grado de preservación en el que se encuentra no se conocían hasta el momento”, aseguraron los especialistas.

Del mega mamífero, relacionado al género pyramiodontherium de la edad pliocena, emparentado con los perezosos actuales, se pudieron rescatar dos húmeros (parte de los brazos), cráneo y mandíbulas, “que serán alojados en uno de los repositorios provinciales para su estudio”, informaron.

Al descubrirse este ejemplar completo se puede conocer parte de la anatomía y cierto aspecto del rostro que hasta aquí no se conocía, por lo que permitirá saber estilo de vida y su actividad en cuanto a la ecología del animal y obtener mucha información, se informó a través de un comunicado.

La exploración y recupero estuvo dirigida por el especialista y presidente de la fundación Ecosoam (Ecosistema, Sociedad y Ambiente), Mario Mora, quien detalló que por el momento, “se llevó a cabo un 25 por ciento del proyecto de recuperación de los fósiles”.

“Y gran parte quedará en el lugar para futuras prospecciones que deberán organizarse conforme a la rigurosidad del sistema de seguridad que se necesita, ya que se debe trabajar al borde de un acantilado”, explicó.

En primera instancia se analizó si el piso era inestable, con el consiguiente índice de vulnerabilidad de las personas, y se procedió a realizar una serie de anclajes, teniendo en cuenta que los paleontólogos estarían llevando adelante la actividad, aproximadamente a 70 metros de altura sobre el nivel del mar.

En este caso se llevó adelante la solicitud de permisos necesarios, enmarcados en la Ley 3041 que permite actuar en el sitio y la posterior localización y verificación de lo denunciado.

Una vez constatado el hallazgo se organizó la llegada de investigadores de la Universidad Nacional de Rosario, de la Universidad Nacional de Córdoba y expertos en seguridad en altura pertenecientes a la Fundación Ecosoam.

EN MAR DEL PLATA

Restos fósiles de un gliptodonte de entre 20.000 y 30.000 años de antigüedad fueron hallados ayer durante una excavación sobre un sector de Plaza España de Mar del Plata, donde funcionaran unas cocheras subterráneas, hecho que no sorprendió a los paleontólogos, quienes consideran que en esta zona de la ciudad balnearia es un «yacimiento natural».

El paleontólogo del Museo de Ciencias Naturales Lorenzo Scaglia, Matías Taglioretti en contacto con la prensa manifestó «se trata de restos de un gliptodonte adulto de unas 2 toneladas, que fue hallado cuando el maquinista realizaba tareas de excavación de tierra y con la pala tocó algo duro, y al ver que podría tratarse de restos fósiles nos avisó rápidamente».

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«El nuevo hallazgo paleontológico está a tan solo 50 metros de donde nosotros diariamente trabajamos», dijo el paleontólogo del Museo Municipal de Ciencias Naturales, emplazado en una sector de la Plaza España.

Taglioretti explicó que que «son restos de un armadillo terrestre gigante, que conocemos con el nombre de gliptodonte, perteneciente a la subfamilia Glyptodontinae, en este caso tiene un tamaño cercano a los dos metros de largo por 1.60 metros de alto».

Al mismo tiempo indicó que «la próxima semana profundizaremos con la búsqueda en procura de dar con más piezas del esqueleto, que apareció por debajo de los dos metros de la superficie actual» en el sector de la plaza delimitado por Catamarca, Maipú y la costa».

También aclaró que «las obras del estacionamiento «no se frenan», sino que los operarios de la construcción continuarán por otro sector de lo que se convertirán en una playa de estacionamiento subterránea.

Los especialistas no descartaron que en los próximos días aparezcan más restos fósiles, en tanto los operarios continúen con las excavaciones en la Plaza España.

Taglioretti y el personal especializado reportaron que por el momento «se dio con el caparazón, restos de huesos de una pata, algún diente. Las tareas que se llevan a cabo son la separación de sedimento con la estructura del fósil para poder extraerlo del lugar».

Antes de que comiencen las tareas de excavación se instruyó a los operarios que podrían toparse con algún resto fósil, y cómo debían trabajar para preservar cualquier hallazgo, dijo el paleontólogo quien por un lado se sorprendió que apareciera tan cerca de su lugar de trabajo pero no tanto porque sostuvo es «un yacimiento natural» la ciudad como la zona.

De hecho, en base a esos estudios técnicos se determinó que en Mar del Plata hay sedimentos que no aparecen en otras partes de América del Sur y que son muy fosilíferos, se precisó.

«La zona es muy fosilífera por la gran cantidad de animales que en la prehistoria vivían en estas tierras, y por el tipo de sedimentos de la región», concluyó Taglioretti.

Ciencia 🧬

Científicos de la UBA buscan detectar trastornos del neurodesarrollo con un análisis de sangre

Un equipo del Laboratorio de Sinapsis y Neurobiología Celular de la Facultad de Ciencias Médicas trabaja en el desarrollo de biomarcadores que permitirían identificar patologías como el TGD sin secuenciación genómica. La investigadora Verónica Báez advierte que la mayoría de los pacientes nunca recibe un diagnóstico preciso porque los estudios son costosos y las obras sociales no los cubren.

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Una muestra de sangre podría cambiarle la vida a miles de familias argentinas que llevan años sin saber qué le pasa a su hijo.

Un equipo científico de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y el CONICET avanza en el desarrollo de una herramienta de diagnóstico que podría transformar la forma en que se detectan los trastornos del neurodesarrollo en niñas y niños argentinos: una simple muestra de sangre, sin necesidad de secuenciación genómica ni equipamiento de alta complejidad. La investigación, que ya obtuvo resultados positivos en modelos animales publicados en revistas internacionales, se encuentra actualmente en la fase de recolección de muestras biológicas de voluntarios de la población general.

Un diagnóstico que llega tarde, o nunca

Las patologías del neurodesarrollo se agrupan en Argentina bajo el paraguas clínico de los Trastornos Generalizados del Desarrollo (TGD), una categoría amplia que, en la práctica, deriva en tratamientos de ensayo y error. Un niño con dificultades motoras va a fisioterapia; uno con problemas cognitivos, a psicopedagogía; ante convulsiones, se prueban anticonvulsivantes hasta dar con el que funciona. El sistema trata síntomas porque, en la mayoría de los casos, no sabe cuál es la causa.

«La mayoría de los pacientes queda sin un diagnóstico certero de la causa. Lo que se hace es tratar los síntomas que va teniendo el paciente», explicó Verónica Báez, docente e investigadora de la UBA y el CONICET, quien dirige el proyecto. La especialista señaló que solo quienes concurren a clínicas especializadas y pueden costear una secuenciación genómica obtienen un diagnóstico preciso: «Pocas familias pueden acceder a este tipo de estudios, dado que muchas obras sociales no los cubren y terminan siendo muy costosos».

El contexto regional agrava el cuadro. «De todos los niños y niñas que tenemos en Argentina con patologías del neurodesarrollo, son muy pocos los que podemos diagnosticar. Y en Latinoamérica son muchísimo menos», subrayó Báez.

Buscar en la sangre lo que ocurre en el cerebro

La propuesta del equipo es rastrear en muestras de sangre las huellas de ciertas proteínas sinápticas, es decir, propias de la sinapsis, la estructura donde las neuronas se comunican entre sí. En particular, el laboratorio trabaja sobre los receptores NMDA, que controlan la plasticidad sináptica: la capacidad del cerebro para cambiar, adaptarse y aprender, formar recuerdos y mantener estables las conexiones cerebrales. Cuando estas proteínas se desregulan o fallan, los circuitos cerebrales se desequilibran, un mecanismo directamente vinculado a trastornos del neurodesarrollo y enfermedades neurodegenerativas.

«Lo que detectamos es que hay ciertas cosas que se modifican en la sangre cuando una persona tiene una de estas patologías», precisó Báez. Si bien la concentración de estas proteínas en sangre es notablemente menor que en tejido cerebral, el equipo ya pudo verificar su detectabilidad en modelos animales. El paso siguiente es establecer valores de referencia en personas sanas para luego contrastarlos con los de niños y niñas que presentan trastornos sin diagnóstico específico. Cualquier desviación relevante de esos rangos podría constituir una alerta clínica.

Democratizar el diagnóstico: menos costo, más acceso

El objetivo declarado de la investigación no es encontrar una cura, sino abrir una puerta que hoy permanece cerrada para la mayoría de las familias. «Queremos dejar en claro que esta investigación no va a impactar en la cura, pero puede haber un diagnóstico y un tratamiento acertados, que es muy importante», enfatizó Báez.

En un país donde el desfinanciamiento de la ciencia pública avanzó en los últimos años sobre presupuestos universitarios y sobre el CONICET, la apuesta de este equipo representa una respuesta concreta al desafío de sostener investigación aplicada con impacto social en condiciones adversas. Un test de sangre accesible, sin equipamiento de alta complejidad, podría acortar drásticamente los tiempos de diagnóstico y habilitar intervenciones tempranas, que son las que mejoran de manera sustantiva la calidad de vida de los niños y sus familias.

El proyecto se desarrolla en el Laboratorio de Sinapsis y Neurobiología Celular del Instituto de Biología Celular y Neurociencia de la Facultad de Ciencias Médicas de la UBA y el CONICET, y actualmente se encuentra en la etapa de recolección de muestras de la población general, paso previo indispensable para validar el método en humanos.

Puntos clave

  • El equipo de la UBA-CONICET busca detectar trastornos del neurodesarrollo mediante biomarcadores en sangre, sin necesidad de secuenciación genómica.
  • La mayoría de los pacientes con TGD en Argentina no recibe diagnóstico preciso por el alto costo de los estudios genéticos y la falta de cobertura de las obras sociales.
  • Los resultados positivos en modelos animales ya fueron publicados en revistas científicas internacionales; la fase actual trabaja con voluntarios humanos.
  • La investigadora Verónica Báez advierte que en Latinoamérica el déficit de diagnóstico es aún más grave que en Argentina.
  • El objetivo es facilitar un diagnóstico temprano y accesible que permita tratamientos adecuados, no una cura para los trastornos.
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