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Análisis

Los Misioneros de Francisco inician una peregrinación desde Lujan hasta San Cayetano

La religiosidad popular de cara al 7 de agosto por «Paz, pan, tierra, techo y Trabajo»

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Por Lucas Schaerer @LSchaererOK

Esteban “Gringo” Castro y los Misioneros de Francisco inician, este martes 2 de agosto, una peregrinación desde la Basílica de Luján al Santuario San Cayetano, en Liniers, con el lema “hermanos todos”.

Luján es la primera y única ciudad de nuestra patria que nació por la fe popular. La historia es muy profunda. Porque al milagro de la Virgen, ocurrida en el año 1630, a partir que su imagen se queda a orillas del río Luján se suma el Negro Manuel, un esclavo africano que terminó siendo su cuidador y desde ese momento el primer devoto e iniciador de su adoración. Manuel Costa de los Ríos había sido traficado de África hacia Pernambuco, Brasil, para luego ser trasladado como esclavo en servidumbre a los campos de Rosendo. Entonces Manuel le armó su altar, le encendió velas y hasta ungió con el sebo de su vela a los enfermos que buscaban salvarse, como ocurrió con el sacerdote Pedro Montalvo, quien al curarse de su mortal enfermedad se convirtió en el primer capellán oficial de la Virgen de Luján.

Durante 56 años, el Negro Manuel se quedó al cuidado de la Virgen y él pasa a la historia, de hecho en proceso de santificación en el Vaticano, como el “abuelo de la patria”, ya que el reconocido padre de la patria es el general José de San Martín, quien llegó 200 años después que el africano.

San Cayetano también se liga con las raíces de nuestra patria. Fue una mujer, santiagueña, llamada Mama Antula, en dialecto quechua, y oficialmente María Antonia Paz y Figueroa (1730 a 1799), quien trajo la imagen del patrono del pan y el trabajo. Mama Antula se había formado con los jesuitas, la misma congregación del Papa Francisco. Cuando fueron expulsado de América ella continuó con su legado. Entonces Mama Antula hizo algo único. Desde Santiago del Estero llegó caminando a Buenos Aires. Esa campaña evangelizadora, ella lo encomendó a la protección a Cayetano, un santo italiano que frenó una gran sequía ante el clamor de los campesinos que lo adoptaron como el patrono del pan y el trabajo.

Tierra, techo y trabajo son derechos sagrados”, sostuvo el Papa a los Movimientos Populares. “Vale la pena luchar por ellos”, los alentó Francisco.

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Análisis

La pelota manchada: avatares del juego sucio del Partido Judicial

La columna de Jorge Elbaum.

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El-Argentino-Jorge-Elbaum

Por Jorge Elbaum

Hay muchas maneras de jugar a la pelota. Existe el formato del potrero que se caracteriza por su noción de esquina. En ese deporte, los arcos se disponen con bolsos, con buzos o con zapatillas. Cualquier cosa sirve para imaginar postes verticales que sostendrán travesaños donde se discutirán goles al ángulo.

En ese fulbo de rodillas raspadas con costras y pequeñas hileras de sangre, los goles se suelen teñir de anocheceres y de barrios de luces exiguas. En ese jugo hay decenas de goles porque es un partido sin tiempo preciso de finalización. Quienes participan de los partidos no son jugadores: son hermanos, primos, compañeros o colados insignes.

En esa comarca del tiempo, muchos de nosotrxs aprendimos lo mejor de lo que somos: la amistad, los códigos de solidaridad, la defensa del más débil, el aguante estoico de la derrota, la rebeldía contra los poderosos, la lesión de herida perpetua  y –sobre todo– la admiración por la belleza estilizada e ingrávida de la habilidad psicomotriz.

El-Argentino-Fiscal Luciani-Juez Giménez Uriburu
El fiscal Luciani junto a su compañero de andanzas, el juez Giménez Uriburu.

Ese fue el origen. Pero después sobrevino otra cosa que hoy cotiza en bolsa. Uno que se juega en perimetrales cerrados con líneas de cal precisas, riego semanal y personal de maestranza. Uno que tiene camisetas estampadas que hacen juego con las medias y los pantalones y que rotulan dobles apellidos en la espalda. Una actividad de esparcimiento que se desarrolla con la  lógica de la racionalidad corporativa, en formato de tasas de interés y en vestuarios con sauna y baño turco.

En esos espacios se congregan –con una cuadrícula medida de espacio plano y parejo–, aquellos que vociferan sus grotescas proezas goleadoras, sus mesas de café con servidumbre, su alegato engolado de caza de brujas. Ahí, en la ruta que va desde la mansión a la entrada del country (siempre con aspiración residencial) se escucha el chillido individual, sin eco colectivo, de un grito ganador desfigurado por una dramatización impostada.

Un esmero por fuera del juego: la comprobación de una experiencia de socialización imbricada con el poder. Una mecánica matricial de ganadores y perdedores. Una búsqueda por someter, humillar y destruir al otro. En síntesis: prácticas extrañas a la pasión lúdica de la reciprocidad, la risa, el compañerismo, el festejo y el abrazo.

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La Liverpool, el equipo del fiscal Luciani y el juez Giménez Uriburu, en Los Abrojos de Macri.

El fiscal Diego Luciani y el juez Rodrigo Giménez Uriburu ejercitan el rol tribunalicio y lúgubre que alguna vez describió Franz Kafka. La sinrazón convertida en lógica de persecución. La burocracia del hostigamiento dispuesto para anular cualquier desobediencia: la doctrina que permite dictaminar la condena escolástica de cualquier aluvión zoológico. La magistratura regulada para desanimar a los humildes, a los trabajadores, a los precarizados, y a la vez aislarlos y/o separarlos de sus posibles referencias políticas.

En Las Brujas de Salem, Arthur Miller escribe una frase que explica el léxico de un vestuario cómplice conformado por fiscales y jueces cambiemitas: “puede hacerse evidente la necesidad del Diablo como arma. Un arma ideada y utilizada una y otra vez, en toda época, para obligar a los hombres a someterse…” Demonizar para aterrorizar. Estigmatizar para incitar al odio. Mancillar para cosificar y proscribir.

Este es el objetivo de un Grupo de Tareas que toma la posta de los genocidas del último cuarto de siglo pasado. Antes era la tortura y la picana. Hoy los dictámenes en conjunción con titulares de propaganda mediáticos. Esa es la misión regada por dineros corporativos y sugerencias salidas de Embajadas extranjeras. Ese es el cometido de una derecha fascista, unida para impedir –otra vez– la democratización del poder, la riqueza y la renta.

El partido, sin embargo, tiene la duración que todas las revanchas autorizan. Y quienes jugamos alguna vez en los adoquines unidos por el barro prodigioso  –sustancia de la que nació la vida– nunca supimos arrugar en las difíciles. Cuando la busquen a ella tendrán que pasar por sobre nostroxs.

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