Opinión
Con los dirigentes a la cabeza o…
Con la cabeza de los dirigentes.
Por Ricardo Hernández
He insistido a la juventud en que el peronismo jamás debe perder su carácter revolucionario. Un día yo no estaré, pero si nuestros sucesores políticos corrompieran el Partido, el Estado y el Movimiento para llevar a cabo sus mezquinos intereses en contra del pueblo, pues sería lógico que el pueblo se rebele contra todos ellos, incluso contra nuestros símbolos; porque si nuestros símbolos pierden su carácter popular y revolucionario, y pasan a representar algo arcaico y atrasado, seguramente vendrá otro movimiento de masas populares que, enarbolando o no algunas de nuestras banderas, acabará con el Justicialismo y creará algo nuevo. De suceder eso, sólo le pido a Dios que lo que venga sea superador a mi legado, y sea en bienestar del pueblo.
-J.D. Perón a Benito Llambí (1974)
En 2023, la dirigencia autopercibida nacional y popular, que ha concluido que la política es el oficio de administrar las cuotas de poder que permite el régimen, con total impericia y profunda irresponsabilidad logró que buena parte del pueblo votara a Milei. Un candidato cuyo principal atributo es la violencia discursiva y un recetario de medidas de un capitalismo fundamentalista que es, además de salvaje para la gente común, inviable en la realidad. O viable, pero para beneficiar a las minorías de siempre a un altísimo costo social y una pérdida de soberanía casi absoluta.
Amén de esas características, y de la bronca y frustración que acumula el pueblo tras décadas de desfalco por parte de la dirigencia, lo cierto es que Milei cometió un conjunto de aciertos políticos de primer orden: en primer lugar, un acierto de diagnóstico, al caracterizar como casta política el elenco de dirigentes y sus prácticas, más allá del signo partidario, que se turnan en el poder y funcionan como planta permanente del sistema de decisiones que condena a las mayorías a una existencia penosa. La segunda parte de su acierto consiste en definirse políticamente como enemigo de esa casta. La tercera, su virulencia y su enojo. Parte de la sociedad pensó, con razón, “al menos este los putea a todos igual que yo” y “lo que está no sirve y este viene a romper todo, que se rompa”. Sin pensar en las consecuencias, votó porque no quería volver a darle oportunidad a los mismos. Este impulso de romper todo, de escarmentar a los que construyeron esta realidad penosa, es una voluntad de transformación en bruto.
Sin desconocer la responsabilidad de todos los gobiernos que pasaron desde el regreso de la democracia formal en el actual estado de cosas, nos preguntamos: ¿Desde cuándo el peronismo convocó a militar en pos del ajuste fiscal y el pago al FMI ¿Para quién ha gobernado? ¿Defendió y promovió los intereses de la mayoría de los habitantes de este país? Si el peronismo no representa una barrera de defensa contra la angurria desmesurada de los empresarios sin conciencia nacional ni sensibilidad social de ningún tipo, ¿quién lo hace? Si el peronismo no mejora claramente la calidad de vida de la gente común, en toda la extensión de su vida, desde una espera en una parada de colectivo, la salud y educación de toda la familia, la obtención y sostenimiento de un empleo bien pago y con pleno goce de los derechos laborales, ¿quién lo hará? Ante este grito desesperado del pueblo reclamando por el fin del statu quo y la transformación de esta realidad en una mejor, cabe preguntarse: ¿el Partido Justicialista encarna esta voluntad de transformación? ¿En qué medida puede llevarla adelante? ¿Puede el movimiento obrero organizado canalizar el descontento con lo establecido y con el gobierno actual por el daño causado y por venir? En general, ¿podrán los dirigentes gremiales y políticos del campo popular, que fueron parte del problema, convocar al pueblo a una gesta patriótica?
Salvo por algunas honrosas excepciones en el plano sindical, de la militancia social y religiosa, y en algunas gestiones provinciales que han impulsado políticas reales de transformación desde una matriz peronista (y han demostrado ser efectivas y contar con el apoyo popular), la dirigencia del PJ y la dirigencia gremial parece haber aceptado mansamente una derrota ideológica; y esa es la base sobre la que se erige, a su vez, la derrota electoral: No creen en el poder transformador la organización popular sino que, por el contrario, creen que sólo puede administrarse lo existente en los estrechísimos límites que plantea la voracidad del mercado. Como han arribado a la conclusión explícita o íntima de que la realidad no puede ser cambiada, su práctica política consiste, únicamente, en acomodarse en algún espacio que permita administrar un presupuesto público para mantener la banda propia y sostener los negocios, convencidos de que el pueblo no tenía opción. Total, ¿A quién van a votar, si no? Esta dirigencia que condujo sistemáticamente al fracaso no tiene más crédito entre la población. Pero es fundamentalmente la militancia la que tiene que realizar una enorme autocrítica, porque en todo este tiempo no ha fomentado una sola acción de crítica organizada hacia este rumbo y esta conducción, limitándose solamente a hacer seguidismo y apelar a supuestas magnificencias de líderes superiores que sólo (a la luz de los hechos) han estado concentrados en cerrar listas para beneficio propio y dejar que el peronismo naufrague hacia una derrota inédita.
Culpar a quienes votaron a Milei sirve únicamente para aliviar la conciencia, pero no para modificar la realidad. En política se trata, antes que nada, de convencer y persuadir al otro. Sobre todo, si ese otro es el sujeto histórico del peronismo: Los trabajadores, los desposeídos y la juventud. Los jóvenes de los barrios populares y de las provincias no votaron al actual gobierno por sus propuestas de dolarización o eliminación de ministerios públicos. O, sí lo hicieron, fue sin detenerse demasiado en las implicancias y desconociendo que Milei es un perfecto representante de una fracción de los grupos económicos y del sector más reaccionario y antipopular de nuestras élites, que son la verdadera casta nacional (basta ver sus apellidos, su pertenencia de clase y su trayectoria). Simplemente votaron en repudio por su estado de indefensión.
¿Cómo se sale de esta encerrona? Como siempre, con la militancia real, no virtual, por valores y proyecto político. En los barrios, en los sindicatos, en los colegios, en las universidades, en el campo y en la calle, sin pedir nada a cambio ni entregar una sola definición ideológica, acompañando luchas, creando organización militante y disputando poder para transformar la realidad. No podemos esperar resultados distintos haciendo lo mismo. Son reflexiones sencillas pero, por ello mismo, poderosas e indicativas de que debe haber un cambio de rumbo.
Sin discusión abierta, franca y profunda es imposible la construcción de un proyecto político que devuelva la esperanza y la mística. Nadie deja la vida militando para acomodar un Excel. No somos iluminados. Hablamos con la suficiencia moral y política de haber estado siempre, sin pausa y ante cualquier coyuntura, en la trinchera de lucha del pueblo. Es solamente esta conducta militante peronista la que nos habilita a hacer públicas estas definiciones y diagnósticos, con las que queremos contribuir a poner en marcha un movimiento que vuelva a representar las esperanzas populares, construir un proyecto superador y garantizar un horizonte de dignidad y prosperidad para nuestro pueblo, que lo merece.
Y advertimos: … o con la cabeza de los dirigentes.
*(Mesa Nacional del Movimiento Peronista Auténtico)
Las opiniones expresadas en la presente nota de opinión y/o análisis son las de los autores. No pretenden reflejar las opiniones de El Argentino Diario o de sus integrantes. Las denominaciones empleadas en la misma y la forma en que aparecen presentados los datos que contiene no implican, de parte de El Argentino Diario juicio alguno sobre la información y/o datos y/o valoraciones aquí expuestas.
Opinión
Banderazo en el Obelisco por las Malvinas y la Soberanía
La agrupación Peronismo por la Soberanía convoca a un banderazo por la Soberanía. Con Gabriel Berrozpe y otros referentes, piden mantener vivo el espíritu de Malvinas defendiendo la Soberanía nacional.
Este 2 de abril, nos convoca una causa que atraviesa generaciones: la memoria, el respeto y la lucha por la soberanía argentina sobre nuestras queridas Islas Malvinas. Estamos construyendo una unidad. Un Encuentro por la Soberanía entre muchas organizaciones y ciudadanos libres y concientes de los duros y desafiantes tiempos que vivimos.
Pero no estaremos en el Obelisco solo para recordar. Nos reuniremos, flameando banderasargentinas, para reafirmar con firmeza y sin ambigüedades, que la causa Malvinas está viva. Más viva que nunca. Y que defenderla hoy implica mucho más que una consigna: implica enfrentar, con claridad, todos los factores que debilitan nuestra soberanía nacional.

Porque Malvinas no es una causa aislada. Es el símbolo más profundo de una disputa que atraviesa toda nuestra historia: la disputa entre liberación o dependencia, entre colonia o nación.
Porque es símbolo, es bandera. Decimos que nadie es libre en una Nación que no se realiza, por loque resaltamos que nuestra querida Nación Argentina se realizará, cuando ondee la bandera celestey blanca en su suelo e imperen el trabajo y la justicia social en todo el territorio. Seremos sujetos libres, cuando nuestra Nación sea definitivamente libre.
También vamos por las empresas que abusan de nuestra riqueza compartiéndola con los usurpadores. Con cada uno calcularemos cuánto nos deben. Es un delito imprescriptible el que cometen.
En ese camino, la doctrina de no alineamiento con los países poderosos, sigue siendo una guía vigente y necesaria. Una Argentina que no se subordine a potencias ni a intereses financierosinternacionales. Una Argentina que planifique su desarrollo y decida su destino con autonomía. Sin embargo, en los últimos años hemos visto avanzar decisiones que van en sentido contrario.
La llamada “Ley Bases” ha significado un retroceso profundo en la capacidad del Estado para administrar la economía y proteger el interés nacional. Bajo el argumento de la modernización, se habilitan privatizaciones, se debilitan controles y se entrega soberanía en áreas estratégicas. La ley Bases derogó el autoabastecimiento de hidrocarburos que establecía la anterior ley, y se retiró la intervención del Estado en los precios del combustible, sujetandolos al precio internacional a pesar de que somos productores y tenemos reservas importantes.
Este gobierno impone, a fuerza de dádivas a las administraciones provinciales y represión a los trabajadores, un modelo de flexibilización laboral que no genera trabajo digno, sino precariedad. Se ataca al sistema previsional, debilitando el derecho de nuestros jubilados. Se desarticulan lasconvenciones colectivas, que son una herramienta histórica de defensa de los trabajadores.
Y así, se debilita el corazón mismo de la soberanía popular: el trabajo. Un Pueblo sin trabajo, mal remunerado, vive la tristeza de no encontrar el rumbo necesario. Porque no hay patria soberana con un pueblo empobrecido. No hay nación libre sin cumplir las premisas levantadas por nuestro Papa Francisco de “paz, pan, tierra, techo y trabajo”.
También vemos con preocupación el avance sobre nuestros bienes comunes. La presión sobre normas de protección ambiental, como la ley de glaciares, abre la puerta a la explotación indiscriminada de recursos estratégicos. La tierra, el agua, el litio, la energía, están siendo subordinados a intereses externos mediante concesiones y beneficios impositivos, para las empresasextranjeras, mientras aquí se burlan de las empresas nacionales que quiebran porque dicen que no tienen “competitividad”. Ayudan a las empresas extranjeras que vienen a saquear los recursos naturales estratégicos y aplastan a las empresas argentinas que producen en la industria y generan trabajo.
En medio de este conflicto de intereses, hubo un récord de participación ciudadana y popular: Más de 100 mil personas se anotaron para la audiencia pública de la reforma de la Ley de Glaciares. Sólo habilitaron al 1% de los inscriptos. La ley favorece a las grandes mineras extranjeras, sin regalías ni beneficios destacables para la ciudadanía, en el marco de una creciente política de primarización de la economía.
La extranjerización de la tierra y la entrega de recursos no son hechos aislados: son parte de un modelo que concibe a la Argentina como proveedor de materias primas, no como una nación industrial y desarrollada. Denunciamos los incendios forestales intencionales de la Patagonia con el fines inmobiliarios, así como la entrega de las naciente de Ríos a Empresas de diversos Paises, de regalar el manejo del agua a la Empresa Mekorot, todas y muchas más acciones avaladas por el gobierno Nacional, gobiernos provinciales, políticos, jueces y medios de Comunicación. Eso es inconstitucional porque viola Los Pactos Internacionales de los Derechos Humanos, Sociales, Culturales y Ambientales.
¿Cómo olvidar, en las canchas de fútbol y las calles del Mundial -que dentro de unos meses se desarrollará en el peligroso país del Norte en guerra-, cuando digamos «Y los pibes de Malvinas que jamás olvidaré», si en Argentina tenemos un Presidente que venera a la matadora de soldados argentinos Margaret Tatcher?; ¿Cómo negar que nuestra cancillería viola sistemáticamente el mandato de la sangre y la historia, omitiendo las declaraciones y acciones que requiere nuestra Patria?
Los usurpadores ingleses de Malvinas hacen ejercicios militares en nuestras aguas u otorgan licencias pesqueras y petroleras, sin hacerse los reclamos correspondientes por parte del gobierno nacional.
Es el mismo gobierno que quiere abrir bases militares norteamericanas en la Patagonia, ocupando militarmente nuestra región pivote hacia la Antártida, a la vez que uno de los mayores reservorios de petróleo y gas del mundo. Recursos por los que actualmente se libra la guerra imperialista en Irán y por los que los mismos norteamericanos secuestraron un Presidente en el principal país petrolero de Sudamérica: Venezuela.
Mientras este gobierno del saqueo, la usura, los dirigentes narcos y la especulación financiera es débil con los poderosos y les entregan en bandeja de plata nuestros recursos, en la Argentina cierran las fábricas, los comercios, crecen los despidos y los aumentos de precios de los consumos de nuestro Pueblo.
A esto se suma el crecimiento acelerado de la deuda externa, que condiciona cada vez más las decisiones soberanas. La dependencia de organismos como el Fondo Monetario Internacional no es solo económica: es política. Limita, condiciona y busca subordinar a las futuras generaciones. Pero todos sabemos que esta deuda externa ilegal, no podrá ser pagada. No tiene avales institucionales, ni pasó por el Congreso, además de utilizarse para especulación y fuga de dinero por las empresas de donde provienen los mismos funcionarios del gobierno, especialmente el banco JP Morgan.
Y mientras tanto, se instala un discurso peligroso: el de destruir el Estado desde adentro. El propio presidente Javier Milei se ha definido como un “topo” que viene a destruir el Estado. Pero el Estado no es un enemigo de la Nación. Van de la mano. No puede haber Nación sin Estado. El Estado es la herramienta que tiene el pueblo para organizarse, para protegerse, para desarrollarse. Destruir elEstado es debilitar la soberanía. Es dejar a la Nación indefensa frente a los intereses más concentrados del mundo.
También asistimos a un alineamiento internacional que nos aleja de una política exterior soberana. El acercamiento automático a potencias como Estados Unidos y el alineamiento en conflictos ajenos, como en Medio Oriente haciendo seguidismo de Israel, nos alejan de una inserción inteligente y autónoma en el mundo. Milei dijo que “vamos a ganar la guerra” y que es el “Presidente más sionista del mundo”, asumiendo la identidad política colonialista que hoy tiene en vilo al mundo con las masacres de Gaza, entre otras.
Argentina no debe ser satélite de nadie. Debe ser protagonista de su propio destino. Y en este contexto, la causa Malvinas adquiere aún mayor profundidad. Porque no se puede reclamar soberanía sobre nuestras islas mientras se resigna soberanía en el continente. No se puede defender el Atlántico Sur mientras se entregan nuestros ríos, nuestros puertos, nuestro comercio exterior. El Canal Magdalena, la soberanía fluvial, el control de nuestras exportaciones, son parte de la misma lucha.
Mientras este 2 de abril recordaremos a nuestros héroes de Malvinas, que lucharon por defender nuestro territorio, se cocina en los despachos del Ministerio de Economía la entrega de nuestros ríos De la Plata y Paraná. Quieren privatizar las vías navegables entregandolas a sus amigos, en una concesión amañada. Quieren hacer de nuestros ríos superautopistas de un comercio exterior por donde se llevan nuestra leche, nuestra carne y nuestros alimentos, horadando su lecho hasta profundidades que generarán una catástrofe ambiental, para los grandes barcos de las multinacionales.
Las empresas extranjeras que patrocina Milei y buena parte de la dirigencia vendepatria, controlan el comercio exterior y favorecen la dolarización que hace que aquí sea más caro comer los alimentos que producimos y que en otras partes del mundo gozan.
El Estado debe ejercer el comercio exterior, siendo parte del mismo y participando de la disputa de la renta, para redistribuirla. La flota mercante fluvial y de ultramar nacionales, son una prioridad.
La ciencia, la tecnología, la energía nacional, son parte de la misma lucha. Defender los trenes, los satélites, la energía nuclear, la industria siderúrgica, por decir algunas otras áreas donde los poderosos decidieron atacar, son parte de esa misma lucha, para lo que pretendemos estar hermanados.
Denunciamos la política de privatizaciones, de entrega del patrimonio público a las corporaciones internacionales y socios internos, que quieren quedarse con AySA, principal empresa del servicio de agua y saneamiento, así como enajenar Núcleo eléctrica argentina, empresa estatal encargada de generar energía eléctrica a través de la operación de las centrales nucleares en el país.
Este año también tienen en carpeta privatizar Transener (Compañía de Transporte de Energía Eléctrica en Alta Tensión S.A.) la empresa líder en Argentina dedicada al servicio público de transmisión de energía eléctrica en extra alta tensión. La empresa Belgrano Cargas, línea ferroviaria estatal argentina de carga, estratégica para el noroeste y noreste del país y SOFSE (Operadora Ferroviaria Sociedad del Estado), encargada de operar el transporte de pasajeros.
Y por supuesto, la defensa nacional. La desmalvinización luego de la guerra de Malvinas en los años 80 y 90, incluyó el desarme y el achicamiento de nuestras capacidades militares, típico de una dirigencia derrotada y sometida para administrar la dependencia. Las torturas a los conscriptos durante la guerra fueron solo un ejemplo de una cúpula militar preparada para reprimir a su Pueblo.
Los Tratados de Madrid I y II fueron el correlato del Consenso de Washington a nivel mundial y delPacto de Olivos que dejó esta Constitución, antesala de la estrategia actual de fractura del territorio nacional. Sin fuerzas armadas sanmartinianas, no puede haber defensa real de la soberanía nacional.
Malvinas, el Atlántico Sur, la plataforma continental, son territorios estratégicos en disputa, con una parte usurpada, como usurpada están la economía, la administración del Estado, las partidas del presupuesto para la educación, las ciencias, la seguridad y los Estados provinciales.
Este 2 de abril, levantando las banderas argentinas en el obelisco, queremos resaltar que Malvinas es pensamiento estratégico, elaborado por nuestro Pueblo a lo largo de la historia; una suerte de alma de lo “argentino” que nos une por mucho más que sus valorables recursos y proyección geopolítica. Malvinas nos une.
Por eso jamás nuestro Pueblo será derrotado definitivamente, aunque vivamos estos momentos donde gobiernan los vendepatrias. El Pueblo vencerá, porque tiene esa fuerza que da la identidad argentina y malvinera, que nos guía a tiempos de gloria.
Por eso hoy, al recordar a nuestros héroes, no podemos quedarnos sólo en la emoción, que es saludable y necesaria. Tenemos que asumir la responsabilidad histórica que nos toca. Defender la soberanía en todas sus dimensiones. Defender el trabajo, la producción y la industria nacional. Defender el Estado como herramienta del pueblo. Defender nuestros recursos, nuestra tierra y nuestro futuro. Porque la soberanía no se declama: se construye. Y también se defiende. Con memoria. Con conciencia. Y con compromiso.
Porque las Malvinas fueron, son y serán argentinas.
Este jueves 2 de abril, a las 13 hs, te esperamos con tu bandera argentina y tu camiseta celeste y blanca, a luchar para que Argentina gane.
¡Patria si!, ¡Colonia no!
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