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Opinión

Massa al Ejecutivo: reconstruir el poder de la política

El secretario adjunto del Sindicato de Trabajadores Judiciales analiza el desembarco de superministro.

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Por Jorge Kreyness

Se sabe: el mega endeudamiento que dejó Macri constituye un condicionante demasiado grande para el presente nacional. El acuerdo leonino con el FMI hace aún más cruel ese lastre. El otro peso pesado es la pandemia, accidente que, desde luego, no estaba en los planes de nadie.

Junto a la mejora en la situación sanitaria hubo un rebote económico que optimizó las cuentas y dinamizó el ciclo productivo, lo que provocó una brutal puja del capital concentrado por quedarse con ese plusvalor, acrecentada por la catástrofe financiera global que impone la guerra en Ucrania y el dramático aumento del precio de los alimentos.

En ese aprieto estamos. Esa es la verdadera grieta que no se sortea con apelaciones ligeras al consenso.

Para arbitrar esa disputa el gobierno debe reconstruir la centralidad y acumular el poder político que Alberto dilapidó. Si no, los poderosos seguirán ganando en detrimento del pueblo, como hasta ahora. En diciembre de 2020, en el Estadio Único de La Plata, Cristina alertó: “Sergio (Massa) decía muy bien que la economía va a crecer en el 2021, pero, ojo, yo no quiero que ese crecimiento se lo queden tres o cuatro vivos nada más. Para esto -amplió-, me parece que hay que alinear una tarea fundamental durante el año que viene: alinear salarios, jubilaciones, precios, sobre todo los de los alimentos, y tarifas”.

Desgraciadamente, el presidente no supo, o no se animó a hacerlo. Importa poco ahora. Lo importante es que perdió las elecciones de medio término por ello, y esa derrota provocó la lenta pérdida de su capital político, que Alberto insiste en no recuperar al negarse a “usar la lapicera”, como también le pidió Cristina.

El desembarco de Sergio Massa en el Ejecutivo es un intento potente y polémico de recobrar la iniciativa y reconstruir el poder de la política que habían sido colonizados por los dueños del mercado.

Muchos se disgustan con la irrupción. Es entendible. Pero seguramente olvidan que en agosto de 2018, en SMATA, cuando se reencontró con Hugo Moyano tras un largo distanciamiento, Cristina alertó que «habrá que sumar fuerzas políticas que tal vez no fueran populares pero sí democráticas” para recuperar el gobierno.

Sin dudas, los segmentos más progresistas de la coalición oficialista deberán seguir tensionando para una síntesis superadora, que llegará algún día mas no hoy, evidentemente.

Porque en este país, como decía el poeta Juan Gelman, «hay que aprender a resistir. Ni a irse ni a quedarse, a resistir, aunque es seguro que habrá más penas y olvido«.

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Análisis

La pelota manchada: avatares del juego sucio del Partido Judicial

La columna de Jorge Elbaum.

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El-Argentino-Jorge-Elbaum

Por Jorge Elbaum

Hay muchas maneras de jugar a la pelota. Existe el formato del potrero que se caracteriza por su noción de esquina. En ese deporte, los arcos se disponen con bolsos, con buzos o con zapatillas. Cualquier cosa sirve para imaginar postes verticales que sostendrán travesaños donde se discutirán goles al ángulo.

En ese fulbo de rodillas raspadas con costras y pequeñas hileras de sangre, los goles se suelen teñir de anocheceres y de barrios de luces exiguas. En ese jugo hay decenas de goles porque es un partido sin tiempo preciso de finalización. Quienes participan de los partidos no son jugadores: son hermanos, primos, compañeros o colados insignes.

En esa comarca del tiempo, muchos de nosotrxs aprendimos lo mejor de lo que somos: la amistad, los códigos de solidaridad, la defensa del más débil, el aguante estoico de la derrota, la rebeldía contra los poderosos, la lesión de herida perpetua  y –sobre todo– la admiración por la belleza estilizada e ingrávida de la habilidad psicomotriz.

El-Argentino-Fiscal Luciani-Juez Giménez Uriburu
El fiscal Luciani junto a su compañero de andanzas, el juez Giménez Uriburu.

Ese fue el origen. Pero después sobrevino otra cosa que hoy cotiza en bolsa. Uno que se juega en perimetrales cerrados con líneas de cal precisas, riego semanal y personal de maestranza. Uno que tiene camisetas estampadas que hacen juego con las medias y los pantalones y que rotulan dobles apellidos en la espalda. Una actividad de esparcimiento que se desarrolla con la  lógica de la racionalidad corporativa, en formato de tasas de interés y en vestuarios con sauna y baño turco.

En esos espacios se congregan –con una cuadrícula medida de espacio plano y parejo–, aquellos que vociferan sus grotescas proezas goleadoras, sus mesas de café con servidumbre, su alegato engolado de caza de brujas. Ahí, en la ruta que va desde la mansión a la entrada del country (siempre con aspiración residencial) se escucha el chillido individual, sin eco colectivo, de un grito ganador desfigurado por una dramatización impostada.

Un esmero por fuera del juego: la comprobación de una experiencia de socialización imbricada con el poder. Una mecánica matricial de ganadores y perdedores. Una búsqueda por someter, humillar y destruir al otro. En síntesis: prácticas extrañas a la pasión lúdica de la reciprocidad, la risa, el compañerismo, el festejo y el abrazo.

El-Argentino-La Liverpool-Los Abrojos-Fiscal Luciani-Rodrigo Giménez Uriburu
La Liverpool, el equipo del fiscal Luciani y el juez Giménez Uriburu, en Los Abrojos de Macri.

El fiscal Diego Luciani y el juez Rodrigo Giménez Uriburu ejercitan el rol tribunalicio y lúgubre que alguna vez describió Franz Kafka. La sinrazón convertida en lógica de persecución. La burocracia del hostigamiento dispuesto para anular cualquier desobediencia: la doctrina que permite dictaminar la condena escolástica de cualquier aluvión zoológico. La magistratura regulada para desanimar a los humildes, a los trabajadores, a los precarizados, y a la vez aislarlos y/o separarlos de sus posibles referencias políticas.

En Las Brujas de Salem, Arthur Miller escribe una frase que explica el léxico de un vestuario cómplice conformado por fiscales y jueces cambiemitas: “puede hacerse evidente la necesidad del Diablo como arma. Un arma ideada y utilizada una y otra vez, en toda época, para obligar a los hombres a someterse…” Demonizar para aterrorizar. Estigmatizar para incitar al odio. Mancillar para cosificar y proscribir.

Este es el objetivo de un Grupo de Tareas que toma la posta de los genocidas del último cuarto de siglo pasado. Antes era la tortura y la picana. Hoy los dictámenes en conjunción con titulares de propaganda mediáticos. Esa es la misión regada por dineros corporativos y sugerencias salidas de Embajadas extranjeras. Ese es el cometido de una derecha fascista, unida para impedir –otra vez– la democratización del poder, la riqueza y la renta.

El partido, sin embargo, tiene la duración que todas las revanchas autorizan. Y quienes jugamos alguna vez en los adoquines unidos por el barro prodigioso  –sustancia de la que nació la vida– nunca supimos arrugar en las difíciles. Cuando la busquen a ella tendrán que pasar por sobre nostroxs.

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